ERROR 404 – Poemas de Elidio La Torre Lagares


Foto del autor: Archivo particular

ELIDIO LA TORRE LAGARES (Adjuntas, Puerto Rico, 1965). Ensayista, narrador, poeta y profesor de literatura. Ha sido premiado en Puerto Rico por el Pen Club. Recibió el premio Julia de Burgos de Poesía en 2008. Galardonado por Casa de los Poetas en el 2015. 

*   *   *

ERROR 404
POEMAS DE ELIDIO LA TORRE LAGARES

 

 

VISITACIÓN DE LA MUERTE

la Muerte llega

se sienta

se sirve de mi whiskey

enciende un cigarrillo

 

te lo dije, Elidio La Torre Lagares, dice

 

para alcanzarte

no hacen falta brazos

 

estás hecho de tierra, mar

y olvido

 

cansada de mí,

ahora bebe del pozo

de mi sangre

 

la Muerte

me arroja un beso

que duele

y no puede ser desecho

 

mi piel prestada

abriga tormentas

y humecta poemas

de piedra

que hacen

la verdad

más llevadera

 

la Muerte

termina el trago

termina el cigarrillo

termina conmigo

 

en efecto,

para alcanzarme

no le hacen falta los brazos

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

 

Vincent van Gogh – “Corredor en el asilo”
The Metropolitan Museum of Art

 

 

 

EL PRIMER VUELO

el deseo

precedió a la palabra

antes que las cosas

tuviesen nombre,

en aquel tiempo

cuando éramos

dos islas distantes,

indistintamente

de la consecuencia

de una en la otra

 

previo al sonido,

no podía existir el silencio,

hasta que transigimos

una moneda de cambio,

un lenguaje

para entender

el suelo común:

una metáfora

que aunara

todo lo que somos,

que siempre,

de alguna manera,

es lo que nunca fuimos

 

de: Ensayo del vuelo, (inédito)

 

 

 

 

 

 

ALBERTO SANTOS DUMONT MEDITA EN SU DIRIGIBLE

mi reino

no es

de la

tierra

tampoco

 

aquí,

en lo alto,

por primera

vez,

aspiro a la

la ingeniería

de las aves

 

deleite

maravilla

intoxicación

 

movimiento

diagonal

libre

 

el sol

agrieta

las nubes

y la luz

se dispersa

en una refracción

de colores

 

arreo

las

curvas

y espirales

del viento,

y danzo

con la

eternidad

 

aquí, en lo alto,

cierro los ojos

y las palabras

se aquietan

en mi boca

 

de: Ensayo del vuelo, (inédito)

 

 

 

 

 

 

 

PROZAC BLUES

El silencio se derrite

en los infernales adoquines:

San Juan hierve a 90 grados Farenheit,

a 90 grados prueba.

Salí a buscar no-sé-qué

como un cuerpo a su sombra.

Me detuve a hablarle

a las mudas murallas

sumisas hace 300 años.

Hoy desangran de tristeza.

En un instante, deseé detener las olas

y su infinito pendular cual somnífera nana:

yo cuelgo de sus pestañas.

 

El sol en mi cénit y llegó Malena,

melena suelta al viento

y sobriedad en su cintura.

Desfilamos por la navaja de fuego sin hablar, secos.

En el camino encontramos unos amigos;

fingir es un arte dorado.

Sonreímos. Todo anda bien.

¿Acaso no lo leíste en El Nuevo Día?

¿O me perdí que lees el Star?

Nos despedimos.

Continuamos la marcha

hasta la cápsula japonesa y una vez adentro,

nos aislamos en la artificial atmósfera.

 

Recorrimos la avenida

hasta llegar a Hato Rey

moderno. 

Entre la oleada encorbatada,

vi tantas sonrisas torcidas,  

vi tanto símbolo de grandeza material:

vi el Alpha de nuestra generación. 

 

Conté los semáforos

como cuentas en un rosario,

como paradas en Vía Crucis

hasta que en el horizonte

como la promesa de un amanecer

se levanta Plaza Las Américas.

