EL COLOR DE LA TRISTEZA – Poemas de Nicole Alzate

 


Foto │©Paula Castillo Segura

 

Del libro inédito: Cronología de los cuerpos

 

 

LISTA DE VIAJE

Vierte mi líquido sobre tus antiguas láminas de tus viajes a La Habana, a Baltimore, a Berlín y a Granada. Guárdalas en el bolsillo y en cada estación adorna mi busto con la caricia de tu linaje.

     Lee a Walcott, a Ángel González y a Jim Morrison, piensa en la fiesta de tu vida, túmbate al lado de las bellas bañistas, contempla conmigo el mundo en llamas y arroja tus botas.

  Olvida el camino a casa, el monstruo del hambre, pronostica mi derrota sobre tu cuerpo y los frutos que caerán sobre las hojas secas del jardín en el que moriremos.

   Desabrocha tu camisa, pide otro Gin Tonic e introduce dentro de mí toda esa ternura con la que rompes el silencio.

   Y no olvides llevar en esta migración sin retorno el poema, memoria de partidas sin regreso.

 

 

 

PARAPARESIA

En la cocina de mi madre y la mesa de un bar

un alfiler se aferra al silencio,

corren hilos de sangre y  culpa.

     La enfermedad jamás llevó consigo las alas de un ángel.

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

 

 

EXTRAÑA RECETA

Me dicen que el amor huele a la comunión del misterio,

a una piedra sin edad ni espacio en el mundo.

Que para las dolencias de tu cuerpo

fabrique ungüentos para la nostalgia,

agüitas de tamarindo

y sal para bautizar el olvido.

Así encontré tu imagen,

entre recetas y nubes blancas,

           entre lamentos y turbulencias.

 

 

 

FE

Soy como la cúpula de una iglesia.

En mí quedan ancladas las palabras de súplica,

el eco de una campana que revienta los oídos de la fe.

     A la altura de esta red estelar

me pesa la cruz

y los restos de mi forma que cae a pedazos.

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

 

 

PLEGARIA

Oculta, evoco a las polillas que desdibujan mi sonrisa y les pido que desaparezcan.

Pido a los agujeros negros que siempre te traigan hacia este imperio en ruinas.

A mis huesos para que junten sus cenizas y se reintegren a lo más cercano a la vida.

A mis manos que olviden rasgar las almohadas y se sumerjan en el vacío.

A mi boca que extravíe de su memoria el sabor de los fármacos, el alcohol y las mariposas que llegan a posarse en el marco de mi ventana. 

A este cuerpo que es altar de impulsos que se entregue a ti.

¡Ay, Alejandra! No olvides pedirle a la muerte que cuando se aleje de ti, no vaya tras los pájaros mecánicos.

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

 

 

ÁFRICA

Entre las lluvias de África y nosotros: la creación,

   Dios riega semillas de tristeza sobre  nuestro pulso.

En la multitud: fracturas, una mácula de tiempo que atraviesa la luz.

   Entre el rostro de Dios y tu cuerpo: los estruendos del universo en mi boca.

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

 

 

ATENAS SURAMERICANA

A esta hora Bogotá es una mancha de polvo que contiene la prisa de un perro cojo, la podredumbre y el reflejo de las luces sobre los charcos.

   El rumor de los autos es una balada que canta a los kilos de piel perdida y las madejas de tristeza.

   La vida dentro de este animal rojo pasa en todos los sitios lejanos a la felicidad.

   A través del vidrio un embolador sostiene su cofre mágico ¿Encontrará algún utensilio para desterrar esta agonía?

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

 

 

PUERTA AL DETERIORO

Te amo por una arruga en tu frente,
amor, te amo por clara y por oscura.

Pablo Neruda

 

Las arrugas de tu rostro son mi jaula,

   antes patrimonio para los pájaros de la sierra,

      ahora pequeña línea en la que se asoman los santos para cantar al alba.

 

 

 

SUSURROS PARA POE

La culpa es de Poe pues hizo del ave un monstruo que en las noches golpeara su ventana y le susurrara: ¡Never more!

Se trata de una cita con la memoria, la certeza de que el monstruo trae consigo una maldición:

El llanto de las palomas se anida en mi puerta.

Una enredadera, moho y secretos.

En la madrugada Nunca más, es un soneto de sangre que picotea mi corazón.

 

 

Ilustración │©Paula Castillo Segura

 

⊂Ο⊃

A esta hora el silencio es un viajero que atraviesa la tarde,

en todas las estaciones crece,

lleva consigo las canciones de regreso

      y traza líneas en el cielo con el color de la tristeza.

 

 

 

LIVING EN VERANO                     

                          Eso sucede en el mismo tiempo,
                               pero jamás en el mismo día.

Ángel González

 

Del calor de la bombilla en mi habitación surge tu imagen,

Budapest y el Vaticano,

los días de verano en el living del hotel.

La aspiradora sobre la alfombra ruge.

Tazas de té, coca cola helada, tus mocasines sobre el sofá.

Motas, polvo, incertezas,

todas las formas de la mugre te han traído a este poema.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Nicole Alzate 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogota D.C, 2000. Poeta, colaboradora del contenido de Clínicas y talleres literarios La Otra Figura del Agua, ganadora del concurso “Voces de paz y reconciliación” y del Festival Artístico Salesiano bajo la modalidad de literatura. Ha participado en varios talleres de creación poética organizados por Casa de Poesía Silva, Escarabajo Editorial, entre otros.

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Las Ilustraciones que acompañan los poemas son de Paula Castillo Segura (Bogotá, 1998). Ilustró el libro En busca del arco perdido de Anabel Saiz Ripoll (Higuera Editores), además de otras publicaciones independientes. Se desempeña como animadora 2D. Actualmente cursa el pregrado de Creación Literaria en la Universidad Central. 

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LA ÚLTIMA NOCHE DE LOS RECUERDOS – Poemas de Stelios Karayannis / Η ΤΕΛΕΥΤΑΙΑ ΝΥΧΤΑ ΤΩΝ ΑΝΑΜΝΗΣΕΩΝ-Ποιήματα του Στέλιου Καραγιάννη

 

©Foto | Archivo particular

         

     Ο ποιητής ξέρει, ότι κάτω από τα ερείπια κατοικούν φαντάσματα. Μια φωνή που επιμένει, και ηχώ του έρωτα και της εκδίκησης απαντούν. Τίποτα δεν θα διαρκέσει για πάντα: η Τροία πέφτει από δόλο, για πρώτη και δεύτερη φορά ,σαν μια παρθένα που παίζει με το πεπρωμένο της. Οι στίχοι του Στέλιου Καραγιάννη απηχούν αυτή την πτώση ενώ οι Σειρήνες τραγουδούν και ανοίγουν, ευτυχισμένες τα φτερά τους, γιατί γέννησαν παιδιά που έχουν τα ίδια όμορφα και έξυπνα μάτια με τον βασιλιά της Ιθάκης.
     Ο ποιητής ξέρει, ότι οι Ολύμπιοι θεοί λησμόνησαν το όνομά του.

Κάρλος Καστίγιο Κιντέρο

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     El poeta sabe, que bajo las ruinas habitan fantasmas. Una voz, insistente, repite un nombre y el eco del amor y el de la venganza responden. Nada se va para siempre: Troya cae en el engaño, una y otra vez, como una doncella que juega a la fatalidad. En los versos de Stelios Karayannis resuena esa caída mientras las sirenas cantan y extienden sus alas, felices, porque han parido hijos que tienen los mismos ojos bellos y sagaces del rey de Ítaca. 
     El poeta sabe, que los dioses olímpicos han olvidado su nombre. 

Carlos Castillo Quintero

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(Traducción de José Antonio Moreno Jurado)

 

Η ΝΕΚΡΟΠΟΜΠΗ

Με τον καιρό κι η τύψη μας θεριεύει
βρίσκει ένα χώρο ιδανικό για να θραφεί
μες στου κορμιού μας το σκοτάδι το βαθύ,
που ανέκφραστο, την ηδονή γυρεύει.

Με το μελάνι, η πλήξη λιγοστεύει
αλλά δεν είναι βολετό να νικηθεί
με στίχους που έχουν ήδη προγραφεί,
που αδιάφορος ο χρόνος τούς κηδεύει.

Κι όπως το σώμα γέρνει ευλαβικά,
μες στης ψυχής το τέμενος να προσκυνήσει,
των στίχων βλέπει την νεκροπομπή να αργοπερνά

Α. τι άδοξα που η ποίηση πεθαίνει τελικά,
Κι η τύψη, πώς θεριεύει στης γραφής τη δύση,
ακούγεται σαν ένας ψίθυρος από κοντά.

 

EL SEPELIO

Con el tiempo se enfurece también nuestro
remordimiento,
encuentra un espacio ideal para instalarse
en la profunda oscuridad de nuestro cuerpo,
que, inexpresable, busca el placer.

Con la tinta, empequeñece el aburrimiento
pero no es posible vencerlo
con versos que ya fueron escritos,
que el tiempo indiferente los entierra.

Y como el cuerpo se ladea piadosamente
prosternándose en el templo del alma,
ve pasar despacio el sepelio de los versos.

Ah, al final, qué vulgarmente muere la poesía.
Y nuestro remordimiento, enfurecido en el occidente
de la escritura, se escucha como un murmullo cercano.

 

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Η ΓΑΤΑ ΠΟΥ ΤΟ ΜΗΝΥΜΑ ΘΑ ΛΑΒΕΙ

Όταν θ’ ακούσουμε το ρόπτρο τού θανάτου,
έξω απ’ την κάμαρή μας ν’ αντηχεί ένα βράδυ,
κι αν τη ζωή δεν έχουμε προλάβει,
μην πούμε «τι ανώφελα που ζήσαμε εδώ κάτου».

Όταν θ’ ακούσουμε το ρόπτρο τού θανάτου,
στων αναμνήσεων το τελευταίο βράδυ,
στην κάμαρή μας θα ‘χει πέσει το σκοτάδι
κι η γάτα θ’ αφουγκράζεται τα βήματά του.

Η γάτα που αγαπήσαμε θα έχει καταλάβει
στο βλέμμα μας τα από καιρό γραμμένα
και θα ‘ρθει και θα μας αγγίξει μ’ ένα χάδι!

Κι ίσως να πούμε τότε «άραγε, ποιος να ‘ναι τόσο βράδυ»
το χάδι ανταποδίδοντας στη γάτα κουρασμένα,
στη γάτα, που το μήνυμα θα λάβει.

 

LA GATA QUE RECIBIRÁ EL MENSAJE

Cuando oigamos la aldaba de la muerte
resonando una noche en nuestra habitación,
aunque no hayamos tenido tiempo de vivir,
no digamos «qué inútilmente hemos vivido hasta aquí».

Cuando oigamos la aldaba de la muerte
en la última noche de los recuerdos
habrá caído la sombra en nuestra habitación
y la gata escuchará sus pasos atentamente.

La gata que amamos habrá comprendido
lo escrito desde hace tiempo en nuestra mirada
y vendrá a tocarnos con una caricia.

Quizás digamos entonces «¿quién es tan tarde?»,
devolviendo la caricia a la gata cansada,
a la gata, que recibirá el mensaje.

 

©Kristina Karayannis

 

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ΟΡΕΣΤΗΣ ΚΑΙ ΠΥΛΑΔΗΣ

Είμαι ο Ορέστης. Η ενοχή με συντρίβει.
στα κουρασμένα μάτια μου καμιά παρηγορία∙
πυκνό το χιόνι της ψυχής τη μοίρα μου ορίζει
η μισερή του Απόλλωνα η δίκαιη Ερινύα.

Στου Άργους τα βασίλεια ο θάνατος θερίζει∙
στους πύργους στα παράθυρα στα μάρμαρα τα κρύα∙
κι είναι ένα βράδυ θλιβερό κι ένα σκυλί γαυγίζει
του φονικού του ανόσιου την ιεροσυλία.

Πώς να μη φταίω Πυλάδη μου αφού το θείο φθονεί
κι αφού η δική μας Νέμεσις πληρώνεται με φόνο
μονάχος φεύγω μα έλα πίσω μου πιστό σκυλί μου εσύ.

Απ’ του Θυέστη τη γενιά ως και του Αγαμέμνονα το θρόνο
τραγούδησε ω Πυλάδη μου τη δίκαιη ενοχή,
τα δάκρυά μου σκούπισε κι απάλυνε τον πόνο.

 

ORESTES Y PÍLADES

Soy Orestes. La culpa me corroe.
No hay consuelo en mis ojos cansados.
La densa nieve del alma define mi destino,
la mísera, la justa Erinia de Apolo.

La muerte hace su cosecha en los reinos de Argos,
en las torres, en las ventanas, en los fríos mármoles.
Hace una tarde triste y ladra un perro
el sacrilegio del impío asesino.

Cómo no tengo la culpa, Pílades mío, si lo divino siente envidia,
y, puesto que nuestra Némesis se paga con muerte,
me marcho solo, pero ven detrás de mí, tú, fiel perro mío.

Desde la generación de Tieste hasta el trono de Agamenón
canta, oh Pílades mío, la justa culpabilidad,
barre mis lágrimas y calma el dolor.

 

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ΟΙ ΜΥΘΟΓΡΑΦΟΙ

Έμενα τότε στο πιο σκοτεινό διαμέρισμα
του ποιήματος –και για να μην παρεξηγηθώ–
εννοώ το παράξενο ποίημα
που δεν έγραψα ακόμα·
τα βράδια έρχονταν απρόσμενα
οι φίλοι μου οι ταξιδεμένοι,
ανάμεσα σ’ αυτούς
κι ο Οδυσσέας.
Φορούσε πάντοτε ένα
ξεφτισμένο ένδυμα –δε σκέφτηκα ποτέ μου
το γιατί– ριχνόταν λοιπόν
απογοητευμένος
σε μια πολυθρόνα κι άρχιζε να καπνίζει
με μανία το τσιγάρο του.
Γιατί να με βασανίζεις
τις νύχτες –μου έλεγε– μ’ αυτές τις φανταστικές
ιστορίες σου,
άσε επιτέλους να ζήσω κι εγώ,
τη δική μου ζωή την αληθινή.
Όσο για μένα βέβαια, καθόλου δεν
τον άκουγα· σαν μαγεμένος του μιλούσα
για τον Τέννυσον, τον Τζόυς, τον Καβάφη.
Μη με μπερδεύεις άλλο με τους μυθογράφους –μου έλεγε–
αυτοί μου καταστρέψαν τη ζωή.

 

LOS MITÓGRAFOS

Vivía entonces en el piso más oscuro
del poema –y para que no se me malinterprete−
quiero decir del extraño poema
que aún no he escrito;
por las noches llegaban imprevisibles
mis amigos los viajeros,
entre ellos
también Odiseo.
Llevaba siempre una
Indumentaria deshilachada –no pensé jamás
en el motivo −se echaba entonces
frustrado
en un sillón y empezaba a fumar
con ansia su cigarrillo.
Por qué me atormentas
por las noches con estas historias
fantásticas tuyas −me decía−,
deja por fin que viva también
yo mi propia vida, la verdadera.
En cuanto a mí, por supuesto, no lo escuchaba
en absoluto; como hechizado le hablaba
de Tennyson, de Joyce, de Cavafis.
No me confundas más con los mitógrafos, me decía,
ellos han arruinado mi vida.

 

©Kristina Karayannis

 

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Ο ΠΑΝΑΚΡΙΒΟΣ ΧΕΙΡΟΥΡΓΟΣ

Πόσες και πόσες φορές το συλλογίστηκα
να σταματήσω να γράφω
αλλά πώς θα μπορούσε
αυτό να συμβεί, που θα ΄πρεπε να με αναλάβει
υπεύθυνα ένας απίστευτοα πανάκριβος
και ειδικευμένος χειρούργος,
για να μου αφαιρέσει το μυαλό,
τα μούσκουλα, τα νεύρα κι αυτή την
ερωτοπαθή μου την ψυχή.
Προτιμάω λοιπόν
να ανακατεύω τα παλιά μου χειρόγραφα,
να γράφω νέα και να ξαναγράφω
ή
να τα συζητάω όλ’ αυτά μαζί με τον Ιάσονα
και με τον Οδυσσέα·
αγαπάνε λέει κι οι δυο τους
με πάθος και, καμιά φορά, με αφόρητη νοσταλγία
τις σιωπηλές γυναίκες,
τα ερωτικά λιμάνια,
τα ατέλειωτα ταξίδια και τους μαγεμένους
τόπους, ώσπου προς το τέλος
το φοβούνται, λέει, μήπως τους συντρίψει η ζωή.

 

EL CARÍSIMO CIRUJANO

Cuantas y cuantas veces pensé
dejar de escribir
pero cómo podría
suceder, ¿debería cogerme
responsablemente un cirujano
increíblemente caro y experto
para quitarme el cerebro,
los músculos, los nervios y esta
alma mía que padece de amor?
¿Prefiero entonces
mezclar mis antiguos manuscritos,
escribir algo nuevo y volverlo a escribir
o
discutir todo esto con Jasón
y con Ulises?
¿aman pues los dos
con pasión y, a veces, con nostalgia insoportable
a las mujeres silenciosas,
los puertos eróticos,
los viajes interminables y los parajes
hechizados, hasta que al final
sienten miedo, pues, de que la vida los destruya.

 

⊂Ο⊃

ΣΗΜΕΙΩΣΕΙΣ ΓΙΑ ΤΟ ΤΡΑΓΟΥΔΙ ΤΩΝ ΠΟΛΥΕΘΝΙΚΩΝ

Τόσους αιώνες μετά την Οδύσσεια κι εγώ βρισκόμουν ακόμα στην αποβάθρα και, όπως ένας αμετανόητος μυθομανής, επέμενα για να ταξιδέψω προς τη χώρα των Κιμερίων, όπου μόνο σκοτάδι, σκοτάδι και θάνατος. Ήτανε κι άλλοι πολλοί που περίμεναν με αδημονία τη βάρκα, ποιητές, αρχαιολόγοι, δημοσιογράφοι με τα σημειωματάρια και τα τσαπιά στα χέρια, ο Τειρεσίας αργούσε να φανεί κι όλοι το ξέραμε πως περνούσαν δίχως αλλαγή τα μαύρα χρόνια, ώσπου, κάποιος νέος Οδυσσέας ούρλιαξε σ’ ένα χωνί: Φωνάξτε επιτέλους την Αντίκλεια, τη μάνα μου.

Η Αντίκλεια ήρθε σε λίγο από την αντίπερα όχθη. Φορούσε μια κουρελιασμένη φούστα από αλατζά, τα χέρια της ήταν καμένα, το ίδιο και το πρόσωπό της, «να ξέρεις, γιε μου, εκεί είναι το σκοτάδι και το φως, εκεί πεθαίνει και ανασταίνεται το όνειρο» ακούστηκε να λέει μ σκληρή και αποφασιστική φωνή και κανένας δεν παραξενεύτηκε, που ‘δειχνε με το καμένο χέρι της, πέρα μακριά, μια φάμπρικα.

 

NOTAS PARA LA CANCIÓN DE LAS MULTINACIONALES

Tantos siglos después de la Odisea y me encontraba aún en el muelle y, como un mitómano impenitente, insistía en viajar a la tierra de las Quimeras en donde sólo hay oscuridad, oscuridad y muerte. Hay muchos otros que esperaban la barca con inquietud, poetas, arqueólogos, periodistas con el cuadernillo y las azadas en las manos, Tiresias tardaba en aparecer y todos sabíamos que pasarían sin cambios los negros años, hasta que un joven Ulises aulló en un embudo: Llamad por fin a Anticlea, mi madre.

Al poco, vino Anticlea desde la orilla opuesta. Vestía una desgarrada falda de algodón, sus manos estaban quemadas, como su rostro, “que sepas, hijo mío, que allí está la oscuridad y la luz, allí muere y resucita el sueño”, se le oyó decir con voz dura y firme y nadie se extrañó de que mostrase con su mano quemada, a lo lejos, una fábrica.

 

©Kristina Karayannis

 

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Ο ΜΟΝΟΛΟΓΟΣ ΤΟΥ ΟΡΕΣΤΗ

Στη νύχτα μου ο φόβος.
Χθες βράδυ μόλις, έγινα φονιάς σκοτώνοντας για εκδίκηση
τη θλιβερή μου μάνα. Ήτανε τόσο φοβισμένη και δειλή που έτρεμε όπως το δεντρί, την ώρα που το πελεκάει ο ξυλοκόπος.

Δεν ήθελα να ξαναδώ τη μαύρη λάμψη απ’ το μίασμα, πούχε βαθιά στα μάτια. Βύθισα με μανία το μαχαίρι μου μέσα στα στήθη τα ζεστά κι ευθύς ξεπήδησε σαν ποταμός το μολυσμένο αίμα.

Έγειρε τότε ξέπνοη επάνω στο χαλί κι απόμεινε εκειδά μια δελεαστική βορά για τα σκυλιά και τα σαγόνια του Άδη.

Μα να, που τώρα ανεβοκατεβαίνω έξαλλος μέσα στις νύχτας τις καταπακτές, προσμένοντας απ’ τους θεούς μια δροσερή βροχή να ξεπλυθώ, κάτι σαν τελική και δίκαιη εξιλέωση από το φοβερό το μίασμα του μητροκτόνου. Εμένα μ’ έμαθαν από μικρό οι συμφορές να ξεχωρίζω στη στιγμή όλους τους δίκαιους τους καθαρμούς και πότε είν’ η ώρα που αρμόζει να μιλώ και πότε να σωπαίνω. Κι αν ήμουνα ως το τέλος για όλους σας ο εκδικητής κι ο χαλαστής, ο λυτρωτής του Άργους, για μένανε ίσως να ‘τανε γραφτό να μην υπάρχει πια ησυχασμός, χαμόγελο, χαρά ούτε γαλήνη του ύπνου.

 

EL MONÓLOGO DE ORESTES

En mi noche el miedo.
Apenas ayer por la noche, me convertí en asesino matando
por venganza a mi pobre madre. Estaba tan asustada y acobardada que temblaba como el árbol cuando el jardinero lo tala.

No quisiera volver a ver el negro resplandor de la infección que tenía en el fondo de los ojos. Hundí con locura el cuchillo en sus cálidos pechos e inmediatamente brotó como río la sangre contagiada.

Se giraba entonces sin aliento sobra la alfombra y esperaba allí como seductora presa para los perros y la mandíbula de Hades.

Pero he aquí que subo y bajo como loco por las noches los
escotillones, esperando de los dioses una lluvia fresca para
lavarme, algo como una expiación perfecta y justa del temible contagio del matricidio. Me enseñaron desde pequeño las desgracias de distinguir al instante todas las purificaciones y cuándo es el momento en que conviene hablar y cuándo callar. Y si fuese hasta el final para todos vosotros el vengador, el destructor, el salvador de Argos, para mí quizás hubiese estado escrito que ya no exista tranquilidad, sonrisa, alegría ni calma en el sueño.

 

⊂Ο⊃

Η ΟΜΟΡΦΙΑ ΤΗΣ ΧΡΥΣΗΙΔΑΣ

Τα σχέδια για το πάρσιμο της πόλης δεν χρησίμευαν σε τίποτα. Κάθε τόσο σχεδόν ανατρέπονταν· θρηνήσαμε κι άλλους νεκρούς, ώσπου, στο τέλος ένα βράδυ ήσυχος ο Αγαμέμνονας το αποφάσισε κι επέστρεψε τη Χρυσηίδα.

Κείνο το ήσυχο βράδυ, λοιπόν, το εννοήσαμε κι εμείς πως η ομορφιά μια δικαιολογία ήταν κι αυτή ή ένα τέχνασμα –να μην κοπάσει ο πόλεμος, να μην τελειώσουν οι ανθρωποσφαγές, να μην παρθεί έτσι άδοξα η μισητή η Τροία.

 

LA BELLEZA DE CRISEIDA

Los planes para la toma de la ciudad no sirvieron de nada. De vez en cuando casi se trastornaban; lloraban por otros muertos hasta que, al final, una noche, Agamenón, tranquilo, decidió devolver a Casandra.

Aquella noche tranquila, además, entendimos también nosotros que la belleza era una excusa o un artilugio –para que no cesase la guerra, para que no terminasen las matanzas, para que no fuese tomada así, sin gloria, la odiosa Troya.

 

©Kristina Karayannis

 

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ΜΟΝΟΛΟΓΟΣ ΤΟΥ ΕΥΡΙΠΙΔΗ ΕΝΑ ΔΕΙΛΙΝΟ

Θα ‘σαι πολύ πιο τρυφερή μέσ’ απ’ τον μύθο, Ιφιγένεια, και πιο γλυκιά απ’ όλα τα κορίτσια του παλιού καιρού. Θα ‘σαι σαν τον πολύτιμο διαμάντι που φωτίζει μόνο από μακριά, λαμπρύνοντας παντοτινά τη μοίρα μου στο γέρμα αυτού του κόσμου. Μάταια θα σε ψάχνουν οι επίγονοι, ιδρωκοπώντας στα ερείπια και στις αρχέγονες μυλόπετρες πνάκριβων ανασκαφών. Σου ‘δωσαν σένα οι καλοί θεοί τον ματωμέο κότινο της εκλογής, της νίκης και της δόξας που ποτέ δε θα δοθεί σ’ αχρείους και βαρβάρους. Γι’ αυτό τραβάς περήφανη, απόμακρη και σιωπηλή, πέρα απ’ τα χρώματα αυτού του δειλινού, μ’ ένα κλαδί βερυκοκιάς στην κεφαλή, με μια μετάξινη εσθήτα ως τους αστραγάλους.

 

MONÓLOGO DE EURÍPEDES UN ATARDECER

Serás mucho más tierna en el mito, Ifigenia, y más dulce
que todas las muchachas del tiempo antiguo. Serás como el precioso diamante que alumbra sólo de lejos, abrillantando permanentemente mi destino en la caída de este mundo. En vano te buscarán los epígonos, sudando en las ruinas y en los molinos primitivos de las carísimas excavaciones. Te dieron a ti los buenos dioses el acebuche ensangrentado de la elección, de la victoria y de la gloria que jamás se concedió a inútiles y bárbaros. Por eso vas orgullosa, lejana y silenciosa, más allá de los colores de esta tarde, con una rama de albaricoque en la cabeza, con un vestido de seda hasta los tobillos.

 

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Ο ΑΓΓΕΛΟΣ ΠΟΥ ΠΕΡΙΜΕΝΑΜΕ ΝΑ ΦΑΝΕΙ

Κάθε άγγελος
τρομερός είναι
Ράινερ Μαρία Ρίλκε
Ελεγείες του Ντουίνο

Χρόνια και χρόνια τον περιμέναμε να φανεί. Κοιτάζαμε πια με ανησυχία το παρελθόν, ραβδοσκοπούσαμε το παρόν και το μέλλον μ’ αδημονία, μα τίποτα, ο άγγελος δε φαινότανε πουθενά. Όλη η ζωή μας σταματημένη, σταματημένη από καιρό, εξαντλημένη κάπως και η … από αυτό το περιφερειακό και ασήμαντο πρόσωπο, απ’ τη στιγμή της ελευθερίας μου. Φεύγουν οι μέρες κι οι μήνες σαν το νερό: Σεπτέμβριος, Οκτώβριος, Νοέμβριος, Δεκέμβριος. Μεγάλωναν σιγά σιγά τα νύχια μας, μεγάλωναν τα γένια μας και τα μαλλιά μας. Ώσπου στο τέλος, ένα βράδυ ανοιξιάτικο, κάτι μας φάνηκε να κατεβαίνει απ’ το βουνό. Ήταν ένα ψωριάρικο και και γέρικο σκυλί που βρώμαγε από μακριά, γρυλίζοντας απαίσια, απ’ την κακοπέραση κι απ’ την κακή του μοίρα. Να ’τανε βολικό αυτό ο άγγελος που περιμέναμε, να ‘ταν αυτό η μοίρα μας ή τάχα μου κορόιδευαν οι άσπονδοι εχθροί μας;

 

EL ÁNGEL QUE ESPERÁBAMOS APARECER

Todo ángel es terrible
Rainer María Rilke
Elegías de Duino


Años y años esperábamos que apareciese. Mirábamos ya con intranquilidad el pasado, dábamos bastonazos al pasado y al futuro con inquietud, pero nada, el ángel no aparecía por ningún sitio. Toda nuestra vida detenida, detenida desde hacía tiempo, agotada y la… de ese rostro periférico e insignificante, desde el momento de mi libertad. Se van los días y los meses como el agua: septiembre, octubre, noviembre, diciembre. Crecieron poco a poco nuestras uñas, crecieron nuestras barbas y nuestros cabellos. Hasta que, al final, una noche de primavera, nos pareció que algo descendía de la montaña. Era el perro viejo con psoriasis que ensuciaba de lejos, gruñendo horriblemente, desde su mal paso y desde su mal destino. ¿Sería posible que el ángel que esperábamos fuese nuestro destino o quizás se reían de mí nuestros implacables enemigos?

