Escritor, editor y director de talleres de escritura creativa nacido en Miraflores, Boyacá, Colombia. Autor de libros de cuento, novela y poesía. Ha recibido premios nacionales en narrativa y poesía; su obra aparece en antologías y revistas literarias de varios países. Es el director de Burdelianas Poetry.
De: Bitácora del fin (2020)
EPITAFIO
Aquí yace su cuerpo, solo.
Él, sigue muriendo en ella.
DE LO CIERTO
Arribar a la muerte,
abrazar la última luz
y tener la certeza de no haber sido nunca
el amor de la vida de nadie.
No haber sido, siquiera,
el amor de un día,
el apasionado amor de una noche
que la memoria de otro
se resista a perder.
Egon Schiele, Semi-nude Reclining
FE DE ERRATAS
No queda nada de lo que fue.
Los días han saciado su hambre.
El espejo carga con un rostro que no es el mío.
Todo ha ido a pérdida,
y, sin embargo,
tu pantalón estampado de estrellas
sigue ahí
en el sótano de esa casa del bosque que fue paraíso
en el sillón de un apartamento con ventana al mar
en el mar
en la furia del viento
en las orejas de los gatos del Hotel Bellavista
en los gatos que nacieron de tu regazo.
Tu pantalón estampado de estrellas
cielo en donde todavía amanece,
fe de erratas del olvido.
Egon Schiele, Reclining Woman with Green Stockings (Adele Harms), 1917
REGRESO A CASA
Camino.
Pronuncio tu nombre y mi boca es vacío,
un abismo que no es tu nombre.
Y sin embargo la noche te reconoce,
te llama.
La noche tiene memoria de ti.
La noche sabe que tu cuerpo es mi casa.
Que lo fue en ese único instante de felicidad.
Camino.
Pero no hay camino para regresar a ti.
Sé que el tiempo no existe,
lo sé porque ahora mismo estás aquí, conmigo,
y no lo estás,
y está la primavera.
Tu amor fue perfecto,
como el Titanic.
Amor al que ya no le quedan botes salvavidas,
ni caballitos de mar.
Camino.
Busco una casa que ya no existe.
De: Sin el azul del día (2007)
UNA PROMESA
Y si por un río secreto
navegan desnudos los muertos
y un barquero ciego los guía
y, como corresponde,
se queda con el cobre prensado
que los deudos ponen en los ojos
de aquellos navegantes. A ese río,
y a ese barquero
habré de enviar
el agua taciturna que amanece
en mi rostro ―la carroña―
el canto maldito que insiste
y, si es necesario,
me abriré una ventana en el pecho
para que salga
lo que de sombra quede
lo que te dañe
lo que no te guste
la piel usada,
el corazón y la palabra herida
habré de condenar
al fúnebre destierro
con una bolsa de monedas
de oro puro que gratifique
el triste adiós
que desteje ese río
y la incesante noche del ciego.
CLASE DE ARTE
Wassily deambula por una Ciudad árabe
con un turbante púrpura va, y en su mochila lleva tubos ocre
que retienen la piel de una tunecina.
El cielo negro se tiende sobre la torre, el faro, y los ojos de Wassily:
La torre se erige (aclara su ascendencia babélica) y se pierde
más arriba de la nube que la ronda como una oveja.
El faro ignora a su sombra que se pliega en los techos.
Y los ojos de Wassily son una línea, un rayo blanco, una yegua
que gime entre conos, círculos, dameros...
Wassily salta de tus labios y sale por la ventana,
cae,
se sienta en una silla (el ceño fruncido) y se pone a dibujar la
Plaza de San Francisco en una libreta roja.
Wassily está triste porque yo no he visto su Ciudad árabe
la fuente en donde se presiente un jardín
el embozado que trama un crimen
el coche con los ojos de la favorita del Sultán
el oro del comerciante del zoco
y la sombra del profeta... Wassily sabe que
sólo he visto tus labios de muñequita que sabe de Wassily.
Egon Schiele, Seated Woman, 1913
OCTAEDRO
I
Quisiera hallarle utilidad,
un destino, a mi mano sin ti.
II
Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere
en el gélido mar de la ausencia, su cadáver...
¿Sirve para alimentar a los peces?
III
La música va por la habitación, se desliza,
a palos de ciego te busca y regresa,
triste, sola, la música...