 

Y me pregunté

si había vida más allá de esto

 

Malena adora el dinero plástico

que la hace descomunal,

sobrehumana,

y le llena sus vacíos.

Ella no me lo ha dicho.

Pero me lo ha comunicado con sus ojos.                                    

 Ella vive atormentada,

pues no puede detener las olas.

Su cara se va ajando.

Cubre los surcos del tiempo, pomadas y polvos

que la convierten en artificio de la vanidad.

Yo sólo soy su compañía

sin perturbar su soledad.

Debe ser que somos

dos soledades distintas.

 

La mía vive en un álbum de fotos

las cuales miro, observo, y toco

como si sostuviera el pasado en mis manos.

 

Allí, Gustavo, Juan y Carlos

aún batallan en una selva en Vietnam.

De los que sobrevivimos

muchos no hemos regresado.

Pero no importa.

 

Vivir con prefijos

es un acto aparente de bondad.

 

Mi nepente llega por correo

cual aguas del Leteo-

mi bálsamo en Gilead.

 

Y no me siento culpable.

San Juan consume píldoras como si fuesen M & M’s.

 

Mientras surco la nave

de esta gran estructura consumista,

entre tantas caras distintas,

pero iguales

desconocidas,

y tan familiares,

me queda una sensación insípida,

pero conocida

de una indómita aridez

que tiene cualidades de infierno

que conflagra en mi cabeza

incinerando mi mente

donde bailan mil demonios

por todo mi cuerpo

y por toda mi existencia.

 

Malena aprovecha y me recuerda

que es hora de mi Prozac.

 

de: Embudo: poemas de fin de siglo, (Edición de autor, 1994)

 

 

Vincent van Gogh – “Girasoles”
The Metropolitan Museum of Art

 

 

 

 

POST AMOR 

ocurrimos en una esquina, al fuego
de tu pelo que iluminaba la acera y el azar
por caer a mitad de consecuencia
o un café de distancia, como si el mundo
fuese ademán sin tiempo para las diez cosas
que quería decirte y que traía aplastadas
en el bolsillo de mi camisa blanca, a través
de la cual pudieses haber visto la sangre
brotar en plumas mientras tú me sonreías
la luna y tu sombra caracoleaba con alevosía
feliz pared abajo, sobre el grafiti aquel que cantaba
el fin del mundo y el comienzo de nosotros
dos, cuerpos al aire bajo la meliflua luz
afarolada como testigo de un comienzo
en flor, nuestra historia lenta sobre páginas
amaranto, el ruido de un beso anunciándose
entre las nubes, tu voz pintando mandarinas
en el árbol de la lluvia que nos alcanzaba,
mi olfato corriendo tras tu perfume, bala
perdida en el viento, la demora de la despedida
provocada por un presagio oportuno, de esos
que llegan y, sin importar, uno no cede
al indeterminismo sino al hambre de mañana,
esa que solo la hogaza de tus verbos
ha sabido saciar, y ya ves, hoy te sigo
encontrando en aquel día que ocurrimos
de pasada, y cada vez me muero menos

 

de: E:phe:me:ra, (inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

SÁBADO EN EL RECINTO SUR 

ya qué

 

inventar otro veneno necio

para iniciarnos en el ritual

     

dormirnos a tientas

donde se fractura la acera

 

decirnos otro insulto

con elegancia

 

[la voz es un conductor térmico]

 

sentarnos sobre la ilusión

en esta ciudad, que es pequeña,

 

ignorar que entre tanta muerte

sea improbable

que no tropecemos con algún fantasma

 

crear treguas de vino

en algún restaurant

 

y al final de la noche,

permanecer anónimos

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

 

Honoré Daumier / Lectura de un hombre en un jardín” / The Metropolitan Museum of Art

 

 

 

SILENCIO

El silencio tiene un par de alas de cristal

que bate con la parsimonia de las vacas.

 

Su multiplicidad es un vertedero

donde se personalizan los desechos.

 

El silencio es una máscara,

es un tintero.

 

El silencio transmuta,

escucha los latidos,

hace eco a las ideas secretas.

 

El silencio es camaleón-

es higo-

es serpiente-

es árbol de la sabiduría.

