MI ROSTRO QUE SE RESISTE A MORIR SIN DEJAR HUELLA | Poemas de Herbert Protzkar Andrade

 

Foto |©Antonio María Claret Escobar

 

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Selección del libro inédito
DIÁLOGOS Y ANEXOS EN MEDIO DEL FUEGO
(realizada por su autor)

 

DOS MUERTES EN UNA SIN MORIR

Una muerte gemela me ha tocado padecer
sin morir, sin saber
siquiera cuánto pesa la madera
que conforma
el cuerpo de un ataúd;
sin saber cuán aguzado es el filo de las dagas
y los cuchillos que, a cuentagotas,
siguen lamiendo mi sangre
en la medida en que desgarran mi piel.

Como vendimia de frutas amargas,
la muerte de mis padres
llegó a mí para ungirme con un silencio
de aguas puras y un zurear
de palomas silvestres
que de mis ojos han de emerger
asidas a los celajes
de todos los crepúsculos
anunciándome con ello
los colores que anteceden
a las piedras del infinito camino a seguir.

 

 

 

 

VOLVER PARA SER TESTIGO

He decidido volver a esa estancia donde
se ausenta el tiempo,
y la brevedad de las cosas
asume el tamaño del espacio yerto.

Ese lugar, en el que todo humano
pasea las secuelas de la historia sin rostro
mientras los pájaros gritan
desde las raíces de los árboles

hechas cenizas, sin ser de polvo cósmico.

Allí, donde el hacha y la sierra
imponen su alarido feroz
dejando en el aire
el gemido de un orgasmo de muerte.

He decidido volver para entregarle
a mis ojos esa huella fiel
de lo que nada será
mientras nos encontremos vendados
y la boca se alimente
de ostentosos muñecos de trapo,
y el orgullo, de materia transformada…

Volver, ha significado, además,
la construcción de unas lágrimas que caen,
como queriendo hidratar
en el seno de la tierra
la esperanza de nuevas simientes.

He decidido retornar con el ánimo de ser
un simple amanuense
en la tarea de testimoniar la brecha
que representa el grito de un dolor perenne.

 

 

 

 

 

©Constantino Castelblanco Quintana│Técnica mixta

 

 

 

 

MUDANZA

Nos hemos ido de la casa,
pero la casa no
ha podido irse de mí.

Por eso, extrañamente en ocasiones cuando
hablo ladro y cuando ocurren
los maullidos de los gatos sobre el techo,
lo que hago es cantarle
a la noche como un fantasma noctámbulo
que busca los tejidos silvestres
de una máscara para ausentarse.

Nos hemos ido de la casa sin comunicarle
a los esqueletos de mis padres,
que las palomas se tornaron salvajes
cuando las puertas se cerraron
y las ventanas comenzaron
a derramar el vinagre
de las acequias que de la sociedad
terminamos heredando la hermana y yo.

Nos hemos mudado de la casa, pero
ella continúa ladrando
y maullando en mí, y el zurear de las palomas
sigue construyendo
los nidos en los altares del recuerdo.

 

 

 

 

 

©Constantino Castelblanco Quintana│Técnica mixta

 

 

 

 

 

METÁFORA DE LA VEJEZ

La juventud se ha ido con un silbido
de añoranza por los países
que el ensueño no ha conquistado.

Las alfombras del amor
no generan más la sutileza de su vuelo,
y los pájaros cantores han huido
abandonando las alas
porque el escenario no es propicio
para brindarle la magia del color a las flores.

La juventud se ha ido dejando báculos
que a la puerta esperan
para que no nos quebremos cuando
caigamos de rodillas
en las brumas del olvido
por el mutismo de los años.

 

 

 

 

 

©Constantino Castelblanco Quintana│Técnica mixta

 

 

 

RENUNCIA O HUIDA

…Y se quitó las cadenas para habitar
un nuevo rostro
como expresión de la huida.

Quiso sentirse libre llenándose
las manos de lodo,
untándose la piel de los otros:

De aquellos que viven asomados al abismo
defecando sus culpas,
insultando las heridas castradoras
de las alegres fantasías…

Quiso volver a los ojos con que
se adivinan los tatuajes
y las muecas triunfantes del vacío.

Quiso dejar de ser visible para columpiarse
en la tragedia de los que no saben
soñar y sucumben
con las cenizas
de sus propios alaridos.

Eso quiso hacer, con la complicidad
del tiempo que
le brindó sus aristas con señales de humo.

 

 

 

 

ESCENA DEL DIARIO VIVIR

Entre los cadáveres aún no apercibo
el de mi rostro.

Es la escena del diario vivir
en esta tierra de lobos que colinda
con los valles floridos
del eterno camposanto
llevado desde afuera por cada quién
en las gélidas vertientes de su sangre.

Entre los cadáveres aún no preciso
el de mi rostro
que se resiste a morir sin dejar su huella.

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Herbert Protzkar Andrade

 

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Cartagena de Indias (junio 16, 1957 – junio 3, 2022). Pregrado en Filosofía y especialización en Ética y Filosofía Política en la Universidad de Cartagena, en donde se desempeñó como profesor de Inglés. Ha publicado los libros de poemas Desde todos los vientos (1990), Elementalidades (1991), Poemas de origen (1993), Elogios de la luz (1995), Saudades del olvido (1999), La máscara de los días y, Pulsaciones del tedio y la vigilia (2019). Tiene inéditos los libros de poemas: El espacio perdido o limitaciones del vuelo, y Diálogos y anexos en medio del fuego. Dirigió la Revista de poesía Epigrama, gran aporte a la literatura y a la cultura colombiana.

 

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Las imágenes que acompañan los textos son obra del fotógrafo y artista plástico colombiano Constantino Castelblanco Quintana (Nuevo Colón, Boyacá, 1950), ejecutadas en técnica mixta durante diferentes periodos creativos. Sociólogo egresado de la Universidad Nacional. Desde 1981 reside en Villavicencio. Hace parte de la Corporación Entreletras y es miembro fundador de la Fundación para el Archivo Fotográfico de la Orinoquía. Con su lente Constantino Casteblanco ha inmortalizado la belleza e inmensidad del alma llanera, con más de 25 exposiciones individuales y colectivas, y la participación en libros y revistas. Su obra ha sido galardonada con diversos premios. En 1997 fue seleccionado por la FIAP para participar por Colombia en la novena Bienal de Naturaleza en Francia.

 

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