PARA ENCONTRAR LA NOCHE – Poemas de Nelson Romero Guzmán


Foto del autor: ©Yolanda Díaz Rosero

NELSON ROMERO GUZMAN (Colombia, 1962). Licenciado en Filosofía y Letras y Magíster en Literatura. Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas, Premio Nacional de Poesía “Fernando Mejía Mejía”, Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, Premio Nacional de Poesía IDCT de Bogotá.   

 

PARA ENCONTRAR LA NOCHE

POEMAS DE NELSON ROMERO GUZMÁN

 

LECCIÓN DE CULINARIA

     Este ha sido el infierno para una mujer: pelar una cebolla. Las hojas en las manos se multiplican delgadísimas. Hijos, en el corazón de la cebolla está Dios, decía mi madre para darse consuelo y consolarnos. Ella no hacía uso del cuchillo, pues temía herirle el corazón a Dios. Por tanto, el hambre en la casa era la eternidad. Mi madre no veía la hora en que un ángel aleteara entre sus manos, por el momento de esa carne comeríamos. Tiempos en que los ángeles, nuestros guardianes, se transformaban bondadosamente en aves de corral. Pero los tiempos cambian y eso ya no ocurre, así que un día las cosas empeoraron: nos volvimos transparentes como las mismas hojas de la cebolla. Fue hermoso, porque a través de mi hermano veía a mi madre en el punto más lejano del universo pelando sin descanso esa maldita cebolla. Hasta que llegó al punto oculto del centro donde están las regiones superiores. Pero por desgracia, Dios había salido un rato del centro de la cebolla. Pobre sirvienta de Dios, mi madre, en los misterios de la cocina. Lo cierto es que nunca pudimos comer en el Reino. Yo no sabía que mi madre de tanto pelar cebollas se había convertido en una envoltura de cielos transparentes; algo así como un cielo dentro de otro cielo, y éste dentro de otro. Recuerdo que no comimos, pero tampoco vimos a Dios.

     Ahora entiendo que la demasiada religión es la peor de las culinarias. Por fin puedo vengarme de todo esto derribando el Araboth, árbol del cielo.

(De Música lenta, 2014)

 

 

 

 

 

ALABANZA DEL CERDO

El cerdo es cortical, y a su vez cordial.

Todo él, del pozo del corazón a las orejas,

Nos heredó la capa grasosa del cielo.

Siempre, al filo de lo terrenal,

Se entrega sin remilgos a los cuchillos del carnicero.

El hocico es su órgano de conocimiento

Y sabe, mejor que los tratados, de las porquerías terrenales.

Para que los hombres lo comamos gustoso,

Todos los días purifica su carne en la charca con esta oración:

Oh, qué puro soy más allá de los pelos y el tocino,

No me le arrodillo a Dios para que me salve del carnicero

Sino que me ofrezco sin más a los cuchillos

Que ungen mi torrente de sangre

Para que mis bacterias alcancen la gloria

En el tripero insaciable del hombre, amén.

Su cuerpo es la más preciosa joya del martirio,

Es un San Sebastián provisto de rabo corto y de agudos colmillos,

Pero a la hora de morir no ruega a nadie por su salvación,

No posa nada pornográfico como el santo desnudo

Frente a las flechas que lo atravesarán.

Las orejas del cerdo tampoco guardan ninguna lógica

Con las mórbidas colgaduras de los ángeles,

Pero podría coincidir con las criaturas celestes

En el venturoso sabor de la carne y en el martirio filial de los olores.

Todos sus órganos se vuelven funcionales a la hora de ser comidos,

Tan sabrosas sus glándulas que se diría que albergan

La dulzura de los proverbios y el agrio sabor de los pecados.

Hermano cerdo,

Gracias por volverme célebre

Frente a un plato repleto con tus costillas.

Entre las cosas hermosas al levantarme

Está el verte venir a trotecitos del corral, estoico y sucio,

Atravesando la niebla de los terrores humanos,

Pisando inocente el orégano que aderezará tus carnes.