 

El silencio es caracol.

El silencio es mar.

 

Hay hombres bicéfalos-  cabeza y televisor-

que le temen-

y le temen tanto como a la oscuridad,

porque

para ellos, 

el silencio

es imagen de lo desconocido-

es el reflejo negado-

es la voz

de sus miedos.

 

Desde entonces,

existe el ruido.

 

de: Cuerpos sin sombras, (Editorial Isla Negra, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS HUESOS DE MI PADRE

todas las formas de la tristeza

venidas en el rostro de mi padre

 

la tibia aspereza de su barba

decantada en los juegos de sombra

 

el terror de los años soflamados

en los capilares de sus ojos

mientras me mira,

con piedad, pavor y perdón,

como quien sabe

que los latidos recesan

y abandonan el cuerpo

para llenar otro espacio

 

un luto en su aliento

predica la tarde fría

donde el cielo se ennegrece

como un hormiguero

 

mi padre duerme

hecho huesos,

o puentes caídos,

y su voz,

azorada,

se pierde

como cenizas

de una luz

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

 

 

 

 

 

TIENDA DE DESCUENTOS EN SAN JUAN

como pienso en ti esta noche, Andy Warhol,

vagando las góndolas de Topeka

amándote en la canasta de metal

como arqueólogo en busca de fósiles;

amándote así, letal y sobrio,

con hambre de todo y apesadumbrado,

buscando quince minutos de fama;

que no invento mi código de barra

Y ni siquiera sé si yo existo.

 

te vi, Andy Warhol, príncipe del pop

con tu póster de Marylin, buscando

un chico dulce que prestara el cuerpo

tu pelo argentado por las estrellas

flecos de platino apuntando en todas

direcciones de la rosa náutica;

que es tu corazón tan eléctrico,

ecléctico, dialéctico, irónico.

 

¿adónde vamos hoy, Andrés Warhola?

¿traes contigo ese teléfono de Dios?

llevas en el pecho una cruz de balas

y vendas ceñidas como cinturón.

pero tu lata de sopas orienta

hacia esa rola crasa de Lou Reed,

bajo un cielo pintado por Basquiat,

cielo negado de Manhattan.

 

¿dónde brindaremos con Coca Cola?

dime, Andrés, ¿iremos a The Factory?

¿pintaremos de verde las aceras?

¿me harás un par de zapatos carmesí?

¿pondrás mi rostro en un billboard santo?

¿masificarás mi lamento en arte?

mira que sí: el dinero es una musa,

y mis labios se mueren por su beso.

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

Georges Seurat / “Courbevoie: Factories by Moonlight! / The Metropolitan Museum of Art

 

 

 

 

 

 

 

PÉRDIDAS

Melancholy is useful. Use yours.

Li Young Lee

 

admiro el remolino de hojas

que barre la acera

cual falda de bailarina

 

el árbol desnudo

permanece impávido

insufrible, indoloro

 

las hojas se alejan

 

el árbol, es obvio,

no las extrañará:

no tiene recuerdos

pese a que se hace en el tiempo

 

el árbol, he de decir,

no sabe poesía

 

es condición del lenguaje

evocar una ausencia:

la poesía es la memoria de las palabras

 

el árbol, seguro,

no tiene necesidad

de reparar por sus pérdidas

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SANTURCESUTRA 

somos los incomprendidos, los subestimados

los fronterizos que llevamos muertos a pasos

para adoquinar la fatiga (el futuro una vez

estuvo en nuestras manos, hasta que nos salieron

cayos de sostener tanta nada)— y nos dijeron

que no había cabida, que la casa estaba llena

y nos dejaron sin techo para cobijar la

esperanza por ser unos locos, ser tan locas,

(Manuel Ramos Otero, exiliado y sin irse, se

venía en sus rostros, con la horrible ternura del

amor no correspondido pariendo fantasmas

rosados y malcriados) mientras tragábamos

la leche y la herrumbre de la patria avejentada

y en sotana— somos la constancia, la carencia:

