PEQUEÑA ANTOLOGÍA – Poemas de Carlos Roberto Gómez Beras


Foto del autor: ©Sasenka Martic

CARLOS ROBERTO GÓMEZ BERAS (República Dominicana, 1959 / re-nació en Puerto Rico en 1964). Poeta y editor. Catedrático en la PRH. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional de Poesía del PEN Internacional de Puerto Rico. Director de la Editorial Isla Negra.

 

 

PEQUEÑA ANTOLOGÍA
POEMAS DE CARLOS ROBERTO GÓMEZ BERAS 

 

Del libro Errata de fe, 2015

 

AMBROSIO

Luego de largas horas
platicando sobre la poesía
ella me trajo la ofrenda
de su cuerpo tatuado
por las dudas y los atardeces.
Y yo prometí leerlo
como se lee un alma:
de rodillas y en silencio.

 

 

 

ERRATA DE FE

Ven, acércate…
Que no son palabras, que son actos.
Por eso no puedo decir sino callando,
Y no puedo nombrar sino dudando.
 
Ven, acércate…
Que no son manos, que son alas.
Por eso no puedo intentar sino deseando,
Y no puedo despegar sino cayendo.
 
Ven, acércate…
Que no son sombras, que son oráculos.
Por eso no puedo olvidar sino soñando,
Y no puedo ser sino deviniendo.
 
Ven, acércate…
Que no son heridas, que son labios.
Por eso no puedo vivir sino amando,
Y no puedo amar sino equivocándome.
 

Paul Gauguin, “Jacob luchando con el ángel”, 1888

 

Del libro Mapa al corazón del hombre, 2012

 

EPITAFIO VI

Señor,
recibe aquí
la boca más manzana
la piel más eucalipto
los ojos más almendros
el corazón más ciruela
el alma más llovizna
para que tu jardín
sea menos polvo
y más primavera.

 

 

 

LA MEZQUINA

Está lloviendo…
a través del universo
envío señales de humo.
No te preocupes
no ha muerto el Papa
no hay un hereje en la hoguera
no hay libros entre los leños sedientos.
Está lloviendo…
no te preocupes
la dicha que me niegas
ya no te pertenece.
La voz que callas ya reconfortó
a un moribundo en Sumatra.
El roce que detienes ya humedeció
a un adolescente en Los Ángeles.
La mirada que ciegas ya alumbró
a un peregrino en Santiago.
El gesto que amputas ya rescató
a un minero en el Cuzco.
La palabra que borras ya inició
una revuelta en el Congo.
Está lloviendo…
la dicha que me niegas
ya es mía.
No te preocupes
la lluvia tampoco sabe del milagro

que despierta en las uvas.

 

Paul Gauguin, “¿Cuándo te casas?” , 1892

Del libro Animal de sombras, 1992

 

OLOR

Al acecho
ya tan cerca de ti
no puedo ver
las manecillas de tu corazón:
¿quién eres?
La intimidad
es un oscuro armario de cedro
y tú
a camisas blancas hueles.

 

 

 

EL COLECCIONISTA

Sombrío.
Con un gusto a mensualidades.
Con cierta tendencia
a biografías
a cenizas bajo la lluvia
a objetos caídos
a femeninas caligrafías.
Amo mi líquida paciencia:
la espesura
que me distancia
infinitamente
de mí mismo.
Amo mi oficio crepuscular
de encender almas
y verlas extinguirse.

Paul Gauguin, “Mujeres tahitianas sentadas”, 1901


Del libro Poesía sin palabras, 1991

 

HIPÓTESIS DE LA SOLEDAD

Y si Dios
tuviera brazos
y los extendiera
como un desconocido
que salva un náufrago.

Si tuviera ojos
y los abriera llorando
como una herida supurante
como una amarga flor
que le nace al desconsuelo.

Si tuviera una boca
y pudiera gritar espumas
alertando
sobre los peligros de la ternura
al hombre que camina indefenso
por el oscuro callejón de un perfume.

¡Ay!
Si Dios pudiera ver
tocar, sentir, caminar cabizbajo
o simplemente
sobresaltarse por un mal sueño
entonces la vocal de tu nombre
no tendría ese sonido
de tambor sediento
en la selva de los años.

 

 

 

SONATA Y DESTRUCCIONES 

Con el corazón a la intemperie,
con el corazón expuesto
como si estuviera desnudo
acosado por luces, humo,
y procesos de mecánicas interrogaciones.

Con el corazón entre las manos
como un pequeño sobreviviente
de repente encontrado
entre escombros de raíces y alas.

Con el corazón sometido al otoño,
deshojándose en la lentitud
como un viejo diccionario
de íntimos lenguajes sexuales.