Soy de los pocos que creen

Que Dios tomó barro de tu pocilga para hacer al hombre.

Gracias por haber alcanzado en las pinturas de El Bosco

Las más bellas imágenes de la Lujuria,

Sobre todo cuando abandonas de El Jardín de las Delicias

Untado de lodo y cielo.

Así ocupas no sólo el más alto lugar

En la escala de los apetitos, sino el más elevado pensamiento poético

Superior al que nos legó Octavio Paz en sus ensayos.

Lástima que termines vilmente en las recetas de cocina

Hecho bistec o solomillo.

Día tras día me crece la sospecha

De que eres Dios personificado

Haciéndose pasar por los inmaculados cuchillos.

Quizá nosotros, por la desgracia de querer saberlo todo,

Ignoremos ver en tu hocico el instrumento de la divinidad

Hozando para encontrar el corazón del hombre.

Gracias hermano, Gracias,

Por darnos el placer terrenal de glorificarte en el trincho,

Porque igual de inmenso eres

Con un poco de sal o con arándanos.

Tú mereces estas Gracias, cerdo,

Te doy mis cerdas Gracias.

(De Animal de oscuros apetitos, 2016)

  

 

 

©Markus Spiske / raumrot.com / Licencia CC-BY

 

 

LOS HABLADOS POR LA POESÍA

No existen los poetas,
                   existen los hablados por la poesía.
                                              Ricardo Zelarayán

          Se acabó el misterio. Ahora sólo quedan los hablados por la poesía. Antes usted silbaba y aparecía un tren, eso le ocurría con frecuencia a Vicente Huidobro. Desgraciadamente ya no es así. El poeta silba y babosea el cuello de su camisa. A medida que el tiempo pasa, la vida endurece las palabras. A este tiempo la palabra cambió de precio. Cada vez es más difícil silbar y hacer que el tren aparezca. Escribir el poema fracasado es un don. Entro por el túnel de Vallejo y salgo por el de Jaime Sabines, para torcer hacia la izquierda por el jardín oscuro de Alejandra Pizarnik y, haciendo un giro de relojero, virar en el tiempo hacia los desiertos de Juan Liscano; finalmente, tomar derecho el camino hasta donde encuentro al poeta Roberto Juarroz en un parque de Buenos Aires, esperándome para leerme el último de sus poemas. Pese al breve recorrido por estos oscuros pasadizos, la poesía contrasta con ese silbido, cuando el mismo Huidobro convertía los trenes en un rebaño de ovejas bajando por una colina en los días más carnívoros de su natal Chile. Voy sin antorcha por esos túneles, con la escritura que cambia de rumbo en cada estación. Ahora es el poema el que silba al poeta, tal vez por eso diga Ricardo Zelarayán que no existen los poetas sino los hablados por la poesía. La poesía ve pasar al poeta y lo silba como si de él se burlara, simplemente. Se acabó el misterio del poeta que silbaba para que apareciera el tren.

          Está bien que los hablados por la poesía invoquen la claridad de la música, pero con los hilos del lenguaje deberían ayudar a sostener la tierra que se ladea cada vez más hacia el lado opulento, mientras por el otro se hiela de hambre y de terror.

          O la poesía es un tren que ya pasó dejándonos el resplandor de un falso brillo en la carrilera, un silbido que ya nadie oye; o acaso el poeta hace rato se arrojó por la ventanilla del tren en marcha y sólo nos reste decir que escribimos con las manchas de su cadáver.

(De Animal de oscuros apetitos, 2016)

 

 

 

 

 

LA VISITA DEL ASTRÓNOMO

          La pluma de Vicente Quirarte llegó anoche y barrió todos mis poemas. Volví a quedar lo que se llama limpio de escritura, sin una palabra entre los bolsillos, sin con qué pagarle a la vida los costosos impuestos atrasados. Vicente Quirarte llegó con su vestido de astrónomo, traía de las alturas su cuaderno “El ángel es vampiro” (1991) y se acomodó en la sala iluminando los espacios de la casa con las estrellas y meteoros que le brillaban en su traje de astrónomo. Yo le entregué mis poemas para que se los llevara a otro planeta, allá están bien, los leerá el Nadie del silencio que lee la mejor poesía, incluso lo autoricé para que los usara si quería para hacerle una órbita brillante a algún astro aún sin nombre, pero el poeta los convirtió en polvo de cometa, y gracias, le dije, por sus victorias.

