CARTAS A H. – Poemas de Raquel Cané


Foto de la autora: ©Alejandra López

RAQUEL CANÉ (Santa Fe, Argentina). Ilustradora, diseñadora y poeta. Estudió diseño en la Universidad Nacional del Litoral. Ha trabajado en diseño editorial en revistas como Rolling Stone, y en la Editorial La Urraca. Ha ilustrado libros de Jorge Luis Borges,  Clarice Lispector y Jane Austen, entre otros autores.

 

CARTAS A H.
POEMAS DE RAQUEL CANÉ

 

7

H, es bueno andar de a dos, me alegra encontraras una compañera, alguien que te ayude a construir ese puente. Es joven, la ternura es un valor ante el hartazgo.

Junté leña, la cargué en la bolsa de arpillera. Elegí ramas pequeñas, son fáciles de quebrar, para que entren en la salamandra.

Mis manos se vuelven torpes con el frío, y en las grietas cala el pigmento que derraman los pinceles.

Lamento lo que me contaras, sé no es momento de armar una familia, aunque las pérdidas se nombran por sí mismas.

Aquí las mujeres dicen, tengo tres hijos, dos vivos, uno muerto.

¿La palabra restaura el orden interrumpido?

El lienzo es una mancha aún.

Vos arderás en el asfalto, decís que es insoportable.

Los árboles resisten desnudos o se convierten en brasas.

La ceremonia del fuego. Por ver esas llamas las manos sangran.

Todo tiene su costo, pienso.

El vaso de cerveza en tu fotografía parece bañarla de oro. Beber, mitiga.

¿Estás cansado? ¿Qué leés?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17

H, me contás que empezaste a nadar en pileta, pocas veces estuve en una. Es buena el agua, hacés varios largos. El agua con carriles, con líneas rectas, es gracioso. El rito, desvestirse, secarse, volver a vestirse, con olor a cloro, la ropa medio pegada. Lo que más enrarecía esa escena, era llegar calzado al borde del agua. Eso me descolocaba. Como sea, caer, hundirse, imagino será algo parecido en cualquier parte, es una forma de silencio. Aquí el río está lejos, el tanque australiano calma, sí, aunque es difícil nadar

en línea recta, parece que el campo insiste en andar en círculos. Nunca ves el fondo, de hecho, parado en la escalera, tampoco sentís te tirás al agua. Es un hoyo negro, helado, al que tenés que animarte.

Las ranas no llegan, no suben escaleras. No me gustan las ranas, algunos dicen que traen las lágrimas, por lo visto, las lágrimas quedan fuera cuando se trata de caer.

¿Llorás?

 

 

 

Ilustración: Raquel Cané

 

 

 

18

H, la nieve, ahora decís, es demasiada.

No conozco la nieve. Sé de la escarcha, repta, es tosca, hace ruido.

¿La nieve cae delicada, envuelve?

La escarcha se pisa, hay que quebrarla.

¿Será la diferencia entre nostalgia y tristeza?

Caricias frías, una sobre otra, danzan confundiendo el recorrido sobre tu piel.

Astillas trepan desde mis pies, los detienen ante un paisaje nítido.

¿El frío tendrá distintas formas?

La nieve nunca llega a doler, ¿o sí?

La escarcha abre heridas que el tiempo no cierra, sólo fortalece los callos.

¿Son suaves tus manos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20

H, mi útero está seco, no sangro. Es como si un cuarto vacío supiera nunca más será habitado. Quietud de un nodo compacto, irrigado, vivo, pero inútil.

Me acuesto en la cama, meto una mano debajo de la pollera y palpo. Alguna vez sentí la dimensión de esas paredes flexibles.

En aquella cama de hospital, cubierta tan solo por una sábana, mientras esperaba una enfermera trajera a mi hija después de los primeros controles médicos. Pude tomarlo en mi mano, del tamaño de una manzana, jugoso latía, como quien practica un movimiento gimnástico. Se contraía, se relajaba, buscaba su sitio después del parto. Sentí la ausencia, no escuchaba aún el llanto, como tampoco sentía su cuerpo dentro del mío. Me habían vaciado. Pero el útero me decía, vivo, estoy aquí, yo que me esparcí, me muevo.

Cómo será la vida, esa vida en mí, en el centro exacto de mi estatura. Imagino la aridez y me asusta se extienda, que arrase mis huesos, como un zonda, pero no, el útero se ha vuelto piedra, un saco vacío, silencioso, al que no puedo dejar de escuchar.

El útero se ha convertido en mi casa, donde me encierro, como si otra vez pudiera entrar por mi propio ombligo y esperar.

No sé por qué te cuento esto, será el invierno, no sé.

Entre nosotros, anacronismos. ¿Cómo podrías orillar lo que en mí se repliega? Cómo, si vos estás regando las flores de tu balcón. Será el respeto por las estaciones, o por la dignidad del jazmín que aún perfuma.

 

 

 

Ilustración: Raquel Cané

 

 

 

 

 

23

H, el retrato está terminado. Dejé los pinceles en remojo. El exceso de pigmento acumulado, fuera del lienzo, sólo endurece las cerdas, y el pincel se vuelve inútil.

Busqué dentro de la casa un lugar fuera del atril.

Ninguna de las paredes parece adecuada. Siento que nada lo ilumina.

Podría intentar con luz artificial, aunque elijo verlo tal cual es.

Llevé el retrato y el atril fuera, al reparo de los árboles cercanos al taller.

Lo observo cubrirse de polvo, tal vez se perfume cuando estallen los tilos.

A veces algunas hojas tapan, por un momento, fracciones.

En el campo la línea de horizonte es compacta, amalgama una vaca con un árbol con un retrato.

Dejo de ser observadora, soy el paisaje o la sucesión de hechos y cosas.

¿Seguís ahí?

 

 

 

Ilustración: Raquel Cané

*   *   *

NOTA BIOGRÁFICA. Raquel Cané nació a la orilla de la laguna Setúbal, en Santa Fe, Argentina. Ha incursionado en varias disciplinas artísticas, desde la música y la danza, hasta la pintura y la fotografía. Estudió diseño en la Universidad Nacional del Litoral. Ha trabajado en diseño editorial en revistas como Rolling Stone, y en la Editorial La Urraca. Fue directora de arte en Ediciones B, Grupo Z. Ha ilustrado distintos textos literarios, entre ellos la obra completa de Jorge Luis Borges, editada por Random House Mondadori; la obra de  Jane Austen, a través de portadas inspiradas en la ilustración victoriana; y en un tono más surrealista las ilustraciones de los libros Cómo nacieron las estrellasLa vida íntima de Laura y Casi de verdad, de la escritora brasileña Clarice Lispector. Raquel Cané también ha publicado varias obras de su autoría en la categoría de libro-álbum para niños: SoyEl libro del miedoSopa y Nube. Actualmente trabaja como ilustradora independiente.

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