BAJO LA SOMBRA TUTELAR DE LA NOSTALGIA – Poemas de Juan Carlos Acevedo

Foto / Archivo particular

 

De: Los amigos arden en las manos
Editorial Universidad de Caldas

 

SALMO PARA DESPUÉS DE LA GUERRA

 

Tal vez la poesía, (…)
puede ser la prueba irrefutable,
o cabeza de un prontuario definitivo
de que Dios existió alguna vez.
Héctor Rojas Herazo

Señor,

ahora somos frágiles…

los años de la derrota (aunque hayan quedado en el olvido)

habitan entre nosotros. Por eso hoy el poema es bálsamo.

Señor de los remendados,

ya no podemos elevar oraciones:

conjuros para ahuyentar enemigos y pestes,

tal vez un Poema que sirva de diálogo

para diluir tantos miedos acunados en viejas plegarias.

Señor,

como tus llagas,

las nuestras son huellas de fe en medio de la ola de siniestros.

También hemos caído y nos hemos levantado

para espantar los pájaros de la angustia

que anidan en nuestras lágrimas.

Señor de los fragmentados,

redime con tu sabia mudez a tus hombres y mujeres,

herederos del miedo,

para que la fragilidad se desvanezca y

retornen a nuestra voz y nuestros sueños

y nuestras casas las Bienaventuranzas.

Así sea.

 

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA DE LA AUSENCIA

 

Cuanto más grandes los hombres
más solos se quedan
De una canción popular

 

Viejo en tu ausencia el bueno de Dios se ha vuelto amigo. En los bares donde no entras a beber, la silla que debes ocupar se llena con tu vacío; al que ofrezco una cerveza que no bebe nunca. Entonces pido un cigarrillo que dejo encendido hasta que por completo se lo fuma tu fantasma.

Ahora que recorro restaurantes, avenidas y duermo mal en hoteles de todas las ciudades, ahora que cualquier mujer de esquina me ofrece algo más que su sexo tibio y sus senos de candil, ahora que el corazón está hecho añicos necesito de tu mano y tus palabras.

Papá, en las noches de embriaguez me hace falta tu voz ordenándome dormir. Dime quién sabe de tu pasión por el fútbol y por las novelas de vaqueros. A quién hace vibrar tu historia del carbonerito. Quién conoce tu secreto sobre el vuelo del albatros.

Hoy que la vida vuelve a sonreír quiero saber qué neblinas respiras, cuáles gotas de sudor mojan tu sombra, dónde ocultas el último cigarrillo. Quiero saber si todavía hueles la lluvia.

Es duro crecer sin ti, sin tu silbido en las mañanas cuando la cuchilla atraviesa tu rostro y el ruido de tus zapatos me despierta.

Aquí las calles de mayo siguen solas, nadie cura mis heridas de juegos perdidos, nadie remienda mis ojos al final de una amor.

Camino solo, papá, y la noche me seduce de nuevo. Mañana te habré olvidado otra vez.

 

 

 

 

 

CANCIÓN DEL BULEVAR

Hay hombres

que se dejan seducir por las luces de neón de una avenida.

Hombres que ríen con carcajadas rotas

en medio del bulevar

porque el viento en fechoría

levanta la falda de una muchacha

fresca como mayo.

Hombres-niños

deslumbrados por los senos de candil

de una adolescente distraída.

Hombres que se piensan hombres

y reaccionan como críos ante el dolor.

 

Ellos, arrastran, por calles y teatros,

por iglesias y oficinas una sombra de derrota y amargura.

Sus gastadas voces de payaso no logran redimirlos.

Cada día rasuran su barba pobre, anudan su corbata,

limpian sus anteojos, cuidan sus bolsillos

y sueñan con la felicidad

emergida de los ojos de una colegiala.

 

Hay hombres-pájaros

-Inocentes y torpes-

que gastan su vuelo miserable

en odiar hasta la muerte al esquivo amor

que los ensombrece y los corroe.

