Poeta y docente colombiano nacido en Ataco, Tolima, en 1962. Su obra explora el arte, la muerte y la memoria en diálogo con la literatura, la pintura y la tradición occidental. En 2015 recibió el Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas y el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura.
Poeta, gestor cultural y capoeirista. Autor de El fuego que somos y Por si el fuego no te ha abrazado. Su escritura explora el cuerpo, la memoria afectiva y las zonas íntimas donde deseo, herida y resistencia se cruzan.
Selección de poemas
El fuego que somos
Un hombre y otro hombre se enamoran
bajo un techo sin luz y sin estrellas.Virgilio López Lemus
En las noches
cuando la vida se sienta más pesada
bastará recordar aquella tarde
donde dos iguales se amaron.
Estamos condenados
a fingir ser extraños
cuando las miradas se cruzan en los pasillos.
A tener miedo
a no poder gritar,
el fuego que somos.
Leonardo da Vinci, The Anatomy of a Male Nude and a Battle Scene
Despojo de infancia
Le duele al niño un golpe en las rodillas
pero no tanto como la ausencia de su padre.
Le duele recibir su primer beso con angustia
ser tocado sin ternura
sentir un deseo obligado
perder el aliento entre miedo y hastío.
Cómo le hubiese gustado a ese niño
ser amado sin posesión mezquina
ser tocado y no sentir asco
cuando se iba a dormir.
El peso en la conciencia
le duele al niño
saber que al día siguiente
seguirá siendo objeto de desfogue
en manos de un desconocido
uno que habita su casa
como amigo de la familia.
La inocencia del niño fue robada
durante muchas tardes
en el silencio de un cuarto
del que salía con un dulce en la mano.
Leonardo da Vinci, Views of a Foetus in the Womb
Cielos rosa
¿Bailamos en el lodo? —me preguntó—
sin dudarlo me quité los zapatos
quería sentir el tibio latido de la tierra.
Luego nos tocamos
y a ciegas
leímos las viejas y nuevas marcas en la piel
reímos
el mundo se detuvo indulgente
y nosotros giramos a su alrededor.
Fue una noche llena
no de luna,
sino de cielos rosa que nacieron al saborear
sus labios.
Fue la noche del cólera
del desasosiego
del miedo
de cenizas de un fénix que pensábamos extinto.
Ardor de lava deshaciendo carnes
el fuego inolvidable,
de la primera vez.
Leonardo da Vinci, Studies for the Heads of Two Soldiers in The Battle of Anghiari
Conversaciones de cama
Nadie te había tocado de esa manera.
Lo sé.
Y no hablo del cuerpo
el sexo solo fue el puente,
para llegar a tus lágrimas.
El truco para sembrar
la duda a lo desconocido.
¿Recuerdas los versos que te leí?
Sé que te hicieron temblar
que entre el miedo y la curiosidad
pensaste que habías conocido a Dios
al que tanto le preguntabas,
pero nunca te respondía.
Nota biográfica
Nikolay Rodríguez
Poeta, gestor cultural y capoeirista. Estudia Creación Literaria en la Universidad Central de Colombia. Ha realizado talleres de escritura creativa con IDARTES y de promoción de lectura con Fundalectura. Es autor del poemario El fuego que somos (2023) y del cuadernillo de poesía Por si el fuego no te ha abrazado (2026). Sus poemas han sido publicados en antologías como Trilce en la Luis Ángel (2024), Veinte voces emergentes (2023), Postal de los recuerdos, Cartografías del silencio, Con todas las letras: antología de poesía colombiana LGBTI (Idartes, 2026) y La desobediencia de las flores, donde además participa como coeditor. Asimismo, ha publicado en las revistas Luna Nueva, Alondra y Publishers. Ha participado en eventos como la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), la Feria del Libro de Duitama, el Festival Internacional de Literatura de Tunja (FILTu) y la Tercera Semana de la Cultura en la ciudad de Paracatu, Minas Gerais, Brasil. Es miembro del colectivo Pelo e Gato y actualmente colabora con la Fundación Castellares y la Editorial Piedra de Toque.
Manizales, Colombia. Poeta, ensayista y divulgador cultural. Miembro de la Academia Caldense de Historia, autor de varios libros de poesía, historia literaria y ganador de premios nacionales de poesía.
De: Mujeres sin sombra - Premio XXII Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus
Día diez
Un viejo ritual nos acompaña:
recolectar piedras,
simples y sencillas piedras.
Aquí, bajo el vaho tibio de los animales,
observamos la temida luz del rayo
que anuncia tormentas
y nada más que cardos secos
nos brinda esta prolongación de la muerte.
Tenemos tan poco.
Recolectamos,
algunas piedras,
suaves… lisas piedras que el camino otorga
como un ritual de afectos ancestrales las llevamos
para ofrecer a la tumba de nuestros hombres.
Día quince
Las sembradoras
creábamos lluvias de cacao y maíz.
