Editor, escritor, gestor cultural y licenciado en matemáticas. Durante 20 años trabajó en empresas editoriales del Grupo Santillana y de Círculo de Lectores. Actualmente es el director de la Fundación Castellares. En 2021 publicó su libro de cuentos Todo pasó en abril.
BREVE ANTOLOGÍA DE LA INCERTIDUMBRE
La mujer al otro lado de la ventana, me saludó con su brazo derecho con tanto vigor, que me acerqué para saber quién era, mientras con una de mis manos sujetaba un paraguas y con la otra le respondía el saludo con un gesto de satisfacción, hasta que, al verla, caí en la cuenta de que era una señora que limpiaba con una bayetilla los vidrios del edificio donde trabajaba.
Por minutos arrastré mi autoestima por la mojada carrera séptima de Bogotá contando cada paso con exactitud, y mi mente anduvo mortificada ocultando mi vacía y húmeda mirada de los demás transeúntes. Atrás quedaron para siempre mis traicioneras y ahora pisoteadas gafas redondas para ver mejor.
Entonces recordé que lo verdaderamente complejo estaba en el número Pi y que en él cabía toda la historia del universo, incluso la de los ojos vidriosos de la dama del trapo rojo.
* * *
Amaba comer mangos, mangos sabrosos de todos los sabores, mangos chupa de todos los olores, mangos corazón o mangos pico e´loro de todas las formas del amor, mangos verdes con sal y limón o mangos blanditos y maduros, en dulce o en jugo, chupándolos o masticándolos.
Fueron los mayores del barrio los que nos dijeron cuando niños, que el mango más rico del mundo era el que daba el árbol del cementerio que nos quedaba a dos cuadras de nuestra barriada y a donde la gente iba a recogerlos para luego venderlos de casa en casa. Hablaban de las capacidades nutricionales de los mangos de los muertos que nos proveían de energía, de vitaminas, de proteínas y de dulces amores.
Desde entonces no he podido volver a comer mango, pero en cuanto veo en el mercado alguno feíto, pálido, ese que supone un sabor desabrido, quizás agrio, acaso ácido, pienso:
“Pobrecito, le faltó cementerio para ser un verdadero mango, si hubiera nacido en el nuestro”, y me alegra entonces que la muerte enriquezca la vida, empezando por la del mango.
Auguste Rodin, Three views of a mask, 1895 - 1898
* * *
Hay que verlo. Es flaco, largo y tiene la cara dura de tanta sed, y su mano derecha delata una cicatriz de 5 puntos. Se pone frente al supermercado y prende su aparato, una vieja y ajada pianola electrónica. Cuando lo escucho, recuerdo a Brailowsky, a Blanca Uribe, a Rubinstein. Toca impecablemente polonesas y 4 claros de luna para asombro de peatones, mientras sonríe y mueve la cabeza a lo Ray Charles. Y sus dedos brincan sobre el centro del teclado como si por sus manos caminara una legión de hormigas urticantes y cultas. Lo que más sorprende al público es cómo hace el pianista de la calle para reproducir el mismísimo sonido de un piano de cola del Scala de Milán, o del Colón de Bogotá a tan solo unos metros.
Dos cuadras adelante, un guitarrista toca como Carlos Santana temas de Carlos Santana y luego cambia como si nada a Eric Clapton y a David Gilmour, y hasta los coros de The Wall traspasan la pared invisible que nos divide, y la de la consola….
Y unos verdaderos nativos andinos llevan sobre sus cabezas y cuerpos los atuendos típicos de los “Pieles rojas” del “imperio” para que les crean que son verdaderos indígenas de estas tierras.
La magia de Hollywood y cosas de la realidad virtual, pienso, para tranquilidad de la duda y las entendederas de peatón desempleado.
* * *
En medio del permanente y lluvioso frío contaminado de centro bogotano y al borde de la depresión más suicida de la última década, Benjamín abre con su peluda cabeza de siamés la puerta de mi habitación. Yo asiento y él pone hacia mí esa mirada de Mona Lisa moviendo la cola que es su sonrisa, da tres pasos y brinca en un perfecto movimiento parabólico sobre mi cama. Se mete debajo de las cobijas, lame mi brazo derecho y pone su alma sobre mi pecho sin pedirme agua a cambio.
Entonces todo, absolutamente todo adquiere sentido y la muerte propia tendrá que postergarse para otra pandemia.
