Escritores colombianos
Maribel García Morales
Tunja, Boyacá. Escritora, mediadora de lectura, traductora, correctora de estilo y directora de talleres literarios. Sus textos aparecen en antologías de América, Europa y Asia.
Selección de textos
EL DOCTOR CUERÍN
Aquel médico no era un galeno común y corriente. Su trabajo consistía en remendar el calzado: botas, sandalias, chanclas, toda clase de zapatos. Cuando quedaba arreglado el encargo, el cliente sentía un cambio en su ánimo. Se sentía diferente, con mejor actitud.
Lo que pasaba es que el doctor Cuerín era, en realidad, un componedor de almas y restaurador del espíritu, porque la tristeza y el enojo se meten por los pies, colándose a través de las suelas rotas de los zapatos.
EL AMANTE DE LITERATURA
Cuando el hombre, cegado por los celos, logró descubrir el engaño, con sigilo se acercó por detrás del sillón en el que la mujer vivía un apasionado encuentro con el de turno. Esa noche estaba decidido a recuperarla.
―¡Maldita infiel, así te quería encontrar...!
―Pe… pe… pero mi amor, ¡no es lo que piensas...! ¡Te juro que yo no...!
―¡No digas nada...! Al comienzo creí que eran solo rumores… hasta que decidí sorprenderte. Cambias cada semana, uno y otro… ¡Ya no aguanto más! ¡Decían que eras su amante y yo, pobre ingenuo, jamás les creí...! ¡Ahora debes elegir…! ¡Ellos o yo...!
Ella, animada por su ancestral vocación de obediencia, después de admitirlo e implorar su perdón, quiso serle fiel. Aunque solo en apariencia, pues cuando él se ausenta vuelve a los brazos anhelantes de sus amantes de papel.
VERDES DE ENVIDIA
Debido a su inveterada ausencia de recuerdos, no saben su origen ni su historia, creen que siempre fueron joyas. De cada baile, cada noche de fiesta a la que asisten, regresan más redondas y ostentosas, atiborradas de luces y destellos. Parlotean entre ellas en la oscuridad de terciopelo del joyero, llevan una vida ociosa que termina por crear rivalidades y odios mortales entre ellas. Enquistadas en sí mismas, se detestan en el secreto del cofre, pero, al llegar la noche, otra vez tienen que salir juntas, fingiéndose alegres por estar tan identificadas.
Aunque se sienten atrapadas y destinadas a estar falsamente unidas por ganchos, broches, hilos, ante las codiciosas miradas masculinas y de envidia escondida entre capas infinitas de maquillaje, las verdes piedras son en realidad vanidosas y egoístas. Olvidan su oscuro nacimiento que derivó en dolorosos rostros, acaso tampoco recuerdan que son el resultado del esfuerzo de picas manejadas por manos ultrajadas, por ojos que han perdido el sol, cuerpos ciegos movidos por la esperanza de encontrar la veta que resplandezca para transformar sus vidas.
A pesar de todo, siguen ahí refulgiendo como dotadas de luz propia en las noches de fantasías y falacias.
LA MUJER DE AGUA
Meditando sobre las precauciones que habría de tomar, la mujer dirigió su cristalino cuerpo hacia la playa. En ese momento lo vio y supo que ya nunca podría estar lejos de él.
Decidida, se prendió a su pie y, en la intimidad de la ducha, cada mañana lo acarició con fruición, entregándole con amor su femenina presencia. El hombre no supo nunca de aquella salina amante que, en secreto, se fue yendo por entre las rejillas de su baño.
LA MUJER DE CRIN
La llanura se fue consumiendo en sus jornadas de búsqueda, hasta sentir próximo el encuentro. Galopó con más prisa y sus cascos marcaron un ritmo de fuego sobre el camino de piedra. A lo lejos divisó el portal de la hacienda, igual al de sus sueños, y el cansancio cedió a su deseo. Apuró el trote y pronto arribó a su destino.
En la mecedora, el hombre la aguardaba. Bello, igual al príncipe soñado que la hizo abandonar a su manada y emprender aquella travesía.
Agotada, se recostó a sus pies, cerró los ojos y lentamente fue dejando su aspecto animal y se convirtió en una bella mujer. Sin importarle su desnudez, sensual, se acercó al hombre que parecía dormido y lo besó en los labios. Él, momificado por la espera, recibió aquel beso añorado y se derrumbó dejando en su lugar una tenue nube de polvo que se confundió con el que, en su huida, dejaron los cascos de la mujer que huyó, otra vez, convertida en yegua salvaje.
CACERÍA
las crónicas de cacería seguirán glorificando al cazador.
Proverbio africano
La caza era su oficio. Hacía varios años que vivía en ese bosque. Se había refugiado allí, huyendo de la ciudad, de la inclinación humana al cautiverio. No tenía nada en contra de la conservación, incluso de la colección de animales. Él mismo era un coleccionista, pero no concebía la reclusión de un animal en un zoológico.
Cazaba con afán mesiánico, o por lo menos eso creía. A cada presa la disecaba para conservarla en su casa como un ornamento. Consideraba su obra como el camino de salvación del ineluctable destino al que eran sometidos los irracionales.
Esa mañana —como durante todas las últimas mañanas de su vida— se adentró en el bosque, a cazar. Deambuló sin mucho éxito y al final de la tarde se encontró en medio de una tupida floresta que no recordaba. Estaba rodeado de animales extraños: caballos alados; cebras con un cuerno de cristal en mitad de la frente; seres con cabeza de toro y cuerpo de hombre; esfinges que resumían con propiedad la belleza del león, el águila y la mujer. Todos lo miraron con curiosidad y se le fueron acercando.
En el límite del crepúsculo el bosque giró, se hizo vértigo.
Y esa noche, en la calidez de su hogar, la Quimera —y sus tres pequeños y quiméricos hijos— adicionaron un nuevo trofeo a su colección de bestias exóticas: la testa de un cazador.
Maribel García Morales
Maribel García Morales. Tunja, Boyacá. Licenciada en Español de la UPTC. Escritora, mediadora de lectura, traductora, correctora de estilo y directora de talleres literarios. Ha sido docente escolar y universitaria, jurado de concursos y asesora de investigación en literatura y cultura. Sus textos aparecen en antologías de América, Europa y Asia. Ha publicado los libros Los matices de Eva (2004, 2024, 2025), El ataque de los lápices (2011), Unidades pedagógicas (2011), Voces de papel (Premio Nacional, 2015), Los héroes de la naturaleza (2019) y Sinforosa y otros conjuros (2024).
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