          Vicente Quirarte esa noche durmió en mi casa, pero el sueño de un Astrónomo no deja dormir, nos leyó poemas que sobrevivirán al polvo de las estrellas, presenciamos en el patio la instantánea de una lluvia de meteoros y mientras leía, su voz dejaba en el aire una vía láctea, vimos ángeles saliendo por la boca del Astrónomo, y en un solo verso pasó ante nuestros ojos el curso de las estrellas.

          El poeta me dejó un impresionante recuerdo antes de subir a la nave con el cielo limpio para el vuelo, no sin antes prometernos que sería su último viaje a la tierra, que se retorna con malas noticias, y copió de su puño y letra, a cambio de todos mis poemas barridos por su soplo, estos dos versos suyos tomados de su poema “Belleza de astrónomo”:

                                  Cuando dejas la casa
                                  La hermosura prospera.

Noviembre 7 de 2016
(De Tablas de salvación, inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMA ROBADO A ROBERTO SOSA

Para que leyendo lo que escribo lo disfruten y lo vivan

Mejor que si estuvieran frente a los poemas de Roberto Sosa.

Pudo haberlo escrito él o yo, da lo mismo.

Di con su cara en la calle y me dije: esa es mi cara.

Llevaba una botella vacía en su mano y me dijo:

-Pero si quien lleva la botella eres tú.

Y me entregó un poema que comienza y termina así:

Después de mi muerte soy un árbol que camina

Por las calles de Tegucigalpa y, para que lo sepan,

Es duro seguir en este infierno. Ruego a un poeta vivo

Que si logra distinguirme, no orine sobre mis raíces,

No me robe las flores, no me espante los pájaros con sus poemas;

Tampoco me corte del cielo ninguna rama

Que son la lengua por donde el viento aún cuela mis frases.

A veces también camino por Tegucigalpa

Como perro rabioso y me gusta morder con mis poemas

Las piernas de los políticos.

Ahora no poseo otra altura que la de mi propio polvo,

Ni otra solidaridad que la de la lluvia que cae

Con las desoladas sílabas de Tegucigalpa

Sobre una lata vacía.

 Octubre 24 de 2016
(De Tablas de salvación, inédito)

 

 

©Markus Spiske / raumrot.com / Licencia CC-BY

 

 

 

EN EL MERCADO

Como si fuera ese, aquel o cualquiera

Todas los domingos abandono mi cascarón en la cama

Y salgo a asuntos de mercado, por ejemplo

A pelearme con la zanahoria, o a meterle

El cuchillo al repollo, a la guerra de siempre

Me voy sin despedirme a veces de mi mujer

Ni de mis hijas, es de mañana

Paso por la misa, pero no entro

Porque a mí ya no me llaman las campanas,

Me voy calle adentro y me encuentro con hombres

Que pesan una remolacha entre sus manos duras

De tubérculos nudosos, lo mismo observo

A la tendera con el delantal recién amanecido,

Me encuentro con Doña que es grande

Y regada alrededor de su platón de peces

Con el moño sucio detrás de su cabeza,

Y todas estas cosas que veo, registro en mi lista

De caminante dominguero del mercado,

Voy recién mudado de piel, sobre mi cama

Dejé mi cascarón con sus epidérmicas manchas,

Deambulo en culebrilla por la calle

Esquivando escaparates, el cuchillo

Del carnicero, consciente, muy consciente

De que salí a la guerra de melones

Contra calabazas, duro es comprar

Un paraíso de lechugas, difícil hacerme a una alabanza

De cebollas, colgarse una estrella de vencedor

Entre arracachas, sí, acabo de salir del cascarón

Y estoy entre la trinchera de la niebla necia,

Pasó un disparo de limón rozándome la sien,

La carcajada del borracho me cae de filo sobre la espalda.