Hombres, en fin,

que se inventan (cada tarde en la taberna)

a otros hombres más felices

para que les ayuden a engañar sus simples vidas.

 

 

 

Imagen de Michael Schwarzenberger / Pixabay

 

 

De: Noticias del Tercer Mundo
Editorial Caza de libros

 

 

LEYENDA BAJO EL OLOR DE UN PEBETERO

I

Bajo el olor agónico de un pebetero lo observo trabajar. Una canción popular vibra en la atmósfera de su taller. Las horas se pierden entre revistas de historietas y hormas y duendecillos invisibles. Mis años no suman la edad del colibrí y el letargo de febrero se hace más dulce en su compañía. El olor del cigarrillo y su voz de radio viejo me llevaban por mundos imaginarios.

Sencillo como el trigo y necesario como el pan, este hombre practica el viejo oficio de remendar nuestro calzado; el viejo e inútil oficio de prolongar nuestras huellas sobre el agua. Empeñado en borrar nuestro pasado curvó su espalda y su sombra para siempre.

 

II

Cada martes, mientras la tarde pendía de una aguja y el olor del pebetero moría sobre el cieloraso, me enseñaba el mundo mágico de los héroes de papel, abría la tapa de un baúl, que mi memoria recuerda como un cofre lleno de tesoros, y me obsequiaba una revista de aventuras. La infancia guarda secretos que la vejez reclama.

Mis zapatos escolares, los tacones de madre y un par de botas de padre eran la excusa para adentrarme en el mundo silencioso del papel y la empresa de remendar nuestros pies este hombre la ofrecía a unos dioses que yo desconocía.

 

III

Llegó el tiempo del deshielo y nuestros caminos se cortaron. Su cuerpo jorobado se evaporó tras el limpio olor del pebetero de cobre y mis huellas sobre el agua también. La infancia guarda secretos que la vejez reclama, y este hombre reposa entre hojas de papel descoloridas donde remienda desde siempre mis sucios zapatos de la escuela.

 

 

 

 

 

RÍO DE LOS MUERTOS

En el cañón es medio día. Arde febrero y con él los sueños de atarrayas. Ya se sabe la subienda no vendrá este año. El día comenzó cuando la luz implacable del verano estremeció los tamarindos, los hombres buscaron pronto herramientas y nave. Río abajo se perdieron sus voces y sus oraciones.

Cantan, beben sirope y ríen. Sus torsos desnudos rayan entre cobrizos y ocres, y sus manos -acostumbradas a lanzar y recoger- esta vez se aventuran a herir una guitarra.

La mañana se parte. Las aguas negras y los buitres dando giros infinitos presagian un mal día para los pescadores del Cauca Medio. Ya se sabe la subienda no vendrá este año.

Esas aves y sus giros concéntricos, las aguas turbias y los cuerpos de tres hombres que hinchados y sin ojos flotan por la orilla izquierda.

Otra vez la muerte viaja por el río.

Otra vez se perdió la pesca.

 

 

 

De: Los huéspedes secretos
Editorial Universidad Central del Valle

 

 

FANTASMA DEL VIENTO

Bajo la sombra tutelar de la nostalgia

veo una mano, un cuerpo arqueado, otra sombra.

Me reconozco en medio de la sala

y pienso entonces en días más felices.

Me descubro siendo el mismo hombre

que nunca ha volado y jamás cruzará el mar.

Sé que soy un aprendiz de la luz y el movimiento,

apenas un hombre de provincia

que no puede hablar de altos edificios,

de luces de ciudad,

y elegantes prostíbulos con olor a menta.

Se muy bien que las autopistas

y los vendedores de marihuana me son ajenos

y el ruido ensordecedor de la guerra me es propio

porque mis huesos hacen parte de este país de ausentes.

No conozco las montañas

ni puedo distinguir los nombres de los árboles.