IV
Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,
ebria, con una luna nueva en el pecho,
bella e inútil esta noche en la que no estás.
V
¿Qué caminos has ido a recorrer
de los trazados en las líneas de tu mano?
VI
Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,
y tropiece, sin hilo, sin brújula,
sin atreverse a consultar el mapa del cielo.
Quizá también huya del espejo y se crea, como yo,
único dueño de tu laberinto.
VII
Y si una tarde en un cruce de caminos, en una calle alguien te roza.
Y si ese roce casual te detiene,
si te miran y miras, si naufragas en esa mirada...
¿A dónde mi ruta?
VIII
No interesa ya, la extensión del paraíso.
REINO DE ESTE MUNDO
Alguien dijo que en Stuttgart
vive una princesa
y pienso que Stuttgart
debe ser una ciudad bonita
en donde seguramente habrá un río
y un bosque
y adolescentes que tomados de la mano
se dejan tentar
por el agua que baja cantando
y aviones de papel aluminio
que cruzan el cielo
y dejan una estela de humo blanco
y una música que viene
no se sabe de dónde
y que conoce el camino del río.
Y quizá en Stuttgart no haya río
y los adolescentes que allí viven
amen la ceniza
y los aviones que crucen su cielo
sólo sean el transporte
de la muerte que vuela
y su música un réquiem.
Pero si en Stuttgart
vive una princesa
(eso dijo alguien)
esa ciudad tiene que ser bonita
como ésta
en la que el día declina
en donde vive mi princesa
y su paraíso.
Egon Schiele, The Holy Family, 1913
INSOMNIO
...amor al fin sin alba. F. García LorcaSobre la cúpula de la Catedral
y los edificios
y los techos bajos
de una ciudad deshabitada,
cae la lluvia:
rendida a la noche baja
se desliza,
dentro de mi cabeza
se mezcla con tu nombre.
Y lluvia y nombre
son una sola melodía
que de mi pecho brota, sube,
rumor de agua
sobre los techos bajos
y los edificios
y la cúpula de la Catedral
de esta ciudad deshabitada
en donde la lluvia cae,
durante toda la noche...
PESADILLA
Quizá antes del alba
tropieces con tu límite
y tus ojos,
náufragos de luz,
abandonen al medroso
animal nocturno
mientras inocente de ti
al otro extremo de la sombra
el mar se rompe.
Quizá
antes que tu cabellera
se precipite
te hagas inalcanzable
para la noche,
y mi mano abierta
se resigne
a la bruma salada
que no sabe de tu nombre.
Egon Schiele, Fighter, 1913
SIN EL AZUL DEL DÍA
De nosotros, la resaca habrá dejado nada más que un poco de sal. Claude Michel ClunySólo el silencio.
Tu voz en el umbral de la noche.
La lluvia habitando la memoria.
Una calle larga
―solitaria―
atravesada por rumores.
Sólo el silencio.
El cristal herido por las palabras
―el frío―
Una piel tendida al filo del horizonte.
Agonía que no es lamento.
Fuego abandonado al lado de tu nombre.
Sólo el silencio.
―la sal―
Mi mano rota sobre esta página
que ya no me reconoce.
De: Piel de recuerdo (1990)
XI
Sabía que terminaría contándotelo
antes del final de la noche.
A pesar de tu silencio,
de la mirada fría que pones
sobre mi rostro.
Además...
sé que te resulta evidente mi tristeza.
Hasta aquí,
casi todo estaba dicho
menos mi odio
que también cabe en tu recuerdo.
Nota biográfica
Carlos Castillo Quintero
Miraflores, Boyacá, Colombia, 1966. Escritor, editor y director de talleres de escritura creativa, con inmersiones en el cine y las artes plásticas y visuales. Ha publicado los libros de cuento Harem y otros 100 microrrelatos, Verano feliz y otros cuentos, Dalila Dreaming, Espiral al Sur y otros relatos de la noche, Carroñera y Los inmortales; las novelas Hormigas de cristal, Peces de nieve, Gente rara en el balcón y Alicia Cocaine; y los poemarios Bitácora del fin, Ab imo pectore, Sin el azul del día, Rosa fragmentada, Burdelianas y Piel de recuerdo. Textos suyos han sido incluidos en antologías y revistas literarias de varios países y traducidos al inglés, al francés y al portugués. Ha recibido premios nacionales en narrativa y poesía. Es director y editor general de Burdelianas Poetry.
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