Es junio en el melón y agosto en la bodega

De los tomates, huelo ya a patatas clandestinas,

De pronto alguien desde el fondo de las bodegas

Con sus pies empuja hacia la luz

El cadáver de un murciélago, que no es

Mi cascarón o puede serlo, y me digo esto se jodió,

Me delataron, pero no es así, la gente del mercado

Me reconoce, algunos me dan una calabaza de saludo,

En el mercado es fácil vender y ser vendido

Entre kiwis peludos y alguna audaz sandía,

A la altura de mi cabeza, sobre una hornilla,

Se pudren los cocos y las naranjas,

Que sólo en medio de tantos compradores

Y vendedores ando, Dios, se me cae el pistacho de la estética,

La recojo con una risa sentimental, está podrida,

Estoy en plena guerra en medio de los gritos

De vendedores de pescado, si por aquí se apareciera

Cervantes, qué se yo, o don Segundo Sombra,

Pero estas son cosas reales, sufro, no puedo

Elegir mucho en esta plaza donde todo se ofrece,

Porque ando con los bolsillos dolidos, sin una oda,

Con el sonido ateo en campanadas de monedas llamando a misa,

Si acaso me salvara escribir un tratado del hambre

Y me voy a mi cascarón, con escribir no sirvo a la patria,

Pero con andar de guerrero tampoco,

Son superiores los guacales de tomates a mis palabras,

Lo comprobé, en medio de esta realidad

Donde todos son felices rebosando el canasto

No tengo por qué andar tan temprano por aquí

Dándomelas de poeta y de fantasma.

Octubre 14 de 2016
(De Tablas de salvación, inédito)

 

 

 

 

 

RESPONSO

Soy un diccionario hecho

De palabras inexactas,

Tengo una vida precaria para las definiciones,

Además poseo un alma ovípara

Que no aparece en el Larousse

Ni en los diccionarios de teología.

Mis palabras nacen de la brutalidad

Del cordero desollado,

De su sangre rodando por las escaleras

O de un anuncio sencillo como este

Leído en una pagoda:

Un hombre se vende, por tratarse

De temporada barata, de baratijas

Del lenguaje.

Yo no uso muchas palabras,

Yo no nací con una fortaleza de ademanes

Y me hurgo la carne

Para rescatar pocos vocablos,

Como cuando arde mi voluntad

En la boca y el gato escrito se cuelga

De las vigas de su nombre

Para lanzarse al vacío de su tercera muerte,

Por lo mismo ese gato hurga una cueva

Para encontrar la noche.

Son esos mis diccionarios, no tengo

Muchos adjetivos, soy de conjunciones escasas

Y mis verbos son laterales, con bordes cortantes,

Por si acaso la palabra más gorda quiere

Alimentarse de la pececita más frágil

Que nada para no ser definida.

Sí, estoy hecho de palabras jorobadas

Tras una musiquilla que las salva del estruendo

De ser demasiadas, retorcidas en el burdel

De la retórica, soy más bien dueño de palabras estuche

Para guardar pequeños diamantes sin mucho brillo

Donde el tiempo perdure.

Dije perdure, ¡qué palabra entre palabras!

Y el verbo perdurar, único, y el adjetivo perdurado

Y el perdurar perdure perdurado, son pocas las palabras,

Hechas de la materia de mi yo de pequeñas bravuras.

No estoy en el pavor abierto del diccionario,

No quiero ver llegar el día de mi buselaje,

Palabra desterrada del diccionario,

En el Larousse no la busques

En otros no la encuentras, que buselaje

Es caer del bus bajo un celaje,

Y me sublevo bajo el ardor

De la palabra penetrando en el hueso,

Hiriendo los significados.