 

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ΤΟ ΑΛΟΓΑΚΙ ΤΗΣ ΠΑΙΔΙΚΗΣ ΗΛΙΚΙΑΣ

Από μακριά τότε είδα το άλογο: το άσπρο άλογο των παιδικών μου χρόνων και της νοσταλγίας μου να έρχεται σιμά μου. Πρόσεξα πως κρατούσε ένα τριαντάφυλλο ανάμεσα στα δόντια του και προχωρούσε λάμποντας από χαρά κι αγέρωχο κάτω απ’ τα δέντρα. Ακόμα και το λιόγερμα που ‘φευγε ολοπόρφυρο εκείνη τη στιγμή πάνω απ’ τα ευλογημένα στάχυα, σα να εστάθηκε κι αυτό, ίσως για να θαυμάσει. Το άλογο, όταν έφτασε σε κοντινή απόσταση, πλησίασε σιγά σιγά, απόθεσε το τρυφερό του τριαντάφυλλο στα χέρια μου κι ύστερα γύρισε απότομα και χάθηκε σαν αστραπή στον κάμπο. Έμεινα τότε ν’ απορώ και να κοιτάζω έκθαμβος μια τ’ άλογο και μια το τριαντάφυλλο μες τ’ ανοιχτά μου χέρια. Κι είναι από τότε για μένα πολύ αργά κι ίσως οδυνηρό για να εννοήσω πώς χάνουμε έτσι εύκολα την αθωότητα και την ελπίδα εμείς οι άνθρωποι για λίγη έστω τρυφερότητα κάτω απ’ τ’ αστέρια.

 

EL CABALLITO DE EDAD INFANTIL

De lejos vi entonces el caballo: el blanco caballo de mis años
infantiles y de mi nostalgia volviendo a mi lado. Me di cuenta de que sostenía una rosa entre los dientes y avanzaba radiante de alegría y arrogante bajo los árboles. Incluso al crepúsculo cuando se iba todo púrpura en aquel instante por encima de las benditas espigas, como si se detuviese quizás para admirarse. El caballo, cuando llegó a una distancia cercana, se acercó poco a poco, depositó en mis manos la tierna rosa y después se volvió de pronto y desapareció como un relámpago por el campo. Me quedé entonces perplejo y mirando estupefacto una vez al caballo y otra a la rosa en mis manos abiertas. Desde entonces es muy tarde para mí y quizás doloroso entender que perdemos tan fácilmente la inocencia y la esperanza nosotros los hombres por una ternura, aunque sea pequeña, bajo las estrellas.

 

©Kristina Karayannis

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ΟΙ ΔΥΟ ΣΧΟΙΝΟΒΑΤΕΣ

Το ξέρεις, δεν είναι ο φόβος που με τρομάζει, γύρισε κι είπε ο μικρός σχοινοβάτης στον μεγαλύτερο, εκεί ψηλά στην αιώρα κάτω απ’ το θόλο του μιούζικ-χωλ. Το ξέρω, του είπε ο άλλος ανήσυχος, έχοντας καρφωμένο το βλέμμα του στην κερκίδα. Τούτο το φόβο τον συνηθίσαμε πια. Το ζήτημα είναι τα λαίμαργα μάτια τους.

 

LOS DOS EQUILIBRISTAS

Lo sabes, no es el miedo lo que me asusta, vuélvete y díselo, pequeño equilibrista, al mayor, allá arriba en el aire bajo la cúpula del music-hall. Lo sé, le dijo el otro intranquilo, con la mirada clavada en el palco. Sentimos ese miedo hace tiempo. La cuestión es sus ávidos ojos.

 

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ΠΟΛΥΚΡΑΤΗΣ I

Μάλλον η πρόθεση
άρκεσε
για το κακό
«Αυτοψία» 
Οδυσσέας Ελύτης

Ποιος άραγε ποτέ θα μάθει γιατί με καταδίκασαν έτσι οι θεοί κι αισθάνομαι να είμαι ετούτη τη στιγμή ο μόνος βασιλιάς επί της γης και άρχοντας που τόσο ενάντια και εχθρική του στάθηκε η μοίρα. Ίσως κάποια πανάρχαια κατάρα απ’ το γένος ή απ’ τη φυλή, μα επιτέλους, τι τους ήθελα τους άχρηστους τους μάντεις απ’ τη Θήρα; Γιατί τι άλλο συμβολίζει πια αυτός ο θλιβερός δακτυλιόλιθος, που μου επέστρεψε σφυρίζοντας μισερή Ερινύα η μοίρα, εξόν από τον παγερό και θριαμβεύοντα ίσκιο του θανάτου; Τι ειρωνεία και τι καλυμμένη εχθρότητα που έκρυβε στο τέλος η ζωή, και πόσο αψήφιστα την πήρα; Ονειρευόμουν πάντοτε ο δυστυχής, ονειρευόμουν το ολέθριο χρυσάφι, τη μοναδική αγάπη μου να ρέει στα παλάτια μου ακατάπαυστα απ΄ τη Μικρά Ασία κι έβλεπα στα ενύπνια στολισμένο με αμέθυστους απ’ άκρον εις άκρον το νησί, με σάπφειρους σιντέφια και πορφύρα, και να που χύθηκε στην άμμο μια για πάντα το γλυκό κρασί και να που οι γυναίκες μας θρηνούν απαρηγόρητα για το πού στέρεψε το γάλα τους, και δε θα πάψουνε ποτές – αν δεν επέλθει κάθαρση, να δέονται στην Ήρα. Ονειρευόμουν πάντοτε ο δυστυχής, ονειρευόμουν σιωπηλή σελήνη να φωτίζει σαστισμένη και έκθαμβη τους επίγειους και ονομαστούς παραδείσους, που έφτιαχνα για να μαγεύω τους καλεσμένους μου και να φαιδρύνω μες στη νύχτα τη διάθεση σε όλη την υψηλή Γοργύρα, και να τι μου επιφύλασσε το ελάχιστο σκοτάδι της κοιλιάς ενός ψαριού: την ίδια τη θανατερή αλαζονεία μου μαλαγμένη σ’ ένα θλιβερό δαχτυλίδι της κόλασης – που στα δάχτυλα έφερα ως δώρο, ένα ψυχρό και θριαμβεύοντα ως το τέλος θάνατο σε τούτο δω τον αφιλόξενο χώρο.

 

POLÍCRATES I

Mas la intención
bastaba
para el Mal.
 «La autopsia»
Odysseas Elytis

Quién sabrá jamás por qué me condenaron así los dioses y siento que soy en este momento el único rey sobre la tierra y caudillo a quien el destino se la vuelto tan contrario y hostil. Quizás una antigua maldición de mi raza y mi linaje, pero, al final, ¿para qué quería a los inútiles adivinos de Tera? Porque ¿qué otra cosa simboliza este triste anillo de piedra que me devolvió silbando la desgraciada Erinia, el destino, sino la helada y triunfal sombra de la muerte? ¡Qué ironía y qué enemistad oculta guardaba al final la vida, y que a la ligera la tomé!

Soñaba siempre, desgraciado, soñaba con el funesto oro, mi único amor corriendo por mis palacios sin cesar desde el Asia Menor y veía en ensueños la isla adornada de amatistas de extremo a extremo, con zafiros, nácares y púrpuras, y he aquí que se derramó en la arena para siempre el dulce vino y las mujeres nos lloran inconsolablemente hasta secarse su leche, y no cesarán jamás, si no sobreviene la purificación, de temer a Hera. Soñaba siempre, desgraciado, soñaba que la silenciosa luna iluminase satisfecha y estupefacta los terrenales y famosos paraísos que creé para encantar a mis invitados y alegrar por la noche la disposición en toda la alta Goryira, y he aquí que me protegió la sombra pequeñísima del vientre de un pez: mi misma arrogancia mortal ablandada en un triste anillo del infierno, que llevé en los dedos como regalo, una muerte fría y triunfante hasta el final en este espacio de aquí inhospitalario.

 

 

©Kristina Karayannis

 

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ΠΟΛΥΚΡΑΤΗΣ II

Δεν ξέρω πώς ήρθαν έτσι τα πράγματα
κι αν έγιναν καταπώς τα αφηγείται
και τα ιστορεί ο θείος Ηρόδοτος-
πάντως στο βάθος φοβόμουν, γιατί
όπου και να κινούσα το στρατό, όλα
μου πήγαιναν καλά και κατ’ ευχήν,
που λένε.
Χίλιες φορές μ’ ευνόησαν οι μοίρες και
μ’ αρνήθηκαν οι συμφορές κι ίσως
αυτό να ήταν που δεν άρεσε στον Άμαση,
τον εκλεχτό μου σύμμαχο
και φίλο, έπιασε το λοιπόν κι
εσύναξε και μου ‘στειλε σ’ ένα χαρτί
από πάπυρο ακριβό μια τελευταία
κι ολιγόλογη επιστολή όπου ανεξήγητα
μου έλεγε πως κάπου εδώ τελειώνει κι
η μεγάλη μας φιλία.
Ανεξήγητο, ανεξήγητο έλεγα και
χειρονομούσα ανήσυχος, εκείνο το εξαίσιο
ανοιξιάτικο απόγευμα, λίγο μετά την
καθημερινή μου επιθεώρηση στους
θησαυρούς, χωρίς να ξέρω βέβαια πως
ο Οροίτης σχεδίαζε το θάνατό μου
από μακριά, την ώρα που με λόγια
περιπαιχτικά τον πλήγωνε και τον
ανέδειξε στον κήπο του, την
κραταιά μου δόξα διηγούμενος,
αυτός ο άθλιος, ο Πέρσης Μητροβάτης.

 

POLÍCRATES II

No sé cómo sucedieron así las cosas
y si fueron como las narra
y las cuenta el divino Heródoto–
siempre sentía miedo en el fondo, porque,
a donde moviese el ejército, todo
me salía bien y a mi deseo,
como dicen.
Muchas veces me fueron favorables las Moiras y
las desgracias no me tocaron y quizás
eso sería lo que no le gustó a Ámasis,
mi selecto aliado
y amigo, se puso entonces
a reunirlo todo y me envió en un papel
de caro papiro una última
y concisa carta en la que inexplicablemente
me decía que aquí terminaba también
nuestra gran amistad.
Inexplicable, inexplicable, decía yo y
gesticulaba intranquilo, aquella estupenda
tarde primaveral, poco después
de mi diaria inspección a los tesoros,
sin saber con seguridad que
Oroitis planeaba mi muerte
en la distancia, en el momento en que
con palabras burlonas lo hería y lo
mostraba en su jardín, contándole mi poderosa
gloria este estúpido persa Mitrovatis.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Stelios Karayannis (poemas)
©José Antonio Moreno Jurado (traducción)

 

NOTA BIOGRÁFICA

Isla de Samos, Grecia, 1956. Poeta, ensayista, traductor, y doctor en filosofía moderna por la Universidad de Yoanina con su tesis La crisis de la modernidad: cultura, tecnología y razón histórica en José Ortega y Gasset. También es doctor por la Universidad de Granada con su tesis La evasión de Dédalo. Teoría y usos poéticos de la metáfora en José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez y Yorgos Seferis. En 1992 obtuvo el Premio de Poesía Nikiforos Vretakos del Ayuntamiento de Atenas. Sus poemas se han traducido en inglés, alemán y castellano. Algunos de sus ensayos se han editado en revistas como El fingidor, Estudios Orteguianos, Diálogo filosófico, etc. Ha traducido doce libros de literatura infantil española, dos obras teatrales, poemas de Jorge Luis Borges, Álvaro Mutis, Juan Ramón Jiménez, Francisco de Quevedo y de muchos poetas andaluces contemporáneos. En septiembre del presente año (2019), se publicó en Sevilla, España, un libro suyo de poesía en prosa traducido por el poeta y helenista José Antonio Moreno Jurado.

Es consejero en el Ministerio de Educación Griego e imparte clases de Literatura Española Moderna en la Universidad Abierta de Grecia. También es miembro de la Asociación de Hispanistas Griegos, del Pen Club, de la Asociación Nacional de Escritores Griegos y Académico Correspondiente en Atenas de la Academia de Buenas Letras de Granada.

En la actualidad dirige la revista Erato, Ars Poetica, Revista Internacional de Poesía que se publica bilingüe por las Ediciones Romi cada quatrimestre.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la artista plástica griega Kristina Karayannis.

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ENTROPÍA / MANDARINA – Dos cuentos de Julio Medrano

 


Foto / ©Carlos Castillo Quintero

EZIS es el segundo libro publicado por Julio Medrano; el primero fue Las buganvillas del cadáver (Premio Alejandría de Novela, 2016). Dividido en tres partes, EZIS reúne 15 cuentos breves que conservan unidad en su tono y en su temática. Tunja, ciudad natal del autor, emerge de la niebla y deambula por las páginas del libro impregnando a sus personajes de la fatalidad psicodélica que habita en estas calles.  La publicación estuvo a cargo de FALLIDOS EDITORES, proyecto editorial que acoge a nuevos escritores.

INVITACIÓN
Lanzamiento del libro de cuentos Ezis
sábado 14 de septiembre / 2019, en Tunja,
Turmequé Café Cultural - 5 P.M.

 

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©Ezis / Julio Medrano

 

Entropía

A Paola Avendaño

The ocean planet is on burn.
Gojira, Ocean planet

Bajo el paradero de bus, un vendedor con la mercancía en una caja atada al cuello, espera a que la ciudad se despeje de la lluvia para proveer de cigarrillos a los náufragos. Paola le compra un cigarrillo mentolado y una caja de chicles. Él le prende el cigarro, recibe el pago; ella aspira el mentol y se sienta en la banca helada a esperar el bus. Las motos pasan fugaces. Dos chicos juegan en la acera del frente, chapotean en el andén hasta enlodar completamente los uniformes escolares. Paola fuma, se sumerge en un anuncio de neón que late en letras violeta: Encuentra tu ser.

—¿Ixchel me estará esperando?
—¿Me habla, señorita? —pregunta el vendedor.
—No —espira el humo del cigarrillo—, pensaba en mi
gato. No le gusta cuando truena.
—¿A quién le gusta?

El bus asoma a lo lejos. Ella ve que el cigarro apenas va a la mitad, aspira una última y larga bocanada de humo y, lo catapulta con sus dedos hacia la alcantarilla. Alista las monedas para pagar el pasaje, bota el mentol por la nariz, destapa la cajetilla de chicles y se embute las dos gomas sabor a canela.

El bus agiliza la marcha, ella se levanta de la banca y agita la mano. Pero el monstruo de metal rojo sigue veloz sin hacer caso de la seña de pare, los salpica de agua encharcada.

Nubes como ballenas infladas de lluvia, esconden a los edificios tras cascadas y relámpagos, truenan sus cantos entre los ecos de la mal formada vida. Las calles se inundan. La ciudad desaparece. Los dos chicos nadan bajo las negras aguas hacia sus hogares. Paola y el vendedor treparon al techo del paradero de bus para escapar del riachuelo.

—¡Eso pasa cuando bota las colillas de cigarro a la alcantarilla! Todas se tapan e inundan las calles —dice con vehemencia y fatiga el vendedor.
—¿Entonces guardo la colilla y la llevo a mi casa?
—Buena idea, sí.

Paola lo mira con dureza.

La avenida se ha convertido en un río. Las casas se derrumban sobre sí, los edificios colapsan, uno a uno se quiebran en el baile acuático-apocalíptico, todo se aparta para darle paso a la luna de mármol en el horizonte.

El río oscuro gana fuerza.

Paola cierra los ojos, masca impaciente, piensa en su gato que la espera con la lata de comida «Ixchel se exalta en el sueño». Estallan los transformadores de energía creando minúsculas estrellas, partículas que enceguecen al vendedor y lo hacen caer de su asiento de primera fila. Los gritos de la gente de toda la ciudad componen una cacofonía siniestra, mientras cadáveres de personas son arrastrados en el caudal hasta apilarse en un cementerio de chatarra y carne.

La Tierra, satisfecha por el sacrificio, aparta las nubes del cielo y deja que las aves gobiernen el vasto imperio que el hombre hurtó para dar fe a un dios sin alas. La Tierra comienza a vegetar en cada viso que queda de la ciudad, florece en ausencia de cualquier desafío humano.

Gigantescas ramas de ayahuasca brotan al borde del río, reptiles retoman posesión de las rocas y los árboles, los gatos y perros de la ciudad se apoderan de las antiguas calles, se han liberado de ser el retrato que quiso imponer el hombre de sí mismo. El agua se va con los restos de asfalto, cemento y acero.

Sobre el retorcido paradero de bus, Paola acurrucada sostiene su cabeza entre las piernas, ya no tiembla porque los gritos de la gente han cesado, porque el viento es ahora más cálido y ligero, apenas le levanta el larguísimo pelo negro. Piensa en su gato Ixchel y se da valor para elevar la cabeza y abrir los ojos. Mira impávida la destrucción, aquel sitio antes rodeado de luces de neón y motos centellantes, es ahora un valle, un vergel colmado de hiedras, lirios, gerberas y otras plantas que no reconoce. La luna es más grande, como solo la había visto en su niñez en el pueblo de los abuelos. Piensa en escupir el chicle pero prefiere tragarlo. Ve a lo lejos una montaña de autos, motos, ciclas, máquinas de escribir, piernas humanas, computadoras, campanas, libros, colchones, brazos, celulares, sillas, zapatos, cabezas de hombres y mujeres, armas, manteles, copas, microondas, postes y cientos de otras cosas que ahora le parecen diminutas, y que habían hastiado a la naturaleza. Solo se escucha el soplar del viento.

Ixchel ronronea, ha dejado de temblar. Mientras come de su lata nueva, Paola le pasa la mano sobre el lomo y le repite el nombre con voz curativa.

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©Círculos del Dadá / Julio Medrano

 

 

Mandarina

Se enamoró por unas horas de un sonámbulo.
Roberto Bolaño

1

Cuando recuperé mi libro, después de dos meses que duró con él, encontré apuntes con bolígrafo a los costados de las páginas. Con color azul subrayados los adjetivos y, con negro, párrafos enteros; encerrados en círculos verdes los verbos.

Al final de cada capítulo, las palabras repetidas estaban en una lista con el número de página y párrafo donde se localizaban.

No acostumbro rayar los libros. De hecho, muchos quedaron vírgenes de tachones para cuando mi exesposo los tiró por la ventana. Por ejemplo, recuerdo que en La casa verde de Llosa, solo subrayé una línea para utilizarla como epígrafe en algún texto para mis alumnos de la universidad.

Debo ser sincera, compré esa nueva copia del libro un sábado en la tarde. Caminaba hacia el supermercado y pensé: Diablos, debo comprar un libro antes de acabar con todo el dinero en comida y cigarrillos. Entré a la librería Galara, pregunté por Los detectives salvajes de Bolaño. Sé de quién es, dijo el vendedor con mirada templada y puso a la bestia indómita sobre el mostrador. Bueno, lo empezaré de nuevo, qué más da, me dije y lo pagué. Al volver a mi apartamento desempaqué los víveres y mi libro. Comí una mandarina mientras calentaba el café que tenía preparado en la olleta hacía dos días. Me senté en una butaca, que fue lo único que saqué de casa después de mi divorcio, ni un solo libro quedó conmigo. Serví la taza de café.

Encendí un cigarrillo Pielroja y comencé a leer. No podía dejar de pasar las páginas con la necesidad de terminarlo una vez más. Leí. Fumé. Hasta que por la ventana, una brisa se entregó a mi sala y me hizo crujir de escalofrío. Agarré el celular, eran las tres de la madrugada del domingo. Sobre el cenicero estaban tirados los gajos de mandarina y las colillas de cigarrillo manchadas de color naranja, la ceniza profundamente negra como un fétido pozo. ¿Quién diablos puede leer tanto tiempo sentado en una butaca?, pensé. Me levanté de la dura silla. Preparé más café. Miré el libro, ansiosa. Puse mi culo adormecido en el sofá de cuero, abrí mi libro y en él aré los párrafos y fui sembrando el tiempo. Debo ser sincera, el domingo no hice nada además de leer, fumar, comer mandarinas y levantarme para ir al baño. Creo que llovió en la mañana, olvidé sacar mi planta de primaveras al alféizar de la ventana. Cayó la tarde y los edificios surgieron con sus luces pequeñitas entre la niebla. Más café, cigarrillos sin filtro, mandarinas, la compasión de Bolaño con el lector, el grito largamente consumado entre esos párrafos y su muerte. Escupí las cenizas y las pepas en el cenicero. No quise soltar el libro, la angustia acrecentaba con cada final de página, las historias me imantaban con un ritmo tan fulminante que apenas podía recuperar el aliento para dar otra chupada al cigarrillo. A las dos de la madrugada del lunes tuve que ir al lavabo para enjuagar mi rostro, debo terminarlo, recuerdo que me dije al espejo. Volví al sofá.

Llegué a la universidad a eso de las nueve y un cuarto de la mañana. El placer de terminar de leer el libro me había costado horas de sueño, me había dejado el cuerpo adolorido y un pálido rostro que mostraba dos cuencas púrpuras. Al llegar al salón, mis estudiantes me saludaron duramente porque los había hecho esperar. No tuve tiempo para preparar clases, no sabía qué tema nos tocaba en el esquema semestral. Como llevaba el libro de Bolaño conmigo, pensé en relacionarlo a mi cátedra de humanidades. ¿Qué más humano que un escritor develando sus laberintos hacia la muerte?, dije a mis alumnos. Señalé fragmentos con cintas de colores y les pedí que sacaran copias, por supuesto. Al día siguiente, me llamó el profesor de literatura y me pidió que le prestara el libro para compartirlo con sus alumnos. Solo por una clase y te lo devuelvo, dijo. Debo ser sincera, me reí en su enorme cara de berenjena. No presto libros, dije. Lo devuelvo en la tarde, por favor, dijo. Ante la insistencia de mi compañero y la mirada de los demás profesores, no vi alternativa. Le presté mi libro de Los detectives salvajes.

La primera semana no nos cruzamos por los pasillos de la universidad. La segunda semana no me contestó el celular. No quería involucrar a mis compañeros profesores en el asunto, pero en la tercera semana tuve que pedirles que intercedieran por mí, y supliqué que quien lo viera, le pidiera mi libro así tuviera que amenazarlo de muerte, bromeé, cosa que a la magister de lingüística no le vino en gracia. La planta de primaveras marchitó, olvidé sacarla a la ventana o, regarle agua.

Se fue el primer mes y nadie daba razón del profesor de literatura. Cobarde. Pregunté a los alumnos y profesores pero nadie lo había vuelto a ver, incluso en la decanatura de la facultad ya habían redactado cartas de despido por incumplimiento laboral. Extrañaba mi libro. No había otro objeto con el que me hubiese encariñado tanto. Me encontré aturdida al ver cómo una persona puede ser descarada a tal extremo. Para no devolver un libro pasadas ocho semanas, podría decirse que estaba tratando con un enfermo mental. La fiebre me subía en las noches al pensar que aquel malhechor se había aprovechado de mi confianza y, después de burlarse de mí, se había llevado mi libro, mi único libro. El chirriar de las cigarras se convertía en voces humanas que me decían estúpida, ingenua, torpe.

La madrugada de un lunes los atronadores pulsos de mi corazón me obligaron a levantarme de la cama. Busqué en la guía telefónica el apellido del cobarde para recordar la exacta ubicación de su casa, cuando encontré aquel nombre, una risa brotó de mis entrañas junto a un acceso de tos. Memoricé la dirección y salí de mi apartamento. Corrí vestida en pijama. La oscuridad, los perros, las monjas, los militares, nada me asustó al correr por las calles. Al llegar a la casa del cobarde, trepé un árbol y miré la negrura de los cuartos. ¿Dónde estará mi libro?, pensé.

Entré por una teja rota en el patio posterior de la casa. Él vivía con la mamá, todas las fotos en la sala eran de la anciana posando junto a él. Busqué mi libro en la cocina, el garaje, el comedor; nada, ni siquiera había biblioteca, ¿cómo un profesor de literatura no tiene una maldita biblioteca?, me dije, e imaginé mi pobre libro perdido entre la soledad de esa casa maloliente. Debo ser sincera, tuve miedo de subir a la segunda planta, pero estaba decidida a no volver a mi apartamento sin mi libro. Apenas terminé de subir las escaleras, la anciana se me mostró y dio un grito como si este no quisiera salir de la garganta. Vi cobardía en su rostro, la tomé por los hombros y la arrojé escaleras abajo. El sudor de mi cuerpo empapó todo el pijama. El cobarde escuchó el estruendo de los huesos rotos de la anciana y salió del baño con los pantalones escurridos en los tobillos. Su cara empalideció al verme, me dijo puta; entonces, lo tiré también por las escaleras. Debo ser sincera, gritó más agudo que la mujer. Busqué mi libro por todos los cuartos, bajo las camas, en cada cajón de cada mueble, pero no estaba. El único lugar sin revisar era el baño del que había salido el cobarde. El olor era nauseabundo. Allí estaba mi Bolaño sobre el piso. Cuando lo vi sentí pena, asco y tremenda tristeza. Debo ser sincera, vomité en la ducha. En un vaso junto al retrete tenía bolígrafos y rotuladores. Agarré mi libro y salí del horroroso cuarto de baño. Bajé y un halo de luz que daba asomo por las ventanas parecía perseguirme. El cobarde y la anciana estaban juntos uno sobre otro al final de la escalera.

Al volver a mi apartamento, mojé un trapo con vinagre y alcohol, lo pasé por cada página del libro. Enfurecí al ver los tachones y apuntes grabados. Después de planchar las hojas, encendí un cigarrillo, desnudé una mandarina, preparé café y me senté en el sofá de cuero.

 

 

©El libro de la mosca / Julio Medrano

 

2

Caminábamos por la calle frente a la iglesia Santo Domingo en busca de un par de sandalias porque ese fin de semana viajaríamos a San Andrés, yo había comprado los tickets meses atrás para que salieran más económicos.

Odio a la gente, me refiero a que cuando camino odio a la gente, se atraviesan, te golpean, pedorrean, escupen, tosen sin taparse la boca, odio a la gente en las calles; por mí, saldría a las once de la noche para hacer compras, pero en esta ciudad todo lo cierran a las siete en punto. Le pedí a, en ese entonces, mi esposa, que fuéramos a un café al Pasaje de Vargas, necesitaba un respiro.

Recuerdo que tomé su mano de dedos larguísimos y le prometí que estaría tranquilo cuando estuviéramos tirados desnudos en la playa… La tendera me interrumpió, ¿qué van a pedir?, dijo. Pedimos dos tintos y dos cigarrillos, un Mustang rojo para mí y un Pielroja para ella, no sé cómo puede fumar esa basura sin filtro. La tendera encendió el televisor, solo escuché el zumbido de la electricidad del aparato que estaba a mi espalda, colgado encima de mi cabeza. Saqué del bolsillo de mi chaqueta la lista de compras para el viaje, cuando me dispuse a leérsela a mi exesposa, vi la terrible expresión de zozobra que tenía su cara, la baba negra del tinto se le escurría por las comisuras de los labios, sus ojos estaban anclados al televisor.

Miré a los costados buscando otras reacciones, pero a ningún otro cliente parecía importar lo que fuera que se mostrara en el televisor sobre mi cabeza. Soltó mi mano para poder agarrar y dar lumbre a su cigarrillo. Tuve que erguirme y virar para poder ver. Pequeño, pequeñito, se mostraba un letrero blanco en la pantalla, y así con letras mayúsculas: HA MUERTO EL ESCRITOR ROBERTO BOLAÑO. Ella lloró, desconsolada, fumó un cigarrillo tras otro hasta que se sintió sin aire y empezó a soplar puro humo.

