Escritores colombianos
Oscar Vargas Duarte
Vélez, Santander, 1971. Poeta y narrador, ingeniero de sistemas egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Autor del Libro de las cosas y de La transparencia del aire, ha sido incluido en antologías y colabora con medios y portales literarios.
Litoral
No desembarques
evita el clamor de la tierra.
No viajes al mar extenso.
Mantente ahí, inmóvil,
en ese lugar sin niebla
donde la claridad es oscura y congela.
No te atrevas,
sé fantasma.
Quédate en el litoral.
Eres tú a quien deben encontrar sin que te muevas.
A los demás la piel los migra,
el tiempo los hereda.
Derrotas
fui presencia ciega ante tus ríos.
Como un sol
arrastré mi voz al lugar
en donde los tubérculos dan sus frutos
y olvidé la luz que con el aire vuela.
Construí ciudades enteras en tributo
al dios tsunamí,
a la diosa huracanada que habita en tus ojos.
Cierres y aperturas
atas botones
das forma a lo que cierra
ocultas la página blanca
tapas la página escrita
tu piel desnuda
va
al interior de tu ropa.
Yo, en secreto,
pienso en soltar,
abrir, ver, leer,
desnudar
escribir sobre tu piel
en donde la lluvia
te come con su boca secreta.
Sin que lo sospeches,
tú cierras de ti
lo que yo
abro.
Contenido explícito
Mis palabras batallan por adentrarse en tu geografía.
En tu boca un diccionario de voces puede leerse labio a labio, lentamente.
Mis ojos se pierden en la luz de tu escote, y mis pensamientos se van en imaginarte.
En vez de ojos tengo botones y te veo por el ojal sin hilo que me ata.
Tus senos, breves como un parpadeo, me hablan de ti.
Me cuentan todo.
Caída
Caes sin ser tú,
te levantas siendo tú misma.
Mi mano, mi voz, mis ojos,
son imaginados por tu nombre.
Te llamas sorpresa,
dentro de ti todo se sostiene,
incluso yo que vivo afuera.
Respuestas oportunas
Yo no estaba ahí para escucharlo, pero aun así lo creo de ese modo.
Me propongo hacer lo mismo con mis palabras, dando por hecho que palabra y verbo son lo mismo.
No es la lengua un objeto amarrado, pero la suelto.
No está cubierta, pero la desenvuelvo.
Con ella encuentro la punta de la lluvia, la primera gota y digo algo.
Supongamos que digo, Buenas noches, y al unísono una costumbre me responde desde la lengua materna de quien me oye.
Es este el poder del verbo.
Eres una mujer hermosa, y sin que sea por repetición, tu sonrisa responde en tu rostro.
Prisioneros
Lees: «Si el hombre es polvo esos que andan por el llano son hombres».
Cuando hablas de poesía, te gusta jugar.
Dices: «Si la mujer es poema, esos libros están llenos de mujeres. El papel atrapa a quienes lo habitan».
Ahora caminas, en silencio, como si estuvieras recorriendo los pasadizos de una cárcel.
Ensoñación
Usas una blusa de color blanco con pequeñas nubes bordadas en hilo azul claro. Llevas en tu cuello una delgada cadena de oro con un dije que repite la forma de una manzana. Unos aretes diminutos como el dije, dan forma a un árbol que da paso a todo lo que llega a tus oídos.
Ignoras la música del lugar, escuchas el tintineo de tus dedos en la madera, sabes del sin color artificial de tus uñas.
Con tus ojos convocas la forma de un hombre invisible del que no sabes nada y lo presientes todo, no puedes esperarlo, no quieres ser la estación abandonada en el crepúsculo.
Un sorbo nuevo del mismo café le da calor a tu boca y cambia tu expresión.
Giras tu cabeza hacia un reloj que hay junto a la puerta y verificas que ya es tiempo de partir.
Te levantas, sales, te alejas de mi recuerdo.
Aprendiz
Me enseñaste a coser para darle forma a la tela con la que he de extenderte en mi memoria.
Me diste el color de la noche para agitarlo en las horas de sol y ver tus ojos.
Pusiste en mis manos el temblor de la vida, la caricia próxima y la caricia perdida para que comprendiera que todo comienza en la danza.
Así, me has estado enseñando la vida.
Silencioledad
preguntas su contenido:
en él estás tú, solo tú.
Lo abres,
nada en él,
eso es todo,
hojas blancas,
sin palabras,
sin trazos.
Explico:
caigo en tu “silencioledad”
para encontrarte,
hojas blancas,
llenas de ti
porque no estás.
Vacío
Te ves así cuando me preguntas acerca de mañana y no sé qué responderte.
Preguntas de nuevo y el vacío nos circunda.
Viaje
He trazado la forma de su rostro, de su sonrisa, de sus ojos.
He visto la manera en que con una tela hace una moña en su cabello.
He escuchado su voz y he enumerado las palabras que más usa.
He recorrido la constelación en la que el azar ha dispuesto sus lunares.
He sentido, como mías, sus cicatrices, el inexacto orden de una y otra de sus fatigas.
He estado aquí en el mismo lugar desde donde abarco la mañana con mis ojos,
yendo tras ella.
Miedos
Me acerco a ella tras las hojas de una novela de suspenso recién empezada.
Me reencuentro con su piel cuando tiendo la cama y un delgado imposible tiembla al pensar en el camino que tendremos que recorrer para juntarnos.
Juegos de azar
Sabes que jugamos al amor con las cartas marcadas.
Te quitas la ropa y sobre la cama
lo apuestas todo.
Derechos reservados
© Oscar Vargas Duarte
Oscar Vargas Duarte
Vélez, Santander, 1971. Poeta y narrador. Ingeniero de sistemas egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado el Libro de las cosas (Seshat, Bogotá, 2017; Uniediciones, Bogotá, 2018), selección de textos de difícil clasificación en donde se amalgaman la poesía, el aforismo y el microrrelato. Incluido en Depredación, antología inusual de cuento colombiano contemporáneo (Uniediciones, Bogotá, 2018), y en Desde estos tejados, antología de poetas hispanoamericanos. Colabora en la sección de cultura del periódico mexicano Lector 24. Textos suyos se han publicado en los portales de Letralia y Burdelianas Poetry. Egresado del Taller de Cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Es cofundador de la iniciativa cultural Ciclos de poesía en los bares de Bogotá. La transparencia del aire es su primer libro de poemas publicado.
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