Al viento conjurábamos
para que esparciera
el milagro de los frutos,
la altivez de los pastos en los potreros.
Entonábamos cánticos al Sol
para que dorara los plantíos,
elevábamos súplicas a la Selene
para que iluminara los caminos de la cosecha
y a la diosa de las aguas, después de la oración,
dejábamos ofrendas
para que nutriera nuestra milenaria fuente.
Vestidas con hojas de eucalipto,
danzábamos cogidas de la mano
y cantábamos suaves tonadas,
otro ritual para la salud de las cosechas.
Hubo otros tiempos,
éramos mujeres de semillas,
de pastos altos
para las bestias en los campos
de lluvias benditas
para los surcos y los frutos jóvenes
de rayos solares capaces de madurar los tallos
y vientos justos
para llevar la esperanza a otras tierras.
Tiempos donde la sagrada palabra,
en boca de las elegidas,
era más poderosa
que el hierro de la noche.
Umberto Boccioni, The Drinker, 1914
Día dieciséis
Las mujeres del agua en el cuenco de la mano
caminamos disipadas,
buscando en la hojarasca
o detrás de las quimeras de abril
una fuente nueva donde volver a recoger
el rocío bendito de la esperanza,
elemento femenino y poderoso a la vez,
que las antiguas mujeres de la aldea
enseñamos a compartir
como el más generoso de los regalos
dado por los serenos espíritus del bosque.
Escasea y está sucia en estos días.
Un agua-viento,
un agua-sangre,
un agua-agónica
es lo que llega con el río
donde flotan hombres sin ojos,
y troncos podridos
y peces muertos…
Nuestras mujeres,
las del agua en el cuento de la mano,
no se atreven a recogerla,
a regar la esperanza con ella,
ni a darla de beber al peregrino;
tampoco a esparcirla sobre la frente
del que no tiene nada.
¿Cuándo se hará la voluntad
de regresarle el poder de calmar la fiebre,
de dar nombre a los seres
y llevar en su corriente
las buenas nuevas a los pueblos
que la esperan abajo en la cañada?
Cuándo…
Cuándo…
Umberto Boccioni, La ciudad se levanta, 1910
Día diecisiete
Las tejedoras
conocíamos los secretos de la luz estival
que en medio del estanque
entibiaba un agua limpia
para lavar las telas.
Supimos, desde antes de las máquinas,
sobre los pigmentos ocultos
en las plantas y sus hojas y sus flores
y pintamos con ellas nuestras faldas,
nuestros cuerpos.
En el telar hubo algodones y lanas maduras,
cabuyas, linos frescos,
hojas ricas en tamaño y colores,
delicadas fibras de bambú
y agujas de madera
y rodillos de cedro rojo.
También ungüentos de marihuana
con los que frotábamos las manos
antes de ir al telar
para ahuyentar los pájaros de la angustia
que anidan entre nosotras.
Umberto Boccioni, Dinamismo de un ciclista, 1913
Nota biográfica
Juan Carlos Acevedo Ramos
Manizales, Colombia. Poeta, ensayista y divulgador cultural. Miembro de la Academia Caldense de Historia, ha publicado los libros de poesía Los Amigos Arden en las Manos (2010), Noticias del tercer mundo (2010), Historias alrededor de un fogón (2012), Los huéspedes secretos (2014), Correo de la noche (2018), La casa en el invierno (2020), Mujeres sin sombra (2023) y Pájaros de Humo (2026). Es autor del libro de historia Las letras que nos nombran. Revisión de la literatura del Viejo Caldas. 1834-1966 (2017). Obtuvo los Premios Nacionales de Poesía “Descanse en Paz la Guerra” de la Casa de Poesía Silva, el VI Premio de Poesía “Carlos Héctor Trejos” y el XXII Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus. Sus poemas hacen parte de varias antologías colombianas y de algunas antologías en Uruguay, Chile, Ecuador, Cuba, México, Estados Unidos, España, Bulgaria, Rumania y Grecia. Es profesional en Bibliotecología de la Universidad del Quindío y diplomado en Escrituras Creativas de la Universidad Tecnológica de Pereira. Se ha desempeñado por más de una década como promotor de lectura, escritura y oralidad en la Red de Bibliotecas Públicas de Caldas y como director del Taller de Escritura Creativa RELATA del Ministerio de Cultura en el Centro Cultural del Banco de la República en Manizales.
Escritor, editor y director de talleres de escritura creativa nacido en Miraflores, Boyacá, Colombia. Autor de libros de cuento, novela y poesía. Ha recibido premios nacionales en narrativa y poesía; su obra aparece en antologías y revistas literarias de varios países.
SELECCIÓN DE POEMAS
De Burdelianas, UPTC, 1994
PREÁMBULO
Agreste, licenciosa, pasas la vida
sin pensar si sueñas
o en realidad gozas las formas de tu noche.
Y eres así:
no más imaginarte para huir
y penetrar la rosa que escondes
en la certeza de tu cuerpo.