No viajamos a San Andrés. Nos quedamos en la ciudad a ocultar entre la niebla, la tristeza que le había producido la noticia. Pude revender los tickets a un compañero de la universidad que me ofreció la mitad de lo que yo había pagado por ellos. Ella no quiso hacer nada más que quedarse tirada en la cama. Como vi que fumaba más de lo que solía, le compré mandarinas para que sustituyera el vicio, eso dijo mi mamá, que la mandarina le calma a uno las ganas de fumar. Pero no funcionó. A mi exesposa le dio por fumar mientras se comía las mandarinas, es lo más rico que te has inventado, me dijo, y recordé que decía lo mismo cuando teníamos sexo, no pude dejar de sentirme como un objeto más de sus clichés. A la semana siguiente que ya no estaba tan deprimida (mi exesposa, porque las semanas en esta ciudad siempre están melancólicas), fuimos a la librería; quise comprarle un libro de Bolaño, y como es normal cuando se muere un escritor reconocido, las editoriales hacen todo un dineral vendiendo cuanto papel haya dejado escrito el occiso. Quiso Los detectives salvajes, por recomendación del vendedor de la Galara. Deme dos copias, dijo ella. ¿Para qué dos?, dije. ¿No se lleva tres?, dijo el vendedor. Por si alguien me lo pide prestado, dijo ella.

Al siguiente mes, compró otros dos ejemplares del mismo libro. Dijo que eran para regalar, pero nunca los regaló, ni los prestó. Los iba coleccionando, distintas editoriales, distinto idioma, no le importaba otra cosa sino comprar esos libros, ese libro. Yo compraba tickets para el teatro, y ella decía: Hoy no puedo, debo leer; hacía reservaciones para el restaurante de moda en la ciudad, y ella decía: Esta noche no, sabes que soy de Bolaño. La mañana del primer aniversario de muerto Bolaño, amenazó con comprar otra copia. Debo comprar uno hoy, dijo. Ya tienes sesenta y una copias regadas por toda la casa, dije. Cuando salió del apartamento le grité por la ventana: Búscate un psicólogo, vieja loca. Ella a cambio volvió en la noche con una copia nueva entre sus brazos. Se lo rapé y lo arrojé sobre el comedor. La sacudí por los hombros, estás loca, vieja puta, estás loca, no me vas a cagar esta noche tampoco, ya compré los tickets para el cine y vamos a ir, tú y yo, dije. Pero ella se arrastró hasta la mesa del comedor, agarró su libro y empezó a destapar una mandarina. Enfurecido fui a la biblioteca y empecé a romper toda copia de Los detectives salvajes, saqué todos los otros libros de la biblioteca y empecé a arrojarlos por la ventana hacia la calle. Me imaginaba a mí mismo como uno de los bomberos de Fahrenheit 451. Esa noche decidí divorciarme y concentrarme en mi profesión de profesor de literatura. Y me largué a casa de mamá.

*  *  *

Derechos reservados
©Julio Medrano

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Tunja, 1985). Poeta y narrador. Es artista gráfico y guitarrista de «IMPALED», banda de black metal. Hizo parte del Taller de Creación literaria de la UPTC, y del Taller de Narrativa «R.H. Moreno Durán», RELATA, Boyacá.

Ha publicado los libros de cuento Arena caliente (Premio Libro de Cuentos, CEAB 2019), y Ezis (Fallidos Editores, 2019). Autor de la novela Las buganvillas del cadáver (Premio Alejandría de Novela, 2016). Cuentos suyos fueron incluidos en Árbol del Paraíso – Narradores Colombianos Contemporáneos (Editorial Común Presencia, Bogotá, 2012), en la antología de cuentos Boyacá tierra de escritores, (Editorial Corporación Alejandría, Tunja, 2017), y en la Antología I Certamen Mundial Excelencia Literaria III (M.P. Literary Edition, 2015). Poemas suyos han sido incluidos en la antología poética Colección Cosecha Boyacense (Editorial Corporación Alejandría, Tunja, 2017). Obra suya ha sido publicada en la hoja literaria Poesía UPTC, y en la revista virtual La tierra baldía. Actualmente escribe una columna de opinión en el periódico «El Diario».

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Las imágenes que acompañan a los cuentos son dibujos de Julio Medrano. Hacen parte de la primera edición de Ezis (Fallidos Editores, 2019).

 

BAJO LA SOMBRA TUTELAR DE LA NOSTALGIA – Poemas de Juan Carlos Acevedo

Foto / Archivo particular

 

De: Los amigos arden en las manos
Editorial Universidad de Caldas

 

SALMO PARA DESPUÉS DE LA GUERRA

 

Tal vez la poesía, (…)
puede ser la prueba irrefutable,
o cabeza de un prontuario definitivo
de que Dios existió alguna vez.
Héctor Rojas Herazo

Señor,

ahora somos frágiles…

los años de la derrota (aunque hayan quedado en el olvido)

habitan entre nosotros. Por eso hoy el poema es bálsamo.

Señor de los remendados,

ya no podemos elevar oraciones:

conjuros para ahuyentar enemigos y pestes,

tal vez un Poema que sirva de diálogo

para diluir tantos miedos acunados en viejas plegarias.

Señor,

como tus llagas,

las nuestras son huellas de fe en medio de la ola de siniestros.

También hemos caído y nos hemos levantado

para espantar los pájaros de la angustia

que anidan en nuestras lágrimas.

Señor de los fragmentados,

redime con tu sabia mudez a tus hombres y mujeres,

herederos del miedo,

para que la fragilidad se desvanezca y

retornen a nuestra voz y nuestros sueños

y nuestras casas las Bienaventuranzas.

Así sea.

 

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA DE LA AUSENCIA

 

Cuanto más grandes los hombres
más solos se quedan
De una canción popular

 

Viejo en tu ausencia el bueno de Dios se ha vuelto amigo. En los bares donde no entras a beber, la silla que debes ocupar se llena con tu vacío; al que ofrezco una cerveza que no bebe nunca. Entonces pido un cigarrillo que dejo encendido hasta que por completo se lo fuma tu fantasma.

Ahora que recorro restaurantes, avenidas y duermo mal en hoteles de todas las ciudades, ahora que cualquier mujer de esquina me ofrece algo más que su sexo tibio y sus senos de candil, ahora que el corazón está hecho añicos necesito de tu mano y tus palabras.

Papá, en las noches de embriaguez me hace falta tu voz ordenándome dormir. Dime quién sabe de tu pasión por el fútbol y por las novelas de vaqueros. A quién hace vibrar tu historia del carbonerito. Quién conoce tu secreto sobre el vuelo del albatros.

Hoy que la vida vuelve a sonreír quiero saber qué neblinas respiras, cuáles gotas de sudor mojan tu sombra, dónde ocultas el último cigarrillo. Quiero saber si todavía hueles la lluvia.

Es duro crecer sin ti, sin tu silbido en las mañanas cuando la cuchilla atraviesa tu rostro y el ruido de tus zapatos me despierta.

Aquí las calles de mayo siguen solas, nadie cura mis heridas de juegos perdidos, nadie remienda mis ojos al final de una amor.

Camino solo, papá, y la noche me seduce de nuevo. Mañana te habré olvidado otra vez.

 

 

 

 

 

CANCIÓN DEL BULEVAR

Hay hombres

que se dejan seducir por las luces de neón de una avenida.

Hombres que ríen con carcajadas rotas

en medio del bulevar

porque el viento en fechoría

levanta la falda de una muchacha

fresca como mayo.

Hombres-niños

deslumbrados por los senos de candil

de una adolescente distraída.

Hombres que se piensan hombres

y reaccionan como críos ante el dolor.

 

Ellos, arrastran, por calles y teatros,

por iglesias y oficinas una sombra de derrota y amargura.

Sus gastadas voces de payaso no logran redimirlos.

Cada día rasuran su barba pobre, anudan su corbata,

limpian sus anteojos, cuidan sus bolsillos

y sueñan con la felicidad

emergida de los ojos de una colegiala.

 

Hay hombres-pájaros

-Inocentes y torpes-

que gastan su vuelo miserable

en odiar hasta la muerte al esquivo amor

que los ensombrece y los corroe.

Hombres, en fin,

que se inventan (cada tarde en la taberna)

a otros hombres más felices

para que les ayuden a engañar sus simples vidas.

 

 

 

Imagen de Michael Schwarzenberger / Pixabay

 

 

De: Noticias del Tercer Mundo
Editorial Caza de libros

 

 

LEYENDA BAJO EL OLOR DE UN PEBETERO

I

Bajo el olor agónico de un pebetero lo observo trabajar. Una canción popular vibra en la atmósfera de su taller. Las horas se pierden entre revistas de historietas y hormas y duendecillos invisibles. Mis años no suman la edad del colibrí y el letargo de febrero se hace más dulce en su compañía. El olor del cigarrillo y su voz de radio viejo me llevaban por mundos imaginarios.

Sencillo como el trigo y necesario como el pan, este hombre practica el viejo oficio de remendar nuestro calzado; el viejo e inútil oficio de prolongar nuestras huellas sobre el agua. Empeñado en borrar nuestro pasado curvó su espalda y su sombra para siempre.

 

II

Cada martes, mientras la tarde pendía de una aguja y el olor del pebetero moría sobre el cieloraso, me enseñaba el mundo mágico de los héroes de papel, abría la tapa de un baúl, que mi memoria recuerda como un cofre lleno de tesoros, y me obsequiaba una revista de aventuras. La infancia guarda secretos que la vejez reclama.

Mis zapatos escolares, los tacones de madre y un par de botas de padre eran la excusa para adentrarme en el mundo silencioso del papel y la empresa de remendar nuestros pies este hombre la ofrecía a unos dioses que yo desconocía.

 

III

Llegó el tiempo del deshielo y nuestros caminos se cortaron. Su cuerpo jorobado se evaporó tras el limpio olor del pebetero de cobre y mis huellas sobre el agua también. La infancia guarda secretos que la vejez reclama, y este hombre reposa entre hojas de papel descoloridas donde remienda desde siempre mis sucios zapatos de la escuela.

 

 

 

 

 

RÍO DE LOS MUERTOS

En el cañón es medio día. Arde febrero y con él los sueños de atarrayas. Ya se sabe la subienda no vendrá este año. El día comenzó cuando la luz implacable del verano estremeció los tamarindos, los hombres buscaron pronto herramientas y nave. Río abajo se perdieron sus voces y sus oraciones.

Cantan, beben sirope y ríen. Sus torsos desnudos rayan entre cobrizos y ocres, y sus manos -acostumbradas a lanzar y recoger- esta vez se aventuran a herir una guitarra.

La mañana se parte. Las aguas negras y los buitres dando giros infinitos presagian un mal día para los pescadores del Cauca Medio. Ya se sabe la subienda no vendrá este año.

Esas aves y sus giros concéntricos, las aguas turbias y los cuerpos de tres hombres que hinchados y sin ojos flotan por la orilla izquierda.

Otra vez la muerte viaja por el río.

Otra vez se perdió la pesca.

 

 

 

De: Los huéspedes secretos
Editorial Universidad Central del Valle

 

 

FANTASMA DEL VIENTO

Bajo la sombra tutelar de la nostalgia

veo una mano, un cuerpo arqueado, otra sombra.

Me reconozco en medio de la sala

y pienso entonces en días más felices.

Me descubro siendo el mismo hombre

que nunca ha volado y jamás cruzará el mar.

Sé que soy un aprendiz de la luz y el movimiento,

apenas un hombre de provincia

que no puede hablar de altos edificios,

de luces de ciudad,

y elegantes prostíbulos con olor a menta.

Se muy bien que las autopistas

y los vendedores de marihuana me son ajenos

y el ruido ensordecedor de la guerra me es propio

porque mis huesos hacen parte de este país de ausentes.

No conozco las montañas

ni puedo distinguir los nombres de los árboles.

Soy de pueblo,

apenas salgo al traspatio de la casa

a ver en las cuerdas de la ropa

una gota sujetarse a la vida.

Mi viaje más largo ha sido a la Plaza de los Negros

donde gentes pobres venden cuerpos y maíz.

Conozco, a ojo cerrado, los callejones de la Plaza de Mercado

sé a que huelen pisos y paredes

y puedo entrar de espaldas en la vieja biblioteca.

Soy un hombre encerrado en sus palabras.

Prisionero justo de mis miedos.

Emperador del polvo, del silencio, del ayuno.

Tomo aguardiente en cantinas

donde mi padre sentiría vergüenza

y juego el juego ruin de los reproches.

He dejado el alma en un camastro

y he besado a la belleza en los tobillos.

Soy un hombre simple

que amenaza al odio con palabras,

que sale cada día a quitar las vendas a los muertos,

a curar heridas en los brazos de mis hijos,

a limpiar cuchillos que manchan las calles

de este triste barrio de provincia.

Estoy aquí

bajo el dintel de mi puerta -sin cerrojo-

sin más amuletos que estos versos,

ofendiendo los recuerdos,

escuchando un coro de ángeles que desconozco.

Estoy aquí -Fantasma del viento-

observando en los alambres del patio

                        una gota temblar mientras se sujeta a la vida.

 

 

 

 

 

TEATRO DE LA MEMORIA

En el sueño

veo al niño que perdí un medio día de 1985

el ruido de la guerra lo ahuyentó.

Desde entonces

lo busco

envuelto en las gasas de la fantasía.

Hoy ha dejado de llorar.

Lo observo y aprendo que cada mañana.

Juega a ser feliz,

escucha la voz del latonero

cambiando golosinas por cartón

o el llanto del perro

que llega desde el solar

donde el juego y la risa espantaban brujas.

Añora la mano de Padre –para llevarlo a la escuela,

a partidos de fútbol donde nunca anotó un gol.

Esa mano

le enseña juegos, ríos, estadios, historietas

y señala sin titubear el rincón de los castigos.

 

En el álbum del sueño

la mano de Padre

se borra de las fotos donde sonrío.

Su mano señala calles que desaparecen,

altas ventanas que desdibujan las casas del sur,

y amigos perdidos bajo la luz de las luciérnagas.

 

El niño que fui

juega a ser feliz

en el álbum de los sueños.

 

Al despertar la soledad de la casa me llena de horror.

 

 

 

 

 

EL ÚLTIMO SHOGÚN 

 Haber sido otro

el hacedor de espadas

que templó el acero en la catana

para que cada hombre escribiera su historia

El viejo calígrafo

quien enseñó:

en la palabra espada

ya está hecha la espada

O

el arquero del Emperador

ese guerrero que de un tajo

dividió las almas de los hombres libres

que nacen a orillas del Shinano

El Kamikaze, un viento antiguo,

que nos salvó de una invasión

al hundir los barcos del bárbaro Gengis Khan.

Quizá

el viajero que llevó consigo los secretos de una extinta dinastía

y esparció sus cenizas en el Mar Oriental

El humilde artesano de Tokio

que en su pecho apretó la cabeza de su hijo

antes de enviarlo a morir

en la Guerra del Silencio

 

Mi destino era otro…

fui llamado Kimitake o Príncipe Guerrero

y no conocí el olor de la muerte

ni su rostro en el campo de batalla

Mi discreta labor

construir una revolución de mentiras

defender a mi país a través de la palabra

y escribir por ejemplo

                                    La vida es un baile

en el cráter de un volcán

que en algún momento

hará erupción

Ser el héroe en el seppuku

dejar correr mi sangre

envilecer la historia

fue mi tarea

A Yukio Mishima
como una reverencia a  su valor

 

 

 

 

 

AUTORETRATO A LA MANERA DE JORGE TEILLIER

 Yo también bebí oceánicamente

y busqué calor en el cuerpo de una puta.

Desperté mil veces en escalinatas y en parques

cuando el aire de la ciudad es más malsano.

Hubo noches de sexo duro,

de puños ciegos en las esquinas.

Hubo otras de fuego y agua

y de tiempo roto en los cuchillos.

Siempre estuvieron los amigos:

los de ocasión y los de hierro,

los de intereses cómodos

y los que traicionan a las ocho de la noche.

El acero de los días ya no pesa,

las noches las malgasto con mi perro.

Pocos amigos arden en las manos

cuando hoy los días son silencio.

Son más altos los árboles,

los besos de las mujeres que amé,

los ojos de los hijos

y también es alta la luz del amanecer

que rompe los huesos.

Bajo los libros veo oculta la vejez,

sobre el asfalto se hace tenue la sombra de los amigos.

Sin tropiezos veo como la noche devora estas montañas

y se atraganta de frío y de negrura.

Crece la ciudad mientras mi mano

dibuja sonrisas perdidas en barcos

que partieron antes de asegurar a

 

 

 

Imagen / Pixabay

 

 

De: Correo de la noche
Editorial Secretaría de Cultura de Caldas

 

UN TREN SILVA PARA ENCENDER LA AUSENCIA

…aquí, en la Tierra, hace mucho
comenzó a llover
y me he extraviado -como tantos-
en la soledad

Santiago Mutis

 

Rudimentario crece este amor

en el pequeño espacio que habita tu voz.

Llegas en la estación del pan,

y me recuerdas que el tiempo -ajeno y amargo-

es apenas un beso o una caricia

en medio de los sueños donde siempre llueve.

 

Rudimentario y frágil,

hecho de miedos y esperanza,

de soledades y puertos

a donde llega la noche

recordándonos

que es el último vagón de un tren

que silba para encender la ausencia.

 

Rudimentario como el canto de los niños,

como el color de las astromelias

como tu sexo tibio donde está mi reino.

Crece entre calles sin nombre,

entre gentes grises de oficina

y listas de mercado y goles en la tele.

Así,

elemental y cursi,

subordinado y lleno de costuras,

veo pasar este amor,

lo veo en el parpadeo del amanecer,

en las gotas de leche derramadas en la frente de tus hijos,

en el desespero y en el llanto

y en el silencio de la madre que eres.

 

Rudimentario como la piedra,

como el árbol primigenio de Adán,

como el agua fresca de tu vientre.

Este amor

hereje y cómplice,

compañero y verdugo

crece

mientras un tren silba

para encender la ausencia.

marras en mi puerto.

 

 

Imagen de Michael Gaida / Pixabay 

 

 

CORREO DE LA NOCHE

En las noches vacías en que regreso,
todavía, me arrepiento de haberte arrojado
tan lejos de mi cuerpo

Serrano

 

Bogotá,

el otoño se abre paso a través de la muchedumbre,

es hora del alumbramiento

y un tren herido se aproxima desde una esquina,

un tren –que es mi sombra o mi vacío- silba;

mientras una fina estela de humo me recuerda tu cuerpo,

altar donde, años atrás, oficiabas el Ritual de la Luna Llena.

Hoy es lámpara, fuego tibio para los días sin piel.

 

Esta ciudad siempre fue esquiva y hostil.

Te perdí en ella

como quien pierde la infancia después del primer beso.

 

En esta hora opaca

El Correo de la Noche trae noticias tuyas,

noticias que llegan en las voces de mendigos y de borrachos

los mismos a quienes daba un pan o una moneda.

 

Bogotá,

es la hora del deslumbramiento

y tu recuerdo viene a llenarme de preguntas,

a entorpecer mis palabras,

a hacer inútiles la música, el llanto. 

 

El Correo de la Noche trae noticias tuyas

y una llama arde en el pecho.

 

 

 

 

 

CONJURO

Contra las aves

que destrozan los cielos de abril,

escribo tu nombre.

 

Para ahuyentar esa bandada de sueños rotos

que oscurecen los días mejores,

pronuncio tu nombre.

 

Como antídoto para espantar

los pájaros de la angustia

que se despiertan en mis adentros,

canto tu nombre.

 

Al elevar una plegaria para bendecir

tu cuerpo, amado bajo la fiebre de mayo,

subrayo tu nombre.

 

Para escribir, con la tibia luz de julio,

la palabra amor,

deletreo tu nombre.

 

Frente al furioso río de los días

que desdibuja el futuro

enuncio tu nombre.

 

Cada letra, cada sílaba es un conjuro

contra la peste del olvido,

por eso hoy libero tu nombre.

 

 

 

 

 

DIARIO DEL OLVIDO

 No sé a dónde fuiste con el último estallido

 de la guerra.

¿Dónde estás?

He olvidado tu país.

Viene tu recuerdo a estropear

la débil paz en que creemos

y no puedo saber cuál es tu aroma.

Tal vez tenías una esencia andina, vegetal.

¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?

Quiero olvidar ese olor a pólvora

que mancha los días en que la felicidad

se asomaba bajo tu falda,

pero el olor de la guerra

es lo único que queda.

Con mis manos te invento

bajo un campo sembrado de café.

¿Quién me asegura que sobreviviste

 al horror?

Estoy solo y me faltas

para ir al cine, a las canchas de fútbol,

a las reuniones familiares

donde odio jugar juegos de mesa,

para ir tranquilo a la cama

y derrotar el insomnio,

para llenar mi corazón con tu sangre.

Digo haces falta.

y al pronunciar esas palabras

mis labios te reconocen y te haces lejana,

y mi sangre, que eres tú, se agita.

¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?

¿Quién me asegura que sobreviviste

 al horror?

He olvidado tu nombre,

tu aroma,

tu voz…

 

 

 

 

 

BANCO DE NIEBLA

Hay tanta neblina en las calles del pasado,

la débil lluvia que moja estas páginas

no logra desdibujar tu rostro

y una tímida sonrisa me conforta.

En la aldea donde habito

resuena tu voz

llena de versos perdidos para siempre.

No hay gritos de pájaros

ni vuelo de insectos que logren ahuyentarme.

Me quedo, sí…

me quedo recorriendo bulevares remotos

así la substancia obscura

que cubre la noche detenga mis pasos.

Dónde fuiste… dónde…

Ilusiones de músicas desconocidas

me desorientan,

estallidos de olas

contra los puertos de mis labios me lastiman,

vuelos de cenizas sobre el alto cielo

de mi pueblo me enceguecen.

Ven, aleja mis días amargos,

siembra en mi tierra tus palabras.

Vuelve a besarme

para que tu lengua de fuego

derrita para siempre

el hielo que se apodera de mi cuerpo.

Llueve sobre la ciudad,

un agua antigua

limpia tus huellas que una y otra vez recorrí

como quien busca

en las pisadas del ayer

días mejores.

Ven porque tu sombra

no responde a mi llamado,

y la neblina limita mis pasos.

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Juan Carlos Acevedo Ramos
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Manizales Colombia. Poeta, ensayista y periodista cultural. Colaborador permanente del dominical Papel Salmón del diario La Patria en Manizales y colaborador ocasional de revistas como Semana, Luna de Locos, Luna Nueva, Clave y de los periódicos Quehacer Cultural, Diario del Otún y Crónica del Quindío.  

Sus poemas hacen parte de:

El Amplio Jardín. Antología de poesía colombiana y uruguaya. (Embajada de Colombia en Uruguay. Ministerio de Educación del Uruguay. 2005)
12 Poetas Colombianos. Punto de Partida. (Universidad Autónoma de México. 2007)
Antología de Poesía Contemporánea. México y Colombia. (Cangrejo Editores. 2011)
Orizont Literar Contemporan. Rumania. (Rumania. 2014)
Alhucema 32. Revista de Poesía y Teatro. (España. 2015)

También se encuentran en las antologías de poesía colombiana:

Poetas en el Equinoccio. (Fundación Sartapalabras. Pereira 2018).
La idea que verdece (Editorial Cuadernos negros. Armenia 2014.)
El rayo que no cesa. Antología poética. (Ediciones Cuervo de Papel. Bogotá 2013)
Vive la Poesía. Poetas en la Uceva. (Universidad Central del Valle. Colección Cantarana. 2011)
Panorama Virtual de la Nueva Poesía Colombiana (Corporación Ulrika y Ministerio de Cultura de Colombia. 2009)
La música callada, la soledad sonora. (Fundación Orlando Sierra Hernández. Panamericana 2008)
Descanse en Paz la Guerra (Casa de Poesía Silva. Bogotá 2003)
Inventario a Contra Luz (Arango Editores. Bogotá 2001)
Nuevas Voces para Fin de Siglo (Epsilon Editores. Bogotá 1999).

Ha publicado los libros de poesía:

Palabras en el purgatorio (Colección Lyrica Species 1999)
Palabras de la Tribu (Editorial Manigraf, 2001)
Los Amigos Arden en las Manos (Editorial Universidad de Caldas, 2010)
Noticias del Tercer Mundo (Editorial Caza de Libros 2010)
Todos sabemos que el poeta es un fantasma (Colección Tulio Bayer 2012)
Los huéspedes secretos (UCEVA 2014)
Correo de la Noche (Secretaría de Cultura de Caldas. 2019)

Además de libros como:

Bitácora de ciudad. Crónicas. (Editorial Manigraf 2014)
Las letras que nos nombran. Historia. (Banco de la República. 2017)
Un corazón de papel. Crónicas (Secretaria de Cultura de Caldas. 2018)
Ha obtenido los Premios Nacionales de Poesía “Descanse en Paz la Guerra” Casa de Poesía Silva y el VI Premio de Poesía Carlos Héctor Trejos.

En 2015 fue finalista el Premio Nacional de Poesía que convoca el Ministerio de Cultura de Colombia con su libro Los Huéspedes secretos.

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DEL REALISMO MÁGICO AL REALISMO PAGANO (Esp./It.) – Antonio Nazzaro


Foto / ©Sandra Uribe Pérez

Durante los días 20 al 25 de mayo de 2019, se llevó a cabo en diferentes ciudades de Boyacá el Festival Internacional de Literartura «Gabriel García Márquez», que organiza la Asociación LIT dirigida por Elizabeth Córdoba Pérez. Allí se dieron cita escritores e intelectuales de diferentes latitudes, entre ellos el poeta italiano Antonio Nazzaro, y el filósofo, historiador, e investigador colombiano Isidro Álvarez Jaraba quien presentó su libro «El país de las aguas / García Márquez en la Mojana, la otra orilla de Macondo». Como sucede cuando los encuentros son verdaderos, el diálogo intelectual continúa, ahora en un texto de Antonio Nazzaro que le da otra vuelta de tuerca a las posibles aproximaciones que se pueden hacer a la obra de GABO.

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Del realismo mágico al realismo pagano

Antonio Nazzaro

El realismo mágico es una definición que permite a la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, ser parte de la cultura occidental. Esto sería posible si se logra ver a América Latina como el extremo sur de un mundo de todas formas dominado, tanto en las artes como en la política, por una visión eurocéntrica y cristiana.

En otras palabras, la magia en la visión occidental es vista como algo connatural a la superstición y no se le da, por ejemplo, un valor espiritual y profundo de la identidad de un país o de un pueblo. La definición de lo “mágico” parece tener casi la misma mirada del mundo “pre-pagano” por parte de la sociedad que en la Edad Media “interpreta” los textos de los autores clásicos como una especie de vaticinio de la llegada de Jesús. Por un lado, está la visión de la literatura clásica que le permitió salvarse de la loca censura de la Iglesia; por otro lado, está la visión que ha borrado los elementos totalmente precristianos y, por ende, nuestra visión eurocéntrica y cristiana. Cien años de soledad es en realidad un texto en el que el término real pone en evidencia una faceta central en la vida de escritor de Gabriel García Márquez: su labor de periodista.

En el libro El país de las aguas, ensayo de Isidro Álvarez Jaraba, se muestra como el Gabo vivió hasta los 24 años en varios de los pueblos que son parte de la historia de sus obras (Barrancas, Aracataca, Sincé, Sucre, Zipaquirá); cabe mencionar que dos de estos pueblos son centrales en la historia personal y literaria del autor: Aracataca-Macondo y Sucre, los cuales están presentes en las novelas La mala hora y El coronel no tiene quien le escriba. Son hechos y crónicas del tiempo que marcarán la vida del autor como, por ejemplo, la muerte real del personaje de Crónica de una muerte anunciada. En una ponencia, Isidro Álvarez Jaraba muestra el lugar del hecho y los “cambios” que el autor hace en su novela con relación a dicho personaje. La referencia a un hecho de la realidad, incluso en su recuerdo, ya tiene en sí todo el valor del oficio que ejercerá años más tarde García Márquez, como periodista y escritor.

