OTRA ORILLA DEL SUEÑO – Poemas de Hernando Guerra Tovar


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

 

 

MEMORIA

A mi madre

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno, tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda. Memoria erguida en una garza.

 

 

 

 

 

PUENTE

Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos. Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas. Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano. Es ahora que despierta la vigilia.

 

 

 

 

 

NOCHE DEL CAMINO

Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego

Noche del camino

Apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ANTICUARIO

A Jorge Eliecer Pardo

El tiempo resbala, escapa
por entre los curtidos dedos del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
tasa el polvo que cubre su existencia
Risa y llanto de lejanos dueños habitan este mueble
tenue luz de hogar se agita en esa lámpara
imagen de la niña que fue
en el espejo
El piano recorre, discurre
por notas de Chopin o de Beethoven
y la tienda se puebla de ausentes
Hay un lugar dispuesto para todos
en el comedor de cedro
donde cenaron los héroes
antes y después de las batallas
Hálito de vida en cada cosa
respiración, vaho, latido
desfile de siluetas invisibles
siglos que observan en la sombra
Un concierto de voces y murmullos
asalta cada noche la tienda del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
mide la herrumbre que calla su silencio
Allí los estribos con aire de galope
los floreros de Eros o Thanatos
la máquina en que el poeta escribiera
nocturnos memorables
los jarrones de plata, los pebeteros
los candelabros
la silla de Van Gogh
que contiene el mundo
El tiempo resbala, escapa
Candil que alumbra los rincones de la infancia
¿dónde el baúl en que Abuela
atesoró sus más íntimos
recuerdos?

 

 

 

 

 

ARCANO

Dueños del cuchillo y de la herida, llevamos un crimen en la traición, en la voz apagada. En el juego de la vida, cada cual guarda su as, su comodín. Arcano del silencio, ave nocturna, guardián de lo indecible.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ALBEDRÍO

A Andrés Matías

De los escombros elige el que te guste
Hay azules, cielo despejado
para aquellos que sueñan paraísos
donde la luz no alcanza
Hay verdes, como el vientre del bosque
colmados de hojas y de alas
Los hay rojos como la espina
la gota de polvo o de fuego
en cada verso, en todo vino
De los escombros elige el que te guste
Hay variedad de grises olor a bruma
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla
El blanco páramo
El que inventa el calor de la canícula
Puedes llevar los colores del sol y de la flor
acaso el lila, el magenta, el rosa
Puedes llevar los colores de la luna y la semilla
los oscuros colores de la tierra
Puedes llevar el amarillo dorado
como el alba o la tarde
como fruto maduro
como ese viento que danza en los trigales
De los escombros elige el que te guste
Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

 

 

 

 

FISURAS

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio. Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino que bordea las fisuras de la noche.

 

 

 

 

 

DE NUEVO

Por la escalera del deseo,
del séptimo al primer piso.
No hay daño, sólo contusión de fuego.
Ningún reproche.
Nada reclaman las esquinas,
la luz, las lámparas, los muros
que advierten las palabras.
Nada dicen la escalera, el deseo
ni el recién lavado primer piso.
Ayer la conciencia destrozada,
dolor de filo, altar de miedo,
ensimismadas siluetas en la noche.
De nuevo la caída.
Por la escalera de la culpa siete pisos,
buscando la inocencia.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

El viento no borra la huella
cada paso acude al reencuentro

Caminos sin rumbo en siglos de color
altares simulados al hilo de la llama

Afuera el cielo no responde
en rituales de espacio
y de tiempo se diluye

Lágrimas de luz en batallas de ausencia
hebras de piel como signo
adheridas al origen

Afuera el paraíso no responde
habita entre dos voces
verdad o ilusión

El viento no borra la huella
cubre de polvo
la mirada

 

 

 

 

 

PROLONGADO RESBALAR
ES LA CAÍDA

nada es súbito
ni caer ni ascender

ascender es comprensión
forma de estar en el vacío
tentación de ser abajo

felicidad no es equilibrio

¿quién niega acaso
la paz de resbalar
el riesgo amoroso de caer
la tentación de no ser
la dicha del vértigo
la alegría de no estar?

               ¿quién dijo
    que el poema
    se escribe
arriba?

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

SI REVELACIÓN O DELIRIO

si la palabra es forma
del silencio contenido

si tiempo y espacio
son la misma ilusión

si la noche proclama
tentación o certeza

si resbalar germina
la flor del precipicio

si el caer es retorno
como inicio el vacío

si revelación o delirio

 

 

 

 

 

CREER
NO ES DEL TODO CIERTO

crecer
en la sola creencia
dificulta el ascenso

creemos
tantas cosas pesadas
que la escalera
se rompe
y la caída es propicia

creer
es a veces falso

la verdad precisa
crecer
en la inocencia

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hernando Guerra Tovar
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Armero-Guayabal, Tolima, Colombia, 1954. Poeta y ensayista. Abogado de la Universidad Libre. Premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2017. Es representante en Colombia de la Unión Mundial de Poetas. Fue dirigente por varios años de una organización profesional del sector financiero. Autor de los libros de poesía: Pájaro azul, 1994; La noche del árbol, 1998; Ciega luz, 2004; Sombra embestida, 2007; En la curva del río, Antología, 2009; Tríptico de la luz, Antología personal, 2010; El tiempo que nos resta, 2014; Restauración del fuego 2016; Flor de precipicio, 2019. Incluido, entre otras, en las antologías Poetas Siglo XXI de Prometeo Madrid, 2007; Antología universal de Poesía Siglo Veintiuno de Fernando Sabido de España, 2008; Poesía colombiana Editorial el Perro y la rana de Venezuela, 2008; Revista Letralia de Venezuela, 2009; Poesía colombiana 1931-2011 de Fabio Jurado Valencia, 2011; Poetas colombianos siglo XXI Antología bilingüe (español-francés) de Myriam Montoya, París 2018; Los sueños se aman, Casa del Poeta peruano, Lima 2018; Entra – Mar, Sakura Ediciones, 2018, Su obra ha sido parcialmente traducida al francés, inglés y portugués. Respira y escribe en Bogotá.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Edilberto Sierra (Bogotá 1956). Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, y Brasil. Profesor de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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RESPLANDECER EN EL VÉRTIGO – Poemas de Sandra Uribe Pérez


Foto / ©Felipe Castaño

 

 

 

KÍNDER

Aprendí a leer
en tus ojos
que ya me desterraron

Contigo se quedaron
todas mis vocales

 

 

 

 

 

SOBRE LAS PÉRDIDAS

Inútil el vuelo de la voz
cuando su ancha desnudez
se ofrece al tacto del silencio.

Inútil el río de la escritura
su pálpito desquiciado
el aire de las palabras
y su ilación con el vacío.

Inútil permanecer en la orilla
atado a la memoria de lo que no es.
Inútil respirar lo que no existe.

 

 

 

 

 

EXILIO

I
Abatida
espero que tu sombra evapore mi sangre
y extinga
          el pedazo de alma
que manchaste con tu saliva

II
Mañana
          un sabor desnudo
acariciará la memoria de tu hambre

Sólo falta pronunciar el adiós

III
Déjame al menos tu perfume de abismos
la sombra de tus palabras

No me quites la muerte

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / “Elevación” / Light Painting 

 

 

 

 

 

BULLICIO

Sé que hay un bullicio entre el silencio. Eso lo sé. Sé que el silencio es apenas una máscara del grito. Sé que una flor estruendosa baila en sus raíces. Sé que todo el germen del lenguaje habita en el alma de lo impronunciable.

 

 

 

 

 

AIRE VACÍO

Al ausentarse de la propia sombra es posible habitar la luz. Uno se sumerge entre la niebla y habla a ciegas de las cicatrices del abismo. Se alcanza a presenciar el vacío entre los huesos. Se llega a descubrir que no es posible volver a poblar el mismo cuerpo. Se palpa la desembocadura de la herida. Se respira el olvido.

 

 

 

 

 

LAS DOS ORILLAS

Tú estás en ambas orillas
Lucía Estrada

Has entrado en el relámpago
para beber de su luz
y luego de saciarte te descubres en la otra orilla.

Sientes cómo la niebla
baja por tu garganta
y comienza a apoderarse de tus palabras.

Experimentas el esplendor
en su máximo frenesí
y te sabes poseedora de la sombra.

Entiendes que todo lo oscuro
se aposenta en tu lengua
y las voces que fluyen se emparentan con el silencio.

 

 

 

 

 

CONTEMPLACIÓN

Tendrías que habituarte a mirar las palabras
como ojos que te miran
Edmond Jabès

Qué mirada punzante

Cómo arde la lengua
cuando las palabras me miran

Y la aridez de la saliva

Y el espeso río de la voz:
la temida desembocadura del silencio

 

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / “En cuerpo y alma” / Light Painting   

 

 

 

 

 

 

DESPEDIDA

Para orquestar los cánticos del abandono
me sumo a la sílaba que calla
y hace fila ordenadamente en el podio de la muerte.
Me despido del aire,
de su áspera terquedad transparente
que no me es dado poseer.

 

 

 

 

 

SIN TIEMPO

Férrea la luz que se asoma en los ojos de la muerte,
férrea su dura caparazón, hecha de tiempo y limo,
de ebrias palabras que se aprietan entre sí,
en la hinchazón de la boca que se pudre.

No pude ver el mar,
no supe.

Y ya no hay tregua para hundirse entre las olas,
y es el agua la que cruje,
la memoria de los huesos que se aplastan en la noche.

 

 

 

 

 

LIBERACIÓN

Hay que soltar al pájaro
precipitarse
ser legión de cantos
resplandecer en el vértigo:

caer en la escritura
mientras se descifra el color de un ala muerta.

 

 

 

 

 

DESNUDEZ

No quiero
que me vean desnuda

Creerían que existo

 

 

 

 

 

PERDICIÓN

Hoy
el silencio
se pudre en la mirada.

No existe palabra
que pueda
salvarlo de las moscas.

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / “Construcción” / Light Painting   

 

 

 

 

 

 

COSAS DEL BRANDY

Por inventar un oasis
te conocí en una alucinación

Triste saber que no eras tú
                       sino el deseo

 

 

 

 

 

ASEPSIA

Para limpiar
mi corazón de tu recuerdo
he vaciado mi sangre

Ahora corre jabón por mis venas

 

 

 

 

 

RECETA

Cuando hierva la sangre
añadiré media culpa
          cortada en cuadritos
una taza de humo
y el recuerdo molido del último beso

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Sandra Uribe Pérez

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1972. Poeta, narradora, ensayista y periodista. Arquitecta, especialista en Entornos virtuales de aprendizaje y magíster en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado los libros de poesía Uno & Dios (Bogotá, 1996), Catálogo de fantasmas en orden crono-ilógico (Chiquinquirá, Alcaldía Municipal de Chiquinquirá, 1997), Sola sin tilde (Quito, Arcano Editores, 2003) y su edición bilingüe Sola sin tilde – Orthography of solitude (Bogotá, 2008), Círculo de silencio (Bucaramanga, UIS, 2012), Raíces de lo invisible (Popayán, Gamar Editores, 2018) y La casa, Antología (Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2018). Algunos de sus poemas han sido incluidos en las antologías Oscuro es el canto de la lluvia (Bogotá, Alianza Colombo Francesa – Famas y Cronopios, 1997), Inventario a contraluz (Bogotá, Arango Editores, 2001), Poemas a Dios (Bogotá, Planeta Editores, 2001), compiladas por Federico Díaz-Granados; al igual que en Quién es quién en la Poesía Colombiana de Rogelio Echavarría (Ministerio de Cultura y El Áncora Editores, 1998), Conjuro Capital Poetas Bogotanos (Bogotá, Común Presencia Editores, 2008), Antología Poética Entra-mar Tomo II (Bogotá, Sakura Editores, 2019), Pájaros de sombra (Madrid, Vaso Roto Ediciones, 2019), Nuevo sentimentario (Bogotá, Luna Libros, 2019) y Ellas cantan: Antología de poetas iberoamericanas (Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2019), entre otras. Su obra también aparece en diferentes publicaciones de circulación nacional e internacional. Ha sido premiada en diversos concursos literarios y periodísticos en el país y en el exterior; entre estos, fue ganadora del Concurso Nacional de Poesía “La poesía como una casa”, organizado por la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2011); seleccionada en el Primer Premio Internacional de Poesía Visual “Juan Carlos Eguillor” (Bilbao – España, 2012), ganadora del III Concurso Nacional de Libro de Poesía de la Universidad Industrial de Santander (Bucaramanga, 2012); y estuvo nominada al Premio Nacional de Periodismo CPB 2013, en la categoría de Investigación (Premio D’Artagnan, Bogotá, 2013). Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, francés, portugués y estonio. Actualmente se desempeña como docente de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca (Bogotá).

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NOS TOCAN LAS PALABRAS HONDO – Poemas de Gabriela Rosas


Foto / ©Alejandra Flores

 

 

De: La matemática de los cipreses

 

Creí en gestos
como el olor del café al atardecer
una mano junto a la otra mirando al cielo
el trozo de pan cada mañana
que un abrazo salva
del dolor de partir
y rezar por todos cada noche
guardar sus secretos
serviría

creí en el hilo del mundo y el nosotros
que las casas nunca se desploman
desaparecen
caen
pero vivir en ellas siempre es el fin de algo
en volver
para llenar mi vientre con memorias
antes del daño
en la bondad
        que viajar tal vez podría

pero se quedó mi infancia sin contar
el hijo lejos del vientre
las piernas colgando
el dolor de cabeza atado al cuello

las palabras fueron las que me negaron todo.

 

 

 

 

De: Con Truman o sin ti

 

Pasó
la calle donde fuimos fue cerrada
cantamos pájaros antes de cremarlos
las flores en el suelo
y ya
nadie nos reza
tuvimos miedo del fuego
de apagarlo
y ardimos como si fuese el fin del mundo
nada que sumar ni multiplicar
nada fue cierto
tocó esperar vestidos lo que por años desnudamos
casi sin dolor
(y no puedo borrarlo, por eso escribo)
Lo hicimos, amor
apagamos el mundo entre nosotros.

 

⊂Ο⊃

 

Yo también me arrojé contra el cielo
sin esperar a que lloviera.
Me fui corriendo de todo el cuerpo
de toda la pulpa que te amaba.
Yo también me quedé sin ti
e hice lo que pude.

 

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Yo sabía que tú no me ibas a perdonar, que amarte era prolongar el dolor, llevar la boca muerta y las manos arriba. Sabía que los helechos en mi camino estaban secos, que existen para condenarme, para que pueda caminar, poner queja de este presente, del agua en mi pecho, de lo poco en lo que creo y me basta. Yo sabía que no me ibas a perdonar, porque la sangre no era tuya, porque el pasillo a oscuras no daba a tu puerta, porque no fuiste tú quien llegó tarde, querido, a cualquier amor.

 

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Yo fui esa muchacha que diciéndote adiós decía que te amaba.

 

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Desamparo es no tener quien te desnude.

 

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Lo veo dormir. Nos tocan las palabras hondo. Nos sembramos para siempre uno en el otro.
Nadie nos salvará. Nadie puede borrarnos lo mordido, el olor a coco, los labios, los domingos.

No pudo ser.

Toda la sal del mundo cayó sobre la mesa.

 

 

 

 

Ddouk / Pixabay / Vuelo

 

 

 

 

De: Con Truman o sin ti

 

LX

El hombre se desnuda por toda la casa. Se mece, prepara el café, enciende la televisión, bebe un poco de agua. No me ama lo sé. La cena no siempre es en la boca, me cuenta su parte de la historia, se arrodilla, lo levanto, le miento, nos mentimos. Pasan dos años. El hombre llora, como un niño llora. Me niega, tres veces me niega, luego me acaricia. Vuelve con girasoles en una bolsa roja, me planta su ternura en la cocina. Lo miro, trae un caballo, sin montura, trae un caballo.
El hombre sabe que el abrazo pequeño me conmueve. Viene a decir que el mar, sus altas olas, sus orillas, no eran imaginaciones. El hombre se duerme sin dar la batalla, la noche se le quiebra junto al pecho, el pecho queda solo. No hay nada más triste que la soledad de alguien que pudo ser amado. La noche sobrevive, el hombre no, al hombre se le mueren las caricias.
A oscuras, todo es tan claro.

 

 

 

 

LXI


Un hombre grama, tempestad, lamido, mordido, besado. Un hombre deseo, mano sobre mano, un hombre mar, mar en la boca, en la mirada. Un hombre Shakespeare, Baudelaire. Un hombre diario, ventana arriba, ventana abajo. Un hombre poema y más.
Hombre fiebre, sin perros y con todos los perros. Hombre cuello, ombligo, entrepierna, hombre que me duela en la sonrisa, hombre país.
Hombre en la cabellera hablando bajito, quieto, entero. Hombre sin esperanzas y con todas las esperanzas. Hombre en la boca devorado.
Hombre en la mirada, en el pecho derecho, esperando, esperando; tronco, raíz, orilla.
Hombre en la cama desbocado.
Hombre mío.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Gabriela Rosas 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Caracas, Venezuela. Poeta. Ha publicado los poemarios La mudanza (1999) y Agosto interminable (2008) Editorial Eclepsidra; Blandos (2013) Editorial El Pez Soluble, y Quebrantos (2015), Ediciones del Movimiento. Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Juan Antonio Pérez Bonalde (1995), ganadora del Primer Premio de la Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farías (2014) mención poesía. Ha sido incluida en numerosas antologías en Venezuela y otros países. Ha sido traducida al francés, italiano, griego, inglés, catalán, alemán y portugués. Colabora con medios impresos y digitales de Venezuela y otros países. Desde el año 2015 lleva adelante el programa Poesía en el aula, iniciativa sin fines de lucro, que busca promover la lectura de poesía en las aulas venezolanas desde temprana edad como eje transformador en la educación. Es editora del Stand Up Poetry del portal Inspirulina y de la sección de Joven Poesía de Venezuela de Letralia.  

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LA ARENA FUE MI DESTINO – Poemas de Annabell Manjarrés Freyle


Foto / ©Marlon Manjarrés Freyle

 

 

De: Óleo de mujer acosada por el tiempo, 2013  

 

NOCHE PARA DEAMBULAR

I

Óiganme ustedes los seres detrás de la pared, una coraza de tiempo y salitre los imposibilita.

Acaricio la apariencia rasposa del ser pared y acerco mi oído a la colosal estructura que da forma a esta calle sonámbula, donde los gatos maúllan como hijos tristes, donde un murmullo sobrenatural hace temblar la tierra.

Es que antes de ser arrancada ya la arena gritaba, y no ha habido piedra o moldura que calme su sollozo.

Mi mano que acaricia dialoga con los muros de hoteles restaurados. Con este portón que esconde la sombra y el helar de la noche, y con esta ventana de alma colonial enjaulada
que solo desea desaparecer.

Aquello que fue arena de río, hoy es solo una moldura muerta. Que en paz descanse con quienes una vez la levantaron.

 

II

Seres detrás de la pared, se han agrietado con el dolor del agua. Se poblaron de vientos conocidos. Un vaho extranjero les regaló la noche y el azar.

Se me han venido encima las capas de pintura que intentaron ocultar los murmullos de paredes que no saben que murieron.

 

III

Esta provincia pertenece a la eternidad. El alma de las cosas la llama. Se derrama hacia las líneas negras y regresa al nido de las maría mulatas, incapaz de desobedecer el pagamento que reza celoso por el origen.

Vuelve para no extraviarse. Vuelve para redimirse de la angustia de la flor del trébol.

Deambula y gimotea en muros republicanos,
frustrada y sin hechizo de tanto soñar en vano.

 

 

 

 

YA NO ME LEO EL TAROT

El espejismo del medio día
me demostró
que el bailarín sofocado
solo era la humedad.

Y en el sopor de la tarde pude ver
el rostro de quienes
se disfrazaron de Dios y me conjugaron.

Les manifesté mi ignorancia
como única verdad,
y me convertí
en una creyente de pacotilla.

Arruiné todas las predicciones
quemando las cartas,
de tanto barajarlas al azar.
Tomé un puñado de arena…
lo arrojé al mar.

Y la arena fue mi destino
y el mar la nada.
No tiene caso para una criatura de cristal
ver más allá de la noche.
No tiene caso.
Las espadas que me despedazaron
yacen en el suelo con mi sangre primigenia.
Una mujer ajena
es la sangre que me circula con su perfume metálico,
con su oxígeno de manantial que
no supo nombrar a las cosas.

Ya no me leo el tarot, es cierto,
porque se me hizo
destino todo aquello que quise,
junto a la suma
de palabras sueltas que
proferí irresponsable.

De lejos fueron llegando
los espejos que me agotaron
abordándome con el instante,
y sin embargo,
de la verdad del instante
no tuve más
que existencia.