Con el corazón desubicado,
con el corazón
lleno de silencios y peces muertos
como un instrumento de cuerdas
arrojado al océano

desde un barco que se aleja.

 

Paul Gauguin, “Never More”, 1897

Del libro La paloma de plusvalía, 1990

EL LAMENTO DE ULISES

Sin oir las campanas de tu voz
ni el oleaje de tus manos
ni la gramática con que nombras
una espada, un beso o un planeta.

Sin conocer las fronteras de tu cuerpo
ni los caminos femeninos que lo recorren
ni las tristes lluvias
que mojan tus pechos frutales.

Sin oler el barro de tu piel
ni las especias que en ella crecen
ni los pétalos del licor
que tu aliento fabrica en silencio.

Sin tocar tu corazón invisible
ni las puertas que abres en tus sueños
ni las curvas de tus zapatos
que llegan anunciándote con disparos.

Sin saber apenas si existes
si te alimentas de luz o de sombra
si tus labios son pálidos o morenos
sin saber si respiras o eres sólo un
reflejo.

 

 

 

LOS ACCESORIOS DE TU CUERPO 

Tu cabellera es un arbusto incendiado.         
Tu frente es una hoja de papel antes de ser escrita.
Tus ojos son dos botes de remos en una competencia.
Tus orejas son dos caracoles hablando entre ellos.
Tu nariz es la línea recta en el croquis del mundo.
Tus mejillas son dos panecillos dorándose en el horno.
Tu boca es un espejo herido (perdona que lo repita).
Tus dientes son pedacitos de tiza escribiendo un teorema.
Tu cuello es el mástil de una bandera negra.
Tus hombros son dos paracaídas cayendo en la noche.
Tus brazos son el minutero y el secundero del notiempo.
Tus senos son las dos mitades de una naranja congelada.
Tu cintura es un dedo haciendo un círculo en la arena.
Tu vientre es un “compact disc” de J. S. Bach.
Tu vagina es la cueva en el mito de Platón (quizá más honesta).
Tus manos son dos gavetas repletas de pañuelos.
Tus dedos son diez soldaditos de plomo marchando hacia la tarde.
Tus muslos son dos boas buscando víctimas y aventureros.
Tus pies son dos raíces tiernas regresando del tiempo.
Tu cuerpo es un libro con fotografías de pirámides y planetas.

 

Paul Gauguin, “Dos mujeres de Tahití con flores de mango”, 1899

Del libro Viaje a la noche, 1989

 

PRÓLOGO PARA LOS NÁUFRAGOS

Porque pensé quererte
como a un libro
como a un amigo
como a un vaso de limonada
luego de bajar una escalera
o fabricar el sexo.
Porque quise recordarte
en un aeropuerto
en un baño público
mientras hacía una fila
para tocar a Dios
o ver a un hombre llorando.
Por estas razones
te escribí estos poemas
azules como camisas
íntimos como navajas
y humanos como un niño
olvidado en un parque.

 

 

UNO 

Primer trabajo humano.
Primer objeto tibio
que mis ojos de Adán
aprendieron a nombrar
en un lenguaje
masculino y obsceno.
Primer camino femenino
que mis pies de río
humedecieron
como a un labio o a un pez.
Principio de la noche
que dormía desnuda
en los aposentos
de mi cuerpo.
Persona
que estrenó mi voz
mi sombra
y mi cepillo de dientes.
Antes de ti:
sólo una calle
una visión fugitiva de la piel
en un deseo, en un pasquín
en un espejo empañado.
Después de ti:
el mar
las dos orillas de mi corazón
y un barco íntimo
comunicándolas en silencio
como a dos islas
recién descubiertas.

 

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NOTA BIOGRÁFICA
Carlos Roberto Gómez Beras nació en República Dominicana (1959) y (re)nació en Puerto Rico (1964). Es catedrático en la PRH, editor en www.editorialislanegra.com y poeta. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional de Poesía del PEN Internacional de PR con Viaje a la noche (1989) y con Mapa al corazón del hombre (2012); mientras que Errata de fe (2015) recibió el premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. Ha publicado además: La paloma de la plusvalía y otros poemas para empedernidos (1996, incluye La paloma de la plusvalía, Poesía sin palabras y Animal de sombras); Aún (2007, volumen extraordinario que reúne los cuatro libros escritos entre 1989 y 1992); Utánad (2008, selección en húngaro y español, Ediciones Orpheusz en Budapest); y Sobre la piel del agua (2011, antología personal, Editorial Arte y Literatura en La Habana). Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano, húngaro, estonio, alemán y serbio; difundidos en revistas nacionales e internacionales; e incluidos en antologías caribeñas y latinoamericanas.
 
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Derechos reservados
©Carlos Roberto Gómez Beras

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