Mientras tanto, Serafina imita el caminar de su maestro y ahora, bajo sus ídolos de tela, los tres tigres, rasca mi mano, la izquierda y me mira con ternura dentro del cosmos de la oscuridad.
Que la soledad se siga desnudando, que la lluvia se siga vistiendo de auroras, que la tierra se siga partiendo y que el hielo se siga derritiendo en fuego, ya nada de eso importa, lo que importa es que Dios es un gato con alas de araña que reina en todas las profundidades, incluso las del algodón en el viento.
Auguste Rodin, The Thinker, 1902
* * *
Mi anhelo de niño para cuando grande era ser basurero, un basurero con un elegantísimo uniforme blanco y botas anaranjadas y casco gris y brillante de peludos guantes, un basurero perfumado y sonriente que haría feliz a las personas por librarlas de sus cochambres, por eso cuando pasaba el carro de la basura, salía corriendo detrás de él como si fuera el de los helados y cuando lo alcanzaba, me subía y me sentaba al lado del conductor, con una felicidad pasmosa, mientras nos tomábamos un vaso grande de agua con todo el hielo de la Antártida para calmar tanto calor amarillo de tarde barranqueña.
Los mayores que conocían mis intenciones, solían preguntarme en reuniones familiares y sociales:
―¿Qué es lo que quiere ser cuando grande?
―Basurero, yo quiero ser basurero papá ―respondía sin pensar, y todos, absolutamente todos reían y reían y reían y yo también reía sin saber por qué reía y por qué los demás reían y reían y reían, hasta que me contaminé de adulto y así pude comprender la razón sucia de sus carcajadas.
Hace unos días traté de volverme niño para saber por qué mi sueño no se hizo realidad y no pude, ya no pude devolverme. Caí en la cuenta de que han pasado muchos, muchísimos años, demasiados desde entonces y en todos estos me he dejado impregnar de todos los olores de la mugre que, de tanto tóxico, ya no podré ser el niño aquel del sueño libertario de ser un basuriego impoluto, elegante y muy bien emperifollado.
* * *
El hombrecillo sale apresurado desde su apartamento bajando las escaleras rumbo al primer piso. Con su mano derecha carga una bolsa blanca llena de los deshechos sacados de la cocina, con su izquierda lleva otra bolsa del mismo color con siete libros de poemas que le regalará a su amiga para su disfrute.
En la calle va a la canasta amarrada al árbol frente a su casa y deja la bolsa que supone será recogida por el carro de la basura más tarde. Toma un taxi que se dirige del centro de Bogotá hacia el norte. Al llegar se da un abrazo fuerte con su cómplice de lecturas, se sienta en la sala, sonríe y le dice con la alegría propia de quien va a afianzar una amistad de adolescencia:
―Alondra, estos son los libros de los que te hablé ―y mete su temblorosa mano en la bolsa.De ella sale una cadena de cáscaras de huevo, papa y cebolla y una bandeja de cartón chorreada de la salsa de espaguetis que antes fue su cena.
Mientras tanto, en un helado rincón del Parque de la Independencia de Bogotá, un par de habitantes de calle disfrutan la poesía de Varela, Pacheco, Silva, Odio, Juarroz, Pizarnik y Vallejo, versos que les fueron dados por un anónimo y sabio Urapán, cuando los liberó.Auguste Rodin, The Three Shades, 1886
Nota biográfica
MARIO TORRES DUARTE
Casabe de Barrancabermeja. Editor, escritor, gestor cultural y licenciado en matemáticas. Durante 20 años trabajó en empresas editoriales del Grupo Santillana y de Círculo de Lectores. Actualmente es el director de la Fundación Castellares. Dirige Punto de Convergencia, un encuentro literario en la Librería Balzac de Bogotá con 13 temporadas. Este año inauguró Punto de Convergencia al Barrio, una manera de descentralizar los eventos literarios alrededor de la Capital. En 2021 publicó su libro de cuentos Todo pasó en abril. Próximamente publicará el tratado Código Russell y su libro de microrrelatos A cuentagotas.
Poeta y médica nacida en El Líbano, Tolima, Colombia. Autora del libro de cuentos El pintor, la cirujana y el hombre caimán y del poemario Así partimos a otra orilla. Su poesía explora la memoria familiar, el cuerpo, la tierra, el miedo, la intemperie y la persistencia de lo vivo.