Soy de pueblo,

apenas salgo al traspatio de la casa

a ver en las cuerdas de la ropa

una gota sujetarse a la vida.

Mi viaje más largo ha sido a la Plaza de los Negros

donde gentes pobres venden cuerpos y maíz.

Conozco, a ojo cerrado, los callejones de la Plaza de Mercado

sé a que huelen pisos y paredes

y puedo entrar de espaldas en la vieja biblioteca.

Soy un hombre encerrado en sus palabras.

Prisionero justo de mis miedos.

Emperador del polvo, del silencio, del ayuno.

Tomo aguardiente en cantinas

donde mi padre sentiría vergüenza

y juego el juego ruin de los reproches.

He dejado el alma en un camastro

y he besado a la belleza en los tobillos.

Soy un hombre simple

que amenaza al odio con palabras,

que sale cada día a quitar las vendas a los muertos,

a curar heridas en los brazos de mis hijos,

a limpiar cuchillos que manchan las calles

de este triste barrio de provincia.

Estoy aquí

bajo el dintel de mi puerta -sin cerrojo-

sin más amuletos que estos versos,

ofendiendo los recuerdos,

escuchando un coro de ángeles que desconozco.

Estoy aquí -Fantasma del viento-

observando en los alambres del patio

                        una gota temblar mientras se sujeta a la vida.

 

 

 

 

 

TEATRO DE LA MEMORIA

En el sueño

veo al niño que perdí un medio día de 1985

el ruido de la guerra lo ahuyentó.

Desde entonces

lo busco

envuelto en las gasas de la fantasía.

Hoy ha dejado de llorar.

Lo observo y aprendo que cada mañana.

Juega a ser feliz,

escucha la voz del latonero

cambiando golosinas por cartón

o el llanto del perro

que llega desde el solar

donde el juego y la risa espantaban brujas.

Añora la mano de Padre –para llevarlo a la escuela,

a partidos de fútbol donde nunca anotó un gol.

Esa mano

le enseña juegos, ríos, estadios, historietas

y señala sin titubear el rincón de los castigos.

 

En el álbum del sueño

la mano de Padre

se borra de las fotos donde sonrío.

Su mano señala calles que desaparecen,

altas ventanas que desdibujan las casas del sur,

y amigos perdidos bajo la luz de las luciérnagas.

 

El niño que fui

juega a ser feliz

en el álbum de los sueños.

 

Al despertar la soledad de la casa me llena de horror.

 

 

 

 

 

EL ÚLTIMO SHOGÚN 

 Haber sido otro

el hacedor de espadas

que templó el acero en la catana

para que cada hombre escribiera su historia

El viejo calígrafo

quien enseñó:

en la palabra espada

ya está hecha la espada

O

el arquero del Emperador

ese guerrero que de un tajo

dividió las almas de los hombres libres

que nacen a orillas del Shinano

El Kamikaze, un viento antiguo,

que nos salvó de una invasión

al hundir los barcos del bárbaro Gengis Khan.

Quizá

el viajero que llevó consigo los secretos de una extinta dinastía

y esparció sus cenizas en el Mar Oriental

El humilde artesano de Tokio

que en su pecho apretó la cabeza de su hijo

antes de enviarlo a morir

en la Guerra del Silencio

 

Mi destino era otro…

fui llamado Kimitake o Príncipe Guerrero

y no conocí el olor de la muerte

ni su rostro en el campo de batalla

Mi discreta labor

construir una revolución de mentiras

defender a mi país a través de la palabra

y escribir por ejemplo

                                    La vida es un baile

en el cráter de un volcán

que en algún momento

hará erupción

Ser el héroe en el seppuku

dejar correr mi sangre

envilecer la historia

fue mi tarea

A Yukio Mishima
como una reverencia a  su valor

 

 

 

 

 

AUTORETRATO A LA MANERA DE JORGE TEILLIER

 Yo también bebí oceánicamente

y busqué calor en el cuerpo de una puta.