los que esperaban el mañana todos los días

en camisetas del Che, entre humo, cervezas,

y conversaciones truncas sobre Sartre y Camus,

comiendo humus isleño y deshojando pretextos—

somos la palabra inmóvil como barro seco,

entre sombras de baba dormida en convenios con

la patria inventada— somos los versos perdidos

de un poema, somos la cizaña que estropeó el

trigo y llevamos la mirada agotada por el

horizonte enrojecido que se desgasta en cada

aliento venido a menos— somos la posibilidad

negada, la antología censurada, mitad

del gusano que se queda en la guayaba— somos los hijos

deformes de la oscuridad, la polifonía nominal

del interior silenciado que paseamos por la Ponce de León,

-allí estaba José María Lima, peregrinando con boca amarga,

alucinándonos, y nos preguntaba «¿Por dónde anda mi nombre?»-

esquinando duro con incertidumbre narcótica—

somos sombras muertas y grises que lamen grafitis

y orinan el aserrín de la promesa podrida—

somos cosas viejas profanadas y maltrechas de juventud

somos así, llenos de ambigüedades, amplios

e incompletos, discontinuos y defectuosos:

y conocemos este sutra porque sabemos

que es así, porque llevamos la legaña del

desvelo, faltos de amor, promiscuos en la igualdad

y en la forja del sueño mirando atardeceres

derretirse en Santurce entre los esqueletos

del país que nunca fuimos

 

de: E:phe:me:ra, (inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

GUAGUANCÓ DE LA CASA DEMOLIDA

una vez. después, el deterioro. detengo

el camino en el pueblo de algún día. loco-loco

pero tranquilo. azul sobre azul. el cielo

tímido. la casa en que una vez viví.

la aplanadora demuele la madera y ahoga

ese algo extraño encerrado en una salsa

de Roberto Roena que asciende en su vaho

iluminador por la memoria. mi padre me toma 

de la mano. el silencio es criminal. 

la ausencia crece y lastima. un ave que cae

de muerte en pleno vuelo. perdido

como un guaguancó del adiós, en mi vida

ya no habrá reparos. pero no lo sé aún.

la casa desaparece. como yo ::

 

de: E:phe:me:ra, (inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SENTIDA NOTA DE DUELO

Ha fallecido, sentado entre poemas,

 

Elidio La Torre Lagares

(1965-1987; 1987-1991; 1991-1996; 1996-2007)

 

Le sobreviven su esposa Ana Ivelisse,

su hija Sophia Angélica

y unos cuantos versos inconclusos.

Su madre, su padre y sus hermanas sienten la pérdida,

pero también sienten no poder pagar el funeral.

 

El amigo Elidio será cremado y esparcido en el aire,

donde siempre vivió, de todas formas.

 

De sus amigos, sólo quedo yo, R.J.,

a quien el fenecido ha visitado

a pocas horas de su deceso,

y me ha encomendado informarles

que, aunque se ha ido,

pueden encontrarlo adherido

a la suela de nuestros zapatos;

o para comunicación más directa,

busquen el destello que se asoma como estrella lejana,

ahí, entre las palmeras de pestañas en la mirada de su hija.

 

de: Vicios de construcción, (Terranova, 2008)

 

 

*   *   *

NOTA BIOGRÁFICA. Elidio La Torre Lagares (Adjuntas, Puerto Rico, 1965). Ensayista, narrador, poeta y profesor de literatura y creación literaria. Tiene un MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Texas-El Paso. Ha escrito varios libros de poesía, entre ellos Cuerpos sin sombras (Isla Negra), Vicios de Construcción (Terranova). Sus libros de narrativa Septiembre (Editorial Cultural) y Gracia (Oveja Negra) han sido premiados en Puerto Rico por el Pen Club. Recibió el premio Julia de Burgos de Poesía en 2008 por Ensayo del vuelo, y su poema “Santurcesurtra” fue galardonado por Casa de los Poetas en el 2015. Su trabajo –tanto en español como inglés- ha sido publicado en diversas antologías y revistas de España, Dinamarca, México, Colombia y Estados Unidos. Al momento enseña literatura y escritura creativa para el Programa de Literatura Comparada y para el Departamento de Inglés de la Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico.

 

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