Considerada la época y el territorio, sabemos que la presencia de poblaciones precolombinas era bastante numerosa, aunque vista como paria. Allí se encuentra no una visión mágica que viene englobada en el folclore o en un horóscopo de revista, sino en una religiosidad no cristiana, no europea, que emerge y que es parte de lo que se puede definir como la “cultura colombiana”. En este sentido, si en el recuerdo del autor se quedaron hechos asombrosos, ¿cómo es posible no percibir una referencia total al mundo precristiano hecho de valores éticos y espirituales? Cien años de soledad es la expresión de un mundo que vive el tiempo en la misma forma que los grandes clásicos precristianos como la Odisea, la Ilíada y la Eneida. Un tiempo que parece correr según el ritmo de los días pero que deviene hacia adelante y hacia atrás, dentro de otra religiosidad ajena al cristianismo y, por eso, reducida a mera superstición o magia.

El rosario de los Aureliano Buendía recuerda la memoria de la tradición oral. En ese elemento (el del rosario), la reiteración es un tópico: el uso de tantas palabras indígenas no tiene un valor folclórico sino que expresa, con vocablos, los valores y visiones del mundo que la lengua española no puede expresar porque está fuera de su registro cultural.

Si los clásicos antes citados reúnen en forma poética su mundo es simplemente porque no viven el drama lingüístico que ha provocado la conquista española en América Latina, donde a diferencia de la conquista romana que no utiliza la religión para dominar, sino su idioma, da vida a las que hoy en día llamamos lenguas romances. Lenguas que son consideradas propias, es decir, el francés, el español y otras, y no son vistas como un único registro cultural sino como un signo cultural distintivo entre los países.

En Hispanoamérica, las lenguas todavía están bajo el yugo de la definición “castellano” que ni en España sigue vigente, como si fuera una unidad lingüística y, por ende, cultural, pese a que hablar colombiano no es lo mismo que hablar argentino o mexicano. Cada una de esas lenguas está marcada por la cultura precolombina y poscolombina de una manera propia, exactamente como si se utilizara la definición en Europa de latín de Francia o de España con referencia a esas lenguas que sí tienen elementos comunes, es decir, romances, pero expresan culturas en realidad muy diferentes.

Aunque a los romanos no les importaba la religión, la conquista del imperio por parte del cristianismo (en el siglo IV con el edicto de Constantino) marca el comienzo de la destrucción y sustracción de los lugares sagrados de los precristianos. Sea suficiente recordar que Dante Alighieri será bautizado en el que antes era uno de los templos romanos dedicado a sus dioses. Lo mismo se puede decir de la Basílica de la Virgen de Guadalupe, añadiendo el hecho de que es un fraile indígena, san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en el cerro del Tepeyac, el que ve a la virgen, dando así un último golpe a las culturas paganas o precolombinas.

Quiero abrir acá un pequeño paréntesis para recordar cómo el Nuevo Testamento, en su versión aceptada por la tradición cristiana, ya engloba a Roma y a los romanos como actores que se mueven por lo menos en los evangelios, no en contra de Jesús ni en el futuro cristianismo, sino más bien en contra de una posible rebelión de los dominios romanos. En este sentido se ubica la curación del siervo del centurión, en la que un romano es el único que no pide a Jesús ir a su casa y, en cambio, afirma:

–No, Señor. No te pido tanto. Soy pagano, inmundicia para vosotros. Si los médicos hebreos temen contaminarse por poner pie en mi casa, con mayor razón será contaminadora para ti, que eres divino. No soy digno de que entres en mi casa. Si dices desde aquí una palabra, una sola, mi siervo quedará curado, porque tienes mando sobre todo lo que existe.

Es notable la frase “Soy pagano, inmundicia para vosotros”. Se trata de la destrucción del “mundo pagano” ante litteram que es dicha por quien representa uno de los elementos centrales del mundo occidental pagano, es decir, lo que llamamos el Derecho Romano que nace con las 12 tablas más o menos en el siglo V a.C.

De esta manera, podemos ver que una simple conquista basada solo en la imposición de un idioma (como la romana) no podía destruir la religiosidad y los valores éticos de un pueblo, sino crear variantes lingüísticas y culturales. No obstante, un idioma que se impone a través de su religión tiene que borrar cualquier vestigio de las culturas que la preceden y que la expresan.

Por esas razones, se quiere propiciar ese cambio de definición de realismo mágico a realismo pagano, con el fin de devolver sus valores religiosos, éticos, sociales y culturales a un mundo que no puede ser disminuido a folclore o magia, sino que cuenta con una estructura definida y propia de una visión del mundo no cristiana que perdura, de manera determinante, en los varios idiomas españoles de América.

 

©José Eusebio Posada , «Barco de vapor en el río Magdalena (1885, aprox)

 

Dal realismo magico al realismo pagano

Antonio Nazzaro

 

Il realismo magico è una definizione che permette al romanzo Cent’anni di solitudine di Gabriel García Márquez di far parte della cultura occidentale. Questo è possibile se si riesce a vedere l’America Latina come l’estremo sud di un mondo comunque dominato, tanto nell’arte come nella politica, da una visione eurocentrica e cristiana.

In altre parole, la magia nella visione occidentale è vista come qualcosa di connaturato alla superstizione e non le si dà, per esempio, un valore spirituale e profondo legato all’identità di un paese o di un popolo. La definizione di “magico” sembra avere quasi lo stesso sguardo del mondo “prepagano” della società che nel Medio Evo “interpreta” i testi degli autori classici come una specie di vaticinio dell’arrivo di Gesù. Da un lato, questa visione della letteratura classica le ha permesso di salvarsi dalla folle censura della Chiesa; dall’altro lato, questa visione ha cancellato totalmente gli elementi precristiani e quindi, ha creato la nostra visione eurocentrica e cristiana. Cent’anni di solitudine è in realtà un testo in cui il termine reale mette in evidenza un aspetto centrale nella vita di scrittore di Gabriel García Márquez: il suo mestiere di giornalista.

Nel libro El país de las aguas (Il paese delle acque), saggio di Isidro Álvarez Jaraba, si racconta come Gabo abbia vissuto fino ai ventiquattro anni in diversi paesi che sono parte della storia delle sue opere (Barrancas, Aracataca, Sincé, Sucre, Zipaquirá); bisogna ricordare che due di questi paesi sono centrali nella vita personale e letteraria dell’autore: Aracataca-Macondo e Sucre, presenti nei romanzi La mala ora e Nessuno scrive al colonnello. Sono fatti e cronache del tempo quelli che segnano la vita dell’autore, come per esempio, la morte reale del personaggio di Cronaca di una morte annunciata. In una conferenza, Isidro Álvarez Jaraba mostra il luogo del fatto e i “cambi” che lo scrittore fa nel suo racconto rispetto al protagonista. Il riferimento a un episodio della realtà, anche nel suo ricordo, ha già il valore del mestiere che eserciterà qualche anno dopo García Márquez come giornalista e scrittore.

Considerando l’epoca e il territorio, sappiamo che la presenza di popolazioni indigene precolombiane era abbastanza numerosa, anche se vista come paria. Lì si trova non una visione magica che s’ingloba nel folclore o nell’oroscopo di una rivista, ma una religiosità non cristiana, non europea, che emerge e che è parte di quella che si può definire come la “cultura colombiana”. In questo senso, se nel ricordo dell’autore sono rimasti fatti stupefacenti, come è possibile non percepire un totale riferimento al mondo precristiano fatto di valori etici e spirituali? Cent’anni di solitudine è l’espressione di un mondo che vive il tempo nella stessa forma dei grandi classici precristiani come l’Odissea, la Iliade e l’Eneide. Un tempo che sembra scorrere secondo il ritmo dei giorni ma che va in avanti e indietro, dentro un’altra religiosità lontana dal cristianesimo e per questo ridotta a semplice superstizione o magia.

Il rosario degli Aureliano Buendía ricorda la memoria della tradizione orale. In questo elemento (il rosario), la reiterazione è un topico: l’uso di tante parole indigene non ha un valore folclorico ma esprime, con vocaboli, i valori e visioni del mondo che la lingua spagnola non può esprimere perché è fuori dal suo registro culturale.

Se i classici prima citati riuniscono in forma poetica il loro mondo è semplicemente perché non vivono il dramma linguistico che ha provocato la conquista spagnola in America Latina, dove a differenza della conquista romana che non usa la religione per dominare, ma la sua lingua, dà vita a quelle che oggi chiamiamo le lingue romanze. Lingue che sono considerate proprie, come dire, il francese, lo spagnolo e altre, e non sono viste come un unico registro culturale ma come un segno culturale distintivo tra i paesi.

In America Latina, le lingue  stanno ancorasotto il giogo della definizione di “castellano” che neppure in Spagna è vigente, come se fosse un’unità linguistica e quindi culturale, nonostante parlare colombiano non sia come parlare argentino o messicano.  Ognuna di queste lingue è segnata dalla cultura precolombiana e post colombiana in una forma propria, esattamente come se si utilizzasse la definizione in Europa di latino di Francia o di Spagna in riferimento a queste lingue che sì hanno elementi comuni, come dire, romanze, ma esprimono culture in verità molto differenti.

Anche se ai romani non importava la religione, la conquista dell’impero da parte del cristianesimo (nel secolo IV con l’editto di Costantino) segna l’inizio della distruzione e sottrazione dei luoghi sacri dei precristiani. È sufficiente ricordare che Dante Alighieri è stato battezzato in quel battistero che prima era uno dei templi romani dedicato ai loro dei. La stessa cosa si può dire della Basilica della Vergine di Guadalupe, aggiungendo il fatto che è un frate indigeno, San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, nella collina del Tepeyac, colui che vede la vergine, dando così un ultimo colpo alle culture pagane o precolombiane.

Vogli qui aprire una piccola parentesi per ricordare come nel Nuovo Testamento, nella versione accettata dalla tradizione cristiana, già ingloba Roma e i romani come attori che si muovono almeno nei vangeli, non contro Gesù né contro il futuro cristianesimo ma piuttosto contro una possibile ribellione nei domini romani. In questo senso, non è un caso La guarigione del servo del centurione, dove un romano è l’unico che non chiede a Gesù di andare a casa sua e invece, afferma:

–No, Signore. Non ti chiedo tanto. Sono pagano, immondizia per voi. Se i medici ebrei temono di contaminarsi per mettere piede in casa mia, ancora di più sarà contaminante per te, che sei divino. Non sono degno perché tu possa entrare a casa mia. Se dici qui una parola, una sola, il mio servo sarà curato, perché tu hai il comando su tutto quello che esiste.

È notevole la frase: “Sono pagano immondizia per voi”. Si tratta della distruzione del “mondo pagano” ante litteram che viene pronunciata da chi rappresenta uno degli elementi centrali del mondo occidentale, ossia, quello che chiamiamo il Diritto Romano che nasce con le 12 tavole più o meno nel V secolo a.C.

In questo modo, possiamo vedere come una semplice conquista basata solo sull’imposizione della lingua (come la romana) non poteva distruggere la religiosità e i valori etici di un popolo, senza creare varianti linguistiche e culturali. Invece, una lingua che s’impone attraverso la sua religione deve cancellare qualsiasi vestigia delle culture che la precedono e la esprimono.

Per queste ragioni, si vuole propiziare questo cambiamento di definizione dal realismo magico al realismo pagano, con il fine di restituire i suoi valori religiosi, etici, sociali e culturali a un mondo che non può essere ridotto a folclore o magia, ma che conta con una struttura definita e propria di una visione del mondo non cristiana e ancora vigente in modo determinante nelle varie lingue spagnole dell’America.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Antonio Nazzaro
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Turín, Italia, 1963). Periodista, poeta, traductor, video artista y mediador cultural. Fundador y coordinador del Centro Cultural Tina Modotti. Colabora con las revistas italianas Atelier, Fuori/Asse y Laboratori Poesia. Es responsable de la colección de poesía latinoamericana de Edizioni Arcoiris Salerno. Colabora con la revista venezolana Poesía y la chilena Ærea.  Ha publicado, en 2013, el libro Olor a, Turín Caracas sin retorno (en italiano y español) y Appunti dal Venezuela. 2017: vivere nelle proteste, ambos libros por Edizioni Arcoiris Salerno. Ha publicado dos poemarios: Amor migrante y el último cigarrillo/Amore migrante e l´ultima sigaretta (RiL Editores, Chile; Arcoiris, Italia, 2018) y Cuerpos humeantes (Uniediciones, Bogotá, 2019). Creador y director de la colección de poesía italiana contemporánea Territorio de Encuentro, en coedición con Uniediciones Ibáñez y Samuele Editore, bajo el patrocinio del Instituto Italiano de Cultura en Bogotá.

Como traductor, estuvo a cargo del libro del poeta argentino Juan Arabia, edición bilingüe, Il nemico dei thirties (Samuele Editore, 2017); La noche/La notte, de Dino Campana (Edicola Ediciones, Chile, 2017); La lengua incansable/a lingua instancabile. 10 voci contemporanee della poesía italiana (Samuele Editore/Buenos Aires Poetry, 2018); Hotel la noche/Hotel la notte de Alessandro Moscé (Buenos Aires Poetry, 2018); la antología de poesía colombiana Generación sin nombre (Arcoiris, Salerno, 2018); Tierra y mito de Umberto Piersanti (Uniediciones, Samuele Editore, Bogotá, 2019). Este año será publicado, en colaboración con Pro Helvetia y RiL Editores, la traducción del libro de Fabiano Alborghetti Ecuación de la responsabilidad; y también el libro Olimpia de Luigia Sorrentino, por RiL Editores. En la India, acaba de recibir el Naji Naaman literary prizes 2019, el premio por la mejor obra social con el libro: Appunti dal Venezuela. 2017: vivere nelle proteste.

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(Torino, Italia, 1963). Giornalista, traduttore, poeta, video artista e mediatore culturale. Fondatore e coordinatore del Centro Cultural Tina Modotti. Collabora con le riviste italiane Atelier, Fuori/Asse e Laboratori Poesia. E’ responsabile della collana di poesia latinoamericana di Edizioni Arcoiris Salerno. Collabora con la rivista venezuelana Poesía e la cilena Ærea. Ha pubblicato, nel 2015, il libro Odore a, Torino Caracas senza ritorno (in italiano e spagnolo) e Appunti dal Venezuela. 2017: vivere nelle proteste, entrambi i libri pubblicati da Edizioni Arcoiris Salerno. Ha pubblicato due silloge: Amor migrante y el último cigarrillo/Amore migrante e l´ultima sigaretta (RiL Editores, Cile; Arcoiris, Italia, 2018) y Cuerpos humeantes/Corpi Fumanti (Uniediciones, Bogotá, 2019). Creatore e direttore della collana di poesia italiana contemporanea “Territorio de Encuentro”, in coedizione con Samuele Editore e Uniediciones Ibáñez, bajo el patrocinio dell’Istituto Italiano di Cultura a Bogotá.

Come traduttore, ha tradotto il libro del poeta argentino Juan Arabia, edizione bilingue, Il nemico dei thiirties (Samuele Editore, 2017); La notte/La noche, di Dino Campana (Edicola Ediciones, Cile, 2017); La lingua instancabile/La lengua incansable. 10 voci contemporanee della poesia italiana (Samuele Editore/Buenos Aires Poetry, 2018); la antologia della poesia colombiana La generazione senza nome/ Generación sin nombre (Arcoiris, Salerno, 2018); Tierra y Mito di Umberto Piersanti (Uniediciones, Samuele Editore, Bogotá, 2019). Quest’anno verrà pubblicata, in collaborazione con Pro Helvetia e Ril Editores, la traduzione del libro di Fabiano Alborghetti, Equazione della responsabilità. In India, ha appena ricevuto nel Naji Naaman literary prizes 2019, il premio per la migliore opera sociale con il libro: Appunti dal Venezuela. 2017: vivere nelle proteste.

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Las imagen que acompaña al presente texto, «Barco de vapor en el río Magdalena», es del pintor colombiano José Eusebio Posada, quien nació en Ocaña, Norte de Santander, en 1856 y murió en 1889.

 

 

OTRA ORILLA DEL SUEÑO – Poemas de Hernando Guerra Tovar


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

 

 

MEMORIA

A mi madre

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno, tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda. Memoria erguida en una garza.

 

 

 

 

 

PUENTE

Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos. Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas. Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano. Es ahora que despierta la vigilia.

 

 

 

 

 

NOCHE DEL CAMINO

Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego

Noche del camino

Apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ANTICUARIO

A Jorge Eliecer Pardo

El tiempo resbala, escapa
por entre los curtidos dedos del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
tasa el polvo que cubre su existencia
Risa y llanto de lejanos dueños habitan este mueble
tenue luz de hogar se agita en esa lámpara
imagen de la niña que fue
en el espejo
El piano recorre, discurre
por notas de Chopin o de Beethoven
y la tienda se puebla de ausentes
Hay un lugar dispuesto para todos
en el comedor de cedro
donde cenaron los héroes
antes y después de las batallas
Hálito de vida en cada cosa
respiración, vaho, latido
desfile de siluetas invisibles
siglos que observan en la sombra
Un concierto de voces y murmullos
asalta cada noche la tienda del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
mide la herrumbre que calla su silencio
Allí los estribos con aire de galope
los floreros de Eros o Thanatos
la máquina en que el poeta escribiera
nocturnos memorables
los jarrones de plata, los pebeteros
los candelabros
la silla de Van Gogh
que contiene el mundo
El tiempo resbala, escapa
Candil que alumbra los rincones de la infancia
¿dónde el baúl en que Abuela
atesoró sus más íntimos
recuerdos?

 

 

 

 

 

ARCANO

Dueños del cuchillo y de la herida, llevamos un crimen en la traición, en la voz apagada. En el juego de la vida, cada cual guarda su as, su comodín. Arcano del silencio, ave nocturna, guardián de lo indecible.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ALBEDRÍO

A Andrés Matías

De los escombros elige el que te guste
Hay azules, cielo despejado
para aquellos que sueñan paraísos
donde la luz no alcanza
Hay verdes, como el vientre del bosque
colmados de hojas y de alas
Los hay rojos como la espina
la gota de polvo o de fuego
en cada verso, en todo vino
De los escombros elige el que te guste
Hay variedad de grises olor a bruma
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla
El blanco páramo
El que inventa el calor de la canícula
Puedes llevar los colores del sol y de la flor
acaso el lila, el magenta, el rosa
Puedes llevar los colores de la luna y la semilla
los oscuros colores de la tierra
Puedes llevar el amarillo dorado
como el alba o la tarde
como fruto maduro
como ese viento que danza en los trigales
De los escombros elige el que te guste
Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

 

 

 

 

FISURAS

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio. Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino que bordea las fisuras de la noche.

 

 

 

 

 

DE NUEVO

Por la escalera del deseo,
del séptimo al primer piso.
No hay daño, sólo contusión de fuego.
Ningún reproche.
Nada reclaman las esquinas,
la luz, las lámparas, los muros
que advierten las palabras.
Nada dicen la escalera, el deseo
ni el recién lavado primer piso.
Ayer la conciencia destrozada,
dolor de filo, altar de miedo,
ensimismadas siluetas en la noche.
De nuevo la caída.
Por la escalera de la culpa siete pisos,
buscando la inocencia.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

El viento no borra la huella
cada paso acude al reencuentro

Caminos sin rumbo en siglos de color
altares simulados al hilo de la llama

Afuera el cielo no responde
en rituales de espacio
y de tiempo se diluye

Lágrimas de luz en batallas de ausencia
hebras de piel como signo
adheridas al origen

Afuera el paraíso no responde
habita entre dos voces
verdad o ilusión

El viento no borra la huella
cubre de polvo
la mirada

 

 

 

 

 

PROLONGADO RESBALAR
ES LA CAÍDA

nada es súbito
ni caer ni ascender

ascender es comprensión
forma de estar en el vacío
tentación de ser abajo

felicidad no es equilibrio

¿quién niega acaso
la paz de resbalar
el riesgo amoroso de caer
la tentación de no ser
la dicha del vértigo
la alegría de no estar?

               ¿quién dijo
    que el poema
    se escribe
arriba?

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

SI REVELACIÓN O DELIRIO

si la palabra es forma
del silencio contenido

si tiempo y espacio
son la misma ilusión

si la noche proclama
tentación o certeza

si resbalar germina
la flor del precipicio

si el caer es retorno
como inicio el vacío

si revelación o delirio

 

 

 

 

 

CREER
NO ES DEL TODO CIERTO

crecer
en la sola creencia
dificulta el ascenso

creemos
tantas cosas pesadas
que la escalera
se rompe
y la caída es propicia

creer
es a veces falso

la verdad precisa
crecer
en la inocencia

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hernando Guerra Tovar
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Armero-Guayabal, Tolima, Colombia, 1954. Poeta y ensayista. Abogado de la Universidad Libre. Premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2017. Es representante en Colombia de la Unión Mundial de Poetas. Fue dirigente por varios años de una organización profesional del sector financiero. Autor de los libros de poesía: Pájaro azul, 1994; La noche del árbol, 1998; Ciega luz, 2004; Sombra embestida, 2007; En la curva del río, Antología, 2009; Tríptico de la luz, Antología personal, 2010; El tiempo que nos resta, 2014; Restauración del fuego 2016; Flor de precipicio, 2019. Incluido, entre otras, en las antologías Poetas Siglo XXI de Prometeo Madrid, 2007; Antología universal de Poesía Siglo Veintiuno de Fernando Sabido de España, 2008; Poesía colombiana Editorial el Perro y la rana de Venezuela, 2008; Revista Letralia de Venezuela, 2009; Poesía colombiana 1931-2011 de Fabio Jurado Valencia, 2011; Poetas colombianos siglo XXI Antología bilingüe (español-francés) de Myriam Montoya, París 2018; Los sueños se aman, Casa del Poeta peruano, Lima 2018; Entra – Mar, Sakura Ediciones, 2018, Su obra ha sido parcialmente traducida al francés, inglés y portugués. Respira y escribe en Bogotá.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Edilberto Sierra (Bogotá 1956). Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, y Brasil. Profesor de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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RESPLANDECER EN EL VÉRTIGO – Poemas de Sandra Uribe Pérez


Foto / ©Felipe Castaño

 

 

 

KÍNDER

Aprendí a leer
en tus ojos
que ya me desterraron

Contigo se quedaron
todas mis vocales

 

 

 

 

 

SOBRE LAS PÉRDIDAS

Inútil el vuelo de la voz
cuando su ancha desnudez
se ofrece al tacto del silencio.

Inútil el río de la escritura
su pálpito desquiciado
el aire de las palabras
y su ilación con el vacío.

Inútil permanecer en la orilla
atado a la memoria de lo que no es.
Inútil respirar lo que no existe.

 

 

 

 

 

EXILIO

I
Abatida
espero que tu sombra evapore mi sangre
y extinga
          el pedazo de alma
que manchaste con tu saliva

II
Mañana
          un sabor desnudo
acariciará la memoria de tu hambre

Sólo falta pronunciar el adiós

III
Déjame al menos tu perfume de abismos
la sombra de tus palabras

No me quites la muerte

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / «Elevación» / Light Painting 

 

 

 

 

 

BULLICIO

Sé que hay un bullicio entre el silencio. Eso lo sé. Sé que el silencio es apenas una máscara del grito. Sé que una flor estruendosa baila en sus raíces. Sé que todo el germen del lenguaje habita en el alma de lo impronunciable.

 

 

 

 

 

AIRE VACÍO

Al ausentarse de la propia sombra es posible habitar la luz. Uno se sumerge entre la niebla y habla a ciegas de las cicatrices del abismo. Se alcanza a presenciar el vacío entre los huesos. Se llega a descubrir que no es posible volver a poblar el mismo cuerpo. Se palpa la desembocadura de la herida. Se respira el olvido.

 

 

 

 

 

LAS DOS ORILLAS

Tú estás en ambas orillas
Lucía Estrada

Has entrado en el relámpago
para beber de su luz
y luego de saciarte te descubres en la otra orilla.

Sientes cómo la niebla
baja por tu garganta
y comienza a apoderarse de tus palabras.

Experimentas el esplendor
en su máximo frenesí
y te sabes poseedora de la sombra.

Entiendes que todo lo oscuro
se aposenta en tu lengua
y las voces que fluyen se emparentan con el silencio.

 

 

 

 

 

CONTEMPLACIÓN

Tendrías que habituarte a mirar las palabras
como ojos que te miran
Edmond Jabès

Qué mirada punzante

Cómo arde la lengua
cuando las palabras me miran

Y la aridez de la saliva

Y el espeso río de la voz:
la temida desembocadura del silencio

 

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / «En cuerpo y alma» / Light Painting   

 

 

 

 

 

 

DESPEDIDA

Para orquestar los cánticos del abandono
me sumo a la sílaba que calla
y hace fila ordenadamente en el podio de la muerte.
Me despido del aire,
de su áspera terquedad transparente
que no me es dado poseer.

 

 

 

 

 

SIN TIEMPO

Férrea la luz que se asoma en los ojos de la muerte,
férrea su dura caparazón, hecha de tiempo y limo,
de ebrias palabras que se aprietan entre sí,
en la hinchazón de la boca que se pudre.

No pude ver el mar,
no supe.

Y ya no hay tregua para hundirse entre las olas,
y es el agua la que cruje,
la memoria de los huesos que se aplastan en la noche.

 

 

 

 

 

LIBERACIÓN

Hay que soltar al pájaro
precipitarse
ser legión de cantos
resplandecer en el vértigo:

caer en la escritura
mientras se descifra el color de un ala muerta.

 

 

 

 

 

DESNUDEZ

No quiero
que me vean desnuda

Creerían que existo

 

 

 

 

 

PERDICIÓN

Hoy
el silencio
se pudre en la mirada.

No existe palabra
que pueda
salvarlo de las moscas.

 

 

 

 

 

©Sandra Uribe Pérez / «Construcción» / Light Painting   

 

 

 

 

 

 

COSAS DEL BRANDY

Por inventar un oasis
te conocí en una alucinación

Triste saber que no eras tú
                       sino el deseo

 

 

 

 

 

ASEPSIA

Para limpiar
mi corazón de tu recuerdo
he vaciado mi sangre

Ahora corre jabón por mis venas

 

 

 

 

 

RECETA

Cuando hierva la sangre
añadiré media culpa
          cortada en cuadritos
una taza de humo
y el recuerdo molido del último beso

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Sandra Uribe Pérez

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1972. Poeta, narradora, ensayista y periodista. Arquitecta, especialista en Entornos virtuales de aprendizaje y magíster en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado los libros de poesía Uno & Dios (Bogotá, 1996), Catálogo de fantasmas en orden crono-ilógico (Chiquinquirá, Alcaldía Municipal de Chiquinquirá, 1997), Sola sin tilde (Quito, Arcano Editores, 2003) y su edición bilingüe Sola sin tilde – Orthography of solitude (Bogotá, 2008), Círculo de silencio (Bucaramanga, UIS, 2012), Raíces de lo invisible (Popayán, Gamar Editores, 2018) y La casa, Antología (Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2018). Algunos de sus poemas han sido incluidos en las antologías Oscuro es el canto de la lluvia (Bogotá, Alianza Colombo Francesa – Famas y Cronopios, 1997), Inventario a contraluz (Bogotá, Arango Editores, 2001), Poemas a Dios (Bogotá, Planeta Editores, 2001), compiladas por Federico Díaz-Granados; al igual que en Quién es quién en la Poesía Colombiana de Rogelio Echavarría (Ministerio de Cultura y El Áncora Editores, 1998), Conjuro Capital Poetas Bogotanos (Bogotá, Común Presencia Editores, 2008), Antología Poética Entra-mar Tomo II (Bogotá, Sakura Editores, 2019), Pájaros de sombra (Madrid, Vaso Roto Ediciones, 2019), Nuevo sentimentario (Bogotá, Luna Libros, 2019) y Ellas cantan: Antología de poetas iberoamericanas (Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2019), entre otras. Su obra también aparece en diferentes publicaciones de circulación nacional e internacional. Ha sido premiada en diversos concursos literarios y periodísticos en el país y en el exterior; entre estos, fue ganadora del Concurso Nacional de Poesía “La poesía como una casa”, organizado por la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2011); seleccionada en el Primer Premio Internacional de Poesía Visual “Juan Carlos Eguillor” (Bilbao – España, 2012), ganadora del III Concurso Nacional de Libro de Poesía de la Universidad Industrial de Santander (Bucaramanga, 2012); y estuvo nominada al Premio Nacional de Periodismo CPB 2013, en la categoría de Investigación (Premio D’Artagnan, Bogotá, 2013). Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, francés, portugués y estonio. Actualmente se desempeña como docente de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca (Bogotá).