Desperté mil veces en escalinatas y en parques

cuando el aire de la ciudad es más malsano.

Hubo noches de sexo duro,

de puños ciegos en las esquinas.

Hubo otras de fuego y agua

y de tiempo roto en los cuchillos.

Siempre estuvieron los amigos:

los de ocasión y los de hierro,

los de intereses cómodos

y los que traicionan a las ocho de la noche.

El acero de los días ya no pesa,

las noches las malgasto con mi perro.

Pocos amigos arden en las manos

cuando hoy los días son silencio.

Son más altos los árboles,

los besos de las mujeres que amé,

los ojos de los hijos

y también es alta la luz del amanecer

que rompe los huesos.

Bajo los libros veo oculta la vejez,

sobre el asfalto se hace tenue la sombra de los amigos.

Sin tropiezos veo como la noche devora estas montañas

y se atraganta de frío y de negrura.

Crece la ciudad mientras mi mano

dibuja sonrisas perdidas en barcos

que partieron antes de asegurar a

 

 

 

Imagen / Pixabay

 

 

De: Correo de la noche
Editorial Secretaría de Cultura de Caldas

 

UN TREN SILVA PARA ENCENDER LA AUSENCIA

…aquí, en la Tierra, hace mucho
comenzó a llover
y me he extraviado -como tantos-
en la soledad

Santiago Mutis

 

Rudimentario crece este amor

en el pequeño espacio que habita tu voz.

Llegas en la estación del pan,

y me recuerdas que el tiempo -ajeno y amargo-

es apenas un beso o una caricia

en medio de los sueños donde siempre llueve.

 

Rudimentario y frágil,

hecho de miedos y esperanza,

de soledades y puertos

a donde llega la noche

recordándonos

que es el último vagón de un tren

que silba para encender la ausencia.

 

Rudimentario como el canto de los niños,

como el color de las astromelias

como tu sexo tibio donde está mi reino.

Crece entre calles sin nombre,

entre gentes grises de oficina

y listas de mercado y goles en la tele.

Así,

elemental y cursi,

subordinado y lleno de costuras,

veo pasar este amor,

lo veo en el parpadeo del amanecer,

en las gotas de leche derramadas en la frente de tus hijos,

en el desespero y en el llanto

y en el silencio de la madre que eres.

 

Rudimentario como la piedra,

como el árbol primigenio de Adán,

como el agua fresca de tu vientre.

Este amor

hereje y cómplice,

compañero y verdugo

crece

mientras un tren silba

para encender la ausencia.

marras en mi puerto.

 

 

Imagen de Michael Gaida / Pixabay 

 

 

CORREO DE LA NOCHE

En las noches vacías en que regreso,
todavía, me arrepiento de haberte arrojado
tan lejos de mi cuerpo

Serrano

 

Bogotá,

el otoño se abre paso a través de la muchedumbre,

es hora del alumbramiento

y un tren herido se aproxima desde una esquina,

un tren –que es mi sombra o mi vacío- silba;

mientras una fina estela de humo me recuerda tu cuerpo,

altar donde, años atrás, oficiabas el Ritual de la Luna Llena.

Hoy es lámpara, fuego tibio para los días sin piel.

 

Esta ciudad siempre fue esquiva y hostil.

Te perdí en ella

como quien pierde la infancia después del primer beso.

 

En esta hora opaca

El Correo de la Noche trae noticias tuyas,

noticias que llegan en las voces de mendigos y de borrachos

los mismos a quienes daba un pan o una moneda.

 

Bogotá,

es la hora del deslumbramiento

y tu recuerdo viene a llenarme de preguntas,

a entorpecer mis palabras,

a hacer inútiles la música, el llanto. 

 

El Correo de la Noche trae noticias tuyas

y una llama arde en el pecho.

 

 

 

 

 

CONJURO

Contra las aves

que destrozan los cielos de abril,

escribo tu nombre.