SELECCIÓN DE POEMAS
EL MUNDO DESDE SU MECEDORA
¿Por qué estoy aquí?
sentada en esta mecedora
mañana, tarde y noche,
mi abuela vieja
inválida la tarde en Barranquilla,
meciéndose tras las rejas del antejardín,
viendo pasar el calor, los perros, la tarde,
los desplazados de la
ciudad dislocada
como mi abuela traída por otros brazos
del palenque Pivijai, Magdalena
a la ciudad.
Y ese vaivén de la canoa vive en ella
es la misma mecedora desde donde
entenderá el mundo como una sucesión
un bollo limpio tras otro
un refresco de corozo tras otro
la fluctuación de los brazos en la sombra
de siete mujeres bailando un bullerengue
entenderá el mundo desde su mecedora
sin pánico, sobre todo eso, sin pánico.
El miedo del que cae en sí mismo no es
un presentimiento
el miedo no existe en el que cae en sí mismo
el dolor lo toma a uno por sorpresa.
Paul Gauguin, Breton Eve, 1889
LA VIDA SUBTERRÁNEA
Los abuelos hablan con la tierra
agregados a la raíz de las palabras
no las escriben no las leen
no son suyas
uno no ve
uno no sabe
es pez fuera del agua
con los pies flotando
sin raíces
uno caterva
uno horda
uno combustible.
Uno nace en la vida subterránea
los abuelos hablan con la tierra
revientan surcos con las manos
ojos sembrados de algodón florecido
nubes de garzas socavan el cielo.
UNA ABEJA SOLITARIA ESCRIBE UN POEMA UN MINUTO ANTES DE SU MUERTE
A mí déjenme morir en las venus atrapamoscas
no hay final más feliz para una abeja azul y solitaria
alas mosaico pergamino violeta
seis patas
la cara llena de pelos
en la espalda la gracia de caminar por las paredes
déjenme morir en las venus atrapamoscas
soy diosa y todo lo que veo se multiplica con mi vuelo
hago nidos de barro y saliva en los muros
mis nidos son inalcanzables
soy un pequeño dios
camino sobre las aguas
reina de las torres del castillo
mi tórax es la piedra preciosa de opalina
centro donde palpita sangre iridiscente
la selva me extiende su voz verde
que me devora, me canta y me consume,
a mí déjenme morir en las venus atrapamoscas
déjenme ser la ofrenda.
Paul Gauguin, Blue Trees, 1888
ACTOS POLÍTICOS
Amar es la primera inocencia
y toda la inocencia es no pensar…— Fernando Pessoa
Doblo el pájaro. Para que exista este poema
hay papel y un hombre talando un bosque en Malasia.
Un hombre responsable, tiene hijos y los alimenta con su mujer
que está pariendo hojas de colores.
Aprendió a cortar en la escuela rural. Hace un móvil de cuna.
El bebé sonríe y la mujer vive porque no piensa
solo se puede vivir realmente cuando no se piensa.
El amor y vivir es capa vegetal
yace en el terreno de lo absurdo.
Doblo el barco. Para que exista este barco
hay papel, atmósfera y semillas.
Navegamos. Llenos de actos políticos.
Traemos ayudas.
Venimos a salvarnos de nosotros mismos.
MAL TIEMPO CON IGUANAS
Juraría que he visto volar a las iguanas.
Las iguanas vuelan, sí, yo las he visto
trepar por el tallo de la flor de Jamaica
dejar en el silencio su huella ágil
morar en el invierno sobre la palma
bajo cero.
No laten. No mueren.
La resurrección se inventó para
los reptiles
más de 1000 iguanas en La Florida
congeladas por las bajas temperaturas
al tercer día abrieron los ojos
pero algunas habían sido sacrificadas.
Las iguanas tienen alas
y el tiempo es un ángel contradictorio.
Paul Gauguin, In the Heat, the Pigs, 1888
POR EL AGRADO
Íbamos por El Agrado
a la laguna del Otún
las únicas bestias del sereno
a masticar espigas
de los pastos dulces.
En una cama de hortensias
(creía que junto al lirio
eran las más salvajes)
―Tu ombligo es el pozo de mi sangre
dijiste
sobre las hojas de El Agrado.
¡Y no te rías! ¡No te rías!
que hueles igual que una palma de la mano
prendida por luciérnagas.