 

 

 

Yexcom / Pixabay / Luces de viaje – Dubai

 

 

De: Animales invertebrados, 2017  

 

UNA SOLEDAD ANFIBIA

Una mañana puede desprender
las cáscaras de la que ayer suspiró y lamentarse bajo las sábanas.
Se pone de pie una máquina de carne sin el fantasma orgulloso,
renunciando al sueño unos minutos más
bajo las sábanas, bajo el tapete, bajo una culpa desconocida.
Al lado, en la mesa de noche,
una tacita sin té ni tinto te abre los brazos y dice:
“Sube la roca hasta lo más alto, pequeña Sísifo”.
Sabes que a nadie servirá ver una roca en la cima
pero los dioses obligan.
Sobrescribir tu nombre encerrándolo en un círculo
no devolverá a la que ayer suspiró.
Tu nombre es tu vestido,
tu apellido, tu chaqueta:
Annabell Desnuda Manjarrés Freyle.
Y, por supuesto, tus zapatos no son tu destino,
pero pueden andarlo.
Has visto adormecer el tiempo,
oh sí que lo has visto:
el cuerpo virar hacia un rincón,
en el intento de reconstruir los discursos de la que ayer suspiró.
Y quien hoy suspira suplica dormir todas las ganas de volver
y adormecer el deseo infantil
proyectado en sábanas acogedoras
e ilusiones portátiles.
Sería más fácil acostumbrar el deseo a lo próximo o aniquilarlo
para que los días de agua o de tierra sean excelentes.
Tender la cama, en todo caso,
será como vestir el nombre
de quien a solas recibe tu cuerpo.

 

 

 

 

EL CANTO DEL MINOTAURO

Ser un espejo frente a otro espejo,
la virtud de los seres infinitos.
Y juzgarse infinito en el propio reflejo
revela verdades obsesivas.

Certezas que, involuntarias,
abren puertas insostenibles
de las que solo es posible encontrar respuestas
en la generosidad de los sueños.

Es mi deber esperar a Teseo
para dormir las formas de mi angustia
y encontrar, por intuición de un dios,
la puerta de las epifanías correctas.

¡Cómo no entender que los anaqueles
son las ventanas de Creta!
Yo solo sé que es de noche porque me hago viejo
y mis ojos apenas tientan de Ariadna
su mítica belleza.

Ariadna, Ariadna:
tal vez nunca recuerdes
que fui yo el que te liberó
de los laberintos
de una biblioteca de Buenos Aires.

 

 

 

 

PANFLETO CONTRA LOS GATOS

Cuando el último bus regresa a la estación y los árboles duermen hoja abajo. Cuando las calles oscurecen y al final de la vía se escuchan aullidos. Cuando el último vago abandona la esquina y el eco canta, salen los gatos.

Salen los gatos porque aprendieron a esconderse de las manos detrás de las piedras. Porque asimilaron que escaparse a tiempo les permite regresar por el mundo de placeres que luego muerden sin elegancia.

Saben que les va mejor simulando ser mascotas que bestias de ciudad y engañando con sus auras de autosuficiencia a los cavilosos que tanto los aman.

Los gatos de las comunas y los faraónicos, los gatos nubios y los gatos arios, los gatos persas y los del mercado público: todos saben que solo tienen una oportunidad para ser gatos en la vida y hacer de este privilegio su reino de pereza.

De modo que han aprendido a vender mitos auténticos. A Neruda le hicieron creer que son fieles a su propia ficción de la cabeza a la cola.

Salen los gatos porque encubren su temor a la muerte con antifaces de selva. Detrás de la mirada desdeñosa a los perros, se excita sus celos: jamás serán tan seguros.

La vida es un abismo que los tienta, caen. Aman como temen: tal dualidad es como una bisagra áspera para lamer. No lamen rostros, pero sí amagan.

Del amor no sabemos más que mendigarlo, pero para ellos es una presa moribunda entre las patas que a veces dejan a los pies de sus humanos. Su indiferencia es la feromona que persiguen quienes confunden y estropean el amor.

A estas astucias se deben. Han evolucionado para vivir por encima de nuestros huesos: sobre los techos y sobre los árboles se reproducen, libran escandalosas batallas y mueren.

A mí, que también he confundido el amor, cualquier esquina me es seductora para doblar el espinazo y acariciar el lomo de un gato cualquiera.

Ya nada importa: los he desenmascarado. He mirado sin temblar a sus ojos de ágata y metal que perdieron a Baudelaire.

Cuando alguien aparece erizando su pelaje. Cuando una luna redonda precisa su silueta. Cuando mis noches tormentosas me predicen el desastre, salgo a las calles sin ritos ni paraguas y si un gato oscuro acecha, soy yo quien se atraviesa.

 

 

 

Didissss / Pixabay / Mandala

 

 

PEDAZOS DE HOMBRES

hombres
pedazos de hombres bajo ramajes
hombres convertidos en dolor
dolor de llanto terrible
lágrimas hervidas en su rezo agónico
pedazos de hombres en cuartas partes
la quinta parte aún llora bajo la casa
la casa no es humana
la quinta parte gritó más fuerte que la motosierra
el aparato lo inventaron los hombres
hombres con sus extremidades aún pegadas
a su tronco de árbol
los árboles han sido los primeros en conocerla
también cayeron gritando
gritaron sus hojas
gritaron sus pájaros.

Han gritado los hombres en pedazos
y la parte más oscura quedó en el ombligo de la madre
la más visceral en las sienes de la esposa
la parte más viscosa en las babas de los hijos
la más elocuente lleva mensajes de espanto
la parte desgarrada
pertenece a los amigos.

Pedazos de hombres apiñados
en las leyes de nadie
una sangre de nadie transmuta
en el espesor del muelle
en bolsas negras duermen
sus pedazos junto a las piedras
yo no los he visto
a mí me lo han contado
me lo ha contado este país
sobre esta arena
la misma arena húmeda, seca, accidentada
extendida entre animales
hasta los infiernos comunes.

Este país es una fosa común
pedazos de hombres la siembran
germinan hombres y mujeres incompletos
sus ángeles custodios han fracasado
oscuras entidades triunfaron sobre la fe
Hoy quienes los sepultan
son una procesión de rompecabezas.

En aquella casa nacieron bestias
la casa fue construida con pedazos de árboles caídos
en el mar
una mano busca a algún rostro
para cerrarle los ojos
y el barrio palafítico se avergüenza.

A mí me lo han contado
yo no lo he visto
me lo cuenta este país
antes del sueño
el infierno nacional
nuestro símbolo patrio
símbolo descuartizado en inútiles banderas
banderas divididas en dos hombres
hombres gritando Sí
hombres respondiendo No.

A los hombres en pedazos
un ave de rapiña los sobrevuela
el ave posa en el escudo nacional
nadie me lo ha dicho
yo la he visto sobre los palacios
y desde entonces
mi felicidad es discreta.

 

 

 

 

LA MARIPOSA NEGRA NO TRAJO VISITAS 

En un rincón de la casa
abandono
          mi orgullo.

Ha llegado de la calle
          esa cosa negra
y despampanante
revoloteando su herida.

Busca un rincón amable para morir,
un sitio alto donde exhibir
          su rabia y su tristura.

          Toda la cólera concebida
          se humilla ante el remordimiento
          y este lo culpa relamiendo
          la misma escena grosera.

Ha llegado de la calle
          ese ente nervioso y aterciopelado,
pero la casa está aburrida
y viciadas las supersticiones.

Nadie quiere a un orgullo herido
—musitan las paredes—
desacostumbrado al descalabro
          siempre llegará solo a casa.

 

 

 

Niekverlaan / Pixabay / Humo

 

 

 

LA POLILLA

Al extender la mano
creo estar más cerca del futuro.
El camino de la lluvia es vertical.
Cuando escampa,
me encuentro en el bosque
transparentando su olor verduzco.

El camino de la lluvia es vertical
y el barro ondula la esperma de la hierba
con un aroma intranquilizador.

Una persecución, un fracaso
me sacuden el sueño.
Cuando el cuerpo yace
—el muy tonto—
le pesan las piernas.

          Culpo a unas aguas espesas
          por esta mediocridad.

A mi espectro le es imposible huir
o sacarle ventaja al camino de la lluvia.

Pesan los párpados también
y mis manos caen
de señalar por mucho tiempo el futuro.

Antes de esta perversión,
creía en el vaho del monte
como fragancia de los astros.
Las estrellas cansadas bebiendo de la quebrada
eran un prisma verdadero
y forcejeando con la oscuridad
las más opacas sonaban como grillos.

Pero la casa se tiñó de negro.
La lluvia encontró su camino
y abrió la tierra:
uno teme caer.

Un rayito de luna se tiende en el piso
y mis pies lo encuentran:
aquí me he sentado
al llegar a un acuerdo con el miedo.

 

 

 

 

EL REINO DE LA HORMIGA

Alabemos a las hormigas, oh, hermanos míos. Alabémoslas. Evangelizadoras del amor por las migajas. Unidas dibujan una bandera escarlata. Tren rojo de angosto camino llevándose la casa hacia al centro de la tierra. ¡Aleluya! Y desde el centro escapan de la soberbia de nuestros pasos, de todo lo que la gravedad magnetiza y sabe arrastrar. Oremos, pues, por una existencia sin el pecado de sentirse individual. Sin preguntar: Padre, porqué hemos de pagar por las ambiciones de Adán, a qué se debe toda esta insignificancia, porqué has dejado que la tierra encanezca en los polos o porqué hemos sido condenadas a superpoblar el microcosmos. Y cosas así.

Oremos por la moral del enjambre, por el cielo y su lluvia de lagunas anegando la colonia: adiós universo excelso, adiós arquitectura inestimable levantada con los puños de las hembras. Alabemos a las infecundas por hacer eructar la arena. Elevemos cánticos por el fango y la madera maleable, y alabemos a las hormigas también, por ser migajas que aman, polvo hambriento cavando en los pulmones del planeta.

Cantemos. Que nuestras acciones brillen como el alma de una luciérnaga y que de nuestra voluntad obrera reencarne la humildad de los caídos. Carguemos como ellas la cruz del mundo, pedazo a pedazo, democráticamente, haciendo menos vil el peso de la experiencia. Tendamos un puente o dejemos ronchas en una piel desconocida.

Oremos: Te amo, Padre, así como aman los zánganos bajo tierra. Te alabo sin la fastidiosa porosidad de los huesos. Sin decir patria o suelo mío. Cualquier punto de encuentro es sagrado si uno de los míos me tiende la mano. Sé que con una venenosa palabra en el ojo de Goliat bastaría para quebrarlo. Perdona a tus hijas. Perdona nuestros cielos de arbustos y también perdónanos por no dejar nada al azar. Por no reconocerte en el espíritu que anima la hierba. Porque una vez dejaste caer un Marlboro encendido y la hierba sufrió, pero no dijo sálvame o me arrepiento, no dijo tampoco desolación. Aborrecimos desde entonces la palabra crepúsculo por sentirla tan lejos, tan viciada, tan carente de virilidad. Perdona a tu pueblo que aun enterrado sigue cayendo.

Alabemos, hermanos míos, a las hormigas. Salvémoslas de nuestros perdidos pasos. Entonemos perseverantes, arengas que inviten a subir nuestra fragilidad a la cuesta.

Oremos: Tal vez en el decir esté la ofensa, y en la obra en cambio todo sea más simple.

¡Alegría! ¡Alegría! hoy y siempre en el reino de las hormigas.



*  *  *

Derechos reservados
©Annabell Manjarrés Freyle 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Gaira, Colombia, 1985. Periodista independiente, poeta y narradora. Autora del libro Vía, alterna. 2+3 años de periodismo cultural (2019). Es Premio Nacional de Cuento Bueno y Breve, de la revista El Túnel de Montería, 2015, certamen que ganó con el texto “El hombre en su jaula”. Fue invitada al Festival Internacional de Poesía PoeMaRío, de Barranquilla en 2010; al Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 2016; al Festival Internacional de Poesía Nazim Hikmet, en Estambul, Turquía, 2017; y al Festival Internacional “Mihai Eminescu”, Craiova, Rumania, 2018.

Autora de los poemarios: Espejo lunar blanco (2010), Óleo de mujer acosada por el tiempo (2013), Una ciudad como Saturna (2016) y Animales invertebrados (2017). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, catalán, francés, italiano, turco, rumano y albanés, y figuran en diversas antologías nacionales e internacionales. Obtuvo el Premio Internacional de poesía Voces Nuevas, de Ediciones Torremozas, Madrid, 2018. 

⊂Ο⊃

 

ARTERIAS FUEGO – Poemas de Alejandra Cox


Foto / ©José Hernández Montenegro

 

 

HAMBRE

escruto el vacío
el fulgor
la luz palideciendo bajo mis cejas
me veo hecha cicatrices
crispada
hoja seca 
con la piel
templada a los huesos








 

MORADA

sigue nevando polvo y del armario sale el sol
los arrendajos entran bajo la puerta
brincando 
por la línea de aire
las paredes se inundan de sal

la bombilla se infla de gemidos
la cama es un temblor
un grito simultáneo que abre el silencio

 

 

 

 

 





AL BORDE

abrir la certeza de los cuerpos
ahora
labios en crescendo
ojos suspendidos
en la pausa perpetua

manos que retornan
al capullo



 

 

 

 

 

 

SICARIO

ahora me persigno
mañana mañana
el agua quema

 

 

 

 

 

 

 

 


DESPOJOS 

anoche 
sumergidos en un pantano teñido de sales
me ahogaste en el silencio

el zumbido de la estrechez
reduce los espasmos

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Femme à sa toilette, (1889)

 

 

 

 

ODA TARDÍA

fuego
bola de fuego
yema de huevo
candela

coágulo de sangre
corrida de toros
período
vida
pequeña herida

golpe
bala perdida
semen

diástole y semilla

 

 

 

 

 

 

 

 


VEINTE

sobre mi piel
nada tu aroma tibio
tinta y esencia primaria

en mi pecho danza un compás 
miro por dentro
ritual que atraviesa el umbral
y se agrieta



 

 

 

 

 


69

sumerge la punta de la lengua
corteja con fuerza desde el maxilar
justo allí hay un iceberg
y
la tierra se rasga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

yo mojada de abril
abril cargado de gritos y silencios
hoy hay fiesta
me entierro
con las flores por dentro 

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Mujer subiéndose la media (1894)

 

 

 

 

SOMBRA

no soy en el espejo 
mi rostro es un manto ácido enmudecido
mi cuerpo
un camino de despojos y memorias
impenetrable trocha

 

 

 

 

 

 

 

 

BOMBILLO ROJO

la noche
fuego en las arterias
del techo llueve calor
y la piel se tiñe en sangre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COITO

es el cuarto mes y llueve
todo se esfuma a cántaros
todo corre
moja
es el cuarto mes
y hay lava en el suelo calcinado
gotas de llovizna perlada eyaculando

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. La inspección médica (1894)

 

 

 

 

SOLA

quiero que alguien me mire a los ojos
que me diga que existo
que entienda mi miedo 
a vivir voraz 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLAGA

gimiendo derramándose y decantándose
todo en simultáneo
remolinos de fuego
y un mar de lenguas en el pecho

un dolor abierto en dos
grita adentro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PÓLVORA

me quitaron las manos
todo  
en esta selva
pervertida de dolor



*  *  *

Derechos reservados
©Alejandra Cox

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1983. Alejandra Cox es el seudónimo de Alejandra Moreno Morales. Escritora y cantante. Actualmente cursa estudios literarios en la Universidad Autónoma. Egresada del Taller de cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Participó en el XVII Encuentro internacional de poetas, Zamora, Michoacán, México, 2012. En el V Festival de poesía y narrativa Ojo en la Tinta, 2012. En el Primer aniversario de Antropoético, Bogotá 2013. En el lanzamiento de la Revista En Otro Idioma, Bogotá 2016. En Punto de Convergencia, 2017. En el Primer encuentro de Poesía Esencial No estamos solos en la tierra, Bogotá, 2017, Zeshat Ediciones y Corporación Cultural La Aldea; y en la Segunda Tertulia Palabrearte Mujeres y Poesía, 2017, convocada por la Corporación Cultural Hicha Guaia. 
Textos suyos se han publicado en la Revista Círculo de Poesía, como poeta del mes de abril de 2017, y en esta misma revista en el especial Poetas Colombianas de hoy, del mes de noviembre de 2017. Publicada por la revista digital e impresa Chontales Litterae, de Nicaragua, en octubre 2018. Participó como jurado en la categoría de Mejor producción literaria en poesía, muestra colegiada de la Universidad Minuto de Dios, 2017. Su poema Los aquellos, fue adaptado musicalmente por el cantautor argentino Claudio Bustos. 

 ⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son del pintor y cartelista francés Henri de Toulouse-Lautrec, quien en su obra representó la vida nocturna parisina de finales del siglo XIX. (Albi, noviembre 24 de 1864 – Château Malromé, Saint-André-du-Bois, 9 de septiembre de 1901).

⊂Ο⊃

 

EL LIVIANO COLOR DEL OTOÑO – Poemas de Yenny León


Foto / ©Archivo particular

 

 

 

MUJER DE AGUA

A Helena Araújo

Soy la mujer sentada
a la orilla de todos los lagos

Los restos del árbol están impresos
en las yemas de mis dedos

Me resbalo por la piel de la cigarra
Con mi delantal abanico el alma de la hoja
Cruzo mis gruesos tobillos; busco selva la luna

Me repito seis veces dentro de mí misma
en el umbral donde los mundos se funden
Creo el huevo en la mitad de dos manos
que se abrazan sin tocarse

Mientras dibujo el último círculo,
aparece una segunda vida
maraña de brazos, piernas y bocas

No tengo otro papel para escribir
que la roca sobre la cual naufrago

 

 

 

 

 

MÁS ALLÁ DEL SOL

A Herminia, In memoriam

Quizá como la muerte en los labios
la caverna se detenga

Tal vez la noche se carbonice entre tus dedos
como quien descubre en su consumación
la ventana abierta
por donde cruzan las huellas

No sé quién te ha atado en el pecho
un campanario de cenizas
ni cómo mis cabellos
están hechos de ti

Hoy te reconoce la lluvia
junto a la belleza lenta del árbol
te escoge la hoja
al convertirte en su otra mitad

se disuelve tu cuerpo en el aire
para nacer más allá del sol

 

 Marianne von Werefkin – Fall, School (Herbst, Schule), c. 1907

De Entre árboles y piedras (2013)

Yeti, no todas las palabras
condenan a muerte.
Wislawa Szymborska

la niña se hunde

en el cuarto silencio más largo de la tierra

pasa el día
encerrada en una burbuja de fuego

el yeti se sacude

hasta el círculo diminuto
deja huellas de herrumbre

la piedra calla
contra la lluvia.

 

 

⊂Ο⊃

 

cuando los días se acaben
y la hoja
ya no incube su raíz

sumergido en el reverso de las piedras
yacerá el vacío enloquecido de luz

las grandes pérdidas
harán de la montaña
su centro

como puertos sin retorno
se acogerán a la memoria
sólo para darle forma al pasado

serán tan viejas en nuestros ojos
como el destino del agua.

 

⊂Ο⊃

 

cada latido
es un autoataque:
el corazón golpea contra el corazón

con el árbol
ocurre algo distinto

su corazón
por encima del agua corrompida
es fuego meditativo
hambre congelada.

 

 

Marianne von Werefkin – The Black Women (Schwarze Frauen), 1910

Y empeñados en proteger los bosques/ olvidamos/ que
mientras quede siquiera un árbol/ sobre la superficie de la tierra
la gente morirá asesinada con palos de madera.
Ryszard Kapuscinski

 

sus raíces
maestras de la vida subterránea

su tronco
doble cuerpo, canal de otros mundos
revoltijo de ombligos que conducen
al diálogo de

sus hojas
materia oscura
puerta entreabierta al círculo
—la punta de la geometría—
esporas animales
estructura alterada
sangre seca.

 

⊂Ο⊃

 

las flores encanecen
en el invierno desmayado
tras un precipicio de cielo

el tronco de un árbol perdido
se calcina
en una lenta conspiración de sonidos

cuando el hilo de la vida pende sobre el lago
cuando los ojos sufren el hambre de quedarse ciegos.

 

⊂Ο⊃

 

es verdad lo que ocurre al amanecer
cuando mis manos tempranas
desdibujan la piedra

escucha este fuego entrecortado
con el que mi voz te llama

años de sonido
arrancados de las garras del sueño

somos sólo un árbol difuso en el espejo
que se prende
o apaga
después de cada pesadilla.

 

Marianne von Werefkin – Le Chiffonnier, 1917

 

De La hierba abre su latido (2018)

COLIBRÍ


El colibrí es la reacción de la naturaleza
ante lo que muere en el centro del árbol

su aleteo son trinos
para los pájaros carpinteros
que se trenzan con las hendiduras
en la madera

el colibrí es una sensación oculta
como un parpadeo bajo el agua
o una sonrisa ante la bala que te atraviesa.

 

⊂Ο⊃

 

el fénix
siempre ha pedido reemplazo

como la naturaleza
viaja entre las sombras
—una y otra vez—
para desintegrarse en un mar de cenizas
de donde emerge infinito
          como el resultado
de miles de huellas desechables

se ha llegado el día:
él odia hundirse solo
nunca quiso padecer
la costumbre de la resurrección

ahora su espíritu
deja de danzar en su cielo
y se pierde en lo profundo
de la llama desterrada

desaparece
          se libera
                    del hambre
de nacer.

 

 

 

 

 

EL TRUENO EN LA SIEN

Después de cierta edad
la gente se alimenta de vidas ajenas
y olvida que el trueno
aún puede hundirse en las sienes,
que el liviano color del otoño
atraviesa la mirada más aguda
y la línea que une los planetas
es un mero ejercicio de la luz.

 

 

 

 

 

RUPTURA

No llevas puesto nada encima
salvo el misterio de tu primera piel
la lección de que el tiempo
madura en el mar

mides a pasos el cielo
y moldeas con lo perdido
el pie de estrella
obligado a bajar sin calma

ninguna forma
separada al elevarse
forja el incendio

la ruptura
siempre va hacia la noche
oscureciéndose ante ti
mientras absorbe de tu boca
el gesto anudado
al sueño.