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NOS TOCAN LAS PALABRAS HONDO – Poemas de Gabriela Rosas


Foto / ©Alejandra Flores

 

 

De: La matemática de los cipreses

 

Creí en gestos
como el olor del café al atardecer
una mano junto a la otra mirando al cielo
el trozo de pan cada mañana
que un abrazo salva
del dolor de partir
y rezar por todos cada noche
guardar sus secretos
serviría

creí en el hilo del mundo y el nosotros
que las casas nunca se desploman
desaparecen
caen
pero vivir en ellas siempre es el fin de algo
en volver
para llenar mi vientre con memorias
antes del daño
en la bondad
        que viajar tal vez podría

pero se quedó mi infancia sin contar
el hijo lejos del vientre
las piernas colgando
el dolor de cabeza atado al cuello

las palabras fueron las que me negaron todo.

 

 

 

 

De: Con Truman o sin ti

 

Pasó
la calle donde fuimos fue cerrada
cantamos pájaros antes de cremarlos
las flores en el suelo
y ya
nadie nos reza
tuvimos miedo del fuego
de apagarlo
y ardimos como si fuese el fin del mundo
nada que sumar ni multiplicar
nada fue cierto
tocó esperar vestidos lo que por años desnudamos
casi sin dolor
(y no puedo borrarlo, por eso escribo)
Lo hicimos, amor
apagamos el mundo entre nosotros.

 

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Yo también me arrojé contra el cielo
sin esperar a que lloviera.
Me fui corriendo de todo el cuerpo
de toda la pulpa que te amaba.
Yo también me quedé sin ti
e hice lo que pude.

 

⊂Ο⊃

 


Yo sabía que tú no me ibas a perdonar, que amarte era prolongar el dolor, llevar la boca muerta y las manos arriba. Sabía que los helechos en mi camino estaban secos, que existen para condenarme, para que pueda caminar, poner queja de este presente, del agua en mi pecho, de lo poco en lo que creo y me basta. Yo sabía que no me ibas a perdonar, porque la sangre no era tuya, porque el pasillo a oscuras no daba a tu puerta, porque no fuiste tú quien llegó tarde, querido, a cualquier amor.

 

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Yo fui esa muchacha que diciéndote adiós decía que te amaba.

 

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Desamparo es no tener quien te desnude.

 

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Lo veo dormir. Nos tocan las palabras hondo. Nos sembramos para siempre uno en el otro.
Nadie nos salvará. Nadie puede borrarnos lo mordido, el olor a coco, los labios, los domingos.

No pudo ser.

Toda la sal del mundo cayó sobre la mesa.

 

 

 

 

Ddouk / Pixabay / Vuelo

 

 

 

 

De: Con Truman o sin ti

 

LX

El hombre se desnuda por toda la casa. Se mece, prepara el café, enciende la televisión, bebe un poco de agua. No me ama lo sé. La cena no siempre es en la boca, me cuenta su parte de la historia, se arrodilla, lo levanto, le miento, nos mentimos. Pasan dos años. El hombre llora, como un niño llora. Me niega, tres veces me niega, luego me acaricia. Vuelve con girasoles en una bolsa roja, me planta su ternura en la cocina. Lo miro, trae un caballo, sin montura, trae un caballo.
El hombre sabe que el abrazo pequeño me conmueve. Viene a decir que el mar, sus altas olas, sus orillas, no eran imaginaciones. El hombre se duerme sin dar la batalla, la noche se le quiebra junto al pecho, el pecho queda solo. No hay nada más triste que la soledad de alguien que pudo ser amado. La noche sobrevive, el hombre no, al hombre se le mueren las caricias.
A oscuras, todo es tan claro.

 

 

 

 

LXI


Un hombre grama, tempestad, lamido, mordido, besado. Un hombre deseo, mano sobre mano, un hombre mar, mar en la boca, en la mirada. Un hombre Shakespeare, Baudelaire. Un hombre diario, ventana arriba, ventana abajo. Un hombre poema y más.
Hombre fiebre, sin perros y con todos los perros. Hombre cuello, ombligo, entrepierna, hombre que me duela en la sonrisa, hombre país.
Hombre en la cabellera hablando bajito, quieto, entero. Hombre sin esperanzas y con todas las esperanzas. Hombre en la boca devorado.
Hombre en la mirada, en el pecho derecho, esperando, esperando; tronco, raíz, orilla.
Hombre en la cama desbocado.
Hombre mío.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Gabriela Rosas 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Caracas, Venezuela. Poeta. Ha publicado los poemarios La mudanza (1999) y Agosto interminable (2008) Editorial Eclepsidra; Blandos (2013) Editorial El Pez Soluble, y Quebrantos (2015), Ediciones del Movimiento. Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Juan Antonio Pérez Bonalde (1995), ganadora del Primer Premio de la Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Farías (2014) mención poesía. Ha sido incluida en numerosas antologías en Venezuela y otros países. Ha sido traducida al francés, italiano, griego, inglés, catalán, alemán y portugués. Colabora con medios impresos y digitales de Venezuela y otros países. Desde el año 2015 lleva adelante el programa Poesía en el aula, iniciativa sin fines de lucro, que busca promover la lectura de poesía en las aulas venezolanas desde temprana edad como eje transformador en la educación. Es editora del Stand Up Poetry del portal Inspirulina y de la sección de Joven Poesía de Venezuela de Letralia.  

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LA ARENA FUE MI DESTINO – Poemas de Annabell Manjarrés Freyle


Foto / ©Marlon Manjarrés Freyle

 

 

De: Óleo de mujer acosada por el tiempo, 2013  

 

NOCHE PARA DEAMBULAR

I

Óiganme ustedes los seres detrás de la pared, una coraza de tiempo y salitre los imposibilita.

Acaricio la apariencia rasposa del ser pared y acerco mi oído a la colosal estructura que da forma a esta calle sonámbula, donde los gatos maúllan como hijos tristes, donde un murmullo sobrenatural hace temblar la tierra.

Es que antes de ser arrancada ya la arena gritaba, y no ha habido piedra o moldura que calme su sollozo.

Mi mano que acaricia dialoga con los muros de hoteles restaurados. Con este portón que esconde la sombra y el helar de la noche, y con esta ventana de alma colonial enjaulada
que solo desea desaparecer.

Aquello que fue arena de río, hoy es solo una moldura muerta. Que en paz descanse con quienes una vez la levantaron.

 

II

Seres detrás de la pared, se han agrietado con el dolor del agua. Se poblaron de vientos conocidos. Un vaho extranjero les regaló la noche y el azar.

Se me han venido encima las capas de pintura que intentaron ocultar los murmullos de paredes que no saben que murieron.

 

III

Esta provincia pertenece a la eternidad. El alma de las cosas la llama. Se derrama hacia las líneas negras y regresa al nido de las maría mulatas, incapaz de desobedecer el pagamento que reza celoso por el origen.

Vuelve para no extraviarse. Vuelve para redimirse de la angustia de la flor del trébol.

Deambula y gimotea en muros republicanos,
frustrada y sin hechizo de tanto soñar en vano.

 

 

 

 

YA NO ME LEO EL TAROT

El espejismo del medio día
me demostró
que el bailarín sofocado
solo era la humedad.

Y en el sopor de la tarde pude ver
el rostro de quienes
se disfrazaron de Dios y me conjugaron.

Les manifesté mi ignorancia
como única verdad,
y me convertí
en una creyente de pacotilla.

Arruiné todas las predicciones
quemando las cartas,
de tanto barajarlas al azar.
Tomé un puñado de arena…
lo arrojé al mar.

Y la arena fue mi destino
y el mar la nada.
No tiene caso para una criatura de cristal
ver más allá de la noche.
No tiene caso.
Las espadas que me despedazaron
yacen en el suelo con mi sangre primigenia.
Una mujer ajena
es la sangre que me circula con su perfume metálico,
con su oxígeno de manantial que
no supo nombrar a las cosas.

Ya no me leo el tarot, es cierto,
porque se me hizo
destino todo aquello que quise,
junto a la suma
de palabras sueltas que
proferí irresponsable.

De lejos fueron llegando
los espejos que me agotaron
abordándome con el instante,
y sin embargo,
de la verdad del instante
no tuve más
que existencia.

 

 

 

Yexcom / Pixabay / Luces de viaje – Dubai

 

 

De: Animales invertebrados, 2017  

 

UNA SOLEDAD ANFIBIA

Una mañana puede desprender
las cáscaras de la que ayer suspiró y lamentarse bajo las sábanas.
Se pone de pie una máquina de carne sin el fantasma orgulloso,
renunciando al sueño unos minutos más
bajo las sábanas, bajo el tapete, bajo una culpa desconocida.
Al lado, en la mesa de noche,
una tacita sin té ni tinto te abre los brazos y dice:
“Sube la roca hasta lo más alto, pequeña Sísifo”.
Sabes que a nadie servirá ver una roca en la cima
pero los dioses obligan.
Sobrescribir tu nombre encerrándolo en un círculo
no devolverá a la que ayer suspiró.
Tu nombre es tu vestido,
tu apellido, tu chaqueta:
Annabell Desnuda Manjarrés Freyle.
Y, por supuesto, tus zapatos no son tu destino,
pero pueden andarlo.
Has visto adormecer el tiempo,
oh sí que lo has visto:
el cuerpo virar hacia un rincón,
en el intento de reconstruir los discursos de la que ayer suspiró.
Y quien hoy suspira suplica dormir todas las ganas de volver
y adormecer el deseo infantil
proyectado en sábanas acogedoras
e ilusiones portátiles.
Sería más fácil acostumbrar el deseo a lo próximo o aniquilarlo
para que los días de agua o de tierra sean excelentes.
Tender la cama, en todo caso,
será como vestir el nombre
de quien a solas recibe tu cuerpo.

 

 

 

 

EL CANTO DEL MINOTAURO

Ser un espejo frente a otro espejo,
la virtud de los seres infinitos.
Y juzgarse infinito en el propio reflejo
revela verdades obsesivas.

Certezas que, involuntarias,
abren puertas insostenibles
de las que solo es posible encontrar respuestas
en la generosidad de los sueños.

Es mi deber esperar a Teseo
para dormir las formas de mi angustia
y encontrar, por intuición de un dios,
la puerta de las epifanías correctas.

¡Cómo no entender que los anaqueles
son las ventanas de Creta!
Yo solo sé que es de noche porque me hago viejo
y mis ojos apenas tientan de Ariadna
su mítica belleza.

Ariadna, Ariadna:
tal vez nunca recuerdes
que fui yo el que te liberó
de los laberintos
de una biblioteca de Buenos Aires.

 

 

 

 

PANFLETO CONTRA LOS GATOS

Cuando el último bus regresa a la estación y los árboles duermen hoja abajo. Cuando las calles oscurecen y al final de la vía se escuchan aullidos. Cuando el último vago abandona la esquina y el eco canta, salen los gatos.

Salen los gatos porque aprendieron a esconderse de las manos detrás de las piedras. Porque asimilaron que escaparse a tiempo les permite regresar por el mundo de placeres que luego muerden sin elegancia.

Saben que les va mejor simulando ser mascotas que bestias de ciudad y engañando con sus auras de autosuficiencia a los cavilosos que tanto los aman.

Los gatos de las comunas y los faraónicos, los gatos nubios y los gatos arios, los gatos persas y los del mercado público: todos saben que solo tienen una oportunidad para ser gatos en la vida y hacer de este privilegio su reino de pereza.

De modo que han aprendido a vender mitos auténticos. A Neruda le hicieron creer que son fieles a su propia ficción de la cabeza a la cola.

Salen los gatos porque encubren su temor a la muerte con antifaces de selva. Detrás de la mirada desdeñosa a los perros, se excita sus celos: jamás serán tan seguros.

La vida es un abismo que los tienta, caen. Aman como temen: tal dualidad es como una bisagra áspera para lamer. No lamen rostros, pero sí amagan.

Del amor no sabemos más que mendigarlo, pero para ellos es una presa moribunda entre las patas que a veces dejan a los pies de sus humanos. Su indiferencia es la feromona que persiguen quienes confunden y estropean el amor.

A estas astucias se deben. Han evolucionado para vivir por encima de nuestros huesos: sobre los techos y sobre los árboles se reproducen, libran escandalosas batallas y mueren.

A mí, que también he confundido el amor, cualquier esquina me es seductora para doblar el espinazo y acariciar el lomo de un gato cualquiera.

Ya nada importa: los he desenmascarado. He mirado sin temblar a sus ojos de ágata y metal que perdieron a Baudelaire.

Cuando alguien aparece erizando su pelaje. Cuando una luna redonda precisa su silueta. Cuando mis noches tormentosas me predicen el desastre, salgo a las calles sin ritos ni paraguas y si un gato oscuro acecha, soy yo quien se atraviesa.

 

 

 

Didissss / Pixabay / Mandala

 

 

PEDAZOS DE HOMBRES

hombres
pedazos de hombres bajo ramajes
hombres convertidos en dolor
dolor de llanto terrible
lágrimas hervidas en su rezo agónico
pedazos de hombres en cuartas partes
la quinta parte aún llora bajo la casa
la casa no es humana
la quinta parte gritó más fuerte que la motosierra
el aparato lo inventaron los hombres
hombres con sus extremidades aún pegadas
a su tronco de árbol
los árboles han sido los primeros en conocerla
también cayeron gritando
gritaron sus hojas
gritaron sus pájaros.

Han gritado los hombres en pedazos
y la parte más oscura quedó en el ombligo de la madre
la más visceral en las sienes de la esposa
la parte más viscosa en las babas de los hijos
la más elocuente lleva mensajes de espanto
la parte desgarrada
pertenece a los amigos.

Pedazos de hombres apiñados
en las leyes de nadie
una sangre de nadie transmuta
en el espesor del muelle
en bolsas negras duermen
sus pedazos junto a las piedras
yo no los he visto
a mí me lo han contado
me lo ha contado este país
sobre esta arena
la misma arena húmeda, seca, accidentada
extendida entre animales
hasta los infiernos comunes.

Este país es una fosa común
pedazos de hombres la siembran
germinan hombres y mujeres incompletos
sus ángeles custodios han fracasado
oscuras entidades triunfaron sobre la fe
Hoy quienes los sepultan
son una procesión de rompecabezas.

En aquella casa nacieron bestias
la casa fue construida con pedazos de árboles caídos
en el mar
una mano busca a algún rostro
para cerrarle los ojos
y el barrio palafítico se avergüenza.

A mí me lo han contado
yo no lo he visto
me lo cuenta este país
antes del sueño
el infierno nacional
nuestro símbolo patrio
símbolo descuartizado en inútiles banderas
banderas divididas en dos hombres
hombres gritando Sí
hombres respondiendo No.

A los hombres en pedazos
un ave de rapiña los sobrevuela
el ave posa en el escudo nacional
nadie me lo ha dicho
yo la he visto sobre los palacios
y desde entonces
mi felicidad es discreta.

 

 

 

 

LA MARIPOSA NEGRA NO TRAJO VISITAS 

En un rincón de la casa
abandono
          mi orgullo.

Ha llegado de la calle
          esa cosa negra
y despampanante
revoloteando su herida.

Busca un rincón amable para morir,
un sitio alto donde exhibir
          su rabia y su tristura.

          Toda la cólera concebida
          se humilla ante el remordimiento
          y este lo culpa relamiendo
          la misma escena grosera.

Ha llegado de la calle
          ese ente nervioso y aterciopelado,
pero la casa está aburrida
y viciadas las supersticiones.

Nadie quiere a un orgullo herido
—musitan las paredes—
desacostumbrado al descalabro
          siempre llegará solo a casa.

 

 

 

Niekverlaan / Pixabay / Humo

 

 

 

LA POLILLA

Al extender la mano
creo estar más cerca del futuro.
El camino de la lluvia es vertical.
Cuando escampa,
me encuentro en el bosque
transparentando su olor verduzco.

El camino de la lluvia es vertical
y el barro ondula la esperma de la hierba
con un aroma intranquilizador.

Una persecución, un fracaso
me sacuden el sueño.
Cuando el cuerpo yace
—el muy tonto—
le pesan las piernas.

          Culpo a unas aguas espesas
          por esta mediocridad.

A mi espectro le es imposible huir
o sacarle ventaja al camino de la lluvia.

Pesan los párpados también
y mis manos caen
de señalar por mucho tiempo el futuro.

Antes de esta perversión,
creía en el vaho del monte
como fragancia de los astros.
Las estrellas cansadas bebiendo de la quebrada
eran un prisma verdadero
y forcejeando con la oscuridad
las más opacas sonaban como grillos.

Pero la casa se tiñó de negro.
La lluvia encontró su camino
y abrió la tierra:
uno teme caer.

Un rayito de luna se tiende en el piso
y mis pies lo encuentran:
aquí me he sentado
al llegar a un acuerdo con el miedo.

 

 

 

 

EL REINO DE LA HORMIGA

Alabemos a las hormigas, oh, hermanos míos. Alabémoslas. Evangelizadoras del amor por las migajas. Unidas dibujan una bandera escarlata. Tren rojo de angosto camino llevándose la casa hacia al centro de la tierra. ¡Aleluya! Y desde el centro escapan de la soberbia de nuestros pasos, de todo lo que la gravedad magnetiza y sabe arrastrar. Oremos, pues, por una existencia sin el pecado de sentirse individual. Sin preguntar: Padre, porqué hemos de pagar por las ambiciones de Adán, a qué se debe toda esta insignificancia, porqué has dejado que la tierra encanezca en los polos o porqué hemos sido condenadas a superpoblar el microcosmos. Y cosas así.

Oremos por la moral del enjambre, por el cielo y su lluvia de lagunas anegando la colonia: adiós universo excelso, adiós arquitectura inestimable levantada con los puños de las hembras. Alabemos a las infecundas por hacer eructar la arena. Elevemos cánticos por el fango y la madera maleable, y alabemos a las hormigas también, por ser migajas que aman, polvo hambriento cavando en los pulmones del planeta.

Cantemos. Que nuestras acciones brillen como el alma de una luciérnaga y que de nuestra voluntad obrera reencarne la humildad de los caídos. Carguemos como ellas la cruz del mundo, pedazo a pedazo, democráticamente, haciendo menos vil el peso de la experiencia. Tendamos un puente o dejemos ronchas en una piel desconocida.

Oremos: Te amo, Padre, así como aman los zánganos bajo tierra. Te alabo sin la fastidiosa porosidad de los huesos. Sin decir patria o suelo mío. Cualquier punto de encuentro es sagrado si uno de los míos me tiende la mano. Sé que con una venenosa palabra en el ojo de Goliat bastaría para quebrarlo. Perdona a tus hijas. Perdona nuestros cielos de arbustos y también perdónanos por no dejar nada al azar. Por no reconocerte en el espíritu que anima la hierba. Porque una vez dejaste caer un Marlboro encendido y la hierba sufrió, pero no dijo sálvame o me arrepiento, no dijo tampoco desolación. Aborrecimos desde entonces la palabra crepúsculo por sentirla tan lejos, tan viciada, tan carente de virilidad. Perdona a tu pueblo que aun enterrado sigue cayendo.

Alabemos, hermanos míos, a las hormigas. Salvémoslas de nuestros perdidos pasos. Entonemos perseverantes, arengas que inviten a subir nuestra fragilidad a la cuesta.

Oremos: Tal vez en el decir esté la ofensa, y en la obra en cambio todo sea más simple.

¡Alegría! ¡Alegría! hoy y siempre en el reino de las hormigas.



*  *  *

Derechos reservados
©Annabell Manjarrés Freyle 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Gaira, Colombia, 1985. Periodista independiente, poeta y narradora. Autora del libro Vía, alterna. 2+3 años de periodismo cultural (2019). Es Premio Nacional de Cuento Bueno y Breve, de la revista El Túnel de Montería, 2015, certamen que ganó con el texto “El hombre en su jaula”. Fue invitada al Festival Internacional de Poesía PoeMaRío, de Barranquilla en 2010; al Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 2016; al Festival Internacional de Poesía Nazim Hikmet, en Estambul, Turquía, 2017; y al Festival Internacional “Mihai Eminescu”, Craiova, Rumania, 2018.

Autora de los poemarios: Espejo lunar blanco (2010), Óleo de mujer acosada por el tiempo (2013), Una ciudad como Saturna (2016) y Animales invertebrados (2017). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, catalán, francés, italiano, turco, rumano y albanés, y figuran en diversas antologías nacionales e internacionales. Obtuvo el Premio Internacional de poesía Voces Nuevas, de Ediciones Torremozas, Madrid, 2018. 

⊂Ο⊃

 

ARTERIAS FUEGO – Poemas de Alejandra Cox


Foto / ©José Hernández Montenegro

 

 

HAMBRE

escruto el vacío
el fulgor
la luz palideciendo bajo mis cejas
me veo hecha cicatrices
crispada
hoja seca 
con la piel
templada a los huesos








 

MORADA

sigue nevando polvo y del armario sale el sol
los arrendajos entran bajo la puerta
brincando 
por la línea de aire
las paredes se inundan de sal

la bombilla se infla de gemidos
la cama es un temblor
un grito simultáneo que abre el silencio

 

 

 

 

 





AL BORDE

abrir la certeza de los cuerpos
ahora
labios en crescendo
ojos suspendidos
en la pausa perpetua

manos que retornan
al capullo



 

 

 

 

 

 

SICARIO

ahora me persigno
mañana mañana
el agua quema

 

 

 

 

 

 

 

 


DESPOJOS 

anoche 
sumergidos en un pantano teñido de sales
me ahogaste en el silencio

el zumbido de la estrechez
reduce los espasmos

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Femme à sa toilette, (1889)

 

 

 

 

ODA TARDÍA

fuego
bola de fuego
yema de huevo
candela

coágulo de sangre
corrida de toros
período
vida
pequeña herida

golpe
bala perdida
semen

diástole y semilla

 

 

 

 

 

 

 

 


VEINTE

sobre mi piel
nada tu aroma tibio
tinta y esencia primaria

en mi pecho danza un compás 
miro por dentro
ritual que atraviesa el umbral
y se agrieta



 

 

 

 

 


69

sumerge la punta de la lengua
corteja con fuerza desde el maxilar
justo allí hay un iceberg
y
la tierra se rasga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

yo mojada de abril
abril cargado de gritos y silencios
hoy hay fiesta
me entierro
con las flores por dentro 

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Mujer subiéndose la media (1894)

 

 

 

 

SOMBRA

no soy en el espejo 
mi rostro es un manto ácido enmudecido
mi cuerpo
un camino de despojos y memorias
impenetrable trocha

 

 

 

 

 

 

 

 

BOMBILLO ROJO

la noche
fuego en las arterias
del techo llueve calor
y la piel se tiñe en sangre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COITO

es el cuarto mes y llueve
todo se esfuma a cántaros
todo corre
moja
es el cuarto mes
y hay lava en el suelo calcinado
gotas de llovizna perlada eyaculando

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. La inspección médica (1894)

 

 

 

 

SOLA

quiero que alguien me mire a los ojos
que me diga que existo
que entienda mi miedo 
a vivir voraz 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLAGA

gimiendo derramándose y decantándose
todo en simultáneo
remolinos de fuego
y un mar de lenguas en el pecho

un dolor abierto en dos
grita adentro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PÓLVORA

me quitaron las manos
todo  
en esta selva
pervertida de dolor



*  *  *

Derechos reservados
©Alejandra Cox

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1983. Alejandra Cox es el seudónimo de Alejandra Moreno Morales. Escritora y cantante. Actualmente cursa estudios literarios en la Universidad Autónoma. Egresada del Taller de cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Participó en el XVII Encuentro internacional de poetas, Zamora, Michoacán, México, 2012. En el V Festival de poesía y narrativa Ojo en la Tinta, 2012. En el Primer aniversario de Antropoético, Bogotá 2013. En el lanzamiento de la Revista En Otro Idioma, Bogotá 2016. En Punto de Convergencia, 2017. En el Primer encuentro de Poesía Esencial No estamos solos en la tierra, Bogotá, 2017, Zeshat Ediciones y Corporación Cultural La Aldea; y en la Segunda Tertulia Palabrearte Mujeres y Poesía, 2017, convocada por la Corporación Cultural Hicha Guaia. 
Textos suyos se han publicado en la Revista Círculo de Poesía, como poeta del mes de abril de 2017, y en esta misma revista en el especial Poetas Colombianas de hoy, del mes de noviembre de 2017. Publicada por la revista digital e impresa Chontales Litterae, de Nicaragua, en octubre 2018. Participó como jurado en la categoría de Mejor producción literaria en poesía, muestra colegiada de la Universidad Minuto de Dios, 2017. Su poema Los aquellos, fue adaptado musicalmente por el cantautor argentino Claudio Bustos. 

 ⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son del pintor y cartelista francés Henri de Toulouse-Lautrec, quien en su obra representó la vida nocturna parisina de finales del siglo XIX. (Albi, noviembre 24 de 1864 – Château Malromé, Saint-André-du-Bois, 9 de septiembre de 1901).

⊂Ο⊃

 

EL LIVIANO COLOR DEL OTOÑO – Poemas de Yenny León


Foto / ©Archivo particular

 

 

 

MUJER DE AGUA

A Helena Araújo

Soy la mujer sentada
a la orilla de todos los lagos

Los restos del árbol están impresos
en las yemas de mis dedos

Me resbalo por la piel de la cigarra
Con mi delantal abanico el alma de la hoja
Cruzo mis gruesos tobillos; busco selva la luna

Me repito seis veces dentro de mí misma
en el umbral donde los mundos se funden
Creo el huevo en la mitad de dos manos
que se abrazan sin tocarse

Mientras dibujo el último círculo,
aparece una segunda vida
maraña de brazos, piernas y bocas

No tengo otro papel para escribir
que la roca sobre la cual naufrago

 

 

 

 

 

MÁS ALLÁ DEL SOL

A Herminia, In memoriam

Quizá como la muerte en los labios
la caverna se detenga

Tal vez la noche se carbonice entre tus dedos
como quien descubre en su consumación
la ventana abierta
por donde cruzan las huellas

No sé quién te ha atado en el pecho
un campanario de cenizas
ni cómo mis cabellos
están hechos de ti

Hoy te reconoce la lluvia
junto a la belleza lenta del árbol
te escoge la hoja
al convertirte en su otra mitad

se disuelve tu cuerpo en el aire
para nacer más allá del sol

 

 Marianne von Werefkin – Fall, School (Herbst, Schule), c. 1907

De Entre árboles y piedras (2013)

Yeti, no todas las palabras
condenan a muerte.
Wislawa Szymborska

la niña se hunde

en el cuarto silencio más largo de la tierra

pasa el día
encerrada en una burbuja de fuego

el yeti se sacude

hasta el círculo diminuto
deja huellas de herrumbre

la piedra calla
contra la lluvia.

 

 

⊂Ο⊃

 

cuando los días se acaben
y la hoja
ya no incube su raíz

sumergido en el reverso de las piedras
yacerá el vacío enloquecido de luz

las grandes pérdidas
harán de la montaña
su centro

como puertos sin retorno
se acogerán a la memoria
sólo para darle forma al pasado

serán tan viejas en nuestros ojos
como el destino del agua.

 

⊂Ο⊃

 

cada latido
es un autoataque:
el corazón golpea contra el corazón

con el árbol
ocurre algo distinto

su corazón
por encima del agua corrompida
es fuego meditativo
hambre congelada.

 

 

Marianne von Werefkin – The Black Women (Schwarze Frauen), 1910

Y empeñados en proteger los bosques/ olvidamos/ que
mientras quede siquiera un árbol/ sobre la superficie de la tierra
la gente morirá asesinada con palos de madera.
Ryszard Kapuscinski

 

sus raíces
maestras de la vida subterránea

su tronco
doble cuerpo, canal de otros mundos
revoltijo de ombligos que conducen
al diálogo de

sus hojas
materia oscura
puerta entreabierta al círculo
—la punta de la geometría—
esporas animales
estructura alterada
sangre seca.