Las piedras hacia adentro socavan el vocablo,

Remueven los muros para salvar al ángel

Sin boca, sin bocado y sin vocablo.

Sí, estoy hecho de palabras inexactas

Con hedor a descompuestos significados,

A puro Larousse muerto.

Octubre 10 de 2016
(De Tablas de salvación, inédito)

 

 

 

 

 

 

 

LA PARÁBOLA DEL CAMELLO

Una vez el camello ha cruzado por el ojo de la aguja

Al otro lado ya no es nadie.

Antes si era un ser potente entre su especie,

Pero al aceptar la parábola

Rindió su esencia monumental

A un hilo de nada.

Yo podría con esa reducida hebra de camello

Pegarle un botón a mi camisa.

Pobre camello,

Por aceptar el juego del palabrero

Andamos en lo que andamos.

Dime de qué te sirvió la joroba

Si el hilo pasó de largo.

Desde que te dejaste embaucar

Tu alma es un desierto infinito,

Pero ya es demasiado tarde

Para regresarse de ese lado contrario.

Resultaría por demás costoso

Reversar la parábola

Y decir que es más fácil

Que un hilo que fuera camello vuelva resucitado

Por el ojo de una aguja.

Si así fuera, estoy seguro que ya no lo dejan pasar,

Y en ese juego de palabras perdiste.

Perdiste para siempre tu enorme biología,

Las fuertes patas, el saco inflado de tu cuello

Tras las hembras de tu manada.

Las cosas están regladas en el mundo

Para que el  milagro sea parte

De una legión de embaucadores.

Y el camello, tan dócil a la sed y a la fatiga

De pronto se vio en serios líos

Pasando por el ojo de la aguja.

Nunca supo que le habían preparado

La trampa mortal

Que lo alejó para siempre de la monumentalidad

De la naturaleza, sólo a servir ahora de hilo

Para pegarle este botón a mi camisa,

Cosa que en verdad no debió

Convenirle al mundo.

Diciembre 15 de 2015
(De Animal de oscuros apetitos, 2016)

 

 

 

 

©Markus Spiske / raumrot.com / Licencia CC-BY

 

 

MOVIMIENTOS DE CÁMARA

(aquí la cámara hace un rápido repaso de las tomas de ayer)

un martes sin ambulancias, sin meteoros, sin la pantalla roja de la t.v., un martes de costado perro descansando en casa, un día que no fue de ferias, en que los filos de las piedras fueron parte de nuestra familia, un día milagroso en que abrí la nevera de cangrejos rosados, ¡oh, locura! un día en que el buey nos puso la yunta a las espaldas y nos hizo mirar el arado desde sus viudos ojos, día que nos dejó mangos podridos en el frutero, ese día encontramos una larga cola de salamandra en el armario, fue un día de iglesia engulléndose a un monje, se abrió la jeta sucia del coro, del monje apenas quedaban los zapatos por ser engullidos, ese día cómo corría la hilandería en las manos de las enfermeras, cómo hacían pista los hipopótamos de algodón en los quirófanos, cómo le florecían los dedos al cirujano, ¡oh, locura! día de un sonido de sierra en los montes, sin embargo el cuerpo quedó suspendido a un cartílago, día por venir

(la cámara hizo un giro completo hacia la oscuridad de un sótano)

vuelan las tripas del vidrio ¡trip, trip, trip!, el conejo de Alicia se llevó mi chaleco o lo escondió debajo de una piedra, la que acaba de estallar ¡oh, mis ojos fueron pegados a la pantalla de un anuncio televisivo! y el pelo de Alicia oscureció la casa, es la noche, es el oso del periódico escribiendo la crónica más feroz sobre la muerte de las hienas, es oscuro, tengo miedo en el ombligo, en las orejas, en la espalda, breve anuncio: se compra miedo, ¿oyes el coro? y la canción: hoy sí que tienen pena las peonías / la ventana se oculta del sol / hoy tengo miedo de ser uno / hoy quiero ser dos / hoy sí que tienen pena las peonías, y la canción sin cantor se volvió oscuridad, a los lejos siguen cantando la penas de las peonías, de repente se aparece un niño con los ojos de otro niño en sus manos, están frescos, recién arrancados, juegan lanzándolos contra las paredes, los ojos de los niños ven en la oscuridad hacerse el milagro: crece un sol en el patio de los naranjos