Agreste, licenciosa, te llamas Ifigenia,
te dicen Emilce,
te dejas decir-coger sin desear ni adornar
nada las cosas,
sin recordar siquiera la condición de tu cuerpo.
Pasas la vida, usando, apenas un poco,
el reverso luminoso de las horas.
Raphael, Head of a Woman, 1520
BURDELIANA III
Sobre el lecho,
la desnudez soporta el tatuaje
la huella caliente de manos cumplidoras
consumando oscuros compromisos.
Y dentro,
se va presintiendo el torrente
que lo inunda todo. Y no deja de ser placentero
sentirse mojado de hombre,
humildemente entregado
a la locura de tomar aquello que no me pertenece.
Raphael, Study for Adam, 1509
BURDELIANA IV
Es viernes y espero.
Quizá vengas por la calidez de mis muslos,
por mi completa sumisión a tus deseos,
por lo que pueda venderte, lo que quieras comprar.
No he querido nada con nadie, mientras espero.
Hoy quiero todo solamente contigo.
Desde temprano estuve haciéndome bello para ti.
He decorado nuestra luna, y me he puesto tu sabor a vino
en el comienzo de los labios.
Algunas me miran risueñas porque me ven inquieto,
porque presienten que te quiero.
Y sin embargo estoy tranquilo:
no en vano te he estado haciendo mío.
BURDELIANA XII
1
Caballero mío:
En esta ciudad ayer llovió,
de las montañas comenzaron a bajar barquitos de papel
montados sobre la lluvia.
Estuve pendiente por si veía tu bandera de pirata.
Ninguno naufragó,
tuve que reconocer
que no habían sido construidos por tus manos.
2
Hasta mis gastadas sábanas llegan noticias:
dime, es cierto ese rumor que se expande en la noche,
que te has ido, que no recuerdas mi nombre ni mis labios,
que ya no juegas con la lluvia
y que te cortaste la barba.
En esta ciudad ayer llovió, y como siempre
fui a las montañas y envié barquitos de piel
a tu encuentro:
todos naufragaron sin la bondad de tus lágrimas.
Michelangelo, Male Nude and Arm of Bearded Man, 1504
BURDELIANA XIII
A, Gustav Von Aschenbach
1
Arribaste pronto
para la agilidad de los ojos y la piel.
Sentí tu enorme presencia poseyéndome,
intimidando mi cuerpo con palabras-sabores-palabras
que me recorrieron hasta hacerme tuyo.
Llegaste cuando apenas comenzaba mi sol interior
y te recibí, confundido y noble, como un perro
ante el pan nuevo que le ofrece un nuevo amo.
2
Me gustabas ensimismado sobre la playa de mi cuerpo
y solo,
resueltamente solo en tu corazón.
Y tus labios besaron la apetecida muerte
mientras me mirabas,
mientras deshacía en el mar mi cuerpo de rapaz
y penetraba el cercano rumor de las olas.
Michelangelo, Satyr's Head
BURDELIANA XVIII
Cadenas para sentir
mientras me consumes, ebrio,
nervioso por la exactitud de los cuerpos.
Cadenas en los labios
para evitar la torpeza de ofenderme
por la simplicidad de tu miedo,
tu pudorosa sensación
de que mi cuerpo pueda causarte daño.
BURDELIANA XIX
Salvo mi corazón, todo está bien.— Eduardo Carranza
Vivo noches,
compartiendo con obtusos contendores
sin evitar el rincón oscuro que siempre he temido:
la atrocidad de los cuerpos
deformados por el alcohol o la risa.
Vivo, perteneciendo a quien recoja mis labios
o pague alguna cuenta de las que corresponden
o, simplemente, me sonría de esa forma que sé
y no puedo resistir.
Te repito que vivo,
para que no vayas a pensar,
que este recorrer de calles y de camas,
este esfuerzo por presentarme siempre bello...
para que no vayas a pensar, que esta soledad,
no puede parecerte vida.
Michelangelo, Study for Haman
Raphael y Michelangelo. Obras de dominio público
Nota biográfica
Carlos Castillo Quintero
Nació en Miraflores, Boyacá, Colombia, en 1966. Escritor, editor y director de talleres de escritura creativa, con inmersiones en el cine y las artes plásticas y visuales. Ha publicado los libros de cuento Harem y otros 100 microrrelatos, Verano feliz y otros cuentos, Dalila Dreaming, Espiral al Sur y otros relatos de la noche, Carroñera y Los inmortales; las novelas Hormigas de cristal, Peces de nieve, Gente rara en el balcón y Alicia Cocaine; y los poemarios Bitácora del fin, Ab imo pectore, Sin el azul del día, Rosa fragmentada, Burdelianas y Piel de recuerdo. Textos suyos han sido incluidos en antologías y revistas literarias de varios países y traducidos al inglés, al francés y al portugués. Ha recibido premios nacionales en narrativa y poesía. Es director y editor general de Burdelianas Poetry.
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