 

⊂Ο⊃

 

las flores encanecen
en el invierno desmayado
tras un precipicio de cielo

el tronco de un árbol perdido
se calcina
en una lenta conspiración de sonidos

cuando el hilo de la vida pende sobre el lago
cuando los ojos sufren el hambre de quedarse ciegos.

 

⊂Ο⊃

 

es verdad lo que ocurre al amanecer
cuando mis manos tempranas
desdibujan la piedra

escucha este fuego entrecortado
con el que mi voz te llama

años de sonido
arrancados de las garras del sueño

somos sólo un árbol difuso en el espejo
que se prende
o apaga
después de cada pesadilla.

 

Marianne von Werefkin – Le Chiffonnier, 1917

 

De La hierba abre su latido (2018)

COLIBRÍ


El colibrí es la reacción de la naturaleza
ante lo que muere en el centro del árbol

su aleteo son trinos
para los pájaros carpinteros
que se trenzan con las hendiduras
en la madera

el colibrí es una sensación oculta
como un parpadeo bajo el agua
o una sonrisa ante la bala que te atraviesa.

 

⊂Ο⊃

 

el fénix
siempre ha pedido reemplazo

como la naturaleza
viaja entre las sombras
—una y otra vez—
para desintegrarse en un mar de cenizas
de donde emerge infinito
          como el resultado
de miles de huellas desechables

se ha llegado el día:
él odia hundirse solo
nunca quiso padecer
la costumbre de la resurrección

ahora su espíritu
deja de danzar en su cielo
y se pierde en lo profundo
de la llama desterrada

desaparece
          se libera
                    del hambre
de nacer.

 

 

 

 

 

EL TRUENO EN LA SIEN

Después de cierta edad
la gente se alimenta de vidas ajenas
y olvida que el trueno
aún puede hundirse en las sienes,
que el liviano color del otoño
atraviesa la mirada más aguda
y la línea que une los planetas
es un mero ejercicio de la luz.

 

 

 

 

 

RUPTURA

No llevas puesto nada encima
salvo el misterio de tu primera piel
la lección de que el tiempo
madura en el mar

mides a pasos el cielo
y moldeas con lo perdido
el pie de estrella
obligado a bajar sin calma

ninguna forma
separada al elevarse
forja el incendio

la ruptura
siempre va hacia la noche
oscureciéndose ante ti
mientras absorbe de tu boca
el gesto anudado
al sueño.



*  *  *

Derechos reservados
©Yenny León

 

NOTA BIOGRÁFICA

Medellín, 1987. Filóloga hispanista y Magíster en Escrituras Creativas. Actualmente es docente de literatura en las universidades UPB y EAFIT de Medellín. Ha obtenido varios premios de poesía: I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín (2011), I Premio Nacional de Poesía Joven Andrés Barbosa (2011), Beca de creación modalidad Poesía (2012), mención de honor en el concurso nacional “El dolor y sus trampas” de la Casa de Poesía Silva y el primer puesto en el XXX Concurso Nacional Universitario de Poesía de la Universidad Externado de Colombia. Varios de sus poemas han sido publicados en revistas nacionales e internacionales y traducidos al inglés y al francés.

Libros publicados: Entre árboles y piedras (Bogotá: Editorial Planeta, 2013), Campanario de cenizas (Quetzaltepeque, El Salvador: Proyecto editorial La Chifurnia, 2016), La hierba abre su latido (Bogotá: Universidad Externado de Colombia).

 ⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son de la pintora expresionista Marianne von Werefkin, (Tula, Imperio ruso, 10 de septiembre de 1860 – Ascona, Suiza, 6 de febrero de 1938). 

⊂Ο⊃

 

LA TRANSPARENCIA DEL AIRE – Poemas de Oscar Vargas Duarte


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

La transparencia del aire
(Poesía)
Oscar Vargas Duarte
Burdelianas Poetry Editores
Lanzamiento: abril 25/2019

 

 

 

En 1804, Alexander Von Humboldt llegó a México y la exuberancia del paisaje poblado de profusos valles, montañas agrestes y volcanes en los que todavía se conservaba el fuego primigenio, le hicieron pronunciar:
¡Viajero, has llegado a la región más transparente del aire!

Oscar Vargas Duarte, en  La transparencia del aire  retoma los caminos del asombro de aquel caminante, esta vez sugeridos por una mujer.  O, mejor, por la mujer total, territorio inexplorado que algunos poetas presienten.

El libro es, sin ambages, una declaración de amor. Al igual que Petrarca en sus Sonetos a Laura (mujer que el poeta italiano apenas vio en la iglesia, del brazo de su esposo, un viernes santo) Oscar Vargas Duarte en  La transparencia del aire  celebra a su dama, sin que le importe si ella se entera o no de esta celebración.

Estos poemas en ocasiones toman la forma de relatos, y viceversa, muy al estilo del Libro de las cosas, primera publicación del autor, dejando claro que no le interesan las fronteras entre géneros literarios.

La transparencia del aire  es un libro escrito por un hombre que ama, y lo dice, y lo canta, como un volcán.

 

 

Litoral

Quédate en el litoral.
No desembarques
evita el clamor de la tierra.
No viajes al mar extenso.
Mantente ahí, inmóvil,
en ese lugar sin niebla
donde la claridad es oscura y congela.
No te atrevas,
sé fantasma.

Quédate en el litoral.
Eres tú a quien deben encontrar sin que te muevas.
A los demás la piel los migra,
el tiempo los hereda.

 

 

 

 

 

Derrotas

Cultivé aridez en tu silencio,
fui presencia ciega ante tus ríos.

Como un sol
arrastré mi voz al lugar
en donde los tubérculos dan sus frutos
y olvidé la luz que con el aire vuela.

Construí ciudades enteras en tributo
al dios tsunamí,
a la diosa huracanada que habita en tus ojos.

 

 

 

 

 

Cierres y aperturas

Tú, juntas orillas
atas botones
das forma a lo que cierra
ocultas la página blanca
tapas la página escrita
tu piel desnuda
va
al interior de tu ropa.

Yo, en secreto,
pienso en soltar,
abrir, ver, leer,
desnudar
escribir sobre tu piel
en donde la lluvia
te come con su boca secreta.

Sin que lo sospeches,
tú cierras de ti
lo que yo
abro.

 

 

 

 

 

Contenido explícito

El único extremo que acepto es el de tu cama al amanecer.
Mis palabras batallan por adentrarse en tu geografía.
En tu boca un diccionario de voces puede leerse labio a labio, lentamente.
Mis ojos se pierden en la luz de tu escote, y mis pensamientos se van en imaginarte.
En vez de ojos tengo botones y te veo por el ojal sin hilo que me ata.
Tus senos, breves como un parpadeo, me hablan de ti.
Me cuentan todo.

 

 

©MARA / Serie «Danza silenciosa», 2018

 

 

 

Caída

Tu desnudez no abre puerta alguna.
Caes sin ser tú,
te levantas siendo tú misma.
Mi mano, mi voz, mis ojos,
son imaginados por tu nombre.
Te llamas sorpresa,
dentro de ti todo se sostiene,
incluso yo que vivo afuera.

 

 

 

 

 

Respuestas oportunas

En el comienzo era el verbo.
Yo no estaba ahí para escucharlo, pero aun así lo creo de ese modo.
Me propongo hacer lo mismo con mis palabras, dando por hecho que palabra y verbo son lo mismo.
No es la lengua un objeto amarrado, pero la suelto.
No está cubierta, pero la desenvuelvo.
Con ella encuentro la punta de la lluvia, la primera gota y digo algo.
Supongamos que digo, Buenas noches, y al unísono una costumbre me responde desde la lengua materna de quien me oye.
Es este el poder del verbo.
Eres una mujer hermosa, y sin que sea por repetición, tu sonrisa responde en tu rostro.

 

 

 

 

 

 

Prisioneros

Deambulas por las estanterías de la biblioteca hasta que te detienes en un libro de Octavio Paz.
Lees: «Si el hombre es polvo esos que andan por el llano son hombres».
Cuando hablas de poesía, te gusta jugar.
Dices: «Si la mujer es poema, esos libros están llenos de mujeres. El papel atrapa a quienes lo habitan».
Ahora caminas, en silencio, como si estuvieras recorriendo los pasadizos de una cárcel.

 

 

 

 

 

 

Ensoñación

En algún lugar de mi memoria tomas café y miras a través de una ventana.
Usas una blusa de color blanco con pequeñas nubes bordadas en hilo azul claro. Llevas en tu cuello una delgada cadena de oro con un dije que repite la forma de una manzana. Unos aretes diminutos como el dije, dan forma a un árbol que da paso a todo lo que llega a tus oídos.
Ignoras la música del lugar, escuchas el tintineo de tus dedos en la madera, sabes del sin color artificial de tus uñas.
Con tus ojos convocas la forma de un hombre invisible del que no sabes nada y lo presientes todo, no puedes esperarlo, no quieres ser la estación abandonada en el crepúsculo.
Un sorbo nuevo del mismo café le da calor a tu boca y cambia tu expresión.
Giras tu cabeza hacia un reloj que hay junto a la puerta y verificas que ya es tiempo de partir.
Te levantas, sales, te alejas de mi recuerdo.

 

 

 

©MARA / Serie «Danza silenciosa», 2018

 

 

Aprendiz

Me enseñaste a tejer para bordar tu mirada en mis ojos.
Me enseñaste a coser para darle forma a la tela con la que he de extenderte en mi memoria.
Me diste el color de la noche para agitarlo en las horas de sol y ver tus ojos.
Pusiste en mis manos el temblor de la vida, la caricia próxima y la caricia perdida para que comprendiera que todo comienza en la danza.
Así, me has estado enseñando la vida.

 

 

 

 

 

Silencioledad

Ves el libro,
preguntas su contenido:
en él estás tú, solo tú.
Lo abres,
nada en él,
eso es todo,
hojas blancas,
sin palabras,
sin trazos.
Explico:
caigo en tu “silencioledad”
para encontrarte,
hojas blancas,
llenas de ti
porque no estás.

 

 

 

 

Vacío

Te ves igual a esos lugares en donde se pone el sol y la madrugada se espanta al verse en los ojos de quienes madrugan.
Te ves así cuando me preguntas acerca de mañana y no sé qué responderte.
Preguntas de nuevo y el vacío nos circunda.

 

 

 

 

Viaje

Durante toda la mañana he pensado en ella.
He trazado la forma de su rostro, de su sonrisa, de sus ojos.
He visto la manera en que con una tela hace una moña en su cabello.
He escuchado su voz y he enumerado las palabras que más usa.
He recorrido la constelación en la que el azar ha dispuesto sus lunares.
He sentido, como mías, sus cicatrices, el inexacto orden de una y otra de sus fatigas.
He estado aquí en el mismo lugar desde donde abarco la mañana con mis ojos,
yendo tras ella.

 

 

 

 

Miedos

Me aproximo a su existencia desde una canción, una de preguntas sin respuesta.
Me acerco a ella tras las hojas de una novela de suspenso recién empezada.
Me reencuentro con su piel cuando tiendo la cama y un delgado imposible tiembla al pensar en el camino que tendremos que recorrer para juntarnos.

 

 

 

 

 

Juegos de azar

Sabes que los dados están cargados a tu favor.
Sabes que jugamos al amor con las cartas marcadas.
Te quitas la ropa y sobre la cama
lo apuestas todo.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Oscar Vargas Duarte
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Vélez, Santander, 1971. Poeta y narrador. Ingeniero de sistemas egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado el “Libro de las cosas” (Seshat, Bogotá, 2017 – Uniediciones, Bogotá, 2018), selección de textos de difícil clasificación en donde se amalgaman la poesía, el aforismo y el microrrelato.

Incluido en Depredación, antología inusual de cuento colombiano contemporáneo (Uniediciones, Bogotá, 2018), y en Desde estos tejados, antología de poetas hispanoamericanos.

Colabora en la sección de cultura del periódico mexicano Lector 24. Textos suyos se han publicado en los portales de Letralia y Burdelianas Poetry. Egresado del Taller de Cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Es cofundador de la iniciativa cultural Ciclos de poesía en los bares de Bogotá. «La transparencia del aire» es su primer libro de poemas publicado. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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SEÑORA MUERTE – Dos microrelatos de Jorge Guaneme


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

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 LAS CENIZAS DEL ABUELO

Después de varios meses de torturas, médicos, especialistas y enfermeras, el abuelo por fin descansó. La familia acordó cremación, claro, después de rendirle los homenajes que se merecía, sin olvidar lo concerniente a misas  y responsos.

Para cumplir con su último deseo, toda la familia fue a enterrar sus cenizas bajo el árbol que él había sembrado cuando era joven, allá, en su finca natal.

Catalina, su nieta, estudiante de medicina, estuvo muy al tanto de la evolución de la enfermedad, primero para cuidar al viejo y segundo para aprender un poco más.

Una semana después del entierro de las cenizas, Catalina se reintegró a sus prácticas en el hospital universitario.

En una de sus clases, en la morgue, tenían que realizar una auscultación. A petición de los estudiantes esta práctica se hacía cubriendo el rostro del cadáver con una toalla, pues no querían que los ojos fijos del muerto los perturbaran mientras le abrían el vientre. Así se hizo también en esta ocasión. Catalina estaba insertando el bisturí en un costado y por accidente alguien movió la toalla dejando al descubierto el rostro que no querían ver. Catalina lo vio, soltó el bisturí, y se desmayó.

El médico y algunos estudiantes se rieron. Suele suceder, dijo el médico, ellas son más propensas  a estos nerviosismos.

Y mientras le daban primeros auxilios a Catalina, el médico insistió en que era preciso esforzarse en superar esos melindres, ya que durante toda su vida profesional tendrían que vérselas con muertos.

Con un pañuelo sobre la nariz, impregnado con éter, al fin Catalina regresó a la vida y con voz apenas audible, dijo: El que está sobre la mesa es mi abuelo, el mismo que incineramos hace una semana y cuyas cenizas descansan debajo de un árbol.

 

 

Michael Gaida / Pixabay

 

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MUERTA ANTES DE TIEMPO


Nadie se muere en la víspera, sino en el día que le toca, eso dicen, pero no siempre resulta cierto. Catalina Herrera murió diecinueve años antes del día que le tocaba.

Sin saber cómo apareció muerta ante la Registraduría Nacional y ella, que ya había cumplido 83 años, se la pasó casi dos décadas tratando de demostrar que estaba viva.

Necesitaba atención médica pero no podía recibirla por su oficial condición de muerta. Después de mucho papeleo, entrevistas en radio y televisión, testigos, y constancias de médicos y siquiatras al fin le creyeron y Catalina Herrera regresó a la vida. En la Registraduría le entregaron una contraseña que así lo demostraba. Ahora sí podría recibir los servicio de salud que tanto necesitaba.

La emoción fue tan intensa que pocos días después, en una celebración con sus más allegados, murió de conmoción cerebral y paro cardíaco.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Jorge Guaneme
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Simijaca, Cundinamarca, 1945. Escritor y crítico literario. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Tiene un Master of Arts en Sociología de la Literatura de la Universidad de Essex, Gran Bretaña.

En 1993, con su novela “La máscara y el espejo”, obtuvo el Premio Nacional de Novela Plaza & Janés. En el 2001 la Editorial Aurora publicó «La trampa del deseo», su segunda novela.

Les invitamos a visitar su WEB

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DELIRIO – Un cuento corto de Tatik Carrión


Foto / ©Yadira Aldana

 

A la mujer le dolía tanto la cabeza que se le estalló. El ruido fue parecido a la explosión de un globo inflado con helio. El cuerpo inerte cayó. En el aire, las palabras y las imágenes flotaban. Eran muchas, todas las que guardaba desde pequeña.

Las personas que estaban en la plaza principal quedaron sorprendidas. Algunas se asustaron y salieron a correr; otras agrandaban los ojos para ver más allá de las visiones, y pocas, con seguridad y éxtasis, caminaron con pasos firmes hacia la magia flotante del corazón femenino que se abría como para el amor.

Un niño señaló la imagen de una muchacha elevando una cometa. “¿Qué es esto que vuela?”, dijo el niño con asombro. “No la toques”, le dijo su madre abrazándolo y acompañando ese descubrimiento que los uniría para siempre. El abuelo disfrutó viendo cómo la palabra amor se iba elevando lentamente por los árboles y luego por los cielos. Sonrió. Varios jóvenes siguieron las palabras: sosiego, pasión, locura, libertad, alegría… y desaparecieron en esa bella travesía.

Los paisajes se acomodaron como exposiciones de pintura. Los susurros enamoraron a los hombres solitarios y las canciones despertaron esperanzas en las mujeres tristes. Los olores se confundieron entre sí y se impregnaron en la piel de los habitantes que entraron en ese ensueño.

“A lo mejor esta mujer fue escritora”, se dijo un hombre que en la palma de su mano sostenía la imagen de un libro abierto. Se entregó a la lectura sin importarle los hechos alrededor.

Página a página leyó una historia en la que el viento, cantando, llevaba y traía razones de las orillas de todos los mares del universo.

Los miedos también festejaron su libertad y salieron a incrustarse en otras cabezas. El más grande se instaló en un anciano que empezó a decir que el mundo se iba a acabar y que no se quería morir. Gritó tanto que la voz se le escapó. Asustado, salió en su búsqueda. Por entre el gentío, la voz volaba libre como un pájaro que había estado enjaulado toda su vida. A lo lejos se veía un hombre mayor correr detrás de un ave multicolor por todo el pueblo, un lugar que no aparecía en los mapas. Ambos desaparecieron.

La risa y el llanto de la mujer resonaban por todas partes. Los rostros de los hombres que amó se fueron desdibujando lentamente. Primero como copos de nieve y luego como una tenue lluvia de cenizas. El olvido llegó a la misma hora de la muerte, como seguramente alguna vez le fue revelado.

El cuerpo fue robado por un mendigo, quien lo arrastró y lo puso debajo de un árbol donde se escondió con la evidencia. Le contó su vida mientras le ponía pedazos de pan en las manos.

Fue feliz por estar acompañado, se abrazó a ella y se quedó dormido tan profundamente que no volvió a despertar.

Mujeres llorando y riendo, hombres en silencio y tarareando, niños correteando imágenes como burbujas de jabón que al tocarlas desaparecen, unos danzando y otros leyendo, todos fuera de sus casas y sus cabezas: así pasaron horas y horas hasta que la nostalgia, lo más grande que tenía aquella mujer en su vida, se apoderó de todos, enmudeciéndolos para siempre.

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3deman_eu / Pixabay

*  *  *

Derechos reservados
©Tatik Carrión

 

NOTA BIOGRÁFICA

Licenciada en Lengua Castellana y Comunicación. Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos. Docente de español y literatura. Asesora en proyectos educativos, culturales y editoriales. Ha sido promotora de lectura y escritura, tallerista de escrituras creativas y gestora cultural en diferentes entidades públicas y privadas.
Escribe cuentos, poemas, reseñas, crónicas y novelas. También se dedica a la generación de contenidos pedagógicos y a la formulación de planes y programas educativos.

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APRENDIZ EN EL OLVIDO – Poemas de Yirama Castaño Güiza


Foto / ©Arturo Rivera Vargas

 

 

PRÓLOGO

No tengo la intención del desafío,
ni la premura por un juego de palabras.

No poseo el concreto de la línea en el poema,
ni la lucidez de cifras en la aurora.

No merezco un nombre que autorice
la búsqueda universal en primavera,
ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego.

No entiendo el coro de ángeles testigos
en una caída de noches anunciadas,
ni los demenciales silencios
dando el sí en mi costado.

No puedo construir la imagen
a partir del vacío con cerrojo,
ni aplaudir al inventor de la acrobacia
que finge ser bandera.

Para escribir y amar sólo mis manos.

 

 

 

 

 

 

EL CINTURÓN DE ORIÓN

Cuando se sueña
qué poco hay para perder.

En la ciudad de los juegos
las noches son estrechas,
los bares siempre están abiertos
y las calles
van formando su propio laberinto.

Las luces son intermitentes
y no permiten reconocer los números
en los que caerá el dado.

En cada lance el que apuesta
siempre olvida alguna cara
y el repartidor de vida
mostrará sus manos.

Al amanecer, los asesinos se recogen en sus casas
y nada queda en la memoria
ni siquiera el fluido
que se llevan las heladas.

 

 

 

 

 

 

SECRETO DE MEDIODÍA

Profeta:

Silencios en la sombra
regalan adioses a los duendes.
Presagios con turbante
vienen lento
y arrastran contra sí las dimensiones.

¿Te llevas el asombro?
¿Te lo llevas?
¿Y la validez de la noche sombría?

El tiempo suele robarse las heridas
pero yo te advertí
que soy aprendiz en el olvido.

Nunca te he dicho que el resplandor de los azares
horada sin embargo mis mañanas
y las fiestas que a veces ofrezco en tu nombre.

Recuerdo, por ejemplo, que existen días
en que llevo báculo, saxo y tambores
cuando dirijo la orquesta con los hombros.

Construyo sueños en los arrabales
y bamboleo los crescendo, menguantes y altibajos
que mandaste a perecer conmigo.

Debo agregar,
que en medio de la luz hago la venia con Charlot.
Me visto de negro.
Doy tres pasos
y te sonrío con orgullo de pionera en estas lides.

Qué te parece, viven los secretos.

 

 

 

©Rafael Dussan / Algo en común – Acrílico y carboncillo sobre tela – 50 x 70 cm. Colección particular

 

 


ALETEO EN EL LUPANAR

En la tierra –vientre-
un montón de amores

El velorio de su piel nace en un adiós

Secreto de alfiler para un solitario encuentro

Retorno a la caída de la luz
donde estrellados yacen los espías del olvido

Mariposa,
acepta ser la esclava de tu propia noche

Levanta a los lisiados de tu vértigo.

 

 

 

 

 

 


ODISEA DEL GUERRERO

Adentro del corazón suena la campana.
Alguien que no duerme,
habita el cuerpo del intruso.
Después de crear los intentos,
el otro sale a caminar,
invade el terreno de la piel.
No hay una frase para describir la salida,
el paso largo hasta el extremo.
Un ligero corte,
preciso desborde del sueño.
Lo real adquiere el color del muro que traspasa.
Al silencio, agregó la palabra.
Esclavo del ensayo,
sentado en un cuarto sin luz
regresa al fondo.
Al espacio que es, no se le abandona.
Ayer, le pertenecía al diferente.
Así vive compañero de él mismo.
Alquilado por dos.
El que fue,
ya no vuelve,
es fantasma.
El inmortal es el reflejo de su rostro
en otros ojos.

 

 

 

 

 

 


RUMOR DE CIEGOS

Luego del lamento,
luego de la estrechez en muchos cuartos.

Aun después del ahogo en una cama,
aun después de los silencios.

Más allá de la agonía y las deudas del amor,
más allá de la frontera entre los labios.

Tarde y noche.
El feliz jinete se despide.

Ahora, en el futuro,
desprendido de la tierra,
retoma la inocencia.

Ese niño recorre los parques,
en busca del trébol de cuatro hojas.

 

 

 

©Rafael Dussan / Tipos arcaicos del poder – Acrílico y carboncillo sobre tela – 60 x 120 cm. Colección particular

 

 

 

SUEÑO DEL CÓMPLICE

Un caballo negro espera.

Aldaba del espejo,
abre ya
la puerta del otro océano.

Trampa que caza el animal equivocado.

Mis piernas ya no son, ¡galopan!

Por fin,
me atrapo
y me dejo ir.

 

 

 

 

 

 

 MALABAR EN EL ABISMO

Di mi nombre una vez
llévame, breve,
entre la seda
o la espiral hirviente.

Recorre conmigo el laberinto
para no llegar
o para fugarnos en la ceguera.

Aunque el año que nos sigue
esté tan lejos.

Deja resbalar la tristeza
mientras duermo
dócil.
Despojo anciano,
sepulcro de la culpa.

Deslízate en la cavidad de los lamentos.
Allí me encuentro.
Detenida. Pálida.
En invierno.

Toma el corcel
y busca mi disfraz.

Es preciso que te espere.
Suave, en harapos.

Al margen del poniente.

Agrega un redoble o esta noche:

La cumbre de mi sueño está nevada.
Ligera, feliz.

 

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Negociación entre el bien y el mal – Acrílico y carboncillo sobre cartón – 22 x 30 cm. Colección particular

 

 

RUMOR DEL VALLE

Cuando comencé a viajar,
no pude resistir la tentación de parar
en la estación equivocada.
Pequeño pueblo de bombilla en la escalera,
habitar cualquiera de tus casas era bailar
en una ronda de gaitas y tambores.
No importaba la lengua arenosa,
ni el calor colándose en la pared de la cocina.
Bastaban eso sí los olores de la tierra,
la lentitud descalza en el centro de la plaza.
Nadie tenía nombre
y sin embargo todos se llamaban.
Las mujeres pintaban sus labios
en punto de las seis
y los hombres aplastaban fichas
en medio de los gritos y la fiesta.
Pero un día llegaron los falsos monjes
a pintar con aerosoles
agujeros negros en tu cielo.
Pequeño pueblo,
ahora que vuelvo con el camino despejado,
ahora que la brújula señala el norte sin equívoco
hay algo que no entiendo,
todos callan
y una fila de cantadoras
con velas en las manos
alumbran la marcha
que aleja a los niños
de la prometida tierra.

 

 

 

 

 

 

 MEMORIA DE APRENDIZ

No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es dibujar la noche.
Seguir la línea de su curva,
hacia el eco común
o la profunda luz.
Tomar la imagen de su pulso.
Medir la turbulencia.
Oír su tono,
el latido de su adentro.
Habitar las estrellas que la viven.
Desnudar falsos colores
y mostrar el plateado vuelo
de pájaros fantasmas.
No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es asistir a los cortejos
con toda irreverencia.
Grabar los rostros,
vestir sus cuerpos.
Memoria de aprendiz,
la inteligencia es un juego de distancia.
Un dolor agudo.
Una irónica y sutil virtud.

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Salomé seducida – Acrílico y carboncillo sobre papel entelado – 100 x 70 cm. Colección particular

 

 

 

LA SILLA DEL PARQUE

Ocupas este espacio,
que descansa tu espalda.
Antes de ti, otros vinieron
y aunque no lo creas,
tengo memoria.
Cuando te vayas
habré guardado de ti,
la pequeña historia que relató el instante.
Sé que no te llevas nada de mí
y yo,
afortunada,
he contenido la esencia de tu espíritu.
Este parque es mío,
como yo le pertenezco,
y el tornillo que cayó
no me ha quitado la fuerza.
Tengo la suerte de habitar los cuerpos,
más no la virtud del movimiento.
Pero mi vejez es de roble
y, al final,
puedo encender la hoguera.

 

 

 

 

 

 

 

UN ÁNGEL EN LISBOA

A Fernando Garavito

Me imagino que se levanta cada día
con ganas de zumbar,
que se despliega sobre el papel
con la rabia propia
y las miradas ajenas puestas sobre él.
Me imagino que despierta
y persigue los olores más extraños,
aquellos rancios, aquellos agrios.
Me imagino que da vueltas sobre la palabra
y se posa sobre ella, multiplicándola.
Me imagino que busca la luz,
limpia sus alas,
se guarda de sí mismo
y espera el golpe por venir.
Me imagino que sigue atento,
más allá de toda sombra,
que busca los desechos,
que los lame y los escupe.
Me imagino que tiene frío
que su cuerpo ya es poema
y que la ciudad,
adoquín por adoquín,
se parece a él.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Yirama Castaño Güiza  

 

NOTA BIOGRÁFICA

El Socorro, Santander. Periodista y editora. Participó en la creación de la Fundación y de la Revista Común Presencia. Hace parte del comité asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Ha participado en los más importantes Festivales de poesía en Colombia y en Encuentros de escritores a nivel internacional. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Queda la Palabra Yo, Antología de poetas colombianas actuales. Ediciones La Palma, Colección eMe, España, 2018. Antología Poética Ventre de Lumiére, Vientres de luz, 14 poetas colombianas + Jattín, Uniediciones, Colección Ladrones del Tiempo, 2017. Corps avant l´ oubli, Cuerpos antes del olvido (Yirama Castaño, Stéphane Chaumet y Aleyda Quevedo), Ediciones de la Línea Imaginaria, Ecuador, 2016. Poemas de amor (Yirama Castaño, Josefa Parra), Ediciones Corazón de Mango, 2016. Malabar en el abismo, Antología, Común Presencia Editores, Colección los Conjurados, 2012. Memoria de aprendiz, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2011. El sueño de la otra, Colección Prometeo Serie Hipnos,1997. Jardín de sombras, 1994. Naufragio de luna, 1990. 