*  *  *

Derechos reservados
©Yenny León

 

NOTA BIOGRÁFICA

Medellín, 1987. Filóloga hispanista y Magíster en Escrituras Creativas. Actualmente es docente de literatura en las universidades UPB y EAFIT de Medellín. Ha obtenido varios premios de poesía: I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín (2011), I Premio Nacional de Poesía Joven Andrés Barbosa (2011), Beca de creación modalidad Poesía (2012), mención de honor en el concurso nacional “El dolor y sus trampas” de la Casa de Poesía Silva y el primer puesto en el XXX Concurso Nacional Universitario de Poesía de la Universidad Externado de Colombia. Varios de sus poemas han sido publicados en revistas nacionales e internacionales y traducidos al inglés y al francés.

Libros publicados: Entre árboles y piedras (Bogotá: Editorial Planeta, 2013), Campanario de cenizas (Quetzaltepeque, El Salvador: Proyecto editorial La Chifurnia, 2016), La hierba abre su latido (Bogotá: Universidad Externado de Colombia).

 ⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son de la pintora expresionista Marianne von Werefkin, (Tula, Imperio ruso, 10 de septiembre de 1860 – Ascona, Suiza, 6 de febrero de 1938). 

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LA TRANSPARENCIA DEL AIRE – Poemas de Oscar Vargas Duarte


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

La transparencia del aire
(Poesía)
Oscar Vargas Duarte
Burdelianas Poetry Editores
Lanzamiento: abril 25/2019

 

 

 

En 1804, Alexander Von Humboldt llegó a México y la exuberancia del paisaje poblado de profusos valles, montañas agrestes y volcanes en los que todavía se conservaba el fuego primigenio, le hicieron pronunciar:
¡Viajero, has llegado a la región más transparente del aire!

Oscar Vargas Duarte, en  La transparencia del aire  retoma los caminos del asombro de aquel caminante, esta vez sugeridos por una mujer.  O, mejor, por la mujer total, territorio inexplorado que algunos poetas presienten.

El libro es, sin ambages, una declaración de amor. Al igual que Petrarca en sus Sonetos a Laura (mujer que el poeta italiano apenas vio en la iglesia, del brazo de su esposo, un viernes santo) Oscar Vargas Duarte en  La transparencia del aire  celebra a su dama, sin que le importe si ella se entera o no de esta celebración.

Estos poemas en ocasiones toman la forma de relatos, y viceversa, muy al estilo del Libro de las cosas, primera publicación del autor, dejando claro que no le interesan las fronteras entre géneros literarios.

La transparencia del aire  es un libro escrito por un hombre que ama, y lo dice, y lo canta, como un volcán.

 

 

Litoral

Quédate en el litoral.
No desembarques
evita el clamor de la tierra.
No viajes al mar extenso.
Mantente ahí, inmóvil,
en ese lugar sin niebla
donde la claridad es oscura y congela.
No te atrevas,
sé fantasma.

Quédate en el litoral.
Eres tú a quien deben encontrar sin que te muevas.
A los demás la piel los migra,
el tiempo los hereda.

 

 

 

 

 

Derrotas

Cultivé aridez en tu silencio,
fui presencia ciega ante tus ríos.

Como un sol
arrastré mi voz al lugar
en donde los tubérculos dan sus frutos
y olvidé la luz que con el aire vuela.

Construí ciudades enteras en tributo
al dios tsunamí,
a la diosa huracanada que habita en tus ojos.

 

 

 

 

 

Cierres y aperturas

Tú, juntas orillas
atas botones
das forma a lo que cierra
ocultas la página blanca
tapas la página escrita
tu piel desnuda
va
al interior de tu ropa.

Yo, en secreto,
pienso en soltar,
abrir, ver, leer,
desnudar
escribir sobre tu piel
en donde la lluvia
te come con su boca secreta.

Sin que lo sospeches,
tú cierras de ti
lo que yo
abro.

 

 

 

 

 

Contenido explícito

El único extremo que acepto es el de tu cama al amanecer.
Mis palabras batallan por adentrarse en tu geografía.
En tu boca un diccionario de voces puede leerse labio a labio, lentamente.
Mis ojos se pierden en la luz de tu escote, y mis pensamientos se van en imaginarte.
En vez de ojos tengo botones y te veo por el ojal sin hilo que me ata.
Tus senos, breves como un parpadeo, me hablan de ti.
Me cuentan todo.

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2018

 

 

 

Caída

Tu desnudez no abre puerta alguna.
Caes sin ser tú,
te levantas siendo tú misma.
Mi mano, mi voz, mis ojos,
son imaginados por tu nombre.
Te llamas sorpresa,
dentro de ti todo se sostiene,
incluso yo que vivo afuera.

 

 

 

 

 

Respuestas oportunas

En el comienzo era el verbo.
Yo no estaba ahí para escucharlo, pero aun así lo creo de ese modo.
Me propongo hacer lo mismo con mis palabras, dando por hecho que palabra y verbo son lo mismo.
No es la lengua un objeto amarrado, pero la suelto.
No está cubierta, pero la desenvuelvo.
Con ella encuentro la punta de la lluvia, la primera gota y digo algo.
Supongamos que digo, Buenas noches, y al unísono una costumbre me responde desde la lengua materna de quien me oye.
Es este el poder del verbo.
Eres una mujer hermosa, y sin que sea por repetición, tu sonrisa responde en tu rostro.

 

 

 

 

 

 

Prisioneros

Deambulas por las estanterías de la biblioteca hasta que te detienes en un libro de Octavio Paz.
Lees: «Si el hombre es polvo esos que andan por el llano son hombres».
Cuando hablas de poesía, te gusta jugar.
Dices: «Si la mujer es poema, esos libros están llenos de mujeres. El papel atrapa a quienes lo habitan».
Ahora caminas, en silencio, como si estuvieras recorriendo los pasadizos de una cárcel.

 

 

 

 

 

 

Ensoñación

En algún lugar de mi memoria tomas café y miras a través de una ventana.
Usas una blusa de color blanco con pequeñas nubes bordadas en hilo azul claro. Llevas en tu cuello una delgada cadena de oro con un dije que repite la forma de una manzana. Unos aretes diminutos como el dije, dan forma a un árbol que da paso a todo lo que llega a tus oídos.
Ignoras la música del lugar, escuchas el tintineo de tus dedos en la madera, sabes del sin color artificial de tus uñas.
Con tus ojos convocas la forma de un hombre invisible del que no sabes nada y lo presientes todo, no puedes esperarlo, no quieres ser la estación abandonada en el crepúsculo.
Un sorbo nuevo del mismo café le da calor a tu boca y cambia tu expresión.
Giras tu cabeza hacia un reloj que hay junto a la puerta y verificas que ya es tiempo de partir.
Te levantas, sales, te alejas de mi recuerdo.

 

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2018

 

 

Aprendiz

Me enseñaste a tejer para bordar tu mirada en mis ojos.
Me enseñaste a coser para darle forma a la tela con la que he de extenderte en mi memoria.
Me diste el color de la noche para agitarlo en las horas de sol y ver tus ojos.
Pusiste en mis manos el temblor de la vida, la caricia próxima y la caricia perdida para que comprendiera que todo comienza en la danza.
Así, me has estado enseñando la vida.

 

 

 

 

 

Silencioledad

Ves el libro,
preguntas su contenido:
en él estás tú, solo tú.
Lo abres,
nada en él,
eso es todo,
hojas blancas,
sin palabras,
sin trazos.
Explico:
caigo en tu “silencioledad”
para encontrarte,
hojas blancas,
llenas de ti
porque no estás.

 

 

 

 

Vacío

Te ves igual a esos lugares en donde se pone el sol y la madrugada se espanta al verse en los ojos de quienes madrugan.
Te ves así cuando me preguntas acerca de mañana y no sé qué responderte.
Preguntas de nuevo y el vacío nos circunda.

 

 

 

 

Viaje

Durante toda la mañana he pensado en ella.
He trazado la forma de su rostro, de su sonrisa, de sus ojos.
He visto la manera en que con una tela hace una moña en su cabello.
He escuchado su voz y he enumerado las palabras que más usa.
He recorrido la constelación en la que el azar ha dispuesto sus lunares.
He sentido, como mías, sus cicatrices, el inexacto orden de una y otra de sus fatigas.
He estado aquí en el mismo lugar desde donde abarco la mañana con mis ojos,
yendo tras ella.

 

 

 

 

Miedos

Me aproximo a su existencia desde una canción, una de preguntas sin respuesta.
Me acerco a ella tras las hojas de una novela de suspenso recién empezada.
Me reencuentro con su piel cuando tiendo la cama y un delgado imposible tiembla al pensar en el camino que tendremos que recorrer para juntarnos.

 

 

 

 

 

Juegos de azar

Sabes que los dados están cargados a tu favor.
Sabes que jugamos al amor con las cartas marcadas.
Te quitas la ropa y sobre la cama
lo apuestas todo.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Oscar Vargas Duarte
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Vélez, Santander, 1971. Poeta y narrador. Ingeniero de sistemas egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado el “Libro de las cosas” (Seshat, Bogotá, 2017 – Uniediciones, Bogotá, 2018), selección de textos de difícil clasificación en donde se amalgaman la poesía, el aforismo y el microrrelato.

Incluido en Depredación, antología inusual de cuento colombiano contemporáneo (Uniediciones, Bogotá, 2018), y en Desde estos tejados, antología de poetas hispanoamericanos.

Colabora en la sección de cultura del periódico mexicano Lector 24. Textos suyos se han publicado en los portales de Letralia y Burdelianas Poetry. Egresado del Taller de Cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Es cofundador de la iniciativa cultural Ciclos de poesía en los bares de Bogotá. “La transparencia del aire” es su primer libro de poemas publicado. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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SEÑORA MUERTE – Dos microrelatos de Jorge Guaneme


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

⊂Ο⊃

 

 LAS CENIZAS DEL ABUELO

Después de varios meses de torturas, médicos, especialistas y enfermeras, el abuelo por fin descansó. La familia acordó cremación, claro, después de rendirle los homenajes que se merecía, sin olvidar lo concerniente a misas  y responsos.

Para cumplir con su último deseo, toda la familia fue a enterrar sus cenizas bajo el árbol que él había sembrado cuando era joven, allá, en su finca natal.

Catalina, su nieta, estudiante de medicina, estuvo muy al tanto de la evolución de la enfermedad, primero para cuidar al viejo y segundo para aprender un poco más.

Una semana después del entierro de las cenizas, Catalina se reintegró a sus prácticas en el hospital universitario.

En una de sus clases, en la morgue, tenían que realizar una auscultación. A petición de los estudiantes esta práctica se hacía cubriendo el rostro del cadáver con una toalla, pues no querían que los ojos fijos del muerto los perturbaran mientras le abrían el vientre. Así se hizo también en esta ocasión. Catalina estaba insertando el bisturí en un costado y por accidente alguien movió la toalla dejando al descubierto el rostro que no querían ver. Catalina lo vio, soltó el bisturí, y se desmayó.

El médico y algunos estudiantes se rieron. Suele suceder, dijo el médico, ellas son más propensas  a estos nerviosismos.

Y mientras le daban primeros auxilios a Catalina, el médico insistió en que era preciso esforzarse en superar esos melindres, ya que durante toda su vida profesional tendrían que vérselas con muertos.

Con un pañuelo sobre la nariz, impregnado con éter, al fin Catalina regresó a la vida y con voz apenas audible, dijo: El que está sobre la mesa es mi abuelo, el mismo que incineramos hace una semana y cuyas cenizas descansan debajo de un árbol.

 

 

Michael Gaida / Pixabay

 

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MUERTA ANTES DE TIEMPO


Nadie se muere en la víspera, sino en el día que le toca, eso dicen, pero no siempre resulta cierto. Catalina Herrera murió diecinueve años antes del día que le tocaba.

Sin saber cómo apareció muerta ante la Registraduría Nacional y ella, que ya había cumplido 83 años, se la pasó casi dos décadas tratando de demostrar que estaba viva.

Necesitaba atención médica pero no podía recibirla por su oficial condición de muerta. Después de mucho papeleo, entrevistas en radio y televisión, testigos, y constancias de médicos y siquiatras al fin le creyeron y Catalina Herrera regresó a la vida. En la Registraduría le entregaron una contraseña que así lo demostraba. Ahora sí podría recibir los servicio de salud que tanto necesitaba.

La emoción fue tan intensa que pocos días después, en una celebración con sus más allegados, murió de conmoción cerebral y paro cardíaco.

 

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Derechos reservados
©Jorge Guaneme
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Simijaca, Cundinamarca, 1945. Escritor y crítico literario. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Tiene un Master of Arts en Sociología de la Literatura de la Universidad de Essex, Gran Bretaña.

En 1993, con su novela “La máscara y el espejo”, obtuvo el Premio Nacional de Novela Plaza & Janés. En el 2001 la Editorial Aurora publicó “La trampa del deseo”, su segunda novela.

Les invitamos a visitar su WEB

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DELIRIO – Un cuento corto de Tatik Carrión


Foto / ©Yadira Aldana

 

A la mujer le dolía tanto la cabeza que se le estalló. El ruido fue parecido a la explosión de un globo inflado con helio. El cuerpo inerte cayó. En el aire, las palabras y las imágenes flotaban. Eran muchas, todas las que guardaba desde pequeña.

Las personas que estaban en la plaza principal quedaron sorprendidas. Algunas se asustaron y salieron a correr; otras agrandaban los ojos para ver más allá de las visiones, y pocas, con seguridad y éxtasis, caminaron con pasos firmes hacia la magia flotante del corazón femenino que se abría como para el amor.

Un niño señaló la imagen de una muchacha elevando una cometa. “¿Qué es esto que vuela?”, dijo el niño con asombro. “No la toques”, le dijo su madre abrazándolo y acompañando ese descubrimiento que los uniría para siempre. El abuelo disfrutó viendo cómo la palabra amor se iba elevando lentamente por los árboles y luego por los cielos. Sonrió. Varios jóvenes siguieron las palabras: sosiego, pasión, locura, libertad, alegría… y desaparecieron en esa bella travesía.

Los paisajes se acomodaron como exposiciones de pintura. Los susurros enamoraron a los hombres solitarios y las canciones despertaron esperanzas en las mujeres tristes. Los olores se confundieron entre sí y se impregnaron en la piel de los habitantes que entraron en ese ensueño.

“A lo mejor esta mujer fue escritora”, se dijo un hombre que en la palma de su mano sostenía la imagen de un libro abierto. Se entregó a la lectura sin importarle los hechos alrededor.

Página a página leyó una historia en la que el viento, cantando, llevaba y traía razones de las orillas de todos los mares del universo.

Los miedos también festejaron su libertad y salieron a incrustarse en otras cabezas. El más grande se instaló en un anciano que empezó a decir que el mundo se iba a acabar y que no se quería morir. Gritó tanto que la voz se le escapó. Asustado, salió en su búsqueda. Por entre el gentío, la voz volaba libre como un pájaro que había estado enjaulado toda su vida. A lo lejos se veía un hombre mayor correr detrás de un ave multicolor por todo el pueblo, un lugar que no aparecía en los mapas. Ambos desaparecieron.

La risa y el llanto de la mujer resonaban por todas partes. Los rostros de los hombres que amó se fueron desdibujando lentamente. Primero como copos de nieve y luego como una tenue lluvia de cenizas. El olvido llegó a la misma hora de la muerte, como seguramente alguna vez le fue revelado.

El cuerpo fue robado por un mendigo, quien lo arrastró y lo puso debajo de un árbol donde se escondió con la evidencia. Le contó su vida mientras le ponía pedazos de pan en las manos.

Fue feliz por estar acompañado, se abrazó a ella y se quedó dormido tan profundamente que no volvió a despertar.

Mujeres llorando y riendo, hombres en silencio y tarareando, niños correteando imágenes como burbujas de jabón que al tocarlas desaparecen, unos danzando y otros leyendo, todos fuera de sus casas y sus cabezas: así pasaron horas y horas hasta que la nostalgia, lo más grande que tenía aquella mujer en su vida, se apoderó de todos, enmudeciéndolos para siempre.

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3deman_eu / Pixabay

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Derechos reservados
©Tatik Carrión

 

NOTA BIOGRÁFICA

Licenciada en Lengua Castellana y Comunicación. Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos. Docente de español y literatura. Asesora en proyectos educativos, culturales y editoriales. Ha sido promotora de lectura y escritura, tallerista de escrituras creativas y gestora cultural en diferentes entidades públicas y privadas.
Escribe cuentos, poemas, reseñas, crónicas y novelas. También se dedica a la generación de contenidos pedagógicos y a la formulación de planes y programas educativos.

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APRENDIZ EN EL OLVIDO – Poemas de Yirama Castaño Güiza


Foto / ©Arturo Rivera Vargas

 

 

PRÓLOGO

No tengo la intención del desafío,
ni la premura por un juego de palabras.

No poseo el concreto de la línea en el poema,
ni la lucidez de cifras en la aurora.

No merezco un nombre que autorice
la búsqueda universal en primavera,
ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego.

No entiendo el coro de ángeles testigos
en una caída de noches anunciadas,
ni los demenciales silencios
dando el sí en mi costado.

No puedo construir la imagen
a partir del vacío con cerrojo,
ni aplaudir al inventor de la acrobacia
que finge ser bandera.

Para escribir y amar sólo mis manos.

 

 

 

 

 

 

EL CINTURÓN DE ORIÓN

Cuando se sueña
qué poco hay para perder.

En la ciudad de los juegos
las noches son estrechas,
los bares siempre están abiertos
y las calles
van formando su propio laberinto.

Las luces son intermitentes
y no permiten reconocer los números
en los que caerá el dado.

En cada lance el que apuesta
siempre olvida alguna cara
y el repartidor de vida
mostrará sus manos.

Al amanecer, los asesinos se recogen en sus casas
y nada queda en la memoria
ni siquiera el fluido
que se llevan las heladas.

 

 

 

 

 

 

SECRETO DE MEDIODÍA

Profeta:

Silencios en la sombra
regalan adioses a los duendes.
Presagios con turbante
vienen lento
y arrastran contra sí las dimensiones.

¿Te llevas el asombro?
¿Te lo llevas?
¿Y la validez de la noche sombría?

El tiempo suele robarse las heridas
pero yo te advertí
que soy aprendiz en el olvido.

Nunca te he dicho que el resplandor de los azares
horada sin embargo mis mañanas
y las fiestas que a veces ofrezco en tu nombre.

Recuerdo, por ejemplo, que existen días
en que llevo báculo, saxo y tambores
cuando dirijo la orquesta con los hombros.

Construyo sueños en los arrabales
y bamboleo los crescendo, menguantes y altibajos
que mandaste a perecer conmigo.

Debo agregar,
que en medio de la luz hago la venia con Charlot.
Me visto de negro.
Doy tres pasos
y te sonrío con orgullo de pionera en estas lides.

Qué te parece, viven los secretos.

 

 

 

©Rafael Dussan / Algo en común – Acrílico y carboncillo sobre tela – 50 x 70 cm. Colección particular

 

 


ALETEO EN EL LUPANAR

En la tierra –vientre-
un montón de amores

El velorio de su piel nace en un adiós

Secreto de alfiler para un solitario encuentro

Retorno a la caída de la luz
donde estrellados yacen los espías del olvido

Mariposa,
acepta ser la esclava de tu propia noche

Levanta a los lisiados de tu vértigo.

 

 

 

 

 

 


ODISEA DEL GUERRERO

Adentro del corazón suena la campana.
Alguien que no duerme,
habita el cuerpo del intruso.
Después de crear los intentos,
el otro sale a caminar,
invade el terreno de la piel.
No hay una frase para describir la salida,
el paso largo hasta el extremo.
Un ligero corte,
preciso desborde del sueño.
Lo real adquiere el color del muro que traspasa.
Al silencio, agregó la palabra.
Esclavo del ensayo,
sentado en un cuarto sin luz
regresa al fondo.
Al espacio que es, no se le abandona.
Ayer, le pertenecía al diferente.
Así vive compañero de él mismo.
Alquilado por dos.
El que fue,
ya no vuelve,
es fantasma.
El inmortal es el reflejo de su rostro
en otros ojos.

 

 

 

 

 

 


RUMOR DE CIEGOS

Luego del lamento,
luego de la estrechez en muchos cuartos.

Aun después del ahogo en una cama,
aun después de los silencios.

Más allá de la agonía y las deudas del amor,
más allá de la frontera entre los labios.

Tarde y noche.
El feliz jinete se despide.

Ahora, en el futuro,
desprendido de la tierra,
retoma la inocencia.

Ese niño recorre los parques,
en busca del trébol de cuatro hojas.

 

 

 

©Rafael Dussan / Tipos arcaicos del poder – Acrílico y carboncillo sobre tela – 60 x 120 cm. Colección particular

 

 

 

SUEÑO DEL CÓMPLICE

Un caballo negro espera.

Aldaba del espejo,
abre ya
la puerta del otro océano.

Trampa que caza el animal equivocado.

Mis piernas ya no son, ¡galopan!

Por fin,
me atrapo
y me dejo ir.

 

 

 

 

 

 

 MALABAR EN EL ABISMO

Di mi nombre una vez
llévame, breve,
entre la seda
o la espiral hirviente.

Recorre conmigo el laberinto
para no llegar
o para fugarnos en la ceguera.

Aunque el año que nos sigue
esté tan lejos.