Paul Gauguin, A Little Cat, 1888
Nota biográfica
Lorena Escorcia
Nació en El Líbano, Tolima, Colombia, en 1980. Es poeta y médica. Ha publicado el libro de cuentos El pintor, la cirujana y el hombre caimán (2016) y el poemario Así partimos a otra orilla (2026). Participó en la crónica colectiva Voces contra la infamia. 20 autores contra la barbarie (2016). Su obra poética está incluida en las antologías Nuevas voces (2022), Orilla viva (2023) y Marcas de agua en bordes de piedra (2025). Ha sido finalista en el I Premio Internacional de Narrativa Femenina Bovarismos (2014), y Mención de Honor en el I Premio Nacional de Poesía Maruja Vieira, RTVC-Señal Colombia (2025).
Poeta, cuentista, cronista y reseñista nacido en Manizales, Colombia. Ingeniero y geógrafo. Desde 1987 publica poesía, cuento, crónica, reseña y periodismo cultural. Su trabajo aparece en distintos medios y antologías.
SELECCIÓN DE POEMAS
De ACONTECERES Y NOSTALGIAS: poemas extraviados. Ed. Universitaria, Manizales, 2017
LEGADO
Yo me voy y ahí les dejo esos silencios.
Silencios a cuyas flamas y rigores
solo antepuse sueños y nostalgias:
alternativas vanas
cuando el silencio
es vocablo secreto
y signo de fatal significado.
Ahí les dejo las dudas,
acopio de confusas circunstancias
que sembraron de incógnita
mi intento por nombrarlas.
Y aún más; ahí les dejo mis arcanos
sin claves ni acertijos:
hilos de enmarañada trayectoria
a cuyo fin se llega con la muerte.
Me reservo el paisaje
estelar en invierno, en verano febril,
paisaje cuya amplia geografía
seguiré transitando
asaltado de asombros, redimido,
de nostalgias, angustias y zozobras…
De RESUMEN TOTAL DE LA MELANCOLÍA: poemas en contravía. Ed. Universitaria, Manizales, 2019
TESTAMENTO INCONCLUSO
Destilando recuerdos
sobre cuartillas pálidas,
el azaroso vuelo de episodios remotos,
en lascivas volutas,
acarician un espacio difuso.
Son destellos de luz sobre eventos lejanos
que hoy se acercan al borde de la muerte.
Yace pálido,
con el signo vital de aquellos días.
Sin embargo, se trata solamente
de un tránsito de la presencia física
a la memoria eterna.
Del tránsito de voces que habitaron
los rincones de una casa fantástica,
a una dimensión obsedida de pausas
y silencios abiertos al jardín…
a las páginas gruesas de mil libros
errando por estantes, consolas y anaqueles
con su olor a alcanfor y a naftalina.
Sí hubo testamento.
Pero todo me dice
que es mía la nostalgia de tenerlo incorpóreo.
Que es mía la pasión de sus ensueños
orbitando las rutas del misterio y el mito.
Todo quedó testado y por escrito;
lo demás…
Es de ustedes.
Giorgio de Chirico, The Child’s Brain, 1917
De PAISAJE PARA FUNÁMBULOS: poemas de la pandemia. El Arcano Eds., 2020
PAISAJE PARA FUNÁMBULOS
A José Saramago
El miedo nos detiene
en la frontera de la fatalidad.
Todos cubren sus rostros
procurando ocultar el pecado
de haberse convertido en enemigos.
“De esa materia estamos hechos:
mitad indiferencia, mitad ruindad”.
Por la ventana la transparencia del aire
me sorprende. Estamos aislados;
el virus nos pone en cuarentena.
Desde la terraza observo a las palomas
atendiendo el escarceo de los palomos,
pavoneándose con el destello iridiscente
de sus atuendos tornasolados
regando su testosterona por doquier.
Una mujer, a la distancia,
se me acerca vertiginosamente
cuando doy vueltas al aro del enfoque
de los binoculares.
Toma el sol de abril
en esta mañana de marzo,
contradicción del clima cambiante;
apenas la cubre una mínima tela
que le baila cariciosa sobre su piel
lustrosa de juventud y de lujuria.
Es morena y de formas turgentes,
el viento es mi cómplice y mi pretexto.
Por lo demás, todo es tragedia,
las cifras crecen y los noticieros
crecen en sintonía
con las cifras de la desdicha.
Andamos sorprendidos…
encontramos poetas
hasta debajo de las piedras,
pareciera que fueran el último recurso
de todas las frustraciones.
Echo mucho de menos mi ventana,
desde allí controlaba la vida de mis vecinos,
sabía quién era forastero y quién paisano.
Hoy tengo a mano, frente a mis ojos,
al mundo entero,
exhibiéndose con su vértigo
y sus confusiones cibernéticas.