(bruscamente la cámara fija la escena de un paisaje en crudo)

te están quebrando en ese paisaje, te están triturando los dedos  y te están metiendo espinas en los oídos; te hicieron con una doble entrada, pero ninguna puerta de salida, así que eres nadie de labios para afuera, sigues con esa golondrina atrapada por el cuello a un ojal de tu camisa y dices de labios para adentro hice la caza que me correspondía, como si un ojo te bastara cierras el verdadero para ver el árbol que se acurruca al paso de la afilada luna, eres en verdad la mitad de lo que te correspondía, no te dieron completo, la parte buena no te la entregaron y andas y andas a medio ir, pero este paisaje también disputa tus carencias y te quiere arrancar la golondrina atrapada en tu ojal, lo poco que lograste cazar, tu victoria, tu premio, creo que estás medio despierto en la mitad de la vida, hombre al que nunca te completaron, te falta un tasajo de alma, pero vives a pesar de que te vean entero, vives en este paisaje con latones y lagartos, lo único completo que te acompaña es toda la soledad del mundo de labios para adentro

(ahora la cámara enfoca la avenida por donde cruzan unos niños)

los niños cruzan el vacío amarrados a una cuerda, unos niños tienen un nudo corredizo y  otros un nudo ciego, ellos necesitan estar pronto en el otro lado, aprendieron del exilio que vagar es un estado de salvación, comen la hoja del árbol del desierto (la verdad cruzan bajo el árbol seco de una avenida), la escuela del sufrimiento humilla sus cuadernos, van solos por un camino adulto, amarrados a nudos corredizos y a nudos ciegos (sobre la avenida llueve), en los talones les florece la lluvia, hay brotes de luz en la arena (la cámara se ha movido hacia arriba), los niños tienen la visión dorada de los nudos en un cielo movedizo, se han visto libres por un instante, pero otro repentino movimiento del camarógrafo los detiene en la curva de un río (la avenida por donde van está anegada) y se lanzan en nudo al agua (la cámara se mueve hacia una piedra), los salva una roca, siguen en nudo (la cámara enfoca unos barrios pobres), en nudo hasta Canaán donde son desatados (suenan pitos de buses), se oyen barritar los elefantes y se abrazan al otro lado de la avenida, donde cogidos de la mano entran a la escuela con los cuadernos mojados, sucios, rotos, aún untados de vida

(De Tablas de salvación, inédito)

 

  

 

 

 

GOURMET

Hay cosas que a veces me obligan a desaparecer.

Por ejemplo, el deseo de comer gente

Hace que me meta hasta el centro de las multitudes

Y al rato la multitud

Casi que ha desaparecido por completo.

Sólo dejo por fuera algunas personas de mal sabor

No aptas para una buena culinaria

Y en completo desprestigio para el paladar

De un buen cocinero

Que desaparece de sus asuntos personales

Para lanzarse a la calle con su cuchillo

Y entrar a la multitud,

Como lo viene haciendo hace años

Cuando descubrió en su oficio

Que la carne de cerdo ya no es tan grata a los paladares

Como otros cortes superiores.

Por estos días han desparecido muchas personas

Y los restaurantes están repletos.

Esta fama me ha convertido en un hombre virtuoso,

En el cocinero perfecto,

Experto en una carne superior al cerdo.

Sobre los desaparecidos se dice poco,

Están bajo una capa de silencio casi obligado.

Mi traje blanco de cocinero no delata sospechas

Entre los comensales, y a la hora de preparar las carnes

Soy más ángel que asesino.

No despierto ninguna sospecha

Entre los miembros del cuerpo de seguridad del Estado

Que en las horas más lúgubres llenan el restaurante.