Deja resbalar la tristeza
mientras duermo
dócil.
Despojo anciano,
sepulcro de la culpa.

Deslízate en la cavidad de los lamentos.
Allí me encuentro.
Detenida. Pálida.
En invierno.

Toma el corcel
y busca mi disfraz.

Es preciso que te espere.
Suave, en harapos.

Al margen del poniente.

Agrega un redoble o esta noche:

La cumbre de mi sueño está nevada.
Ligera, feliz.

 

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Negociación entre el bien y el mal – Acrílico y carboncillo sobre cartón – 22 x 30 cm. Colección particular

 

 

RUMOR DEL VALLE

Cuando comencé a viajar,
no pude resistir la tentación de parar
en la estación equivocada.
Pequeño pueblo de bombilla en la escalera,
habitar cualquiera de tus casas era bailar
en una ronda de gaitas y tambores.
No importaba la lengua arenosa,
ni el calor colándose en la pared de la cocina.
Bastaban eso sí los olores de la tierra,
la lentitud descalza en el centro de la plaza.
Nadie tenía nombre
y sin embargo todos se llamaban.
Las mujeres pintaban sus labios
en punto de las seis
y los hombres aplastaban fichas
en medio de los gritos y la fiesta.
Pero un día llegaron los falsos monjes
a pintar con aerosoles
agujeros negros en tu cielo.
Pequeño pueblo,
ahora que vuelvo con el camino despejado,
ahora que la brújula señala el norte sin equívoco
hay algo que no entiendo,
todos callan
y una fila de cantadoras
con velas en las manos
alumbran la marcha
que aleja a los niños
de la prometida tierra.

 

 

 

 

 

 

 MEMORIA DE APRENDIZ

No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es dibujar la noche.
Seguir la línea de su curva,
hacia el eco común
o la profunda luz.
Tomar la imagen de su pulso.
Medir la turbulencia.
Oír su tono,
el latido de su adentro.
Habitar las estrellas que la viven.
Desnudar falsos colores
y mostrar el plateado vuelo
de pájaros fantasmas.
No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es asistir a los cortejos
con toda irreverencia.
Grabar los rostros,
vestir sus cuerpos.
Memoria de aprendiz,
la inteligencia es un juego de distancia.
Un dolor agudo.
Una irónica y sutil virtud.

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Salomé seducida – Acrílico y carboncillo sobre papel entelado – 100 x 70 cm. Colección particular

 

 

 

LA SILLA DEL PARQUE

Ocupas este espacio,
que descansa tu espalda.
Antes de ti, otros vinieron
y aunque no lo creas,
tengo memoria.
Cuando te vayas
habré guardado de ti,
la pequeña historia que relató el instante.
Sé que no te llevas nada de mí
y yo,
afortunada,
he contenido la esencia de tu espíritu.
Este parque es mío,
como yo le pertenezco,
y el tornillo que cayó
no me ha quitado la fuerza.
Tengo la suerte de habitar los cuerpos,
más no la virtud del movimiento.
Pero mi vejez es de roble
y, al final,
puedo encender la hoguera.

 

 

 

 

 

 

 

UN ÁNGEL EN LISBOA

A Fernando Garavito

Me imagino que se levanta cada día
con ganas de zumbar,
que se despliega sobre el papel
con la rabia propia
y las miradas ajenas puestas sobre él.
Me imagino que despierta
y persigue los olores más extraños,
aquellos rancios, aquellos agrios.
Me imagino que da vueltas sobre la palabra
y se posa sobre ella, multiplicándola.
Me imagino que busca la luz,
limpia sus alas,
se guarda de sí mismo
y espera el golpe por venir.
Me imagino que sigue atento,
más allá de toda sombra,
que busca los desechos,
que los lame y los escupe.
Me imagino que tiene frío
que su cuerpo ya es poema
y que la ciudad,
adoquín por adoquín,
se parece a él.

 

 

 

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Derechos reservados
©Yirama Castaño Güiza  

 

NOTA BIOGRÁFICA

El Socorro, Santander. Periodista y editora. Participó en la creación de la Fundación y de la Revista Común Presencia. Hace parte del comité asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Ha participado en los más importantes Festivales de poesía en Colombia y en Encuentros de escritores a nivel internacional. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Queda la Palabra Yo, Antología de poetas colombianas actuales. Ediciones La Palma, Colección eMe, España, 2018. Antología Poética Ventre de Lumiére, Vientres de luz, 14 poetas colombianas + Jattín, Uniediciones, Colección Ladrones del Tiempo, 2017. Corps avant l´ oubli, Cuerpos antes del olvido (Yirama Castaño, Stéphane Chaumet y Aleyda Quevedo), Ediciones de la Línea Imaginaria, Ecuador, 2016. Poemas de amor (Yirama Castaño, Josefa Parra), Ediciones Corazón de Mango, 2016. Malabar en el abismo, Antología, Común Presencia Editores, Colección los Conjurados, 2012. Memoria de aprendiz, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2011. El sueño de la otra, Colección Prometeo Serie Hipnos,1997. Jardín de sombras, 1994. Naufragio de luna, 1990. 

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Rafael Dussan. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LA TRISTEZA DEL OCÉANO SE HUNDE EN EL CIELO – Poemas de Wilson Guillermo Díaz

 

Foto / ©Arturo Naranjo

 

Del libro Las heridas del ruido
(La valija de fuego, 2015)

 

 

LAS HERIDAS DEL RUIDO

Hemos abandonado a nuestras novias
en un festín de perros degollados.
Enrique Gómez-Correa

La noche ensangrentada

duerme entre mis viejas manos.

 

Sus estrellas mutiladas

clavan en mi cuerpo

los ruidos fragmentados

desdibujados en las muros del olvido.

 

Ruidosas vienen las heridas al festín de los cuchillos tuertos.

Las bisagras de las puertas copulan ruidos arrugados,

amputados girando en la tiniebla.

 

Degollados yacen los sueños de los perros.

Degolladas corren las ansias del sexo.

 

Nuestras novias caminan de la mano

entre las cenizas polvorientas de la vía.

 

Las heridas del ruido

engendran las tristezas de los vidrios quemados.

 

Degollado camina este poema

sufriendo los ruidos heridos

de los perros.  

 

 

 

 

 

 

RÉQUIEM

 a Lêdo Ivo
In memoriam

I

Desde el océano, mis dedos lluviosos lloran.

Huyen entre la arena al convertirse en cenizas.

Otro ser de uña encarna el dolor del poema

los labios de las sílabas desembarcan hacia la otra orilla.

El viejo vidrio de mi tristeza se agita.

 

II

Ladran a lo lejos los arrecifes moribundos,

al escuchar la noticia que lanzan las piedras

ellas dicen que las nubes han muerto de un infarto.

La gaviota de las palabras, naufraga entre los desastres

en la oscuridad.

 

III

El azul difunto del océano pasea sobre sus hombros,

otro amanecer viene nadando desde lejos

trae la sonrisa avinagrada, los versos desde su lecho

del poeta que falleció con la hermosura de las lagartijas sagradas de Maceió.

 

IV

El luto de mis pies se enreda

con las huellas trazadas del viento.

La tristeza del océano se hunde en el cielo,

los cantos del murciélago al soltarse de las amarras

son heridas viajeras hacia el piélago del dolor,

cuando dejan de ser cenizas. 

 

 

 

 

 

 

©Pexels / Pixabay

 

 

 

 

 

LA LUNA ABRE LA HABITACIÓN PERDIDA

“Yo mismo me convierto en este oscuro incógnito”
Georges Bataille

Un cuerno 

                    negro

                                cuelga de su frente.

Arrastra pedazos de pestañas

                                                      que se encuentran entre los ojetes

                                                                                                                      de sus zapatos 

                                                                                                                                                   rojos.

La luna pisa un grito tembloroso

                                                                 de agujas oxidadas

                                                                                                     lanzadas hacia lo incógnito.

Las piernas enmudecen

                                           al sentir el hielo

                                                                               en la oscuridad.

El tiempo se  turba

                                                 entre sus uñas sin luna.

Espera ciega un rostro

                                            afilado, joven

                                                                                  cuando soy luna.   

 

 

 

 

 

 

 

ARTERIA 
             ARTIFICIAL

A Henry Miller y Brenda Venus

“Siempre enamorado” 
Luis Cernuda de Tiziano

 

Ella es una belleza del Sur.

Piel roja instalada en dieciséis horas

su rostro pierde la quietud en las fotografías

es la actriz dramática, atrevida, oscura.

 

En los escenarios su único ojo

baila con malvivientes que gritan su llegada.

 

Ella es arteria artificial apasionada y solitaria

de versos besos escondidos, detrás de las medrosas

tarimas de la seducción.

 

Ella es la biógrafa de tu semen

                                                                 Miller

                                                                  iluminado en la nevisca sexual del otoño.  

 

 

 

 

 

 

 

CARL SANDBURG EN LA VENTANA

 

El humo de la calle trae en los dientes

pólvora de tus ojos errantes.

 

Caminas sobre un cable extendido desde Galesburg hasta tropezar con el ruido

agrietado de mi ventana.

 

 Esquivas al conductor de leche, al ayudante en la barbería y a la terca

máquina prometiendo tiquetes sin regreso a los trigales.

 

El cuello de la camisa marcha tiznado entre las honduras de tu niñez.

 

Pistoleros, trompetistas entre la libertad de los lagartos, van pintados de calor en tu pecho.

 

El tiempo emigra.

Y las limaduras de tu viaje bailan con las heridas afiladas de mi raza.

Sombras desterradas se hospedan como cuervos inseparables en mi ventana. 

 

 

 

 

 

 

LOS CUATRO COSTADOS

A Norman Paba Zarante y María Consuelo Gracia

“Esta cama de pobre es
el lugar de nuestro amor”
Leopoldo Pinzón

 

Observo la moneda de cobre muerta sobre la mesa.

Avisa la ruina de los días.

Las palabras arrastran los anuncios

y solo el cuadro de la entrada

muestra,  su risa apolillada.

Dos cuerpos desnudos,

el tuyo, el mío, calcinan la rutina.

Las cuatro piernas cansadas de vivir

tragan la sórdida sombra y escupen la sopa de sus propios fantasmas.

Hacemos de nuestros órganos cuatro costados de la excitación,

Inflamándonos y huyendo hacia el centro de la cama, para amarnos humedecidos,

olvidados de pobreza, hasta que el agua seca del grifo se convierta en arena.

Las bocas vomitan dentro de nosotros

los meses que se oscurecen entre los dedos

bebemos sus pequeños infiernos después de besar la zozobra.

 

Odiamos las horas en que pasamos enfermos

porque los gritos sucios de la calle nos laceran.

 

La moneda regresa al cementerio

y abrazados descubrimos los colmillos huérfanos

clavados en las heridas del otro

en la noche deshabitada, entregada al silencio.

 

 

 

 

 

©Tama66  / Pixabay

 

 

 

 

CONTRALUZ

 

Las hojas desnudan el ruido azulino

la inquieta piedra cae al golpearse

contra la voz amarilla del escarabajo.

Otra mirada tacha el verde del viento

abrumado por el humo rojizo de la tierra

la piedra gira y se calienta hasta envejecer

una sombra remendada de vino se precipita en

neblina trazando un camino de plumas en

el cielo

las flores cantan entre los grillos y una mancha

de relámpago zumba en el centro de la fétida

pared

que se desploma

a pedazos.

 

 

 

 

 

 

 

LAS TINIEBLAS DE AVANTCARGA

“Sobre la cuerda no haré más el tonto”
Raúl Hernández Novás

Canta enfebrecido

                             el disparo

                             funámbulo en el cráneo de Raúl

                             aledaño al tímido ruiseñor.

                             Pronto la ávida sangre

                             alumbrara las noches.

                             de su boca saldrá el rugido de las

palabras 

                             el frío tintineara la nostalgia de las

calles

                             rebeldes en brumosas mañanas.

 

Cantan conmovidas las alas del ruiseñor

en su pecho, saltarín de trapecios

burlándose de la vida

a espalda de las tinieblas de avantcarga. 

 

 

 

 

 

 

CORTINAS PUNTILLADAS

 

Sin ninguna esperanza

la carnaza se anida

en la herida del ruido.

 

El ojo sucio sin aturdirse persigue

las patas de moscas atrapadas

                                                          en las cortinas.

 

La sombra decapitada del pájaro

rasga el infotunio de luz.

Ella, parpadea detrás  de sus vísceras.

 

Clavados los blancos

                                       huecos de la ventana

contemplan al ángel

                  masturbándose con sus alas arruinadas.

 

 

 

 

 

©Michael Gaida  / Pixabay

 

 

 

 

 

EL HELLHOLE DEL PACÍFICO
EL PUERTO DE LOS DESESPERADOS

 

“Si vives en las colinas, eres alguien,
Si vives en la parte sur o en el lugar llano
eres una basura”

Leland Kobain

 

Refugiado en el tráiler de mi abuelo.

Me inyecto la risa de las colinas.

La lluvia nace entre los rieles desheredados

        próximos a desaparecer del óxido intruso

cobrador del tiempo.

 

Aberdeen cada diez segundos es el desierto

de los desesperados, del progreso tardío

          que graba en un vinilo los gritos sumergidos

en la avenida.

 

las prostitutas ondean los sueños

entre las lámparas vírgenes del Motel.

 

           Besan las copas invertidas

al desplomarse el sol gris del puerto.

 

La cuerda desconocida de la guitarra

pierde el brillo del sonido, se azota

             con la angustia de los días vagabundos

en los autos, en el tráiler de mi abuelo.

 

en la escopeta despidiéndose del futuro

          amordazado entre los rostros flaqueados.

 

 

 

 

 

 

 

BAJO EL SOL DE BISKRA

“Te pertenezco. Te obedezco. Me abandono”
André Gide

Alguien provoca el escándalo,

turbado de Aquasanta.

 

La borrasca de los sudores nocturnos

se esclavizan en los cuerpos al descubierto.

 

La mirada riente se abandona

                                                       al deseo

cuando braman enjaulados

los invisibles fluidos temerosos

de que el sol de Biskra se apague.

 

El toque de los contornos libidinosos

Eyaculan el cielo impuro.

 

Yo

     el

        otro

                 habita en tu carne insultada

de Demonio.

 

Individualizo los rayos

quebrantados al crecer dentro de tus ojos.

 

Bajo este sol caído.

Me pertenezco

Me abandono.

 

Parásito de tus lujurias sospechosas

Envenenadas entre las fuentes mudas de la inocencia.

 

 

 

 

 

 

SIN TITULO

 

Los sonidos en la boca

son ríos secos.

 

Desaparece frente a la ventana

la pulsión de mi cuerpo.

 

Los latidos

los nervios

se hacen náufragos.

 

Los sonidos ya no son la boca

un todo solo en un muro viejo.

 

 

 

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Derechos reservados
©Wilson Guillermo Díaz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1978. Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial Domingo Atrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011, y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Fue uno de los ganadores del primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las heridas del ruido fue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Sus poemas han sido publicados en las revistas Literariedad de Colombia, y Primera Página de México. Escribe ensayos literarios para la revista Liebre de fuego de México y LSD de Uruguay.

 

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DICE EL VULGO QUE LOS POETAS VIVEN DEL APLAUSO – Poemas de Omar Ortíz


Foto / ©Andrés Rozo

 

Abuela me contó una vez este secreto: “Hijo,

la luna cuando ve al sol se pone más pálida que nunca”.

De Las muchachas del circo, 1986

 

 

 

 

El de Urbina miró detenidamente al hombre

que le pedía pelear bajo su mando a nombre de

la cristiandad.

Ni la nariz, ni el brillo de los ojos

convencieron a don Diego.

El hombre más que un soldado

de sus Reales Majestades de León,

parecía un judío converso.

Mejor embarcarlo para las Indias

que arrimarlo al Mediterráneo,

pensó el de Urbina.

Lejos estaba el señor capitán de imaginar

los cien mil brazos de Lepanto.

De Las muchachas del circo,1986

 

 

 

 

Todos los carpinteros van al cielo

A Arnaldo Victoria

Y también los sastres, los zapateros, los albañiles,

las costureras, los peluqueros, los artesanos,

y  por supuesto, las putas y algunos buenos poetas.

 

Los malos poetas, en cambio,

llegan directamente al infierno

donde son condenados a construir

un único y eterno poema

que sea como Él, perfecto.

De Los espejos del olvido, 1991

 

 

 

 

Albatros

 

Frente a la ventana, el viejo marinero

Sueña las ballenas que navegan por su alma

Y que su ojo feroz no arponeó.

Su corazón es de verdad un único

Cementerio marino. No el del poema.

El que viaja en esa pequeña ola

Que rueda lentamente por su mejilla.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

©MARA / “María mulata”, 2017

 

 

 

 

Amor y paisaje

 

El primer plano del cuadro

Es un  inmenso campo de caléndulas

atravesado por una vereda

que llega al pie de un añoso árbol,

¿Ceiba o samán?

En su corteza se relata

una historia de amor,

pero el amor sólo cobra cuerpo

en el eterno balanceo del ahorcado.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

 

Nocturno

 

Aquí está la memoria.

En estos libros, testigos mudos

De su blanca piel de luna, está escrita su historia.

Hay que mirar por las hendijas,

donde su sombra,

a esta hora se desnuda. Nunca se piensa

que la perfumada sábana del amor,

sea la mortaja.

Mi corazón arrastra un barrilete, como un niño

que suspende su vida en la levedad de una pluma.

Ahora, cuando la noche es más espesa

alguien arrastra el cadáver de una alondra.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

 

El libro

 

Así como la anaconda hipnotiza a sus víctimas

(No es raro ver una mariposa estampada

en el aire

o un colibrí paralizado ante el hechizo).

El sol se detiene en el reloj de arena

y los sueños son el río que no va al mar.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

 

 

 

La barca

 

Yo, Zenon de Yampupata, salvador del poeta

y de su amada, navego el mar, espuma de oveja,

trueno de jaguar, viento de cóndor.

No sé, ni me interesa, si Odiseo es taxista en Lima

o cambista en el Cuzco.

Si Marco Polo, es un santo y seña de Sendero.

Si Colón llegó antes y después de Erik el Rojo.

No he cruzado el Aqueronte,

pero he caminado nueve montañas y nueve valles

por un puñado de sal.

Mi casa está a mitad de camino entre el sol y la luna,

es hecha de la caña que llamamos, “totora”,

y pasan por allí algunos viajeros,

(no todos, asustados musógrafos que no porfían un verso o un conjuro)

Mi barca, “El Avaroa”, es la liebre,

Aquiles, la lancha voladora del hotel de turismo.

Aún así, no sé en verdad, si pierda o gane.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2016

 

 

 

 

 

Una muchacha de San Petesburgo

 

Anna Ajmátova, casó con un poeta,

Nikolai Gumiliov, fusilado por orden de Yezhov,

jefe de policía y mal sujeto.

Su hijo, Lev Gumiliov, padeció la cárcel a los veinte años.

De ella habló mal Maiakovski

antes de suicidarse, pero le perdonamos.

Anna Ajmátova, sufrió el terror.

Compuso Réquiem para que no olvidáramos.

Pero nuestras mujeres que ven morir sus hijos,

sus novios, sus esposos, asesinados.

No pueden leer más que la lista diaria

de los muertos.

Lloran de rabia, de impotencia,

Mientras cierran la tapa de los féretros

y de su alma.

Por eso hoy les hablo de Anna Ajmátova

para que sepan que no están solas

en su congoja.

De La luna en el espejo, 1999

 

 

 

 

 

 

Héctor Fabio Díaz

 

Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,

la camisa que tanto gusta a Margarita, la del 301,

los zapatos negros recién lustrados, una pinta de hombre,

como dijo mi madre después del beso ritual de despedida

En la Kodak me tomaron la foto para la solicitud de empleo.

Pero de pronto me empujaron a un auto,

Me pusieron dos armas en la cabeza

Y acabé tirado en una pocilga

Donde me preguntaban por gente desconocida.

No señor, decía y me pegaban.

Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro, lo hacían,

como si no tuviera carne, ni huesos, ni sangre, ni alma.

Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,

ni puedo abrazar a Margarita.

Ahora soy una desteñida foto que mi madre

lleva a cuestas en plazas y desfiles.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

 

 

Marcial Gardeazábal 

 

Pertenezco a una estirpe que siempre

vive a destiempo.

Mi padre, víctima de un ataque de narcolepsia,

fue enterrado vivo.

Después del macabro hallazgo,

Mi hermano Joaquín convirtió su pesadumbre

en un  interminable monólogo con la muerte.  

Ernesto, otro hermano, virtuoso artista,

entregaba los lienzos al fuego no más eran alabados

por cualquier transeúnte.

Tío Pedro, armado de una tiza,

escribía en los muros iracundos poemas.

Y yo, el más práctico de los mortales,

me hice librero en un pueblo de analfabetas.

No se alarmen, es la saga que contará mi nieto.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

©MARA / Serie “La soledad”, 2017

 

 

 

Inventario

 

Poseo

nidos de pájaros entre los anaqueles de mi biblioteca,

y un rico tiempo que los nutre.

Una brizna de hierba que me regaló una muchacha

de ojos claros.

Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz

mis aves construyen sus refugios.

Tengo también un papel que sueña ser un barco

y en él una mano desconocida escribió: te espero.

Algunos versos acompañan mis pertenencias,

pero es mejor no citarlos, pues serán otros mañana.

Hay un río, como uno de los bienes

por fuera del comercio,

nacido en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.

Además, en el marco de la ventana florece el jazmín

recordando el olor de una vieja fotografía.

Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo existe,

con su mobiliario y sus espejos,

desde el sueño donde la arena dibuja tu cuerpo.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

 

Pandi

 

Eran los años en que los sueños me habitaban.

Como el malabarista que se juega el alma

en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,

transitábamos mi madre y yo sobre los muertos

que en el día simulaban ser pájaros ciegos.

Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,

olorosas a azufre,

topábamos los límites del inframundo,

donde reinaba el jinete sin cabeza.

Mi madre, como si nada ocurriera,

iba señalando los nombres de los árboles:

éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,

el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,

y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,

gualandayes, almendros,

mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

Palabras como cárceles

 

Algunos se construyen cárceles de aire.

Si dan un paso fuera, caen en el pozo de lo ignoto.

Se aburren, pero prefieren la comodidad de sus certezas,

a la extraña aventura de la incertidumbre.

Una vetusta pátina cubre sus zapatos,

y usan capa dentro de la camisa almidonada.

Algunas palabras forman intrincadas alambradas

Sobre la inocente página.

Fueron dichas por otros,

pero el ensimismado las recoge,

las hace suyas y las va instalando con mucha seriedad

y sapiencia donde alguna vez habitó el asombro.

Como se vanaglorian de su encierro,

y son muy apreciados por las academias,

tienen asegurado el bronce y el aplauso.

De Lista de espera, 2017

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

Sin puntos sobre la íes

 

Dice el vulgo que los poetas viven del aplauso.

Dice la élite (más grotesca que el vulgo)

que los poetas viven del aplauso.

Vulgo y élite coinciden además en sostener

que los poetas son proclives a los halagos

y a los mimos del poder.

Ambos, vulgo y élite, admiran a los poetas

porque los reciben en los cocteles sin invitación previa.

Temen su lengua y sus odios.

Todos creen que la vida de los poetas es regalada

y piensan como Platón que son mentirosos y parásitos.

Los buscan para adularlos,

pero no compran sus libros y se aburren como ostras

en sus recitales.

No perdonan, unos y otros, su desenfado,

sus excesos de alcohol y de lujuria.

Pero abundan en guiños cómplices

y en hipócritas palmaditas en el hombro.

Cuando muere un poeta,

nadie recuerda sus versos,

pero son prolijos los obituarios.

Algún amigo bebe una copa en su nombre,

mientras ignaros y letrados

se regodean en sus cielos de plástico.

De Lista de espera, 2017

 

*  *  *

Derechos reservados
©Omar Ortíz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1950. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía Luna Nueva que completa 44 ediciones y 31 años de vida. Ha publicado 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1995), “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, y la primera edición en España del “Diario de los seres anónimos” que, ampliada y corregida, acaba de ser publicada por la editorial “La Mirada Malva”. La editorial Domingo Atrasado publicó en noviembre de 2017 “Lista de espera”. Se desempeña como director cultural de la Universidad Central del Valle, en Tuluá, donde también dirige la Colección Editorial “CantaRana”.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LABRAR EL HIERRO – Poemas de Hellman Pardo

Foto / ©Mike Rojo

Hellman Pardo (Bogotá, 1978). Poeta y narrador. Ha ganado varios premios de poesía entre los cuales se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011, Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014 y el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018. En la 31 Feria internacional del libro de Bogotá lanzó su primera novela “Lecciones de violín para sonámbulas” (Ibáñez Editores, 2018).

 

De su libro Reino de peregrinaciones
Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018

 

AMÍLKAR ESPITIA, HERRERO

Labrar el hierro es mirar con dureza las estaciones.

He levantado con lingotes sólidos

la viga que soporta el campanario de Catalpa.

Forjo en el yunque de la misericordia

                                           las herraduras de caballos tristes                                 

                   en cuyo lomo cabalgan el fuego,

la nostalgia, los pétalos del amor.

El fuego

es un metal pesado que construye señales en la sombra.

La nostalgia

           es la niña muerta del recuerdo.

Los pétalos del amor

                                        son las semillas perdidas en el pico de un colibrí.

Labrar el hierro es cargar un martillo en el hombro

                     y mirar con dureza la luz apolillándose a sí misma.

 

 

 

 

     

LA LLORONA

 

En las Guerras del llanto

                 solo persiste la sal en la lágrima.

Toda aldea conserva sus espantos,

su manera de preguntarse

                                               si lo irreal es también posible.

En Catalpa, por ejemplo,

 se oye el torpe rastro de La Llorona, 

un ronroneo en los matorrales prohibidos de lo lejano.

Por su espalda

     desciende el cabello como cascada de árboles,

tálamos de siemprevivas que agitan los ángulos del río.

Un escapulario ampara sus huesos húmedos.

Sumida en la vergüenza,

se envuelve con la túnica del arrepentimiento. 

La Llorona tiende a chapolear el agua,

 a enlodarla con su grito culpable.

Cuando la medianoche se enmusga en el tiempo,

                                                               el llanto salta la planicie,

sus altas quejas profanando el tímpano de los durmientes. 

 

Sjtu/ Pixabay

 

PABLO CEPEDA, CREADOR DE INSOMNIOS

 

No es la inmovilidad del sueño,

es la movilidad de las alucinaciones.

Guardo en vasijas de arena

la ilusión del ciego:

imaginarse la resonancia de la luz

                             cuando extiende su amanecer entre bosques talados.

Dejo que sienta la redondez de su fruto,

                                  su opacidad más blanca.

Solo allí puede contemplar el silabeo del pájaro caminero,

el desprendimiento de todos los soles

         en el sol noctámbulo.

 

Para el ángel llevo en mis alforjas

las alas perdidas del último cernícalo

que consumió la madriguera del insomnio.

Forjador de espejismos,

cargo en la sombra las pesadillas del general Santander

tras su largo exilio por los jardines de Vauxhall.

De la niebla

formo el escalofrío que logra aferrarse al ciego,

al ángel, al general que aún se encandila

                 con los vestigios rotos de la Ibáñez.

Para los demás mortales

viejos cántaros donde se recoge, en reposo,

     la vigilia.

 

 

 

 

MATILDA HIGUERA, COCINERA

 

Antes de talar el pecho de cualquier cebolla,

 extiendo una oración al santo patrono

            de las especias.

Pocos saben que la cebolla también llora

                                                    cuando la cortan en rodajas.

      

                   Su crujido al fuego es una ráfaga

                                                  que fecunda la nariz de los que sueñan.

En la cacerola, junto a ella,

                      conviven el ajo, la zanahoria,

el cilantro.

La gran cuchara del alma

revuelve el aroma que ha de fundirse con el lado abofeteado de su mejilla.

La sopa humea los escondrijos de Catalpa,

ensaliva el paladar de la aldea.

 

 

Lars Nissen/ Pixabay

 

ISRAEL MENUNGA, PANADERO

 

El trigo

debe recogerse antes que lo acaricie la levadura del alba.

Cada semilla con su pulmón abonable,

con el latido picapedrero de su médula.

La molienda es dulce y arroja el aroma del cereal

en cántaros que amparan su reposo.

Para que su aliento alcance el punto preciso de la madurez,

ha de mezclarse

el almidón con el agua de lluvia

que solo se encuentra en los párpados

de una mañana desvencijada.

Nace el pan en la tierna espiga de la comunión,

        en mis manos

                      que siempre buscan amasar la melancolía.  

 

 

 

THELONIUS MONK

 

En la tarde en que los paraguas relamieron la humedad estancada

                  de Catalpa,

un forastero visitó la posada de Lorenzo Cercas.

Decía llamarse Thelonius Monk.

Pasaba por allí buscando estribillos de guerra,

viejas partituras de gorjeos impelidos

                                    por algún pájaro hechicero.

           

            Sostenía

un clavicémbalo en cuya asonancia

se empozaba el aire con luminosa fugacidad.

Alguna vez

en la plaza Isaura

        tres ejes estallaron de improviso.

Sin conmoverse,

Thelonius extrajo de su sombrero las llaves del desamparo

                                                  y ajustó los ejes

que ya pendían de un tallo de olivo.

La música es hija de la fatalidad,

dijo,

                                                              y continuó pulsando las clavijas.

 

 

 

 

 

 

ISAÍAS RONDEROS, EL SASTRE

 

Trazar la línea de la solapa uniéndola al cuello                   

y por la extensión de los botones,

desprender el hilo en dos cabezas para crear un ojal

                                                              entre la aguja y el pasado.

Hacer crujir las tijeras en la sábana infiel

                            que envolverá los cuerpos abatidos de mañana.

Voy por la Singer

remendando la membrana ciega de la transparencia,

el lienzo zurcido en los telares de la escritura. 

 


Mabel Amber / Pixabay

 

 

EL COJO BARRIOS, GUARDAGUJAS

 

El comisario de caminos dice que soy el empleado

                                                 que ajusta los desvíos del ferrocarril.

La afirmación es vaga.

Es cierto que enlazo las bifurcaciones del día,

las cargas que arrastran la ceniza de los torturados,

sin embargo,

prefiero que las buenas gentes me recuerden

como un anacoreta del olvido.

Lo destruido se ahúma en cada aguja removida.

Encarrilo los compartimentos que temen inclinarse

por el peso de carbones recién extraídos en la desgracia.

Es tarde. El tren dejó de anunciarse hace cinco meses.

Aún espero sus vagones sonámbulos

en la línea que traza la distancia.

 

 

 

 

 

 

EL MARISCAL VICTORIO

 

En las tácticas de combate

      es permitido montar el potro de la expiación.

Recuerdo huir montado en su lomo izquierdo por la colina

perseguido por falsos héroes.

Asomaban los fusiles de polvorera

                                              para amedrentar a mi ejército.

Ya no tengo ejército.

Todos han muerto.

Pero un mariscal siempre será un mariscal,

aunque en su pecho cargue una lágrima o un falso héroe

o las espuelas en el potro al lado izquierdo de su lomo.

Por eso todos los días a media noche

              la vieja carabina escopetea topacios para salvar de la muerte

        al ejército que descansa en mi pecho.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hellman Pardo

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, 1978). Graduado de ingeniería electrónica, carrera que ejerció por más de siete años. Entre sus premios literarios se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011 y el Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014En 2011 el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado La tentación inconclusa (Común Presencia Editores, 2008); Anatomía de la soledad (Gamar Editores, 2013); El falso llanto del granizo (El Ángel Editor, 2014); Los días derrotados (Cuadernos negros, 2016), y Reino de Peregrinaciones (Gobernación de Norte de Santander, 2018). Miembro fundador de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. Pertenece a los consejos editoriales de las revistas Ulrika de Colombia y La Otra, de México. En 2018 recibe el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por su libro Reino de peregrinaciones.

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LAS TETAS SE COGEN EN LA OSCURIDAD – Poemas de Michael Benítez

Foto / ©María José Alarcón

 

 

Escalera al cielo

 

Ahora

que todos

     caminan

     hacia arriba

       y hacia abajo

               escalones

                  y caminos

                  que terminan

                          —ambos—

                           en la muerte.

 

¿Quién le dirá adiós

al último hombre

cuando se ahorque

        en el último árbol? 

 

 

 

Igual que ayer

 

Cuando niños escribíamos mensajes en servilletas dulces,

Mensajes con los lápices de los títulos: rojos; sonrojados.

Nos reíamos porque Marcela se ponía dos días seguidos los mismos calzoncitos amarrillos,

Imaginábamos su olor en el rincón            de los vagos.                             

Y la profesora regañaba a nuestras amigas por usar la falda cuatro dedos arriba de la rodilla

Mientras las mirábamos, cuatro escalones abajo.

Y esos primeros besos que eran un regalo…

Esos primeros besos que compartíamos,

Como el bon bon bum que nos robábamos.

El campamento y las tetas se cogen en la oscuridad.

El chismógrafo y la mancha de chocolate al lado de la pregunta: ¿eres virgen?

Cuando probé el cigarrillo de la boca de la niña de once que nos gustaba

y las cachetadas que me gané por tocar nalgas sin lavarme las manos.

¿Recuerdas?

¡Si lo recordaras no estarías espiando a las mujeres en el otro baño!

 

 

 

 

Distancia-miento

 

Te amo así:                     lejos                                            sepultada en el olvido

 

Porque la poesía

siempre le quedó grande

a tu corazón tan estrecho

 

Y créeme

no existe

otro remedio

para la muerte.

 

 

Gerald / Pixabay

 

 

 Poema para un niño indisciplinado

 

La poesía te hará volar más alto que cualquier droga

Tanto,

que podrás encestar tus miedos en la luna

 

La poesía es más efectiva que unos zapatos bonitos

a la hora de conquistar

a la niña que te gusta

 

Con la poesía serás el más malo atracador del barrio:

le robarás minutos al reloj en cada esquina

para gastarlos en tu vida

 

Con la poesía les harás bullying

a los monstruos de tus pesadillas

y aprenderás a soñar aunque esté de día

 

Con la poesía siempre estarás armado

pues ella es como una navaja

que apuñala en el corazón a la mentira

 

Con la poesía harás trampa

porque siempre tendrás un as bajo la manga

para cada problema de tus días

 

Así que no les creas a tus padres,

a tus profes, a los poetas ni a los curas

Cuando hablen de ella

seguro que la están confundiendo

con la policía.

 

 

  

 

 Las cicatrices de la noche

 

Para Cristian Jhulian Callejas,
en memoria

Nos emborrachábamos y nos orinábamos en la vida

—en la nuestra—

Con la humildad de los cigarrillos de cincuenta

Nadie comprendió conmigo tan hondo

lo ridículos que se ven esos poetas

en las fotos con sus gatos

Me decía:

  “Usted es un poeta piojoso

  por eso es el único que me cae bien”

 

La noche tenía cicatrices en su rostro

y nos escupía monedas para la vaca

que metíamos en nuestros bolsillos rotos.

 

Yo agacho la mirada y agarro por el camino más largo

si veo la muerte

bailando desnuda

en cualquier esquina.

 

El recuerdo derrumba las calles

Hay un terremoto con epicentro en mi corazón

Créeme

Yo dejé de creer en Dios

cuando comencé a creer en mis amigos

Por eso hoy me siento en la orilla de la soledad

y te traigo a mí

para que me enseñes a volar

ya que nunca aprendí a montar cicla.

 

 

 

 

 

La decadencia del silencio

 

Mis sueños cuelgan en los postes de luz

al lado de cometas olvidadas en el tiempo.

 

Esto de no llamar las cosas por su nombre,

que la desnudez no sea quitarse el cuerpo

como una idea fija tatuada a la sombra.

 

Entrar en la poesía es meterse

por la calle más peligrosa del barrio

y el poeta, por paranoico, en todas ve

a la muerte fumando sentada en el piso.

 

Donde se nombre el vacío

ahí está mi cuerpo

—miedo parqueado en la mitad de la noche—.

 

La quinta pata del gato

es el poema.

 

 

 

 

Joshua Willson / Pixabay

 

La casa del poeta

 

Vuelvo al colegio vestido de sombra

Veo niños jugando con oraciones

desde la banca de este parque.

 

Hay policías en la casa del poeta

aprendiendo a redactar el comparendo.

 

Me pregunto si “hambre” se escribe con mayúscula

cuando es mucha.

 

Mi lengua no sabe de palabras,

cuenta tan solo con un puñado de silencios,

para nombrar el mundo.

 

 

 

 

 

 Huérfanos de la noche

 

Sé que te mentí:

cosí mi corazón al horizonte sin sacármelo del pecho

Y de mi muerte solo quedarán poemas

que morirán, también, con el tiempo.

 

Seremos inevitablemente cadáveres

Ni el amor a los gatos nos permitirá vivir más de una vida

Y solo así, fríos, separados por las tumbas,

nuestro amor podrá ser eterno.

 

 

 

 

 

 

Las cosas

 Las cosas son iguales a las cosas.
Ignacio Escobar

Era alcohólico antes de escribir poemas

A los 16 tomaba Old John cada 8 días

sin haber leído a Sbarra

ni el Viejo y el mar de Hemingway —obligado en la escuela

Ni siquiera me empalagaba con Benedetti

(prefería los Chupi Plum de las tiendas).

Una cosa

no tiene nada que ver con otra:

Por eso ven

Parchemos

Que no importa ni un poquito el que seas abstemia

o que no me quieras.

 

 

 

 

 

 Ladridos

 

***

Su olor frío: sombras azules

Su boca

Ese bus que no me lleva a ninguna parte

 

 

***

Nunca escribí versos memorables

porque cuando los imaginé

estaba borracho

y se me olvidaron

 

 

***

Porque cambiar el basuco por el cristianismo

no es rehabilitarse

Es cambiar de jíbaro

 

 

***

Los recuerdos:

Puntillas que se oxidan

en la memoria

de los árboles

 

 

 

 

 

Embale

 

Este poema tenía más de dos líneas

pero me las olí

(…)

 

 

 

 

 

Al menos

 

Yo

Que admiro a Luis Vidales

Que me sé de memoria un verso de Julio Flores

Que no he leído a Valencia

Que no fumé basuco con Jattin

Que no entiendo ni coma a Mutis

Que soy más urbano que Mario Rivero

Que Juan Manuel Roca me parece una piedra

Que no le he dado culo a Alvarado Tenorio, ni a ninguno

Que soy más joven que Jaime Jaramillo Escobar

Que leí a Pombo, en el colegio

Que cuando estoy ebrio hablo como Obeso

Que me gusta Hannah Escobar, sin leerla

Que por María Mercedes Carranza

sé que la poesía no se hereda —el papá no era poeta

Que a mis rapidines les digo José Manuel Arangos

Que tengo una foto con Jotamario     

—qué culpa, si él me la pidió—

Que no me soporto ni una línea de Federico Díaz-Granados  

—prefiero las de perico

Que confundo a Barba-Jacob con León de Greiff

Que no he echado chisme con Cobo Borda

Y que siempre me ha gustado Silva… en mi billetera

 

Yo

Quisiera ser, al menos, como ellos

para que alguien se acordara de mí en un poema

y escribiera:

Yo

Que tampoco fui poeta como él.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Michael Benítez
 

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, Colombia, 1991). Ha publicado el libro Bogotrash (Cuentos, Argentina, 2014), las plaquettes El nadaísmo me lo mama en reversa (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía Papeles para leer… (Poesía, Colombia, 2014, 2016 y 2018). Compiló y editó el libro Cumpleaños del Tiempo de la poeta María de las Estrellas. Ha ganado algunos premios literarios, entre ellos: Primer premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Argentina, 2013; Primer premio, Concurso de Poesía Festival de las Artes, Bogotá. Colombia, 2011; Tercer premio, I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa, Chile, 2012. Aparece en diversas antologías de poesía y narrativa en América Latina y España, algunas de ellas son: Poetas latinoamericanos (Argentina, 2015); Sístole/diástole (México, 2014); Anónimos 2.2. (España, 2014); Frontera (Chile, 2015). Textos suyos aparecen en las revistas: Puesto de combate, Marabunta, La Caída y en los blogs literarios: Cráneo de Pangea, Digo Palabra y Poetas del siglo XXI, entre otros. Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es cofundador y codirector de la editorial independiente Ediciones con Tinta Ebria.

WEB DEL AUTOR

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PARA QUE EL OLVIDO OCULTE EL DOLOR – Poemas de Benhur Sánchez Suárez

Benhur Sánchez Suárez. Retrato al pastel del artista ibaguereño
Diego Fernando Céspedes

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ (Pitalito, Colombia, 1946). Novelista, cuentista, poeta y artista plástico. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

SOLEDAD

Un mes viejo como enero llega hasta mi mesa
De flores dice poco
tal vez sólo el aroma
de una fruta en la alacena

Camino en su claridad como un demente
A veces atisbo que otro enero de frutas y de flores viene hasta mi mesa
y ya viejo emprendo mi regreso.

 

 

TAROT

Enciende las velas rojas
de tu tarot
para mi suerte.

Revisa mi canino
como quien mira
un espejo de la noche.

Dime que somos uno
en cada carta ausente.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 14, 2015

 


EGOÍSMO

Quemo tus alas
para que no alcances
el horizonte de la ausencia.

 

 

ESPERA

Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.
Aquí me quedo
a la espera
de tus pasos
de tu abrazo
de tu beso.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 13, 2015

 

EPITAFIO

Cuando muera
quemen hueso a hueso mi pasado
y esparzan mis residuos
en la colcha andante del río
para que los peces de colores
me vivan en su cuerpo.



VIDENCIA

¿Volverán mis clavellinas a marchitarse con el sol?
¿Regresará la luz a descubrir mis secretos en el horrible encanto de la espera?
¿Más allá de la esperanza habrá sosiego?

Amanecerá y, tal vez, pueda ver lo que el ciego presintió en su noche interminable.

Benhur Sánchez Suárez, Mapa 4, 2016

HOLA

que crees en alguien o en algo
pídele que el sosiego anide en tu corazón
para que te permita reconocer la paja en tu ojo.

Pídele que la serenidad instale la sencillez en tus manos
para que no olvides al desplazado de la esquina
ni a la rata que roe tu futuro.

Pídele que el amor invada tus acciones
para que puedas perdonar las huellas sucias de la vida.