Todos los que transitan por aquí,
extraños personajes de comedia y tragedia,
según su rótulo y su divisa,
franqueando mi pantalla de litio
en virulenta pugna por la pauta.
La peste ha tocado la puerta
para anunciar su venganza
y como toda sorpresa
ella es complejidad e incertidumbre.
Pareciera que la normalidad
volviera a instalarse en el cosmos.
Regresamos a una estancia prístina;
el asedio del asfalto y el concreto
permiten el retozo de las aves,
el parque acoge entre sus ramas
el trinar y el arrullo de los vientos
limpios de olores y letales sonidos.
Pero siguen creciendo los guarismos
y el cuándo y el ahora ya no marcan
el transcurrir del tiempo;
es la espera, la paciencia y la resignación
las que marcan el ritmo de los hechos
y la cadencia de la historia.
El periodismo se convirtió en la vitrina de las vanidades:
hoy no es la noticia, es el glamur de quienes la presentan.
Giorgio de Chirico, The Mathematicians, 1917
De TRANSICIONES Y TRANSGRESIONES: poemas rutinarios. El Arcano Eds., 2021
ELLA
Allá va ella a la deriva
por doquier derramando sus encantos
y el misterio que solo ella podía
descifrar con su danza de gacela.
Quien descifre esos pasos
accede al privilegio de sus ojos
y al destino final de sus asuntos
que son invitación a los delirios.
Así es ella urgiendo sus misterios
más diáfana que el vuelo de gaviotas
gravitando en el fragor del oleaje
entre cantos de piedras recorridas.
Es ella la que gira en arreboles
impulsando la piedra del molino
cuando el viento impone su destino
hasta alcanzar el fin de los abismos.
El ardoroso magma en su mirada
como fragua que forja mis quimeras
calcina con sus rumbos el estío
procurando tibieza en el reposo.
Los suspiros llamándome al regreso
a buscar mi refugio en su regazo;
turgencias y lisura, sus colinas,
me reclaman este paso final:
encuentro de mi propia redención.
De LA MECÁNICA DEL ALMA: poema en movimiento. El Arcano Eds., 2023
SALOMÉ
Salomé: ocho añitos.
—¿Qué es el alma? —le pregunté.
Los adultos, como siempre,
intentamos soplarle algo al oído.
Salomé me miró por un segundo;
después al horizonte más allá de los cristales, por tres,
de manera rotunda y contundente contestó:
—Es la conciencia de estar vivos.
La gata despertó de su eterna modorra,
la miró desde su somnolencia
y arqueó su espinazo, satisfecha.
De HABLAN LOS MUROS: poema y resistencia, 2024
CÓMPLICES
Por la ventana se asoma un gato.
Es un gato de un negro renegrido,
tres líneas amarillas que le cruzan:
por la cara, por el pecho y por su lomo;
discordantes, en todo caso,
con los ojos ambarinos
que me acechan, quizás, o me persiguen.
Lo demás, techos percudidos
por un medio amanecer que no despunta,
techos oxidados por el tiempo de las emisiones
en la era del vértigo y del ruido.
Qué pereza intentar una
tautología de la ataraxia
en esta reiterada errancia del desvelo.
El gato, como yo, le dispensa a la noche su misterio;
no sé si me mira cuando, como él,
me paro a otearlo desde mi atalaya;
o lo busco o lo espero
en mi noctambulismo.
Los pájaros en la madrugada
coquetean con él,
mientras que a mi silencio
solo se acercan sus pasos
que traquean por los escalones
anunciando la llegada puntual
del alba y su presencia.
Dicen que compartimos
amores imposibles
en este germinar de frustraciones.
Dicen que el gato escapó,
por el patio trasero de la casa vecina;
no volvió, dicen,
pero yo lo adivino con su andar sigiloso
huyéndole a la aurora,
intentando ingresar a mi buhardilla
a examinar conmigo
un tropel de nostalgias compartidas.
Son tan leves sus pasos
que ya los escalones ni traquean;
me confirman que ha desaparecido
para siempre.
Giorgio de Chirico, Two Heads, 1918
De EXILIOS: poemas del desarraigo. El Arcano Eds., 2023
ECOS DE GUERRA
Cuando escuches el silbido del viento
cortante por la pólvora cruda
y respires la mezcla de dolor y de sangre
de quienes huyen sin reposo
hacia ninguna parte;
cuando te cruces con quienes buscan
el retiro de un exilio o un refugio,
cargando en sus hatillos
congojas y querencias perdidas,
¡tápate los oídos!,
no dejes que entre a tu corazón
la desmesura de la ruindad humana
que obligue la explosión
de inútil llanto.