 

Para ahuyentar esa bandada de sueños rotos

que oscurecen los días mejores,

pronuncio tu nombre.

 

Como antídoto para espantar

los pájaros de la angustia

que se despiertan en mis adentros,

canto tu nombre.

 

Al elevar una plegaria para bendecir

tu cuerpo, amado bajo la fiebre de mayo,

subrayo tu nombre.

 

Para escribir, con la tibia luz de julio,

la palabra amor,

deletreo tu nombre.

 

Frente al furioso río de los días

que desdibuja el futuro

enuncio tu nombre.

 

Cada letra, cada sílaba es un conjuro

contra la peste del olvido,

por eso hoy libero tu nombre.

 

 

 

 

 

DIARIO DEL OLVIDO

 No sé a dónde fuiste con el último estallido

 de la guerra.

¿Dónde estás?

He olvidado tu país.

Viene tu recuerdo a estropear

la débil paz en que creemos

y no puedo saber cuál es tu aroma.

Tal vez tenías una esencia andina, vegetal.

¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?

Quiero olvidar ese olor a pólvora

que mancha los días en que la felicidad

se asomaba bajo tu falda,

pero el olor de la guerra

es lo único que queda.

Con mis manos te invento

bajo un campo sembrado de café.

¿Quién me asegura que sobreviviste

 al horror?

Estoy solo y me faltas

para ir al cine, a las canchas de fútbol,

a las reuniones familiares

donde odio jugar juegos de mesa,

para ir tranquilo a la cama

y derrotar el insomnio,

para llenar mi corazón con tu sangre.

Digo haces falta.

y al pronunciar esas palabras

mis labios te reconocen y te haces lejana,

y mi sangre, que eres tú, se agita.

¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?

¿Quién me asegura que sobreviviste

 al horror?

He olvidado tu nombre,

tu aroma,

tu voz…

 

 

 

 

 

BANCO DE NIEBLA

Hay tanta neblina en las calles del pasado,

la débil lluvia que moja estas páginas

no logra desdibujar tu rostro

y una tímida sonrisa me conforta.

En la aldea donde habito

resuena tu voz

llena de versos perdidos para siempre.

No hay gritos de pájaros

ni vuelo de insectos que logren ahuyentarme.

Me quedo, sí…

me quedo recorriendo bulevares remotos

así la substancia obscura

que cubre la noche detenga mis pasos.

Dónde fuiste… dónde…

Ilusiones de músicas desconocidas

me desorientan,

estallidos de olas

contra los puertos de mis labios me lastiman,

vuelos de cenizas sobre el alto cielo

de mi pueblo me enceguecen.

Ven, aleja mis días amargos,

siembra en mi tierra tus palabras.

Vuelve a besarme

para que tu lengua de fuego

derrita para siempre

el hielo que se apodera de mi cuerpo.

Llueve sobre la ciudad,

un agua antigua

limpia tus huellas que una y otra vez recorrí

como quien busca

en las pisadas del ayer

días mejores.

Ven porque tu sombra

no responde a mi llamado,

y la neblina limita mis pasos.

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Juan Carlos Acevedo Ramos
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Manizales Colombia. Poeta, ensayista y periodista cultural. Colaborador permanente del dominical Papel Salmón del diario La Patria en Manizales y colaborador ocasional de revistas como Semana, Luna de Locos, Luna Nueva, Clave y de los periódicos Quehacer Cultural, Diario del Otún y Crónica del Quindío.  