Pídele comprensión para que el olvido oculte el dolor
que sólo se borra con la muerte.
Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Benhur Sánchez Suárez nació en Pitalito (Huila) en 1946. Ha publicado las novelas La solterona (1969), El cadáver (1975), La noche de tu piel (1979), A ritmo de hombre (1979), Venga le digo (1981), Memoria de un instante (1988), Así es la vida, amor mío (1996), Victoria en España (2001), El Frente inmóvil (2007) y Buen viaje, General (2010); los libros de cuentos Los recuerdos sagrados (1973), Cuentos con la Mona Cha (1997), Historia de los malos tiempos (2012) y Cantata en yo mayor (2016); los libros de ensayo Narrativa e historia (1987), Arte, música y literatura (1988), Identidad cultural del Huila en su narrativa y otros ensayos (1994) Esta noche de noviembre (1997) y Mi ejercicio de la reflexión (2012); y los libros de textos poéticos Sobres de manila (1998), Laboyos y otros textos con memoria (2005) y Las señales de la ausencia (2015). Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

* * *
Derechos reservados
©Benhur Sánchez Suárez

⊂Ο⊃

ESCRIBIRLO TODO PARA LA MUERTE – Poemas de Pedro Arturo Estrada

Foto / Archivo particular

PEDRO ARTURO ESTRADA (Colombia, 1956) Ha publicado nueve libros de poemas. Premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013.

 

 

 

 
 

ANTIORACIÓN

Que la vida me agarre confesado
boca arriba del miedo
aleteando en el azul
 
Una sola canción
una palabra sola
—dioses desconocidos
cantaré para vosotros
 
No pido ningún cielo
No ignoro vuestro infierno
 
Solo este instante es mío
No lo carguéis de eternidad
 
Dejadme ir cuando quiera
No me atéis
No pidáis mi fidelidad
 
—Mi fe última
 
Esa apenas me alcanza
para el día.
 

 

 

SILENCIOSO HORROR

De los días que uno tras otro
no fueron la vida 
—que estuvo siempre en otra parte
 
Del camino que no elegimos
La dicha que pudo haber sido y desdeñamos
 
La verdad no vista a tiempo
La mano que no se tendió
y hubiera salvado algo
 
De la vieja costumbre de creernos a salvo
porque vuelve la luz a los ojos abiertos 
mientras duerme lo informe bajo techo
 
Rostro del horror escondido en la belleza          
—La misma luz de lo amado.

 
 
 
 
Carlos Granada, Angustia – 1970
 
 
 
PERMANENCIA
Permanecerá sólo la devastación
La pesadez del cielo
en la pupila fría
 
De la tierra ascenderá entonces
el reclamo de lo muerto
La lengua del fuego imprecando
la masacre de los delfines
el desuello vivo de los pequeños
habitantes del bosque
la tortura del aire y del agua
cuyas voces ya habrán gritado
su sentencia inapelable
 
Permanecerá sólo la cuenca ávida del desierto
El vuelo rasante de la hoz
sobre los trigales del universo
 
Y en el fondo de toda la memoria
de unos dedos a cuyo roce
hubieran girado de otro modo
los goznes de la realidad
 
Las yemas de esa penélope del sueño
tejiendo y destejiendo una imposible
—belleza.
 
 

 

 

 

LA SOLA GRACIA

No obstante, el instinto
de asirnos a los bordes
 
De mantener la calma
frente al vértigo
 
La ingenua obstinación
por otro mundo
soñado en el vacío
 
Esta red de creencias
deshecha por el viento
llamada realidad
 
La gracia de fingirnos
habitantes del aire
 
Son el único triunfo
—todavía. 
 
 

 

 

 

MISERIA

Espuria promesa del reino
del país del mañana
cuando sólo teníamos ese trozo de pan
para el día siguiente
 
Cuando nos guarecíamos de la tormenta
bajo una piedra habitáculo de escorpiones
 
Cuando apenas podíamos copular en la sombra
avergonzados de nuestro deseo
de acunar esa pequeña llama
ese rescoldo de incendio en los ojos
 
Miseria de comprendernos mejor
cuanto menos palabras
cuanto menos sueños cumplíamos
cuanto más despojados
 
Miseria de no sabernos
de no querer saber
 
De no querer vivir
nada que estuviera
más allá de las manos.

 
 
 
 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1975

 

 

MEMORIAL

Hubo un tiempo para el alto sueño del viaje
más allá de la casa, el sempiterno patio,
el comedor penumbroso, el corredor helado
 
Una hora para la epifanía
del grano de arena y las alas del pájaro
 
La simetría dorada, la cifra, el continuum
de la música donde fluíamos con los ojos cerrados
Tiempo en el que pagamos con oro toda fe
y aguardamos pacientes el regreso de la gracia
 
Esperábamos tanto de nosotros
Todo lo dimos, todo lo apostamos
esquivando el aletazo de la incertidumbre
 
De pronto algo se rasgó
La grieta apareció y por allí
el resplandor del infierno tan temido
 
La mañana dio un vuelco feroz contra los ojos
El sol se vino abajo
Se hizo polvo el cielo
 
Y no tuvimos donde poner el pie
que no fuera ya sombra
de lo muerto.
 
 
 

 

 

 

ANÁFORA DEL VIAJE

Haber visto singlar las horas vacías
Haber oído el canto de sirenas
y contemplado inermes el ojo del Cíclope
 
para nada, para espantar con débil gesto
las moscas que regresan al rostro
 
Haber esperado desnudos
ante la aurora que avanzó
como una novia entrando en la casa
 
Haber escuchado todo Bach
todo Mozart con el cuerpo vencido
bajo la araña metálica del clave
con el hueso ingrávido
sobre las armonías del Celeste
 
Haber leído las páginas
del mismo interminable libro
que fueron todos los libros
 
en tanto que la vida
—otra vida
 
huía veloz por la tangente.
 
 

 

 

 

BELLEZA

Concentrado fulgor
Prenda última de los demonios
 
Belleza sólo para ella misma necesaria
En ella misma soberana
 
Belleza que sólo en nosotros se hizo escombro
Belleza que sólo en nosotros se hizo crimen
 
Belleza que sólo en nosotros fue terror.
 
 
 
 
 
 
 
Carlos Granada, Sin título – Sin fecha
 

FUGA

Olvido 
que en tu pulso nos ciñes
pudriéndonos sin pausa
 
Todo cuanto tocas es pliegue quemado
oblicuidad de la mejilla,
declive y desvío
 
Tiempo que, no obstante,
una urgida belleza nos revela
sin horizonte, en fuga siempre
 
renaciendo a la sombra
de todas las derrotas.
 
 

 

 

 

LECTURA DE PASCAL

 
Para Camila Charry
 
Esto que tratamos de entender
a fuerza de imaginación
más que de razonamiento, como una fe,
como un sueño sub specie aeternitatis.
 
Esto que flota y va con nosotros,
de afuera adentro y viceversa,
lo que en las noches se agiganta hasta el vértigo
y nos abre una fisura de extrañamiento
 
mientras hacemos que ordenamos,
que dominamos el pequeño espacio
de palabras e historias del día,
 
mientras rumores lejanos se apagan,
y el zumbido secreto de otro universo
a escala micro se esconde
tras la línea de lo inaudible
que llamamos silencio.
 
Fragmentos de realidad se juntan
bajo el foco de luz
de una conciencia
 
Instantes de eternidad nos atraviesan.
 
Qué somos, adónde vamos,
qué hacemos aquí indaga,
grita la estrella afuera o adentro
de los ojos del perro que nos mira,
 
por qué y para qué susurra el viento en la ventana.
 
Por qué buscamos aún más explicaciones
cuando apenas somos
esa antigua pregunta
 
y debería bastarnos.
 
 

 

 

 

BABEL

 …una grieta en el seno de lo dicho

                                Mercedes Roffé

 
Y tantos libros, tantos nombres
desbordando la estrecha memoria de un mundo
hecho sólo de ráfagas de presente
 
Y volver a leerlo todo para nada
Y volver a escribirlo todo para la muerte
 
Espuma y viento, mares de tinta que revientan
contra los acantilados de la noche
 
Y al fondo en la soledad de su cubículo
el último hombre, el último poeta
 
salvajemente mudo,
rabiosamente herido
de silencio
 
—y vacío.
 
 
 
 

 

 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1976
 
  

SUPERFICIES

El silencio no existe. Existe lo inaudible
en la superficie donde apenas percibimos
nuestra sombra
 
Tremor oculto de la vida
que ignoramos
 
—En la superficie sólo escuchamos
nuestro pensamiento
 
—En la superficie sólo hablamos nosotros.
 
De superficie a superficie
la verdad enmudece
 
De superficie a superficie
sólo la nada dice.
 
 
*
 
 
Abandonamos todas las razones
para tener razón
 
Se fragmentan los espejos
que devolvían un rostro
El que creíamos nuestro
 
—Y el rostro único de la verdad
 
Ahora todos los rostros son posibles
Todas las verdades
Todas las identidades casan
con nuestra nada
 
 
*
 
 
Como los nombres, como las palabras
que designan lo desconocido
 
Porque también desaparece la fijeza,
La mirada que aún nos dibujaba
La mano que demarcaba los contornos
La fe de estar presentes
De cruzar el umbral
La certeza de durar y fundar un territorio
 
El silencio no existe
Sólo existe lo inaudible
en la superficie.
 
* * *

 

NOTA BIOGRÁFICA
Pedro Arturo Estrada. Colombia, 1956. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Locus Solus (Sílaba Editores, 2013); Blanco y Negro, nueva selección de textos (Letera Ediciones, NY, 2014) y Monodia (Letera Ediciones, NY, 2015). Es premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013, entre otros. También ha participado en distintos festivales y encuentros de poesía en Colombia y E.U. Ha sido coordinador de talleres literarios con el ministerio de cultura y algunas instituciones educativas del país.

* * *

Derechos reservados
©Pedro Arturo Estrada

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS – Poemas de Luz Mary Giraldo

Foto de la autora: Marcela Sánchez – ©MARA

 LUZ MARY GIRALDO (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016)

  

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS
POEMAS DE LUZ MARY GIRALDO

 

Del libro: De artes y oficios. Taller de Edición Rocca, 2015

MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE         

Como árbol de nubes y manto de pájaros al aire
llega el amor que desordena todo
con su música breve.
Más dulce que el vino y más poderoso que la muerte
llama con voz de seda tejida en flecha ponzoñosa.
Es vuelo de colibrí suspendido en el aire
y llega como se va:
desafiando el silencio.

  

  

ARTE DE TEJER

Como arañas colgadas en los muros
se teje y desteje la tela pegajosa de quien cae en la red.
Saltan nombres que un solo click trae de regreso
al amor que se sabe pasajero.
Todo cruza en los hilos de esa joven Penélope
que junta el tejido de una nueva democracia.
Entre caritas repetidas pasa la vida a la basura
con cada una de las manos que señalan en todas
         direcciones
me gusta        no me gusta      lo comparto
y los dibujos ríen y lloran y aman y están tristes
maúllan o ladran
en las voces que trinan en esas avenidas
de soledad y  desamparo.
Hay un juego de espejos en la red: 
el amor que no empieza y la amistad que se acaba
las fotos que invaden la pantalla
la imagen cambiante como la ropa vieja
la tensión de los puntos que anuncian la escritura  
esperada.
En ese espejo de letras solitarias
teje una araña el laberinto donde Asterión se esconde
y Teseo busca los hilos que lo acercan a Ariadna

o que lo alejan.

Leonora Carrington, El templo de la palabra, 1954

 

CANCIÓN SIN PALABRAS

(A la manera de Franz Schubert)
¿Quién te conoce, amor,
si no nos conocés?
¿Si tu péndulo tiene
el vaivén de dos caras?
Juan Gelman
Los amantes tejen historias
mientras hilan y deshilan sus galaxias.
Un violín acompasa con zumbidos de sueño
en cada cuerpo
y Amor cabe en la canción sin palabras:
suena con A de alma y de alhaja
si eleva una melodía con notas de color y de ansia.
Se dice desamor
si un exceso de frases reclama falta de luz y de aire
y se escribe con D
de dolor y desamparo
o con A de asma y de ausencia.
Amor es música de alas
preludio y fuga en un arpegio
elegía anunciada.
Desamor abandona
atropella las sílabas y la esperanza
si un violoncelo rompe sus cuerdas
en el destiempo de los ruidos y las sombras.
Los músicos despliegan con armonía su vuelo
si elevan el vaivén del amor
sobre las cuerdas del aire.
 
 

  

DE NUEVO LA PÁGINA

Acariciar las palabras
saberlas imperfectas
borrarlas o tacharlas
rasgar el papel
arrugarlo
echarlo al cesto
rescatarlo
unir los trozos
uno a uno
planchar la página
diccionario de dolor.
Preguntar porqué te has ido
porqué sigues llenando de
tachones mis cuadernos
y de remiendos mi corazón
que página estrujada o cristal roto
no lucirá jamás el brillo de piel lisa
y de ilusión.
Armar las palabras
desarmarlas en la página
ajustar trozos
y hacerlos respirar en el poema.
 

Leonora Carrington, Las distracciones de Dagobert, 1945

 
 

CARICATURA DEL ADIÓS

Colgada a una baranda
la emoción silabea
y es palabra tartamuda
atrapada en la tela de araña del insomnio
o suspendida en el limbo
como fotografía que se desvanece
en la inagotable y borrosa
caricatura del adiós.
 

  

CONFESIÓN DE HERA

De todas las palabras odio la que nunca pronuncias.
Esa que gritas hacia adentro
para que no toque mi pecho ni llegue a mis oídos.
La que pasa en silencio
y muerde sin compasión mis días y mis noches.
De todas las palabras
prefiero este paréntesis
del viento que roza la ventana
un invierno en Florencia
con Martha y con David y Sara dando vueltas
y la lluvia lavando las calles y los puentes
y el corazón abierto a la vida que pasa.
Escucho a Hera cuando exclama:
no huyas, Zeus, no te escondas,
el nuevo oráculo señala tu traición
y anuncia que has de morir
bajo el puñal de mis palabras.

Leonora Carrington, Autorretrato, 1936

 

Del libro: Sonidos en la luz. Hombre Nuevo Editores, 2009.

 

POEMA CON ARAÑA

Como si llegara por primera vez
igual a una araña que sigilosa teje
frente a un cuerpo asustado.
Como si midiera la distancia
cosiendo mi corazón con sus ocho brazos
la palabra
atrapada en el hilo del verso
tiembla inútil
en la elástica y pegajosa hebra del poema
y es araña que caza los días
mientras enreda el último suspiro
o el amanecer.
El poema cae sobre la tela
o al borde de mí
teje la vida y la sentencia
extiende su sombra en la luz
y en el hilo donde gotea el tiempo.

  

  

 

COMO UN CENTINELA

La vida por siempre dando vueltas
y como un centinela en los rincones
la muerte llama en silencio con todo y sus
gerundios:
gato lamiéndose despacio
perro ladrando en la mitad del sueño
pájaro cantando al comenzar el día
mientras tejen su tela las arañas.
Golpea el viento
apaga la luz en la ventana
se escucha la zozobra
y el silencio recoge expectativas.
Parpadean los hilos del asombro
y en la soledad de un pájaro
oigo distintas formas de alegría:
pequeñas cosas que pasan en la casa.

  

  

  

SONIDOS EN LA LUZ

En el silencio
un trino o un granizo
la mirada de un hombre en medio de la plaza
el paso de una mujer hacia la ruina
un niño con ojos asustados.
Se enredan las palabras
atropellan
señalan la sombra:
sonidos de ese hombre
de esa mujer
o de ese niño
hilo de luz
en la tiniebla.
En el silencio
un trino
un alarido
un hombre solo
una mujer con ojos asustados
un niño
única luz en el desierto.

  

  

  

CANCIÓN DONDE ESTÁ LA SOLEDAD

Buscas un pentagrama en el vacío de la luz
y encuentras un muro de habitaciones desoladas.
Te niegas a respirar el aire donde se eleva el dolor.
Tus palabras no entienden qué fue ni qué pasó.
Te niegas a los pies desnudos
y a caminar sobre piedras rotas.
Tu voz amordazada no exclama
ni siquiera dice ¡ay!
La sirenas guardan silencio
–dijo Kafka–

y el mundo se llena con ausentes.

  

Leonora Carrington, El baño del pájaro, 1978

Del libro: El tiempo se volvió poema. Ediciones Cafastía, 1974

NUNCA LLEGÓ EL VERDADERO Y SABIDO NOMBRE

El ave
que algunos llaman Tiempo
se alargó en el desierto de los hombres
y cada mañana se enredó en sus ojos.   

Trataron de construir una palabra
pero faltaron piedras: 
NADIE PUDO ENTENDERSE DESDE ENTONCES.  

 

 

Del libro: Con la vida. Universidad Javeriana, 1997

LA HORA DE LOS PÁJAROS

Inasible y costurera 
la palabra
cubre con tela engañosa
la herida de la noche:
juega a la libertad o sueña la ventura.

Como eterna Penélope
teje la túnica de todos
deshilvana el secreto de la espera
hasta inventar un nuevo rostro
o un espejo sin nombre.

Inasible y costurera 
oye pasar el viento
fatigado por los pájaros. 

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Luz Mary Giraldo (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Entre sus libros de poesía: De artes y de oficios (2015); Llévame como un verso (2011); Sonidos en la luz (2010); Postal de viaje (2004); Hoja por hoja (2002); Con la vida (1997), Camino de los sueños (1981), El tiempo se volvió poema (1974) y las antologías: Il volto nascosto dell’ amore -Poesie 2010-2016- (Italia 2017, español-italiano), Canto de pájaros (Rumania 2015, español, inglés, rumano, versión completa Biblioteca Digital de Bogotá http://www.bibliotecadigitalbogota.gov.co/) y Diario vivir (2012). Poemas traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, macedonio, croata y rumano. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016); nominada al Premio Fernández Labrador en Poesía, Salamanca, 2016; Premio Internacional LASA-Monserrat Ordóñez, 2012; Premio Nacional de Poesía Casa Silva Poesía en el concurso “La Poesía como una Casa”,  2011, Mención Honorífica en Investigación Instituto Distrital de Cultura, 2004; Mención Honorífica en el Premio Internacional de Ensayo Convenio Andrés Bello, 2000 y Beca Nacional de Literatura Ministerio de Cultura, 1999. 
* * *
Derechos reservados
©Luz Mary Giraldo

PEQUEÑA ANTOLOGÍA – Poemas de Carlos Roberto Gómez Beras

Foto del autor / ©Sasenka Martic

CARLOS ROBERTO GÓMEZ BERAS (República Dominicana, 1959 / re-nació en Puerto Rico en 1964). Poeta y editor. Catedrático en la PRH. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional de Poesía del PEN Internacional de Puerto Rico. Director de la Editorial Isla Negra.

Del libro Errata de fe, 2015

 

AMBROSIO

Luego de largas horas
platicando sobre la poesía
ella me trajo la ofrenda
de su cuerpo tatuado
por las dudas y los atardeces.
Y yo prometí leerlo
como se lee un alma:
de rodillas y en silencio.

ERRATA DE FE

Ven, acércate…
Que no son palabras, que son actos.
Por eso no puedo decir sino callando,
Y no puedo nombrar sino dudando.
 
Ven, acércate…
Que no son manos, que son alas.
Por eso no puedo intentar sino deseando,
Y no puedo despegar sino cayendo.
 
Ven, acércate…
Que no son sombras, que son oráculos.
Por eso no puedo olvidar sino soñando,
Y no puedo ser sino deviniendo.
 
Ven, acércate…
Que no son heridas, que son labios.
Por eso no puedo vivir sino amando,
Y no puedo amar sino equivocándome.
 

Paul Gauguin, “Jacob luchando con el ángel”, 1888

 

Del libro Mapa al corazón del hombre, 2012

EPITAFIO VI

Señor,
recibe aquí
la boca más manzana
la piel más eucalipto
los ojos más almendros
el corazón más ciruela
el alma más llovizna
para que tu jardín
sea menos polvo
y más primavera.

LA MEZQUINA

Está lloviendo…
a través del universo
envío señales de humo.
No te preocupes
no ha muerto el Papa
no hay un hereje en la hoguera
no hay libros entre los leños sedientos.
Está lloviendo…
no te preocupes
la dicha que me niegas
ya no te pertenece.
La voz que callas ya reconfortó
a un moribundo en Sumatra.
El roce que detienes ya humedeció
a un adolescente en Los Ángeles.
La mirada que ciegas ya alumbró
a un peregrino en Santiago.
El gesto que amputas ya rescató
a un minero en el Cuzco.
La palabra que borras ya inició
una revuelta en el Congo.
Está lloviendo…
la dicha que me niegas
ya es mía.
No te preocupes
la lluvia tampoco sabe del milagro

que despierta en las uvas.

 

Paul Gauguin, “¿Cuándo te casas?” , 1892

Del libro Animal de sombras, 1992

OLOR

Al acecho
ya tan cerca de ti
no puedo ver
las manecillas de tu corazón:
¿quién eres?
La intimidad
es un oscuro armario de cedro
y tú
a camisas blancas hueles.

EL COLECCIONISTA

Sombrío.
Con un gusto a mensualidades.
Con cierta tendencia
a biografías
a cenizas bajo la lluvia
a objetos caídos
a femeninas caligrafías.
Amo mi líquida paciencia:
la espesura
que me distancia
infinitamente
de mí mismo.
Amo mi oficio crepuscular
de encender almas
y verlas extinguirse.

Paul Gauguin, “Mujeres tahitianas sentadas”, 1901


Del libro Poesía sin palabras, 1991

 

HIPÓTESIS DE LA SOLEDAD

Y si Dios
tuviera brazos
y los extendiera
como un desconocido
que salva un náufrago.

Si tuviera ojos
y los abriera llorando
como una herida supurante
como una amarga flor
que le nace al desconsuelo.