Mis comensales preferidos no sospecharán

De un ángel con un cuchillo

En un restaurante.

Blanco es el delantal de la muerte.

(De Tablas de salvación, inédito)

 

 

 

 

 

 

 

LA CEBOLLA AZUL

          Leo un libro del poeta chileno Gonzalo Rojas en las hojas de una cebolla,  diríase como grabados en la transparencia de un misterio. No sé allí cómo aparecieron escritos sus versos, si soplados de algún paraíso del aire. Debieron haber escapado de su aliento creador y se grabaron en la cebolla. Los fui desprendiendo hoja por hoja. Cuando me quedaba ya sin hojas entre las manos, apareció el poeta en el centro de la cebolla, sentado en una silla frente al mar, con un libro entre las manos, ¿es una pesadilla, la peor pesadilla de mi vida?, me pregunté  mientras el poeta, como si de repente se viera descubierto, me estiró su mano amigable y me dijo “tranquilo hermano, que peores pesadillas he tenido”, entonces todo se hizo más confuso porque no supe si era Gonzalo Rojas quien estaba teniendo una pesadilla conmigo. De todas maneras, en el sueño decidimos hacer de cuenta que ninguno de los dos estábamos soñando y el poeta me mostró un mar redondo por una ventana, eran varios mares en hojas transparentes dentro de un  mismo mar, “tienes la cebolla azul frente a tus ojos”, me dijo, “ahora pélala”, así que quité una hoja, luego otra hoja, después otra, hasta llegar a su centro y misteriosamente el poeta de nuevo estaba allí en su silla con el libro entre las manos, y  me dijo, “si te crees superior  Dios, toma esta manzana, en su centro mora Él, pélala”, tomé el cuchillo y la pelé con mucha fe en delgadas ruedas hasta hallar su centro donde el poeta, como inquilino en  varios mundos, se me apareció por cuarta vez y me entregó una  bola de fuego diciéndome “es el mundo en el que vivimos, pélalo”, pero al sentir mis manos quemándose el horror me despertó.

          Al otro día me comuniqué telefónicamente con el poeta, le conté el sueño y me dijo conmovido, “¡ah! entonces tú eres el ladrón de mi poema La cebolla azul”.

          Y lo peor: ese poema no apareció publicado en sus obras completas.

(De Tablas de salvación, inédito)

 

 Un autor:

 

NOTA BIOGRÁFICA. Nelson Romero Guzmán (Ataco, Tolima, Colombia, 1962). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Santo Tomás y Magíster en Literatura, Universidad Tecnológica de Pereira en convenio con la Universidad del Tolima. Premio Nacional de Poesía “Fernando Mejía Mejía” por su libro Rumbos (1992; XIV Premio Nacional de Poesía por Concurso Universidad de Antioquia, por el libro Surgidos de la Luz (2000); Premio Nacional de Poesía Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá por Obras de mampostería (2007); 56 Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas 2015, otorgado en la Habana a su libro Bajo el brillo de la luna y Premio  Nacional de Poesía Ministerio de Cultura de Colombia 2015 por su libro Música lenta, editado en el 2014 por Arte es Colombia, Colección Letras. Otros libros publicados: Días sonámbulos (Editorial Mundo Nuevo, Bogotá, 1988), La quinta del sordo (Colección de Poesía Universidad Nacional de Colombia, 2006), Grafías del insecto (Colección de Poesía Universidad del Valle, 2005), Apuntes para un cuaderno secreto (en coautoría con la mexicana Kenia Cano, Biblioteca Libanense de Cultura, 2011), además de los ensayos El espacio imaginario en la poesía de Carlos Obregón (Universidad Tecnológica de Pereira en el 2012) y El porvenir incompleto, tres novelas históricas colombianas, (Biblioteca Libanense de Cultura, 2012). Es profesor de la Universidad del Tolima, en el IDEAD; vinculado al grupo de investigación de Literatura del Tolima.

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