POESÍA
Escribir poesía es exponernos,
descubrir abiertas las heridas
y los goces más íntimos al mundo;
todo lo imperceptible de nosotros
sale y se hace visible,
peor aún: comprensible.
Por eso, escribir poesía
es un acto de fe,
de creer en sí mismo,
de aceptación tal cual
sin prejuicios ni preceptos o conceptos.
Es exhibirnos y sufrirnos en público.
Aceptar la hoguera de la academia,
y las piras de sectas, clubes y cofradías;
el exilio o el destierro, el silencio,
la orfandad de las editoriales,
de la industria del show business,
pero, sobre todo, del ego
que no admite la creación
sino el producto.
Giorgio de Chirico, The Predictor, 1916
EROTICUS 1
El nácar de tu piel
y la luna temblando en el asombro.
Desnuda despertabas,
tu sexo como un faro en la tormenta
orientando mi falo por las rutas
de acuáticos misterios.
Salados musgos en tus profundidades
y el lúbrico panal oculto entre los pliegues,
como una estalactita,
huidiza y rosada al pulso de mi tacto,
descubierta al final para el hechizo.
Giorgio de Chirico, Lucrecia, 1922
DIATRIBA
Sé que por estar triste
no se enmudecerá el reverdecer
de los campos y sus mieses
ni el murmullo del río
ni las noticias de sus peces platinados.
Sé que toda esta melancolía
no será estorbo para la felicidad de los ausentes.
No pido mucho en estos tiempos imprecisos,
solo pido un segundo respiro
para retractarme de estas líneas;
no quiero que ellas
sean una diatriba contra un mundo
que exuda muerte y caos.
De LEMNISCATA O EL FIN DEL INFINITO. El Arcano Eds., 2025
DESVELO EN EL CAMPO DE BATALLA
Al alba…,
cuando llueve,
el alba se arrebuja en su propio desvelo.
Me abrigo en el regazo de las cenizas,
de la neblina, único parapeto en la contienda.
Las sombras se me acercan
para ocultar el estremecimiento
del miedo y de la ráfaga:
¿Cuál de ellas se declara victoriosa en su retiro?
Los fantasmas huyen hacia ninguna parte.
Se someten al misterio de los susurros
que crecen desde la madrugada
apenas el chirrido de los tanques
que husmean entre la quietud y el sigilo.
La mañana, bajo el peso del alba,
también amanecía entre el desasosiego
de una espiral de angustiados respiros.
El aliento azulino saliendo de las bocas:
líneas evanescentes gravitando,
los hilos desprendidos del pucho
errando de mano en mano
horneando el frío pronóstico de la parca
en su tránsito por el largo camino del desvelo.
MI PAISAJE
Disculpad, guerras lejanas,
las flores que hay en mi casa.
— Wisława Szymborska
Alguien puso una luna en mi balcón esta noche;
la pusieron a cuidar el intenso titilar de las estrellas;
ellas sacuden el sueño de mis ojos.
Abiertos, se quedan explorando
el retumbar de gritos y sollozos
que huyen de la conflagración.
¿Dónde estarán los secuaces de quienes jalan los gatillos?
Esta noche las nubes olvidaron su trabajo
y la luna se duplicó en la superficie del estanque
para que mi asombro se quedara afligido
mirando el obelisco que uniera esas dos lunas
entre el cielo y la tierra,
entre el hechizo y la crueldad de mi paisaje.
Giorgio de Chirico, The Prodigal Son, 1924
Nota biográfica
Carlos Arturo Arbeláez Cano
Nació en Manizales, Colombia. Es ingeniero y geógrafo. Se desempeñó en la función pública, la empresa privada y la docencia. Desde 1987 publica poesía, cuento, crónica, reseña y periodismo cultural en distintos medios. Su obra aparece en varias antologías. Entre sus reconocimientos figuran la mención de honor del VI Premio Nacional de Poesía Verso Libre MX (2025), la selección en la antología del XI Concurso de Siglema 575, Puerto Rico (2025), el primer accésit del I Certamen de Poesía Narciso Rodrigo Martínez, Ciudad Real, España (2025), el segundo puesto en el Concurso Caldense de Cuento (2021) y el Premio Nacional de Poesía Casa de Poesía Silva, Bogotá (2022).
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