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Rafael Dussan. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LA TRISTEZA DEL OCÉANO SE HUNDE EN EL CIELO – Poemas de Wilson Guillermo Díaz

 

Foto / ©Arturo Naranjo

 

Del libro Las heridas del ruido
(La valija de fuego, 2015)

 

 

LAS HERIDAS DEL RUIDO

Hemos abandonado a nuestras novias
en un festín de perros degollados.
Enrique Gómez-Correa

La noche ensangrentada

duerme entre mis viejas manos.

 

Sus estrellas mutiladas

clavan en mi cuerpo

los ruidos fragmentados

desdibujados en las muros del olvido.

 

Ruidosas vienen las heridas al festín de los cuchillos tuertos.

Las bisagras de las puertas copulan ruidos arrugados,

amputados girando en la tiniebla.

 

Degollados yacen los sueños de los perros.

Degolladas corren las ansias del sexo.

 

Nuestras novias caminan de la mano

entre las cenizas polvorientas de la vía.

 

Las heridas del ruido

engendran las tristezas de los vidrios quemados.

 

Degollado camina este poema

sufriendo los ruidos heridos

de los perros.  

 

 

 

 

 

 

RÉQUIEM

 a Lêdo Ivo
In memoriam

I

Desde el océano, mis dedos lluviosos lloran.

Huyen entre la arena al convertirse en cenizas.

Otro ser de uña encarna el dolor del poema

los labios de las sílabas desembarcan hacia la otra orilla.

El viejo vidrio de mi tristeza se agita.

 

II

Ladran a lo lejos los arrecifes moribundos,

al escuchar la noticia que lanzan las piedras

ellas dicen que las nubes han muerto de un infarto.

La gaviota de las palabras, naufraga entre los desastres

en la oscuridad.

 

III

El azul difunto del océano pasea sobre sus hombros,

otro amanecer viene nadando desde lejos

trae la sonrisa avinagrada, los versos desde su lecho

del poeta que falleció con la hermosura de las lagartijas sagradas de Maceió.

 

IV

El luto de mis pies se enreda

con las huellas trazadas del viento.

La tristeza del océano se hunde en el cielo,

los cantos del murciélago al soltarse de las amarras

son heridas viajeras hacia el piélago del dolor,

cuando dejan de ser cenizas. 

 

 

 

 

 

 

©Pexels / Pixabay

 

 

 

 

 

LA LUNA ABRE LA HABITACIÓN PERDIDA

«Yo mismo me convierto en este oscuro incógnito»
Georges Bataille

Un cuerno 

                    negro

                                cuelga de su frente.

Arrastra pedazos de pestañas

                                                      que se encuentran entre los ojetes

                                                                                                                      de sus zapatos 

                                                                                                                                                   rojos.

La luna pisa un grito tembloroso

                                                                 de agujas oxidadas

                                                                                                     lanzadas hacia lo incógnito.

Las piernas enmudecen

                                           al sentir el hielo

                                                                               en la oscuridad.

El tiempo se  turba

                                                 entre sus uñas sin luna.

Espera ciega un rostro

                                            afilado, joven

                                                                                  cuando soy luna.   

 

 

 

 

 

 

 

ARTERIA 
             ARTIFICIAL

A Henry Miller y Brenda Venus

“Siempre enamorado” 
Luis Cernuda de Tiziano

 

Ella es una belleza del Sur.

Piel roja instalada en dieciséis horas

su rostro pierde la quietud en las fotografías

es la actriz dramática, atrevida, oscura.

 

En los escenarios su único ojo

baila con malvivientes que gritan su llegada.

 

Ella es arteria artificial apasionada y solitaria

de versos besos escondidos, detrás de las medrosas

tarimas de la seducción.

 

Ella es la biógrafa de tu semen

                                                                 Miller

                                                                  iluminado en la nevisca sexual del otoño.  

 

 

 

 

 

 

 

CARL SANDBURG EN LA VENTANA

 

El humo de la calle trae en los dientes

pólvora de tus ojos errantes.

 

Caminas sobre un cable extendido desde Galesburg hasta tropezar con el ruido

agrietado de mi ventana.

 

 Esquivas al conductor de leche, al ayudante en la barbería y a la terca

máquina prometiendo tiquetes sin regreso a los trigales.

 

El cuello de la camisa marcha tiznado entre las honduras de tu niñez.

 

Pistoleros, trompetistas entre la libertad de los lagartos, van pintados de calor en tu pecho.

 

El tiempo emigra.

Y las limaduras de tu viaje bailan con las heridas afiladas de mi raza.

Sombras desterradas se hospedan como cuervos inseparables en mi ventana. 

 

 

 

 

 

 

LOS CUATRO COSTADOS

A Norman Paba Zarante y María Consuelo Gracia

«Esta cama de pobre es
el lugar de nuestro amor»
Leopoldo Pinzón

 

Observo la moneda de cobre muerta sobre la mesa.

Avisa la ruina de los días.

Las palabras arrastran los anuncios

y solo el cuadro de la entrada

muestra,  su risa apolillada.

Dos cuerpos desnudos,

el tuyo, el mío, calcinan la rutina.

Las cuatro piernas cansadas de vivir

tragan la sórdida sombra y escupen la sopa de sus propios fantasmas.

Hacemos de nuestros órganos cuatro costados de la excitación,

Inflamándonos y huyendo hacia el centro de la cama, para amarnos humedecidos,

olvidados de pobreza, hasta que el agua seca del grifo se convierta en arena.

Las bocas vomitan dentro de nosotros

los meses que se oscurecen entre los dedos

bebemos sus pequeños infiernos después de besar la zozobra.

 

Odiamos las horas en que pasamos enfermos

porque los gritos sucios de la calle nos laceran.

 

La moneda regresa al cementerio

y abrazados descubrimos los colmillos huérfanos

clavados en las heridas del otro

en la noche deshabitada, entregada al silencio.

 

 

 

 

 

©Tama66  / Pixabay

 

 

 

 

CONTRALUZ

 

Las hojas desnudan el ruido azulino

la inquieta piedra cae al golpearse

contra la voz amarilla del escarabajo.

Otra mirada tacha el verde del viento

abrumado por el humo rojizo de la tierra

la piedra gira y se calienta hasta envejecer

una sombra remendada de vino se precipita en

neblina trazando un camino de plumas en

el cielo

las flores cantan entre los grillos y una mancha

de relámpago zumba en el centro de la fétida

pared

que se desploma

a pedazos.

 

 

 

 

 

 

 

LAS TINIEBLAS DE AVANTCARGA

«Sobre la cuerda no haré más el tonto»
Raúl Hernández Novás

Canta enfebrecido

                             el disparo

                             funámbulo en el cráneo de Raúl

                             aledaño al tímido ruiseñor.

                             Pronto la ávida sangre

                             alumbrara las noches.

                             de su boca saldrá el rugido de las

palabras 

                             el frío tintineara la nostalgia de las

calles

                             rebeldes en brumosas mañanas.

 

Cantan conmovidas las alas del ruiseñor

en su pecho, saltarín de trapecios

burlándose de la vida

a espalda de las tinieblas de avantcarga. 

 

 

 

 

 

 

CORTINAS PUNTILLADAS

 

Sin ninguna esperanza

la carnaza se anida

en la herida del ruido.

 

El ojo sucio sin aturdirse persigue

las patas de moscas atrapadas

                                                          en las cortinas.

 

La sombra decapitada del pájaro

rasga el infotunio de luz.

Ella, parpadea detrás  de sus vísceras.

 

Clavados los blancos

                                       huecos de la ventana

contemplan al ángel

                  masturbándose con sus alas arruinadas.

 

 

 

 

 

©Michael Gaida  / Pixabay

 

 

 

 

 

EL HELLHOLE DEL PACÍFICO
EL PUERTO DE LOS DESESPERADOS

 

«Si vives en las colinas, eres alguien,
Si vives en la parte sur o en el lugar llano
eres una basura»

Leland Kobain

 

Refugiado en el tráiler de mi abuelo.

Me inyecto la risa de las colinas.

La lluvia nace entre los rieles desheredados

        próximos a desaparecer del óxido intruso

cobrador del tiempo.

 

Aberdeen cada diez segundos es el desierto

de los desesperados, del progreso tardío

          que graba en un vinilo los gritos sumergidos

en la avenida.

 

las prostitutas ondean los sueños

entre las lámparas vírgenes del Motel.

 

           Besan las copas invertidas

al desplomarse el sol gris del puerto.

 

La cuerda desconocida de la guitarra

pierde el brillo del sonido, se azota

             con la angustia de los días vagabundos

en los autos, en el tráiler de mi abuelo.

 

en la escopeta despidiéndose del futuro

          amordazado entre los rostros flaqueados.

 

 

 

 

 

 

 

BAJO EL SOL DE BISKRA

«Te pertenezco. Te obedezco. Me abandono»
André Gide

Alguien provoca el escándalo,

turbado de Aquasanta.

 

La borrasca de los sudores nocturnos

se esclavizan en los cuerpos al descubierto.

 

La mirada riente se abandona

                                                       al deseo

cuando braman enjaulados

los invisibles fluidos temerosos

de que el sol de Biskra se apague.

 

El toque de los contornos libidinosos

Eyaculan el cielo impuro.

 

Yo

     el

        otro

                 habita en tu carne insultada

de Demonio.

 

Individualizo los rayos

quebrantados al crecer dentro de tus ojos.

 

Bajo este sol caído.

Me pertenezco

Me abandono.

 

Parásito de tus lujurias sospechosas

Envenenadas entre las fuentes mudas de la inocencia.

 

 

 

 

 

 

SIN TITULO

 

Los sonidos en la boca

son ríos secos.

 

Desaparece frente a la ventana

la pulsión de mi cuerpo.

 

Los latidos

los nervios

se hacen náufragos.

 

Los sonidos ya no son la boca

un todo solo en un muro viejo.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Wilson Guillermo Díaz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1978. Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial Domingo Atrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011, y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Fue uno de los ganadores del primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las heridas del ruido fue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Sus poemas han sido publicados en las revistas Literariedad de Colombia, y Primera Página de México. Escribe ensayos literarios para la revista Liebre de fuego de México y LSD de Uruguay.

 

⊂Ο⊃

 

DICE EL VULGO QUE LOS POETAS VIVEN DEL APLAUSO – Poemas de Omar Ortíz


Foto / ©Andrés Rozo

 

Abuela me contó una vez este secreto: “Hijo,

la luna cuando ve al sol se pone más pálida que nunca”.

De Las muchachas del circo, 1986

 

 

 

 

El de Urbina miró detenidamente al hombre

que le pedía pelear bajo su mando a nombre de

la cristiandad.

Ni la nariz, ni el brillo de los ojos

convencieron a don Diego.

El hombre más que un soldado

de sus Reales Majestades de León,

parecía un judío converso.

Mejor embarcarlo para las Indias

que arrimarlo al Mediterráneo,

pensó el de Urbina.

Lejos estaba el señor capitán de imaginar

los cien mil brazos de Lepanto.

De Las muchachas del circo,1986

 

 

 

 

Todos los carpinteros van al cielo

A Arnaldo Victoria

Y también los sastres, los zapateros, los albañiles,

las costureras, los peluqueros, los artesanos,

y  por supuesto, las putas y algunos buenos poetas.

 

Los malos poetas, en cambio,

llegan directamente al infierno

donde son condenados a construir

un único y eterno poema

que sea como Él, perfecto.

De Los espejos del olvido, 1991

 

 

 

 

Albatros

 

Frente a la ventana, el viejo marinero

Sueña las ballenas que navegan por su alma

Y que su ojo feroz no arponeó.

Su corazón es de verdad un único

Cementerio marino. No el del poema.

El que viaja en esa pequeña ola

Que rueda lentamente por su mejilla.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

©MARA / «María mulata», 2017

 

 

 

 

Amor y paisaje

 

El primer plano del cuadro

Es un  inmenso campo de caléndulas

atravesado por una vereda

que llega al pie de un añoso árbol,

¿Ceiba o samán?

En su corteza se relata

una historia de amor,

pero el amor sólo cobra cuerpo

en el eterno balanceo del ahorcado.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

 

Nocturno

 

Aquí está la memoria.

En estos libros, testigos mudos

De su blanca piel de luna, está escrita su historia.

Hay que mirar por las hendijas,

donde su sombra,

a esta hora se desnuda. Nunca se piensa

que la perfumada sábana del amor,

sea la mortaja.

Mi corazón arrastra un barrilete, como un niño

que suspende su vida en la levedad de una pluma.

Ahora, cuando la noche es más espesa

alguien arrastra el cadáver de una alondra.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

©MARA / Serie «Ruidos», 2016

 

 

 

 

El libro

 

Así como la anaconda hipnotiza a sus víctimas

(No es raro ver una mariposa estampada

en el aire

o un colibrí paralizado ante el hechizo).

El sol se detiene en el reloj de arena

y los sueños son el río que no va al mar.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

 

 

 

La barca

 

Yo, Zenon de Yampupata, salvador del poeta

y de su amada, navego el mar, espuma de oveja,

trueno de jaguar, viento de cóndor.

No sé, ni me interesa, si Odiseo es taxista en Lima

o cambista en el Cuzco.

Si Marco Polo, es un santo y seña de Sendero.

Si Colón llegó antes y después de Erik el Rojo.

No he cruzado el Aqueronte,

pero he caminado nueve montañas y nueve valles

por un puñado de sal.

Mi casa está a mitad de camino entre el sol y la luna,

es hecha de la caña que llamamos, “totora”,

y pasan por allí algunos viajeros,

(no todos, asustados musógrafos que no porfían un verso o un conjuro)

Mi barca, “El Avaroa”, es la liebre,

Aquiles, la lancha voladora del hotel de turismo.

Aún así, no sé en verdad, si pierda o gane.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

©MARA / Serie «Danza silenciosa», 2016

 

 

 

 

 

Una muchacha de San Petesburgo

 

Anna Ajmátova, casó con un poeta,

Nikolai Gumiliov, fusilado por orden de Yezhov,

jefe de policía y mal sujeto.

Su hijo, Lev Gumiliov, padeció la cárcel a los veinte años.

De ella habló mal Maiakovski

antes de suicidarse, pero le perdonamos.

Anna Ajmátova, sufrió el terror.

Compuso Réquiem para que no olvidáramos.

Pero nuestras mujeres que ven morir sus hijos,

sus novios, sus esposos, asesinados.

No pueden leer más que la lista diaria

de los muertos.

Lloran de rabia, de impotencia,

Mientras cierran la tapa de los féretros

y de su alma.

Por eso hoy les hablo de Anna Ajmátova

para que sepan que no están solas

en su congoja.

De La luna en el espejo, 1999

 

 

 

 

 

 

Héctor Fabio Díaz

 

Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,

la camisa que tanto gusta a Margarita, la del 301,

los zapatos negros recién lustrados, una pinta de hombre,

como dijo mi madre después del beso ritual de despedida

En la Kodak me tomaron la foto para la solicitud de empleo.

Pero de pronto me empujaron a un auto,

Me pusieron dos armas en la cabeza

Y acabé tirado en una pocilga

Donde me preguntaban por gente desconocida.

No señor, decía y me pegaban.

Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro, lo hacían,

como si no tuviera carne, ni huesos, ni sangre, ni alma.

Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,

ni puedo abrazar a Margarita.

Ahora soy una desteñida foto que mi madre

lleva a cuestas en plazas y desfiles.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

 

 

Marcial Gardeazábal 

 

Pertenezco a una estirpe que siempre

vive a destiempo.

Mi padre, víctima de un ataque de narcolepsia,

fue enterrado vivo.

Después del macabro hallazgo,

Mi hermano Joaquín convirtió su pesadumbre

en un  interminable monólogo con la muerte.  

Ernesto, otro hermano, virtuoso artista,

entregaba los lienzos al fuego no más eran alabados

por cualquier transeúnte.

Tío Pedro, armado de una tiza,

escribía en los muros iracundos poemas.

Y yo, el más práctico de los mortales,

me hice librero en un pueblo de analfabetas.

No se alarmen, es la saga que contará mi nieto.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

©MARA / Serie «La soledad», 2017

 

 

 

Inventario

 

Poseo

nidos de pájaros entre los anaqueles de mi biblioteca,

y un rico tiempo que los nutre.

Una brizna de hierba que me regaló una muchacha

de ojos claros.

Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz

mis aves construyen sus refugios.

Tengo también un papel que sueña ser un barco

y en él una mano desconocida escribió: te espero.

Algunos versos acompañan mis pertenencias,

pero es mejor no citarlos, pues serán otros mañana.

Hay un río, como uno de los bienes

por fuera del comercio,

nacido en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.

Además, en el marco de la ventana florece el jazmín

recordando el olor de una vieja fotografía.

Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo existe,

con su mobiliario y sus espejos,

desde el sueño donde la arena dibuja tu cuerpo.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

 

Pandi

 

Eran los años en que los sueños me habitaban.

Como el malabarista que se juega el alma

en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,

transitábamos mi madre y yo sobre los muertos

que en el día simulaban ser pájaros ciegos.

Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,

olorosas a azufre,

topábamos los límites del inframundo,

donde reinaba el jinete sin cabeza.

Mi madre, como si nada ocurriera,

iba señalando los nombres de los árboles:

éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,

el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,

y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,

gualandayes, almendros,

mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

Palabras como cárceles

 

Algunos se construyen cárceles de aire.

Si dan un paso fuera, caen en el pozo de lo ignoto.

Se aburren, pero prefieren la comodidad de sus certezas,

a la extraña aventura de la incertidumbre.

Una vetusta pátina cubre sus zapatos,

y usan capa dentro de la camisa almidonada.

Algunas palabras forman intrincadas alambradas

Sobre la inocente página.

Fueron dichas por otros,

pero el ensimismado las recoge,

las hace suyas y las va instalando con mucha seriedad

y sapiencia donde alguna vez habitó el asombro.

Como se vanaglorian de su encierro,

y son muy apreciados por las academias,

tienen asegurado el bronce y el aplauso.

De Lista de espera, 2017

 

 

 

©MARA / Serie «Ruidos», 2016

 

 

 

Sin puntos sobre la íes

 

Dice el vulgo que los poetas viven del aplauso.

Dice la élite (más grotesca que el vulgo)

que los poetas viven del aplauso.

Vulgo y élite coinciden además en sostener

que los poetas son proclives a los halagos

y a los mimos del poder.

Ambos, vulgo y élite, admiran a los poetas

porque los reciben en los cocteles sin invitación previa.

Temen su lengua y sus odios.

Todos creen que la vida de los poetas es regalada

y piensan como Platón que son mentirosos y parásitos.

Los buscan para adularlos,

pero no compran sus libros y se aburren como ostras

en sus recitales.

No perdonan, unos y otros, su desenfado,

sus excesos de alcohol y de lujuria.

Pero abundan en guiños cómplices

y en hipócritas palmaditas en el hombro.

Cuando muere un poeta,

nadie recuerda sus versos,

pero son prolijos los obituarios.

Algún amigo bebe una copa en su nombre,

mientras ignaros y letrados

se regodean en sus cielos de plástico.

De Lista de espera, 2017

 

*  *  *

Derechos reservados
©Omar Ortíz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1950. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía Luna Nueva que completa 44 ediciones y 31 años de vida. Ha publicado 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1995), “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, y la primera edición en España del “Diario de los seres anónimos” que, ampliada y corregida, acaba de ser publicada por la editorial “La Mirada Malva”. La editorial Domingo Atrasado publicó en noviembre de 2017 “Lista de espera”. Se desempeña como director cultural de la Universidad Central del Valle, en Tuluá, donde también dirige la Colección Editorial “CantaRana”.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LABRAR EL HIERRO – Poemas de Hellman Pardo

Foto / ©Mike Rojo

Hellman Pardo (Bogotá, 1978). Poeta y narrador. Ha ganado varios premios de poesía entre los cuales se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011, Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014 y el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018. En la 31 Feria internacional del libro de Bogotá lanzó su primera novela «Lecciones de violín para sonámbulas» (Ibáñez Editores, 2018).

 

De su libro Reino de peregrinaciones
Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018

 

AMÍLKAR ESPITIA, HERRERO

Labrar el hierro es mirar con dureza las estaciones.

He levantado con lingotes sólidos

la viga que soporta el campanario de Catalpa.

Forjo en el yunque de la misericordia

                                           las herraduras de caballos tristes                                 

                   en cuyo lomo cabalgan el fuego,

la nostalgia, los pétalos del amor.

El fuego

es un metal pesado que construye señales en la sombra.

La nostalgia

           es la niña muerta del recuerdo.

Los pétalos del amor

                                        son las semillas perdidas en el pico de un colibrí.

Labrar el hierro es cargar un martillo en el hombro

                     y mirar con dureza la luz apolillándose a sí misma.

 

 

 

 

     

LA LLORONA

 

En las Guerras del llanto

                 solo persiste la sal en la lágrima.

Toda aldea conserva sus espantos,

su manera de preguntarse

                                               si lo irreal es también posible.

En Catalpa, por ejemplo,

 se oye el torpe rastro de La Llorona, 

un ronroneo en los matorrales prohibidos de lo lejano.

Por su espalda

     desciende el cabello como cascada de árboles,

tálamos de siemprevivas que agitan los ángulos del río.

Un escapulario ampara sus huesos húmedos.

Sumida en la vergüenza,

se envuelve con la túnica del arrepentimiento. 

La Llorona tiende a chapolear el agua,

 a enlodarla con su grito culpable.

Cuando la medianoche se enmusga en el tiempo,

                                                               el llanto salta la planicie,

sus altas quejas profanando el tímpano de los durmientes. 

 

Sjtu/ Pixabay

 

PABLO CEPEDA, CREADOR DE INSOMNIOS

 

No es la inmovilidad del sueño,

es la movilidad de las alucinaciones.

Guardo en vasijas de arena

la ilusión del ciego:

imaginarse la resonancia de la luz

                             cuando extiende su amanecer entre bosques talados.

Dejo que sienta la redondez de su fruto,

                                  su opacidad más blanca.

Solo allí puede contemplar el silabeo del pájaro caminero,

el desprendimiento de todos los soles

         en el sol noctámbulo.

 

Para el ángel llevo en mis alforjas

las alas perdidas del último cernícalo

que consumió la madriguera del insomnio.

Forjador de espejismos,

cargo en la sombra las pesadillas del general Santander

tras su largo exilio por los jardines de Vauxhall.

De la niebla

formo el escalofrío que logra aferrarse al ciego,

al ángel, al general que aún se encandila

                 con los vestigios rotos de la Ibáñez.

Para los demás mortales

viejos cántaros donde se recoge, en reposo,

     la vigilia.

 

 

 

 

MATILDA HIGUERA, COCINERA

 

Antes de talar el pecho de cualquier cebolla,

 extiendo una oración al santo patrono

            de las especias.

Pocos saben que la cebolla también llora

                                                    cuando la cortan en rodajas.

      

                   Su crujido al fuego es una ráfaga

                                                  que fecunda la nariz de los que sueñan.

En la cacerola, junto a ella,

                      conviven el ajo, la zanahoria,

el cilantro.

La gran cuchara del alma

revuelve el aroma que ha de fundirse con el lado abofeteado de su mejilla.

La sopa humea los escondrijos de Catalpa,

ensaliva el paladar de la aldea.

 

 

Lars Nissen/ Pixabay

 

ISRAEL MENUNGA, PANADERO

 

El trigo

debe recogerse antes que lo acaricie la levadura del alba.

Cada semilla con su pulmón abonable,

con el latido picapedrero de su médula.

La molienda es dulce y arroja el aroma del cereal

en cántaros que amparan su reposo.

Para que su aliento alcance el punto preciso de la madurez,

ha de mezclarse

el almidón con el agua de lluvia

que solo se encuentra en los párpados

de una mañana desvencijada.

Nace el pan en la tierna espiga de la comunión,

        en mis manos

                      que siempre buscan amasar la melancolía.  

 

 

 

THELONIUS MONK

 

En la tarde en que los paraguas relamieron la humedad estancada

                  de Catalpa,

un forastero visitó la posada de Lorenzo Cercas.

Decía llamarse Thelonius Monk.

Pasaba por allí buscando estribillos de guerra,

viejas partituras de gorjeos impelidos

                                    por algún pájaro hechicero.

           

            Sostenía

un clavicémbalo en cuya asonancia

se empozaba el aire con luminosa fugacidad.

Alguna vez

en la plaza Isaura

        tres ejes estallaron de improviso.

Sin conmoverse,

Thelonius extrajo de su sombrero las llaves del desamparo

                                                  y ajustó los ejes

que ya pendían de un tallo de olivo.

La música es hija de la fatalidad,

dijo,

                                                              y continuó pulsando las clavijas.

 

 

 

 

 

 

ISAÍAS RONDEROS, EL SASTRE

 

Trazar la línea de la solapa uniéndola al cuello                   

y por la extensión de los botones,

desprender el hilo en dos cabezas para crear un ojal

                                                              entre la aguja y el pasado.

Hacer crujir las tijeras en la sábana infiel

                            que envolverá los cuerpos abatidos de mañana.

Voy por la Singer

remendando la membrana ciega de la transparencia,

el lienzo zurcido en los telares de la escritura. 

 


Mabel Amber / Pixabay

 

 

EL COJO BARRIOS, GUARDAGUJAS

 

El comisario de caminos dice que soy el empleado

                                                 que ajusta los desvíos del ferrocarril.

La afirmación es vaga.

Es cierto que enlazo las bifurcaciones del día,

las cargas que arrastran la ceniza de los torturados,

sin embargo,

prefiero que las buenas gentes me recuerden

como un anacoreta del olvido.

Lo destruido se ahúma en cada aguja removida.

Encarrilo los compartimentos que temen inclinarse

por el peso de carbones recién extraídos en la desgracia.

Es tarde. El tren dejó de anunciarse hace cinco meses.

Aún espero sus vagones sonámbulos

en la línea que traza la distancia.

 

 

 

 

 

 

EL MARISCAL VICTORIO

 

En las tácticas de combate

      es permitido montar el potro de la expiación.

Recuerdo huir montado en su lomo izquierdo por la colina

perseguido por falsos héroes.

Asomaban los fusiles de polvorera

                                              para amedrentar a mi ejército.

Ya no tengo ejército.

Todos han muerto.

Pero un mariscal siempre será un mariscal,

aunque en su pecho cargue una lágrima o un falso héroe

o las espuelas en el potro al lado izquierdo de su lomo.

Por eso todos los días a media noche

              la vieja carabina escopetea topacios para salvar de la muerte

        al ejército que descansa en mi pecho.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hellman Pardo

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, 1978). Graduado de ingeniería electrónica, carrera que ejerció por más de siete años. Entre sus premios literarios se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011 y el Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014En 2011 el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado La tentación inconclusa (Común Presencia Editores, 2008); Anatomía de la soledad (Gamar Editores, 2013); El falso llanto del granizo (El Ángel Editor, 2014); Los días derrotados (Cuadernos negros, 2016), y Reino de Peregrinaciones (Gobernación de Norte de Santander, 2018). Miembro fundador de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. Pertenece a los consejos editoriales de las revistas Ulrika de Colombia y La Otra, de México. En 2018 recibe el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por su libro Reino de peregrinaciones.

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LAS TETAS SE COGEN EN LA OSCURIDAD – Poemas de Michael Benítez

Foto / ©María José Alarcón

 

 

Escalera al cielo

 

Ahora

que todos

     caminan

     hacia arriba

       y hacia abajo

               escalones

                  y caminos

                  que terminan

                          —ambos—

                           en la muerte.

 

¿Quién le dirá adiós

al último hombre

cuando se ahorque

        en el último árbol? 

 

 

 

Igual que ayer

 

Cuando niños escribíamos mensajes en servilletas dulces,

Mensajes con los lápices de los títulos: rojos; sonrojados.