Si tuviera una boca
y pudiera gritar espumas
alertando
sobre los peligros de la ternura
al hombre que camina indefenso
por el oscuro callejón de un perfume.

¡Ay!
Si Dios pudiera ver
tocar, sentir, caminar cabizbajo
o simplemente
sobresaltarse por un mal sueño
entonces la vocal de tu nombre
no tendría ese sonido
de tambor sediento
en la selva de los años.

SONATA Y DESTRUCCIONES 

Con el corazón a la intemperie,
con el corazón expuesto
como si estuviera desnudo
acosado por luces, humo,
y procesos de mecánicas interrogaciones.

Con el corazón entre las manos
como un pequeño sobreviviente
de repente encontrado
entre escombros de raíces y alas.

Con el corazón sometido al otoño,
deshojándose en la lentitud
como un viejo diccionario
de íntimos lenguajes sexuales.

Con el corazón desubicado,
con el corazón
lleno de silencios y peces muertos
como un instrumento de cuerdas
arrojado al océano

desde un barco que se aleja.

 

Paul Gauguin, “Never More”, 1897

Del libro La paloma de plusvalía, 1990

EL LAMENTO DE ULISES

Sin oir las campanas de tu voz
ni el oleaje de tus manos
ni la gramática con que nombras
una espada, un beso o un planeta.

Sin conocer las fronteras de tu cuerpo
ni los caminos femeninos que lo recorren
ni las tristes lluvias
que mojan tus pechos frutales.

Sin oler el barro de tu piel
ni las especias que en ella crecen
ni los pétalos del licor
que tu aliento fabrica en silencio.

Sin tocar tu corazón invisible
ni las puertas que abres en tus sueños
ni las curvas de tus zapatos
que llegan anunciándote con disparos.

Sin saber apenas si existes
si te alimentas de luz o de sombra
si tus labios son pálidos o morenos
sin saber si respiras o eres sólo un
reflejo.

LOS ACCESORIOS DE TU CUERPO 

Tu cabellera es un arbusto incendiado.         
Tu frente es una hoja de papel antes de ser escrita.
Tus ojos son dos botes de remos en una competencia.
Tus orejas son dos caracoles hablando entre ellos.
Tu nariz es la línea recta en el croquis del mundo.
Tus mejillas son dos panecillos dorándose en el horno.
Tu boca es un espejo herido (perdona que lo repita).
Tus dientes son pedacitos de tiza escribiendo un teorema.
Tu cuello es el mástil de una bandera negra.
Tus hombros son dos paracaídas cayendo en la noche.
Tus brazos son el minutero y el secundero del notiempo.
Tus senos son las dos mitades de una naranja congelada.
Tu cintura es un dedo haciendo un círculo en la arena.
Tu vientre es un “compact disc” de J. S. Bach.
Tu vagina es la cueva en el mito de Platón (quizá más honesta).
Tus manos son dos gavetas repletas de pañuelos.
Tus dedos son diez soldaditos de plomo marchando hacia la tarde.
Tus muslos son dos boas buscando víctimas y aventureros.
Tus pies son dos raíces tiernas regresando del tiempo.
Tu cuerpo es un libro con fotografías de pirámides y planetas.

 

Paul Gauguin, “Dos mujeres de Tahití con flores de mango”, 1899

Del libro Viaje a la noche, 1989

 

PRÓLOGO PARA LOS NÁUFRAGOS

Porque pensé quererte
como a un libro
como a un amigo
como a un vaso de limonada
luego de bajar una escalera
o fabricar el sexo.
Porque quise recordarte
en un aeropuerto
en un baño público
mientras hacía una fila
para tocar a Dios
o ver a un hombre llorando.
Por estas razones
te escribí estos poemas
azules como camisas
íntimos como navajas
y humanos como un niño
olvidado en un parque.

UNO 

Primer trabajo humano.
Primer objeto tibio
que mis ojos de Adán
aprendieron a nombrar
en un lenguaje
masculino y obsceno.
Primer camino femenino
que mis pies de río
humedecieron
como a un labio o a un pez.
Principio de la noche
que dormía desnuda
en los aposentos
de mi cuerpo.
Persona
que estrenó mi voz
mi sombra
y mi cepillo de dientes.
Antes de ti:
sólo una calle
una visión fugitiva de la piel
en un deseo, en un pasquín
en un espejo empañado.
Después de ti:
el mar
las dos orillas de mi corazón
y un barco íntimo
comunicándolas en silencio
como a dos islas
recién descubiertas.

 

* * *

NOTA BIOGRÁFICA
Carlos Roberto Gómez Beras nació en República Dominicana (1959) y (re)nació en Puerto Rico (1964). Es catedrático en la PRH, editor en www.editorialislanegra.com y poeta. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional de Poesía del PEN Internacional de PR con Viaje a la noche (1989) y con Mapa al corazón del hombre (2012); mientras que Errata de fe (2015) recibió el premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. Ha publicado además: La paloma de la plusvalía y otros poemas para empedernidos (1996, incluye La paloma de la plusvalía, Poesía sin palabras y Animal de sombras); Aún (2007, volumen extraordinario que reúne los cuatro libros escritos entre 1989 y 1992); Utánad (2008, selección en húngaro y español, Ediciones Orpheusz en Budapest); y Sobre la piel del agua (2011, antología personal, Editorial Arte y Literatura en La Habana). Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano, húngaro, estonio, alemán y serbio; difundidos en revistas nacionales e internacionales; e incluidos en antologías caribeñas y latinoamericanas.
 
* * *
Derechos reservados
©Carlos Roberto Gómez Beras

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA – Poemas de Álvaro Neil Franco

ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO (Barbosa Santander, Colombia, 1969). Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

 

BOCACHICO MONO

Brilla todavía
en la sonrisa de mi padre
el paso del bocachico mono
el que no sabe a barro
y canta con sus labios pequeños
la soledad de los pantanos
Su palabra resbalosa
desgajada del fondo de los plátanos
inunda la mesa de la casa
con el lomo marrón del Magdalena
Cómo suda mi padre
mientras atraviesa
con sus brazos marchitos
la corriente espinosa de historias
que lo mantienen vivo
Cómo toca madera y reparte coletazos
para espantar la carne azul
donde empieza el olvido.
 
 
 

 

 

 

 

ROLLING STONES

Con las piedras arrojadas contra mí
he construido los muros
de mi casa.
Anise Koltz

 
 
 
¿Qué parte de la casa son las piedras que sostienen las puertas?, ¿El aire que no deja caer el andamio de las conversaciones?, ¿El instante en que la puerta sueña con volverse ventana?, ¿Polvo que se apea de los caminos para sumarse a nuestro polvo?, ¿Lomo azul que los niños acarician, para apaciguar el agujero que devora los días?, ¿Memoria que extraña los caballos que se fueron a viajar en la sábila?, ¿Lunas del otro lado a las que los perros no dejan de batirle la cola?, ¿Celacantos danzando un traje de luces que sale bien con el silencio?, ¿Sueños redondos que sueñan eternamente en los linderos donde vive la muerte? ¡Con todo lo que son y nunca aparecen en las fotografías!

 

Marc Chagall,  “Bestiaire et Musique, 1969

 
 
 

 

 

NACIMIENTOS

Vengo de un pie
marcado por los mandarinos
de unas piedras de río que conocen
la profundidad de mi infancia
Con la buena noticia
de un cielo de guayaba
madurado por el vuelo de las mirlas reales
Me correspondieron por vecinas
unas chicharras que anuncian el fin del mundo
desde cuando mis antepasados
desenterraban los silencios
donde se pudrieron sus ojos
Mi patria es un bijao
que envuelve despedidas
en los caminos de las nubes
Mi noche es una calle con palmeras
por donde se aleja
la mujer de un bolero
 Mis días
un tinto tostado de palabras
que calientan el paso de los muertos
Vengo
de unos cuartos de inquilinato
donde alumbré mi vida
con las velas de Kavafis
y los cigarrillos de Fernando Pessoa
 Vengo de un canto colorado
donde amanecen
las ceibas de mi sangre
de unas manos huesudas y amarillas
que amasaban el sabor de la luz
de unos tíos
que me arrancaron la leche de los dientes
con las puñaladas de una bailarina de
tango
de borracheras interminables
que me dejaron la soledad de unos abrazos
Vengo de unos enemigos
que  junto con El buey
de Eugenio Montejo
me enseñaron a leer poesía.   

 

 

Marc Chagall – “Yo y la aldea”, 1911

 
 
 

 

 

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA

 El perro es una
prolongación vital de la familia.
Luis Tejada

Dios mío, no dejes
que Anubis se vaya
porque quién me enseñará
a presentir los misterios del monte
a revolcarme en el polvo
que hoy son mis abuelos
qué será de mis manos
sin su llanura suave
donde repaso
mi corazón de niño
quién rasguñará las nubes
para que se quede en la casa
el color del verano
y dónde voy a conseguir
sus ojos tiernos
que me dieron a beber
el agua de los ríos
y qué le digo a Dylan
qué le respondo a Neil
cómo mirar a Esteban
cuando nadie persiga
las flores de mi patio.
 
 

*  *  *

Derechos reservados
©Álvaro Neil Franco Zambrano

 

 
NOTA BIOGRÁFICA
 
Barbosa Santander, 1969. Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Catedrático de la Escuela de Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja. Poemas suyos han sido publicados en el Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México (2007), en la Revista de Poesía Trilce (Chile, 2012), en la Revista Casa Silva (2012), en la antología de la poesía colombiana Desde el umbral, en La Pipa de Magritte y en las Revistas Clave, Rosa Blindada de Cali y en La Raíz Invertida (Revista Latinoamericana de Poesía), Poetas Colombia y Burdelianas Poetry. Libros publicados: La saga de los clavellinos (Universidad del Valle, 2008) y Temblor de isla (Rosa Blindada Ediciones, Cali, 2016).
 

⊂Ο⊃

MAÑANA DE INVIERNO SIN ELLA – Poemas de Carlos Ernesto García

CARLOS ERNESTO GARCÍA (Santa Tecla, El Salvador, 1960). Poeta, escritor y corresponsal de prensa. Su obra poética ha sido traducida a varias lenguas, entre las que destacan el inglés, albanés, árabe, chino y francés. Desde finales de 1980 vive en Barcelona.

CAÑONES OCIOSOS

Vagamos por el Mediterráneo
mientras el cielo
se incendia en el horizonte
dando paso a la oscuridad
que suave y callada
se impone en el firmamento.

Desde las orillas
los pueblos costeros
amables saludan
con sus millares de luciérnagas.

En las profundidades de este mar
pedazos de galeones descansan
con hermosos mascarones de proa.

Un inmenso y desolado cementerio
de soberbios destructores
de cañones ociosos.

Submarinos que guardan inmóvil
ya sólo el uniforme y los restos
del aguerrido soldado
en su puesto de combate.

El oleaje arrastra quizá
astillas de embarcaciones aqueas
que sucumbieron a la tormenta
o a la batalla.

PROHIBIDO AMOR

El neón golpea un cuerpo desnudo

que armonioso gira

alrededor de una barra.

Lascivas las miradas

la persiguen

queriéndola alcanzar

y devorarla.

Corren el ron y la cerveza.

Suenan Luis Miguel y Ricky Martin.

El liguero de la bailarina

se inunda en dólares.

Ella sonríe y piensa:

en la leche de sus hijos

en el alquiler que no ha pagado

en que ya es muy tarde

en que tiene sueño.

Federico García Lorca, Muchacha, 1927

.

PRIMER BESO

       A una muchacha

       cuyo nombre no recuerdo

Cuando te besé

(Fue en casa de una amiga tuya

que me gustaba)

era la primera vez que te besaban.

Sentí tu cuerpo temblar contra la tierra.

Nunca más volví a verte ni besarte

pero cuando te recuerdo

no sé por qué

aún siento tu cuerpo temblar contra la tierra.

.

VERANO DEL 80 Y CINCO

Apoyada contra la pared.

Una joven de falda corta

quieta espera.

La miro.

Toso.

Doy una bocanada al cigarrillo.

Formo una corona de humo

que circular se enreda entre sus piernas.

—Cierra sus ojos y suspira—.

El metro estacionado ya

abre sus puertas.

Subimos en distintos vagones

y nos dejamos llevar.

Federico García Lorca, Amor, 1929

.

MAÑANA DE INVIERNO SIN ELLA

Yo

el que guarda en la sonrisa

al asesino

dime qué hago con estos ojos

que nacieron para verte.

Con esta boca

que te nombra a cada instante

para espantar el silencio.

Con estas manos mías

que te saben de sobra.

Yo

el que guarda el puñal

bajo la almohada

dime qué puedo hacer

para borrar tu sangre

y tu recuerdo

antes de que golpeen a la puerta

los que vengan a buscarme.

.

ANACAPRI

Apoyo ligeramente mi cuerpo

en una esfinge de granito.

Una joya más

colocada en los jardines

de la excéntrica Villa de San Michele

desde donde se contempla a lo lejos

—entre la bruma de la mañana—

el Golfo de Nápoles.

Murmuran los lugareños

que en Anacapri Alex Munthe

fue un refinado anfitrión

del viejo Nietzsche

de Gorki y de Lenin.

Tres caballeros

como Emiliano Zapata

como Pancho Villa

de mirada felina

de atusado bigote.

Federico García Lorca, La careta que cae, 1928

.

HOMENAJE

El invierno en Budapest

tiene un gris añejo.

El Danubio como cuchillo

atraviesa el cuerpo de esta ciudad

que vio mil guerras.

Así lo atestigua

el monumento a los pescadores

que recibieron de Turquía sus flechas.

Desde ahí

la imaginación es capaz de cabalgar

sobre los siglos.

Si visitas Budapest en invierno

sentirás su sabor a luto.

Su sabor a sangre que tiene la tarde.

.

A QUEMARROPA EL AMOR

Guardo como pequeñas piedras de mar

días de nieve

regiones habitadas por el miedo

incendios de miradas devastando las calles

reinos de abejas y de hormigas

silvestres floraciones de palabras

atardeceres bajo oscuras arboledas

lápidas polvorientas

sobre historias personales

mesas de café

desde donde controlábamos las piernas

de una mujer que no nos hizo ni caso.

Alojo recuerdos como piedras de mar

y ninguno termina de hacer daño

en la palma de la mano

donde los aprieto con indecente esperanza.

Son recuerdos

como los de un gato jugando en el jardín

con una bala entre las patas

¿o será alguien cargando su revólver?

De un gato que llora en el jardín

¿O será mi madre

que no está en casa desde ayer?

El recuerdo de un hombre que salta la verja

y yo no tengo tiempo

ni ganas para recibirlo.

Los impactos rompen la puerta

mientras irrazonablemente

la luna se aburre allá arriba

y saltando el muro

caigo en un estanque dorado

a salvo de la ballena que arrasa.

Federico García Lorca, Marinero, 1929 / 1930

.

UN PLAÑIDERO ADIÓS

En las entrañas

del elegante barrio de Carrasco

aún sigue en pie el hotel casino

que nos recuerda las glorias

de un Montevideo que ya no existe.

Entre sus paredes el poeta granadino

escribió parte de sus Bodas de Sangre.

Los croupiers colocados en sus mesas

intentan disimular el remendado uniforme.

Un jugador lanza un escupitajo

sobre la alfombra en que apaga

la colilla del cigarro.

Sus amplios salones

del más puro art nouveau

y las lámparas que majestuosas

cuelgan del techo

fueron testigos silenciosos

del asalto tupamaro.

Afuera

ruge con bravura el rumor del mar.

Un mar

que hace muchos años

dejó de dar la alegre bienvenida

para decir un plañidero adiós

al derrotado descendiente

de los emigrantes.

.

SILENCIOSO PARÍS

El silencio se apaga

por un caminar que asoma

rompiendo la quietud

en los pasillos.

Podría ser cualquiera

de sus viejos clientes.

Por ejemplo: Robespierre

Victor Hugo o Voltaire

El Marqués de Sade o Baudelaire

Oliverio Girondo o Molière

pero me pregunto ¿y por qué no?

algún otro estudiante rebelde

del Louis-Le-Grand

caído en la guerra.

Si uno se asoma

por la rue Saint Jacques

su nombre seguramente

pueda encontrarlo inscrito

en la interminable lista

a la entrada del Liceo.

Pero esta noche

tras la pared de la estancia

que de prestado habito

sólo imagino a un Sartre

que entre el humo de su pipa

contempla de brazos cruzados

la cúpula del Panteón de París

acariciada tiernamente por la luna.

Federico García Lorca, Pespectiva urbana con autorretrato, 1929 / 1931

.

ALGUIEN

Esta noche supongo.

Alguien

sin amigos

dormirá aburrido frente a su televisor

a la espera de una llamada telefónica.

Alguien

nombrará cosas inciertas.

Alguien

se detendrá frente a la puerta

de una casa donde nadie le espera.

Alguien

intentará traspasar

su propia memoria.

Alguien

dejará caer los pedazos rotos

de una fotografía

como si aquello constituyese una venganza.

Alguien

gritará desesperado.

Alguien

volverá los ojos

que ya no quieren ver las mismas cosas.

Alguien

llegará tarde al trabajo

por culpa de esas palabras necesarias

después del amor a la persona amada.

Alguien

que no se ha dado cuenta

aún de su propia muerte

caerá en una calle céntrica

en New York

Hong Kong

Berlin

o Londres

con un enorme agujero en la frente.

Alguien

posiblemente como tú o como yo

se levantará de su cama

pensando quizá

que nada

nada de lo que suceda afuera

es más importante

que su pequeño

y miserable mundo.

.

LA PASIÓN

Existe bajo el follaje

de tu luz de amanecer.

Se aloja sobre el canto

de una nota wagneriana.

Se esconde tras una muralla

de hojas de jazmín.

Se baña con plumas exóticas

en una playa de África.

Se sumerge en tu pupila

y en el frío de tu piel

que no duerme conmigo

desde hace siglos.

.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Carlos Ernesto García nació en Santa Tecla, El Salvador, en 1960. Poeta, escritor y corresponsal de prensa salvadoreño. Autor de los libros de poesía, Hasta la cólera se pudre, editado en Nueva York, en versión bilingüe inglés/español, bajo el título Even rage will rot; A quemarropa el amor; La maleta en el desván y, de la antología personal,Unë nuk kam shtëpi (Yo no tengo casa) Albania, 2010. También publicó el libro en tono novelado, El Sueño del Dragón, que narra su travesía por el río Yantsè (China) y otro de reportajes titulado Bajo la Sombra de Sandino, basado en una serie de entrevistas a destacados ex comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ha sido invitado, por diversas instituciones académicas y culturales de Europa, Asia, América Latina y Estados Unidos. Su obra poética ha sido traducida a varias lenguas, entre las que destacan el inglés, albanés, árabe, chino y francés. Su poesía fue ha llevada a los escenarios por la compañía de teatro neoyorquina, Guacamolink Performing Arts; vertida al lienzo por el pintor belga Marck Debroux y musicalizada por el reconocido grupo nicaragüenseLos de Palacagüina y el salvadoreño Grupo Trova (hoy Grupo La Cayetana). Su poesía ha sido incluida en antologías nacionales y extranjeras. Está considerado por la prensa extranjera como el padre de la crónica poética. Desde finales de 1980 vive en Barcelona.

* * *

Derechos reservados
©Carlos Ernesto García

EL MAR SOMOS NOSOTROS – Poemas de Fernando Linero Montes

FERNANDO LINERO MONTES. (Santa Marta, Colombia, 1957). Músico y poeta. Ha publicado seis libros de poesía. Es uno de los escritores colombianos con mayor trayectoria.

Del libro Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990)

Y AÚN LAS TARDES

Por el lecho de los días
resbalo sordo y sereno como un río al atardecer.
Triste soy de mirar el color de estas colinas
del ruido de espigas del viento.
Sé de la escasa luz que me indumenta.
Y aún las tardes alcanzan
para celebrar la hondura de las cosas
la ración de dolor que la vida se procura.

EN LA BALANZA DE LOS DÍAS

Sobre la órbita de viejas casonas.
Sobre la paciencia de los pescadores de moluscos.
Sobre los aviones que en las sienes del viento
vierten metálica claridad
un oro desmesurado se desliza.
En la balanza de los días el mar acoge brumas
—cansancio de pájaros, cansancio del hombre,
lluvias que desgaja el verano—
y una música grave se enciende en su voz.
Acaso de allí derive nuestro reino:
soledad que cava el aire,
musgo en la caparazón de la tortuga.

A MENUDO

A menudo alimentamos ortigas.
Cuando las jornadas son estaciones
que se deshacen en tediosas moscas
y en el rellano de las escaleras
noviembre nos fustiga atrozmente.
Cuando no nos salva la tonada
que llega de la caseta cercana,
ni el vuelo de gorriones que cruza
los tejados de la vecindad.
Entonces liamos un tabaco
y como un vapor que abre el mar
lentamente separamos las esclusas de la noche
en ese instante en que el viento
levanta el vestido a las transeúntes
y nos adentra en las cálidas resinas del poema.

Guillermo Linero Montes, El paseador de perros, 2005

 

ENTRE LAS PIEDRAS DE LA TIERRA

Nada sé de los cielos
que sostengo con mis torpes palabras.
Plantada en la tierra está mi savia
cantando sin espera de nada.
Anhelos que subieron conmigo desde el mar
resplandecientes como campos de avena
los ha vencido el tiempo y la desidia.
A veces una imagen distante
se aviene con dificultad
a las laderas de mi canto:
mi madre de pie tras el limonero
tendiendo ropas en los muros del verano
amontonando tristezas.
A veces un sueño
el que me encuentra con mis muertos
acurrucados al sol
vagamente atentos a un zumbido de insectos.
A veces una risa ya perdida
que en mis oquedades se demora
por donde va volando la saudade.
Nada sé de los cielos
que sostienen a mis torpes palabras.
Entre las piedras de la tierra está mi hoguera.

 

Del libro Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010)

SÓLO LA ABULIA DURA

“Volaron años cortos como días”.
Eugenio Montale

He vuelto al arrabal de la niñez. He regresado al cielo azul de la juventud y por un instante asoman horas vividas deliciosamente sin pensar. De nuevo mis pies hacen rodar pedruscos cerro abajo hacia la espuma.

La muerte no era más que una palabra y otra brisa soplaba sobre la vida. Sólo la abulia dura, su lamento manso y pegajoso.

He tornado al feudo de la infancia —a la antigua casa le han cortado los árboles del patio, la terraza no existe—. Surgen de pronto remotas, marchitas imágenes del padre. Sólo la abulia permanece intacta bajo la estrepitosa luz, en el calor de las estancias, entre ruidos y olores estridentes.

Guillermo Linero Montes, La calle del pescado, 2005

 

EL MAR

I

El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.

II

Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.

III

El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.

IV

Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz…

V

Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.

VI

El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros se pudren negras ramas como en las ensenadas.

Guillermo Linero Montes, Contraviento, 2005

CERTIDUMBRE

Erramos con el corazón astillado, atrapados en la hora inerte.
Las cosas llegan y nos tocan un instante, luego parten.
Los seres llegan un instante, luego parten.
Todo es una pérdida.

MADRIGAL

Contra el olvido escribo estos versos para cuando no haya cielo y la alegría se caiga de los ojos. Ahora que música y deseo en el sueño se pierden. Sé que al paso ruedan los guijarros de la ausencia. Tengo presente que la tristeza a todos reserva su lugar. Por eso amo estos trazos desde los que me miras ahora y contra el olvido los levanto para cuando tu nombre sea desamparo en el aliento y ellos se hayan marchado con los vientos y todo no sea más que un pie de página en la historia.

Del libro Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011)

VIAJEROS SIN MEMORIA

Porque la vida llega a quemarropa
es necesario recordar que viajamos.
Fugaces habitantes del hastío
arribamos a las cosas a ciegas,
sin saber nada del peso que se empieza a descubrir.
Se llega a la vida de improviso
y, mientras se observa su río de azogue mustio,
el ancla del cigarro se hace más amarga en los pulmones
y el tiempo va regando sombras cansadas.
Se aborda la vida inesperadamente
y queda la impresión de que todo estaba fríamente dispuesto para ello: la proximidad del abrazo, la geografía de aquella fragancia.
En sus puertas un heraldo espera
para mostrarnos la ruta de la partida.
Descuidamos nuestra condición de viajeros,
olvidamos que todo es una novedad,
que en cualquier vacilación está la vida
y que a veces tiene la forma de una lágrima.

EL MOSCARDÓN

Gira y gira buscando un centro.
Su música arrogante
encierra destellos de sol.
Brilla en círculos,
en el día, a la orilla del aire,
ahora es radiante verde
y azul.
Gira y gira
como el poeta
buscando el corazón de las horas.

Guillermo Linero Montes, Constructores, 2005

Del libro Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999)

ENTONCES

Entonces una calma de ventanas abiertas
gravitaba alrededor de las terrazas.
El verano jugaba entre los árboles
detrás de las tapias, de un sollozo.
Mía era la plateada música de una ciudad
embebida en las aguas.
Mía era mi madre sentada junto al fuego
viendo las piedras del amanecer.
Aún los días no habían picado —ávidos pájaros—
la fruta de su corazón.
Por las noches en la casa se oía el mar.

CANTANDO

Tarde en ruinas desde la que canto,
esperando la hora que me busca, mi hora.
Con menos ambición que nostalgia se alza la voz
y su música es al alma seca
igual que un bálsamo casero.
Sin haber encontrado el sentido a la felicidad
bajo la tarde canto,
—perdida ya la fe en ciertas palabras—
para los pobres de espíritu,
para los que no tienen más remedio,
para los que buscan a Dios con glotonería.
Dando tumbos entre la soledad y el alba
desde mis cuarteadas almenas levanto la voz.
Pero a veces quedo en silencio,
—perdida ya la fe en ciertos asuntos—
y escucho al viento cabalgar sobre los tamarindos.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA. Fernando Linero Montes. Santa Marta, Colombia 1957. Músico y poeta. Libros de poesía publicados: Sonata del Sonámbulo (Pijao Editores, Biblioteca de Autores Colombianos. No. 1 Bogotá, 1980); La risa del Saxo (Cuadernos de Poesía Ulrika. Vol. Bogotá, 1985); Lecciones de fagot (Universidad Nacional de Colombia, 2005); Aparte de Amor (Escritores en un Nuevo Siglo. Centro Colombo-Americano, 1993.); Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990); Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999); Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010); Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011); La risa del saxo (Antología) (Universidad Externado de Colombia, 2016); Acaso por el canto (Antología), (Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 2016); La verdad yo quería escribir otra cosa, (Universidad de Nuevo León, Monterrey, México 2016).

* *  *

Derechos reservados
©Fernando Linero Montes

HAY UNA NOCHE MÁS AMPLIA – Poemas de Jandey Marcel Solviyerte

Foto / archivo del autor

JANDEY MARCEL SOLVIYERTE. (Bello, Antioquia, Colombia, 1974). Poeta, narrador, dramaturgo, traductor y ensayista. Su obra literaria ha merecido varios premios y reconocimientos.


MÁS QUE UN CONSEJO, AMIGO

Aléjate lo más que puedas del mundillo banal;
no es esa ruta infame la que ha de llevar tu paso.

La marea no detiene su curso al estrellar las playas,
ni se impide cuando es propicio el pasto para la sed
del fuego el voraz incendio que arrasará la cosecha.

Un deber profundo tienes que omite todo desvío,
y aun, sin tu arbitrio, inexorable te arrastra a cumplirlo.

Lo más que puedas, aléjate, del mundillo banal.

NO DESCUIDES TU COPA

Bebe de este vino y se embriagará la vida toda en ti.
En la somnolencia propia de su ser, su espesor degusta.
Liba este néctar mientras el mundo gira reducido
a tus pies, en una danza vana de la cual serás el dueño.
A plenitud disfruta de este instante verdadero y fugaz,
no otro más tuyo hallarás en llano paraje de traidores.
No descuides tu copa, otros labios la quieren escanciar.
Apresúrate a cumplir tu papel, la comedia ya termina.

Saturnino Ramírez, “Pool Hall”, 1983

DE AQUELLA MÚSICA

Se apresuró la vida a llevárselo todo
y a dejar en cada espacio vacíos,
abismos que la nostalgia impele,
secreta impaciencia en el porvenir.
Era el viento en su curso la voz recia,
el aviso inmemorial de aquella música
desplegada en las ondas, de sueños
de tantos otros que ahora cruzan el olvido.
Se apresuró la vida y el instante pasajero
de luces y de sombras todo íntegro
se desvaneció en nuestros cuerpos.
Ardió la llama y en humo la existencia fue.

ESTA DIMINUTA ALEGRÍA

Vuélvese a ver de nuevo ante la aurora brillante
un nuevo mundo despierto que crece desde las piedras.
El corazón del hombre es sensible liado al de la tierra;
tanto es así, cuanto a cada instante en llanto se derrama.
Cúbrese una vez más de rocío la pradera; la niebla
en los caminos va cediendo paso al día que asciende
presuroso por la cuesta del tiempo, donde arroyos saltan,
fertilizan los campos que morirán también en su hora.
Pliéguese aquí dentro de mi ser esta diminuta alegría,
de saber junto a mi muerte todas las cosas más bellas.
El día no se detiene, y lo que somos hoy día, mañana,
de la hoguera que hace siglos arde, será sólo ceniza.

LAS CANCIONES MÁS BELLAS

Juzga por ti mismo si vale o no la pena
transitar a toda prueba esta senda tenebrosa.
Infiere si en verdad importa seguir la absurda
línea por los astros propuesta. Y verifica si aún
es cierto el milagro desastroso de la existencia.
Ve y únete a todas las cosas junto a ti dispuestas,
y marcha en pos de la penumbra de las noches
y de los días borrosos por el paso de la niebla.
Evoca desde tus labios las canciones más bellas
de tierras muy lejanas. Entiende con entereza
que ésta es la vida y éste tu destino; y, apresúrate
a su encuentro: hojas son barridas por el viento.

Saturnino Ramírez, “Jugador con suéter azul”, 1987

UN CANTO ENTRE LAS ZARZAS DETENIDO

Después de un largo rato acometida por las lluvias,
la aldea rumorea de nuevo en el milagro vespertino.
Los perros ladran a la ausencia de ladrones y fantasmas;
canturreo de pájaros, se inunda el ambiente de sus trinos.
Las chimeneas sueltan su aliento hacia el aire espeso.
Nubarrones señalan el horizonte, presagio de tormenta
que no amaina. Relámpagos continuos sobre la cordillera
trazan con sus finos hilos una esfera luminosa, a cuya
explosión le sigue una voz mítica de trueno repetido.
La aldea rumorea, pacen vacas, los hombres se ocultan
dentro de sus nichos. En medio de la soledad más grande,
queda un canto entre las zarzas detenido. Una mujer sube
la cuesta: lleva olor a pan fresco, a aceite, lecho y vino.

Y SE DESVANECIÓ EN EL AIRE

Alguien dijo a mi espalda algo que no pude descifrar,
giré entonces para verle y se desvaneció en el aire.
Una palabra sola en la memoria quedó enredada, hilé entonces 
su significado y el mundo de bruces se vino sobre mí.
Día a día repito entre tardes y noches la inmensurable
palabra que dijera esa boca trágica detrás de mi sombra,
y se abalanza el universo al pronunciarla, y tiemblo
de pavor ante la magnitud de su sentido en mis labios.
Pasarán los nuevos días y constelaciones completas
se adentrarán calladamente en la muy profunda noche,
sin que peregrino alguno oiga de labio humano la frágil
palabra dada en secreto, una breve mañana a mi oído.

Saturnino Ramírez, “Sin título”/detalle, 1996

ACUARELA FRENTE AL MAR

Concha del mar de la ausencia del mar y de la ola,
concha que suena y sueña con el mar de su infancia,
eco mortuorio de una tempestad ha siglos sucedida.
Caracola, corona de algún dios moribundo, atascado
en la playa infinita. Pobre delfín tirado sobre la arena.

YA NO UN CISNE

Concédele a tu canto toda la potencialidad de tu destino.
Otórgale el sentido inexorable de tu existencia y canta.
El tiempo es una sombra y cubrirá la luz de tu vida.
Ya no un cisne: un simple hombre que canta en su hora.
 

HAY UNA NOCHE MÁS AMPLIA

Torna a decir de nuevo la palabra negada
que es breve el minuto y el placer inmenso.
Bebe una vez más los vinos de la noche
porque detrás de cada estrella hay una noche más amplia.
Juega inexorable el serio juego de la vida
y no vayas a rodar como las piedras por el abismo.
Muere si es posible mil veces de sólo dicha
porque vendrá la muerte segura tras tus pasos.
* * *
NOTA BIOGRÁFICA. Jandey Marcel Solviyerte nació en el municipio de Bello, Antioquia, Colombia, en 1974. Es poeta, narrador, dramaturgo, traductor y ensayista. Ha publicado los siguientes libros: Sangre en costales de cisa, poesía, Ediciones Síglope, 2001.  La lira destemplada, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2006. Versos de los Mil Días, poesía histórica, Ediciones Cosa Nostra, 2007. Priapica Carmina Sensualis Amoris, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2014. Crónicas de riel: Una arqueo-historia de la carrilera en la línea Medellín-Puerto Berrío del Ferrocarril de Antioquia, crónica, Ediciones Cosa Nostra, 2014.  De aquella música, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2016. 
Ha recibido los siguientes premios: II Premio de Poesía Joven La Ciudad Vivida, Medellín, Instituto Popular de Capacitación (IPC) 1997. Premio Los Sueños de Luciano Pulgar, Bello, Subsecretaría de Cultura, 2002, 2004, 2006, 2009. Premio Andrés Bello de literatura, 2002 en poesía. Premio Andrés Bello de literatura, 2009 en dramaturgia. Premio Nacional de Poesía Casa Silva, Bogotá, 2009. Ganador de Estímulos al Talento Creativo del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, género Crónica, 2014. Mención especial como traductor en el Concurso Literario Internacional David Mejía Velilla, Universidad de la Sabana, Bogotá, 2014. ha participado en los siguientes eventos: XI Festival Internacional de poesía de Medellín, 2001. I Encuentro Nacional de Literatura. Calarcá, Quindío, 2002. VI y XII Encuentro Nacional de Literatura, Zipaquirá, Cundinamarca, 2009 y 2015. I Encuentro Departamental de Poesía, Fredonia, Antioquia, 2013. I Encuentro Nacional de Poesía Epifanio Mejía, Yarumal, Antioquia, 2016. II Encuentro Internacional de Literatura Ciudad de Mérida, Venezuela, 2016. I Festival Internacional de Literatura del río Xingú, Estado Pará, Brasil, 2017.

* * *
Derechos reservados
©Jandey Marcel Solviyert

LAS ATADURAS DEL AIRE – Poemas de Henry Alexander Gómez

HENRY ALEXANDER GÓMEZ (Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria. Es el director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz (España), el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, y el Premio Nacional de la Casa de Poesía Silva.
 

Del libro Casa de hueso (Inédito)

Gallinas
 
En las mañanas,
largos instantes me revelaron
el juego de su pluma,
el cacareo del mundo desde
una noble idiotez.
 
Su peculiar danza
me habló de un linaje perdido,
la firme intención de ser viento borrado. 
 
Entendí, entonces, la difícil tarea
de romper
con las ataduras del aire,
la música cercana de escarbar en la tierra.
 
Es verdad que en las gallinas
el día ha encontrado su eje, 
el cordón umbilical
en el que sostiene la luz.
 
Al igual que ellas, escribo la dicha
de ser pájaro caído.
 
A Felipe García Quintero
 
 
 
Parábola del padre
 
Padre siempre se sumerge en las más
extrañas empresas.
En un diálogo mudo con la vida,
en una incesante errancia
por el orden prohibido de las cosas,
hizo de la derrota
                                   su sello personal,
una enorme roca de aire para empujar cuesta
arriba.  
 
Un día compró una rueca de hilar nubes.
Decía que en la plaza bien podría abrir
un negocio celeste para achispar acontistas.
Pasaba horas golpeando el pedal,
hilando el día,
ovillando la lana.
Desde allí urdió toda la orilla del cielo
                              sin conseguir una sola moneda.
 
Otro día
se hizo a un viejo auto
para sortear la soledad de los caminos.
Con él cruzaría las fábricas del humo,
las páginas secretas de las grandes montañas,
hasta llegar a La Habana
                                     o Nueva York.
Pero la noche lo dejó tirado a un lado de la
carretera,
reparando el veterano motor oxidado.
 
Raras tareas emprende mi padre,
cultivó los sueños de los ondeadores de banderas,
comerció con olvidos,
amasó el pan
para el inspector de patatas fritas,
escribió cartas de despedida para amas de casa,
hasta afiló los lápices de tercos burócratas
en una corte de un país
                            que no aparece en ningún mapa.
 
Hoy comprendo que mi padre
es un poeta a su manera,
atesora la derrota
como quien guarda
                          palabras perdidas en la billetera.
 
Sin saberlo, padre,
con cada inútil negocio,
me ordena mi noble función en el mundo:
el oficio de escribir,
                                   a cada instante,
                                               el arte de la pérdida.

 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Los huesos de la bisabuela Felisa

 
Aparecieron de repente,
estaban metidos en un cajón de madera negra
y cargaban el aire roto de la noche.
 
Andaban por el camino de los años
apretados a cualquier rincón de la casa.
Prima Betty los descubrió por error,
buscando en el cuarto de trastes algún juguete perdido.
 
Susto de perros esos huesos ladrando la muerte.
Sortilegio. Oscura brujería. Asesinato en el balcón del silencio.
 
Fue abuela quién recordó que eran los huesos olvidados
de la bisabuela Felisa. Habían llegado décadas atrás
y buscaban ser un puñado de viento,
una flor soñolienta.
 
Al fondo de la caja, la extraña carta del abuelo
confirmaba la noticia y reclamaba un lugar junto a su tumba.
 
Insólitos los ríos
que cruza la piedra después que la lluvia se extingue.
Años de errar debajo de las camas,
rechinando entre sombras, auscultando la tierra,
los huesos,
la vida,
como un planeta cansado,
gritan su parte del mundo, justo ahora que exhumamos
los restos del abuelo.
 
Allí descansan,
                         los dos,
en una bóveda sin fondo,
en un osario celeste, examinando la luz.
 
El corazón se busca más allá de la carne.  
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505



De libro Tratado del alba (2016)


Roberto Juarroz
 
He abierto la palabra amor
y, adentro, encuentro otras palabras
que no dejan de mirarme fijamente.
Escojo una de ellas,
le hago también un orificio,
para ver más adentro en el lenguaje, 
y allí encuentro una palabra
que se parece al corazón del mundo.
 
En medio de las dos mitades del lenguaje,
sobre la línea que separa el comienzo y el final,
comprendo que un vocablo,
más profundo
que el abismo de Dios, nos sostiene.
 
Todo lenguaje se contiene a sí mismo,
como toda palabra que decimos o callamos, 
lleva adentro la soledad del hombre.
 



Horizonte
 
Un relámpago
                 llama al asombro.
 
Se cierra el sonido
                 y algo
                 se abre adentro de nosotros.
 
Entre la luz y la resonancia
                 un suspiro, un nacimiento, un
dolor,
               
                 la vida.
 
 


Carlos Obregón
 
Desde adentro de la vida
miro llover.
 
Miro como quien encuentra la esperanza
sin haberla buscado,
como quien hunde sus manos en la ceniza
de una hoguera nunca encendida.
 
Llueve sobre la orilla de tus pasos.
 
Porque tu hondura es la lejanía
de ver el cielo sin poder tocarlo,
el temblor de una oración
sin alfabeto, la vigilia de dormir
sobre una música olvidada.
 
El leve polvo de tierra
que levanta la llovizna
                                       deletrea tu silencio. 
 
 
 
Arqueología
 
Enterrar una palabra,
esconder su tumba entre las piedras.
 
Desenterrarla después de muchos años,
quitarle la tierra endurecida,
los restos de polvo,
                                  el óxido,
 
hasta que brille como una antigua reliquia.
 
Colocarla en medio de la página en blanco
y estudiar su antigüedad, interpretar su pasado,
descifrar el color original,
establecer su importante papel en la historia.
 
Incluso admirar su dignidad de estrella olvidada.
 
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Angelus Silesius desata un folio perdido

 
I.
Hallar la contemplación
verdadera
como quien abre su corazón
                                                  a la muerte.
 
Y seguiré en Dios,
                       como la noche en mis palabras.
 
 
II.
No basta con taparse los oídos
                 para cerrarse al ruido del mundo.
              
                Hay que olvidar
                                            lo escuchado.
 
                                            Arder en el
silencio. 
 
 
III.
En la oración
hay una hondura más grande
                                         que la angustia de Dios.
 
Tanto abismo inunda
                                             mi espíritu de palabra.
 
 
IV.
Intentar escucharte
                es pretender contener la eternidad
                en las manos.
 
Basta que una rosa florezca para asirla.
 
 
 
V.
Voy por el mundo
                                 buscando lo incognoscible.
                                
                                 El fuego que no arde,
                                 una vocal que no produzca
sonido,
la prehistoria del alba.
 
 
 
VI.
Edificar a Dios
como quien bebe de un candil erosionado.
 
Hallar a Dios
                      como quien naufraga
                                            en la peregrinación de la
luz.
 
 

Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505

 
 
De libro Diabolus in música (2014)

Johnny Cash
 
Enterré el puente de mi guitarra en el aire, sacudí las polillas de mi sombra y cultivé el vapor de la música sobre el heno de los días, a un lado de la carretera, donde los mundos se fecundan.
 
 
 
Jon Lord
 
Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.
 
Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.
 
Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música: una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 
 
 


Jim Morrison
 
Desde lo alto de una duna dejo caer un cuenco que rasga un aire extraño que acecha mi presencia. Ancianos ángeles amasan mi saliva con arena. ¿Quién acompañará mis huellas para descifrar el verdadero rostro de la luz?
 
Romper el cristal. No hay noche más fría. El nombre del desierto me persigue. Las puertas se derrumban.
 
Con el hueso roto del coyote buscaré mis años perdidos junto a un demonio que trepa por el antiguo imperio del cielo.
 
 


John Bonham
 
En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.
 
He dejado al granizo sin aliento.
 
 


Humberto Monroy
 
El humo de la noche ha rodeado mi casa. Sin tocar las notas bajas de la sed, la música florece en la línea del aire.
 
Mi boca posee cuatro labios, mis ojos cuatro pupilas para descifrar la oscura pulsación de la luz. Mi vida ha sido el temblor de un alfabeto encallado en el destello del relámpago.
 
Humo en las ventanas, en la densidad del polvo. Este largo destino de envejecer en el origen.
  
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505  
 
Del libro Memorial del árbol (2013)


Hay soles que caen