Nos reíamos porque Marcela se ponía dos días seguidos los mismos calzoncitos amarrillos,

Imaginábamos su olor en el rincón            de los vagos.                             

Y la profesora regañaba a nuestras amigas por usar la falda cuatro dedos arriba de la rodilla

Mientras las mirábamos, cuatro escalones abajo.

Y esos primeros besos que eran un regalo…

Esos primeros besos que compartíamos,

Como el bon bon bum que nos robábamos.

El campamento y las tetas se cogen en la oscuridad.

El chismógrafo y la mancha de chocolate al lado de la pregunta: ¿eres virgen?

Cuando probé el cigarrillo de la boca de la niña de once que nos gustaba

y las cachetadas que me gané por tocar nalgas sin lavarme las manos.

¿Recuerdas?

¡Si lo recordaras no estarías espiando a las mujeres en el otro baño!

 

 

 

 

Distancia-miento

 

Te amo así:                     lejos                                            sepultada en el olvido

 

Porque la poesía

siempre le quedó grande

a tu corazón tan estrecho

 

Y créeme

no existe

otro remedio

para la muerte.

 

 

Gerald / Pixabay

 

 

 Poema para un niño indisciplinado

 

La poesía te hará volar más alto que cualquier droga

Tanto,

que podrás encestar tus miedos en la luna

 

La poesía es más efectiva que unos zapatos bonitos

a la hora de conquistar

a la niña que te gusta

 

Con la poesía serás el más malo atracador del barrio:

le robarás minutos al reloj en cada esquina

para gastarlos en tu vida

 

Con la poesía les harás bullying

a los monstruos de tus pesadillas

y aprenderás a soñar aunque esté de día

 

Con la poesía siempre estarás armado

pues ella es como una navaja

que apuñala en el corazón a la mentira

 

Con la poesía harás trampa

porque siempre tendrás un as bajo la manga

para cada problema de tus días

 

Así que no les creas a tus padres,

a tus profes, a los poetas ni a los curas

Cuando hablen de ella

seguro que la están confundiendo

con la policía.

 

 

  

 

 Las cicatrices de la noche

 

Para Cristian Jhulian Callejas,
en memoria

Nos emborrachábamos y nos orinábamos en la vida

—en la nuestra—

Con la humildad de los cigarrillos de cincuenta

Nadie comprendió conmigo tan hondo

lo ridículos que se ven esos poetas

en las fotos con sus gatos

Me decía:

  “Usted es un poeta piojoso

  por eso es el único que me cae bien”

 

La noche tenía cicatrices en su rostro

y nos escupía monedas para la vaca

que metíamos en nuestros bolsillos rotos.

 

Yo agacho la mirada y agarro por el camino más largo

si veo la muerte

bailando desnuda

en cualquier esquina.

 

El recuerdo derrumba las calles

Hay un terremoto con epicentro en mi corazón

Créeme

Yo dejé de creer en Dios

cuando comencé a creer en mis amigos

Por eso hoy me siento en la orilla de la soledad

y te traigo a mí

para que me enseñes a volar

ya que nunca aprendí a montar cicla.

 

 

 

 

 

La decadencia del silencio

 

Mis sueños cuelgan en los postes de luz

al lado de cometas olvidadas en el tiempo.

 

Esto de no llamar las cosas por su nombre,

que la desnudez no sea quitarse el cuerpo

como una idea fija tatuada a la sombra.

 

Entrar en la poesía es meterse

por la calle más peligrosa del barrio

y el poeta, por paranoico, en todas ve

a la muerte fumando sentada en el piso.

 

Donde se nombre el vacío

ahí está mi cuerpo

—miedo parqueado en la mitad de la noche—.

 

La quinta pata del gato

es el poema.

 

 

 

 

Joshua Willson / Pixabay

 

La casa del poeta

 

Vuelvo al colegio vestido de sombra

Veo niños jugando con oraciones

desde la banca de este parque.

 

Hay policías en la casa del poeta

aprendiendo a redactar el comparendo.

 

Me pregunto si “hambre” se escribe con mayúscula

cuando es mucha.

 

Mi lengua no sabe de palabras,

cuenta tan solo con un puñado de silencios,

para nombrar el mundo.

 

 

 

 

 

 Huérfanos de la noche

 

Sé que te mentí:

cosí mi corazón al horizonte sin sacármelo del pecho

Y de mi muerte solo quedarán poemas

que morirán, también, con el tiempo.

 

Seremos inevitablemente cadáveres

Ni el amor a los gatos nos permitirá vivir más de una vida

Y solo así, fríos, separados por las tumbas,

nuestro amor podrá ser eterno.

 

 

 

 

 

 

Las cosas

 Las cosas son iguales a las cosas.
Ignacio Escobar

Era alcohólico antes de escribir poemas

A los 16 tomaba Old John cada 8 días

sin haber leído a Sbarra

ni el Viejo y el mar de Hemingway —obligado en la escuela

Ni siquiera me empalagaba con Benedetti

(prefería los Chupi Plum de las tiendas).

Una cosa

no tiene nada que ver con otra:

Por eso ven

Parchemos

Que no importa ni un poquito el que seas abstemia

o que no me quieras.

 

 

 

 

 

 Ladridos

 

***

Su olor frío: sombras azules

Su boca

Ese bus que no me lleva a ninguna parte

 

 

***

Nunca escribí versos memorables

porque cuando los imaginé

estaba borracho

y se me olvidaron

 

 

***

Porque cambiar el basuco por el cristianismo

no es rehabilitarse

Es cambiar de jíbaro

 

 

***

Los recuerdos:

Puntillas que se oxidan

en la memoria

de los árboles

 

 

 

 

 

Embale

 

Este poema tenía más de dos líneas

pero me las olí

(…)

 

 

 

 

 

Al menos

 

Yo

Que admiro a Luis Vidales

Que me sé de memoria un verso de Julio Flores

Que no he leído a Valencia

Que no fumé basuco con Jattin

Que no entiendo ni coma a Mutis

Que soy más urbano que Mario Rivero

Que Juan Manuel Roca me parece una piedra

Que no le he dado culo a Alvarado Tenorio, ni a ninguno

Que soy más joven que Jaime Jaramillo Escobar

Que leí a Pombo, en el colegio

Que cuando estoy ebrio hablo como Obeso

Que me gusta Hannah Escobar, sin leerla

Que por María Mercedes Carranza

sé que la poesía no se hereda —el papá no era poeta

Que a mis rapidines les digo José Manuel Arangos

Que tengo una foto con Jotamario     

—qué culpa, si él me la pidió—

Que no me soporto ni una línea de Federico Díaz-Granados  

—prefiero las de perico

Que confundo a Barba-Jacob con León de Greiff

Que no he echado chisme con Cobo Borda

Y que siempre me ha gustado Silva… en mi billetera

 

Yo

Quisiera ser, al menos, como ellos

para que alguien se acordara de mí en un poema

y escribiera:

Yo

Que tampoco fui poeta como él.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Michael Benítez
 

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, Colombia, 1991). Ha publicado el libro Bogotrash (Cuentos, Argentina, 2014), las plaquettes El nadaísmo me lo mama en reversa (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía Papeles para leer… (Poesía, Colombia, 2014, 2016 y 2018). Compiló y editó el libro Cumpleaños del Tiempo de la poeta María de las Estrellas. Ha ganado algunos premios literarios, entre ellos: Primer premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Argentina, 2013; Primer premio, Concurso de Poesía Festival de las Artes, Bogotá. Colombia, 2011; Tercer premio, I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa, Chile, 2012. Aparece en diversas antologías de poesía y narrativa en América Latina y España, algunas de ellas son: Poetas latinoamericanos (Argentina, 2015); Sístole/diástole (México, 2014); Anónimos 2.2. (España, 2014); Frontera (Chile, 2015). Textos suyos aparecen en las revistas: Puesto de combate, Marabunta, La Caída y en los blogs literarios: Cráneo de Pangea, Digo Palabra y Poetas del siglo XXI, entre otros. Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es cofundador y codirector de la editorial independiente Ediciones con Tinta Ebria.

WEB DEL AUTOR

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PARA QUE EL OLVIDO OCULTE EL DOLOR – Poemas de Benhur Sánchez Suárez

Benhur Sánchez Suárez. Retrato al pastel del artista ibaguereño
Diego Fernando Céspedes

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ (Pitalito, Colombia, 1946). Novelista, cuentista, poeta y artista plástico. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

SOLEDAD

Un mes viejo como enero llega hasta mi mesa
De flores dice poco
tal vez sólo el aroma
de una fruta en la alacena

Camino en su claridad como un demente
A veces atisbo que otro enero de frutas y de flores viene hasta mi mesa
y ya viejo emprendo mi regreso.

 

 

TAROT

Enciende las velas rojas
de tu tarot
para mi suerte.

Revisa mi canino
como quien mira
un espejo de la noche.

Dime que somos uno
en cada carta ausente.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 14, 2015

 


EGOÍSMO

Quemo tus alas
para que no alcances
el horizonte de la ausencia.

 

 

ESPERA

Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.
Aquí me quedo
a la espera
de tus pasos
de tu abrazo
de tu beso.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 13, 2015

 

EPITAFIO

Cuando muera
quemen hueso a hueso mi pasado
y esparzan mis residuos
en la colcha andante del río
para que los peces de colores
me vivan en su cuerpo.



VIDENCIA

¿Volverán mis clavellinas a marchitarse con el sol?
¿Regresará la luz a descubrir mis secretos en el horrible encanto de la espera?
¿Más allá de la esperanza habrá sosiego?

Amanecerá y, tal vez, pueda ver lo que el ciego presintió en su noche interminable.

Benhur Sánchez Suárez, Mapa 4, 2016

HOLA

que crees en alguien o en algo
pídele que el sosiego anide en tu corazón
para que te permita reconocer la paja en tu ojo.

Pídele que la serenidad instale la sencillez en tus manos
para que no olvides al desplazado de la esquina
ni a la rata que roe tu futuro.

Pídele que el amor invada tus acciones
para que puedas perdonar las huellas sucias de la vida.

Pídele comprensión para que el olvido oculte el dolor
que sólo se borra con la muerte.
Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Benhur Sánchez Suárez nació en Pitalito (Huila) en 1946. Ha publicado las novelas La solterona (1969), El cadáver (1975), La noche de tu piel (1979), A ritmo de hombre (1979), Venga le digo (1981), Memoria de un instante (1988), Así es la vida, amor mío (1996), Victoria en España (2001), El Frente inmóvil (2007) y Buen viaje, General (2010); los libros de cuentos Los recuerdos sagrados (1973), Cuentos con la Mona Cha (1997), Historia de los malos tiempos (2012) y Cantata en yo mayor (2016); los libros de ensayo Narrativa e historia (1987), Arte, música y literatura (1988), Identidad cultural del Huila en su narrativa y otros ensayos (1994) Esta noche de noviembre (1997) y Mi ejercicio de la reflexión (2012); y los libros de textos poéticos Sobres de manila (1998), Laboyos y otros textos con memoria (2005) y Las señales de la ausencia (2015). Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

* * *
Derechos reservados
©Benhur Sánchez Suárez

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ESCRIBIRLO TODO PARA LA MUERTE – Poemas de Pedro Arturo Estrada

Foto / Archivo particular

PEDRO ARTURO ESTRADA (Colombia, 1956) Ha publicado nueve libros de poemas. Premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013.

 

 

 

 
 

ANTIORACIÓN

Que la vida me agarre confesado
boca arriba del miedo
aleteando en el azul
 
Una sola canción
una palabra sola
—dioses desconocidos
cantaré para vosotros
 
No pido ningún cielo
No ignoro vuestro infierno
 
Solo este instante es mío
No lo carguéis de eternidad
 
Dejadme ir cuando quiera
No me atéis
No pidáis mi fidelidad
 
—Mi fe última
 
Esa apenas me alcanza
para el día.
 

 

 

SILENCIOSO HORROR

De los días que uno tras otro
no fueron la vida 
—que estuvo siempre en otra parte
 
Del camino que no elegimos
La dicha que pudo haber sido y desdeñamos
 
La verdad no vista a tiempo
La mano que no se tendió
y hubiera salvado algo
 
De la vieja costumbre de creernos a salvo
porque vuelve la luz a los ojos abiertos 
mientras duerme lo informe bajo techo
 
Rostro del horror escondido en la belleza          
—La misma luz de lo amado.

 
 
 
 
Carlos Granada, Angustia – 1970
 
 
 
PERMANENCIA
Permanecerá sólo la devastación
La pesadez del cielo
en la pupila fría
 
De la tierra ascenderá entonces
el reclamo de lo muerto
La lengua del fuego imprecando
la masacre de los delfines
el desuello vivo de los pequeños
habitantes del bosque
la tortura del aire y del agua
cuyas voces ya habrán gritado
su sentencia inapelable
 
Permanecerá sólo la cuenca ávida del desierto
El vuelo rasante de la hoz
sobre los trigales del universo
 
Y en el fondo de toda la memoria
de unos dedos a cuyo roce
hubieran girado de otro modo
los goznes de la realidad
 
Las yemas de esa penélope del sueño
tejiendo y destejiendo una imposible
—belleza.
 
 

 

 

 

LA SOLA GRACIA

No obstante, el instinto
de asirnos a los bordes
 
De mantener la calma
frente al vértigo
 
La ingenua obstinación
por otro mundo
soñado en el vacío
 
Esta red de creencias
deshecha por el viento
llamada realidad
 
La gracia de fingirnos
habitantes del aire
 
Son el único triunfo
—todavía. 
 
 

 

 

 

MISERIA

Espuria promesa del reino
del país del mañana
cuando sólo teníamos ese trozo de pan
para el día siguiente
 
Cuando nos guarecíamos de la tormenta
bajo una piedra habitáculo de escorpiones
 
Cuando apenas podíamos copular en la sombra
avergonzados de nuestro deseo
de acunar esa pequeña llama
ese rescoldo de incendio en los ojos
 
Miseria de comprendernos mejor
cuanto menos palabras
cuanto menos sueños cumplíamos
cuanto más despojados
 
Miseria de no sabernos
de no querer saber
 
De no querer vivir
nada que estuviera
más allá de las manos.

 
 
 
 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1975

 

 

MEMORIAL

Hubo un tiempo para el alto sueño del viaje
más allá de la casa, el sempiterno patio,
el comedor penumbroso, el corredor helado
 
Una hora para la epifanía
del grano de arena y las alas del pájaro
 
La simetría dorada, la cifra, el continuum
de la música donde fluíamos con los ojos cerrados
Tiempo en el que pagamos con oro toda fe
y aguardamos pacientes el regreso de la gracia
 
Esperábamos tanto de nosotros
Todo lo dimos, todo lo apostamos
esquivando el aletazo de la incertidumbre
 
De pronto algo se rasgó
La grieta apareció y por allí
el resplandor del infierno tan temido
 
La mañana dio un vuelco feroz contra los ojos
El sol se vino abajo
Se hizo polvo el cielo
 
Y no tuvimos donde poner el pie
que no fuera ya sombra
de lo muerto.
 
 
 

 

 

 

ANÁFORA DEL VIAJE

Haber visto singlar las horas vacías
Haber oído el canto de sirenas
y contemplado inermes el ojo del Cíclope
 
para nada, para espantar con débil gesto
las moscas que regresan al rostro
 
Haber esperado desnudos
ante la aurora que avanzó
como una novia entrando en la casa
 
Haber escuchado todo Bach
todo Mozart con el cuerpo vencido
bajo la araña metálica del clave
con el hueso ingrávido
sobre las armonías del Celeste
 
Haber leído las páginas
del mismo interminable libro
que fueron todos los libros
 
en tanto que la vida
—otra vida
 
huía veloz por la tangente.
 
 

 

 

 

BELLEZA

Concentrado fulgor
Prenda última de los demonios
 
Belleza sólo para ella misma necesaria
En ella misma soberana
 
Belleza que sólo en nosotros se hizo escombro
Belleza que sólo en nosotros se hizo crimen
 
Belleza que sólo en nosotros fue terror.
 
 
 
 
 
 
 
Carlos Granada, Sin título – Sin fecha
 

FUGA

Olvido 
que en tu pulso nos ciñes
pudriéndonos sin pausa
 
Todo cuanto tocas es pliegue quemado
oblicuidad de la mejilla,
declive y desvío
 
Tiempo que, no obstante,
una urgida belleza nos revela
sin horizonte, en fuga siempre
 
renaciendo a la sombra
de todas las derrotas.
 
 

 

 

 

LECTURA DE PASCAL

 
Para Camila Charry
 
Esto que tratamos de entender
a fuerza de imaginación
más que de razonamiento, como una fe,
como un sueño sub specie aeternitatis.
 
Esto que flota y va con nosotros,
de afuera adentro y viceversa,
lo que en las noches se agiganta hasta el vértigo
y nos abre una fisura de extrañamiento
 
mientras hacemos que ordenamos,
que dominamos el pequeño espacio
de palabras e historias del día,
 
mientras rumores lejanos se apagan,
y el zumbido secreto de otro universo
a escala micro se esconde
tras la línea de lo inaudible
que llamamos silencio.
 
Fragmentos de realidad se juntan
bajo el foco de luz
de una conciencia
 
Instantes de eternidad nos atraviesan.
 
Qué somos, adónde vamos,
qué hacemos aquí indaga,
grita la estrella afuera o adentro
de los ojos del perro que nos mira,
 
por qué y para qué susurra el viento en la ventana.
 
Por qué buscamos aún más explicaciones
cuando apenas somos
esa antigua pregunta
 
y debería bastarnos.
 
 

 

 

 

BABEL

 …una grieta en el seno de lo dicho

                                Mercedes Roffé

 
Y tantos libros, tantos nombres
desbordando la estrecha memoria de un mundo
hecho sólo de ráfagas de presente
 
Y volver a leerlo todo para nada
Y volver a escribirlo todo para la muerte
 
Espuma y viento, mares de tinta que revientan
contra los acantilados de la noche
 
Y al fondo en la soledad de su cubículo
el último hombre, el último poeta
 
salvajemente mudo,
rabiosamente herido
de silencio
 
—y vacío.
 
 
 
 

 

 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1976
 
  

SUPERFICIES

El silencio no existe. Existe lo inaudible
en la superficie donde apenas percibimos
nuestra sombra
 
Tremor oculto de la vida
que ignoramos
 
—En la superficie sólo escuchamos
nuestro pensamiento
 
—En la superficie sólo hablamos nosotros.
 
De superficie a superficie
la verdad enmudece
 
De superficie a superficie
sólo la nada dice.
 
 
*
 
 
Abandonamos todas las razones
para tener razón
 
Se fragmentan los espejos
que devolvían un rostro
El que creíamos nuestro
 
—Y el rostro único de la verdad
 
Ahora todos los rostros son posibles
Todas las verdades
Todas las identidades casan
con nuestra nada
 
 
*
 
 
Como los nombres, como las palabras
que designan lo desconocido
 
Porque también desaparece la fijeza,
La mirada que aún nos dibujaba
La mano que demarcaba los contornos
La fe de estar presentes
De cruzar el umbral
La certeza de durar y fundar un territorio
 
El silencio no existe
Sólo existe lo inaudible
en la superficie.
 
* * *

 

NOTA BIOGRÁFICA
Pedro Arturo Estrada. Colombia, 1956. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Locus Solus (Sílaba Editores, 2013); Blanco y Negro, nueva selección de textos (Letera Ediciones, NY, 2014) y Monodia (Letera Ediciones, NY, 2015). Es premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013, entre otros. También ha participado en distintos festivales y encuentros de poesía en Colombia y E.U. Ha sido coordinador de talleres literarios con el ministerio de cultura y algunas instituciones educativas del país.

* * *

Derechos reservados
©Pedro Arturo Estrada

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS – Poemas de Luz Mary Giraldo

Foto de la autora: Marcela Sánchez – ©MARA

 LUZ MARY GIRALDO (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016)

  

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS
POEMAS DE LUZ MARY GIRALDO

 

Del libro: De artes y oficios. Taller de Edición Rocca, 2015

MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE         

Como árbol de nubes y manto de pájaros al aire
llega el amor que desordena todo
con su música breve.
Más dulce que el vino y más poderoso que la muerte
llama con voz de seda tejida en flecha ponzoñosa.
Es vuelo de colibrí suspendido en el aire
y llega como se va:
desafiando el silencio.

  

  

ARTE DE TEJER

Como arañas colgadas en los muros
se teje y desteje la tela pegajosa de quien cae en la red.
Saltan nombres que un solo click trae de regreso
al amor que se sabe pasajero.
Todo cruza en los hilos de esa joven Penélope
que junta el tejido de una nueva democracia.
Entre caritas repetidas pasa la vida a la basura
con cada una de las manos que señalan en todas
         direcciones
me gusta        no me gusta      lo comparto
y los dibujos ríen y lloran y aman y están tristes
maúllan o ladran
en las voces que trinan en esas avenidas
de soledad y  desamparo.
Hay un juego de espejos en la red: 
el amor que no empieza y la amistad que se acaba
las fotos que invaden la pantalla
la imagen cambiante como la ropa vieja
la tensión de los puntos que anuncian la escritura  
esperada.
En ese espejo de letras solitarias
teje una araña el laberinto donde Asterión se esconde
y Teseo busca los hilos que lo acercan a Ariadna

o que lo alejan.

Leonora Carrington, El templo de la palabra, 1954

 

CANCIÓN SIN PALABRAS

(A la manera de Franz Schubert)
¿Quién te conoce, amor,
si no nos conocés?
¿Si tu péndulo tiene
el vaivén de dos caras?
Juan Gelman
Los amantes tejen historias
mientras hilan y deshilan sus galaxias.
Un violín acompasa con zumbidos de sueño
en cada cuerpo
y Amor cabe en la canción sin palabras:
suena con A de alma y de alhaja
si eleva una melodía con notas de color y de ansia.
Se dice desamor
si un exceso de frases reclama falta de luz y de aire
y se escribe con D
de dolor y desamparo
o con A de asma y de ausencia.
Amor es música de alas
preludio y fuga en un arpegio
elegía anunciada.
Desamor abandona
atropella las sílabas y la esperanza
si un violoncelo rompe sus cuerdas
en el destiempo de los ruidos y las sombras.
Los músicos despliegan con armonía su vuelo
si elevan el vaivén del amor
sobre las cuerdas del aire.
 
 

  

DE NUEVO LA PÁGINA

Acariciar las palabras
saberlas imperfectas
borrarlas o tacharlas
rasgar el papel
arrugarlo
echarlo al cesto
rescatarlo
unir los trozos
uno a uno
planchar la página
diccionario de dolor.
Preguntar porqué te has ido
porqué sigues llenando de
tachones mis cuadernos
y de remiendos mi corazón
que página estrujada o cristal roto
no lucirá jamás el brillo de piel lisa
y de ilusión.
Armar las palabras
desarmarlas en la página
ajustar trozos
y hacerlos respirar en el poema.
 

Leonora Carrington, Las distracciones de Dagobert, 1945

 
 

CARICATURA DEL ADIÓS

Colgada a una baranda
la emoción silabea
y es palabra tartamuda
atrapada en la tela de araña del insomnio
o suspendida en el limbo
como fotografía que se desvanece
en la inagotable y borrosa
caricatura del adiós.
 

  

CONFESIÓN DE HERA

De todas las palabras odio la que nunca pronuncias.
Esa que gritas hacia adentro
para que no toque mi pecho ni llegue a mis oídos.
La que pasa en silencio
y muerde sin compasión mis días y mis noches.
De todas las palabras
prefiero este paréntesis
del viento que roza la ventana
un invierno en Florencia
con Martha y con David y Sara dando vueltas
y la lluvia lavando las calles y los puentes
y el corazón abierto a la vida que pasa.
Escucho a Hera cuando exclama:
no huyas, Zeus, no te escondas,
el nuevo oráculo señala tu traición
y anuncia que has de morir
bajo el puñal de mis palabras.

Leonora Carrington, Autorretrato, 1936

 

Del libro: Sonidos en la luz. Hombre Nuevo Editores, 2009.

 

POEMA CON ARAÑA

Como si llegara por primera vez
igual a una araña que sigilosa teje
frente a un cuerpo asustado.
Como si midiera la distancia
cosiendo mi corazón con sus ocho brazos
la palabra
atrapada en el hilo del verso
tiembla inútil
en la elástica y pegajosa hebra del poema
y es araña que caza los días
mientras enreda el último suspiro
o el amanecer.
El poema cae sobre la tela
o al borde de mí
teje la vida y la sentencia
extiende su sombra en la luz
y en el hilo donde gotea el tiempo.

  

  

 

COMO UN CENTINELA

La vida por siempre dando vueltas
y como un centinela en los rincones
la muerte llama en silencio con todo y sus
gerundios:
gato lamiéndose despacio
perro ladrando en la mitad del sueño
pájaro cantando al comenzar el día
mientras tejen su tela las arañas.
Golpea el viento
apaga la luz en la ventana
se escucha la zozobra
y el silencio recoge expectativas.
Parpadean los hilos del asombro
y en la soledad de un pájaro
oigo distintas formas de alegría:
pequeñas cosas que pasan en la casa.

  

  

  

SONIDOS EN LA LUZ

En el silencio
un trino o un granizo
la mirada de un hombre en medio de la plaza
el paso de una mujer hacia la ruina
un niño con ojos asustados.
Se enredan las palabras
atropellan
señalan la sombra:
sonidos de ese hombre
de esa mujer
o de ese niño
hilo de luz
en la tiniebla.
En el silencio
un trino
un alarido
un hombre solo
una mujer con ojos asustados
un niño
única luz en el desierto.

  

  

  

CANCIÓN DONDE ESTÁ LA SOLEDAD

Buscas un pentagrama en el vacío de la luz
y encuentras un muro de habitaciones desoladas.
Te niegas a respirar el aire donde se eleva el dolor.
Tus palabras no entienden qué fue ni qué pasó.
Te niegas a los pies desnudos
y a caminar sobre piedras rotas.
Tu voz amordazada no exclama
ni siquiera dice ¡ay!
La sirenas guardan silencio
–dijo Kafka–

y el mundo se llena con ausentes.

  

Leonora Carrington, El baño del pájaro, 1978

Del libro: El tiempo se volvió poema. Ediciones Cafastía, 1974

NUNCA LLEGÓ EL VERDADERO Y SABIDO NOMBRE

El ave
que algunos llaman Tiempo
se alargó en el desierto de los hombres
y cada mañana se enredó en sus ojos.   

Trataron de construir una palabra
pero faltaron piedras: 
NADIE PUDO ENTENDERSE DESDE ENTONCES.  

 

 

Del libro: Con la vida. Universidad Javeriana, 1997

LA HORA DE LOS PÁJAROS

Inasible y costurera 
la palabra
cubre con tela engañosa
la herida de la noche:
juega a la libertad o sueña la ventura.

Como eterna Penélope
teje la túnica de todos
deshilvana el secreto de la espera
hasta inventar un nuevo rostro
o un espejo sin nombre.

Inasible y costurera 
oye pasar el viento
fatigado por los pájaros. 

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Luz Mary Giraldo (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Entre sus libros de poesía: De artes y de oficios (2015); Llévame como un verso (2011); Sonidos en la luz (2010); Postal de viaje (2004); Hoja por hoja (2002); Con la vida (1997), Camino de los sueños (1981), El tiempo se volvió poema (1974) y las antologías: Il volto nascosto dell’ amore -Poesie 2010-2016- (Italia 2017, español-italiano), Canto de pájaros (Rumania 2015, español, inglés, rumano, versión completa Biblioteca Digital de Bogotá http://www.bibliotecadigitalbogota.gov.co/) y Diario vivir (2012). Poemas traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, macedonio, croata y rumano. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016); nominada al Premio Fernández Labrador en Poesía, Salamanca, 2016; Premio Internacional LASA-Monserrat Ordóñez, 2012; Premio Nacional de Poesía Casa Silva Poesía en el concurso “La Poesía como una Casa”,  2011, Mención Honorífica en Investigación Instituto Distrital de Cultura, 2004; Mención Honorífica en el Premio Internacional de Ensayo Convenio Andrés Bello, 2000 y Beca Nacional de Literatura Ministerio de Cultura, 1999. 
* * *
Derechos reservados
©Luz Mary Giraldo