Sus poemas hacen parte de:

El Amplio Jardín. Antología de poesía colombiana y uruguaya. (Embajada de Colombia en Uruguay. Ministerio de Educación del Uruguay. 2005)
12 Poetas Colombianos. Punto de Partida. (Universidad Autónoma de México. 2007)
Antología de Poesía Contemporánea. México y Colombia. (Cangrejo Editores. 2011)
Orizont Literar Contemporan. Rumania. (Rumania. 2014)
Alhucema 32. Revista de Poesía y Teatro. (España. 2015)

También se encuentran en las antologías de poesía colombiana:

Poetas en el Equinoccio. (Fundación Sartapalabras. Pereira 2018).
La idea que verdece (Editorial Cuadernos negros. Armenia 2014.)
El rayo que no cesa. Antología poética. (Ediciones Cuervo de Papel. Bogotá 2013)
Vive la Poesía. Poetas en la Uceva. (Universidad Central del Valle. Colección Cantarana. 2011)
Panorama Virtual de la Nueva Poesía Colombiana (Corporación Ulrika y Ministerio de Cultura de Colombia. 2009)
La música callada, la soledad sonora. (Fundación Orlando Sierra Hernández. Panamericana 2008)
Descanse en Paz la Guerra (Casa de Poesía Silva. Bogotá 2003)
Inventario a Contra Luz (Arango Editores. Bogotá 2001)
Nuevas Voces para Fin de Siglo (Epsilon Editores. Bogotá 1999).

Ha publicado los libros de poesía:

Palabras en el purgatorio (Colección Lyrica Species 1999)
Palabras de la Tribu (Editorial Manigraf, 2001)
Los Amigos Arden en las Manos (Editorial Universidad de Caldas, 2010)
Noticias del Tercer Mundo (Editorial Caza de Libros 2010)
Todos sabemos que el poeta es un fantasma (Colección Tulio Bayer 2012)
Los huéspedes secretos (UCEVA 2014)
Correo de la Noche (Secretaría de Cultura de Caldas. 2019)

Además de libros como:

Bitácora de ciudad. Crónicas. (Editorial Manigraf 2014)
Las letras que nos nombran. Historia. (Banco de la República. 2017)
Un corazón de papel. Crónicas (Secretaria de Cultura de Caldas. 2018)
Ha obtenido los Premios Nacionales de Poesía “Descanse en Paz la Guerra” Casa de Poesía Silva y el VI Premio de Poesía Carlos Héctor Trejos.

En 2015 fue finalista el Premio Nacional de Poesía que convoca el Ministerio de Cultura de Colombia con su libro Los Huéspedes secretos.

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OTRA ORILLA DEL SUEÑO – Poemas de Hernando Guerra Tovar


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

 

 

MEMORIA

A mi madre

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno, tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda. Memoria erguida en una garza.

 

 

 

 

 

PUENTE

Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos. Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas. Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano. Es ahora que despierta la vigilia.

 

 

 

 

 

NOCHE DEL CAMINO

Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego

Noche del camino

Apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ANTICUARIO

A Jorge Eliecer Pardo

El tiempo resbala, escapa
por entre los curtidos dedos del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
tasa el polvo que cubre su existencia
Risa y llanto de lejanos dueños habitan este mueble
tenue luz de hogar se agita en esa lámpara
imagen de la niña que fue
en el espejo
El piano recorre, discurre
por notas de Chopin o de Beethoven
y la tienda se puebla de ausentes
Hay un lugar dispuesto para todos
en el comedor de cedro
donde cenaron los héroes
antes y después de las batallas
Hálito de vida en cada cosa
respiración, vaho, latido
desfile de siluetas invisibles
siglos que observan en la sombra
Un concierto de voces y murmullos
asalta cada noche la tienda del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
mide la herrumbre que calla su silencio
Allí los estribos con aire de galope
los floreros de Eros o Thanatos
la máquina en que el poeta escribiera
nocturnos memorables
los jarrones de plata, los pebeteros
los candelabros
la silla de Van Gogh
que contiene el mundo
El tiempo resbala, escapa
Candil que alumbra los rincones de la infancia
¿dónde el baúl en que Abuela
atesoró sus más íntimos
recuerdos?

 

 

 

 

 

ARCANO

Dueños del cuchillo y de la herida, llevamos un crimen en la traición, en la voz apagada. En el juego de la vida, cada cual guarda su as, su comodín. Arcano del silencio, ave nocturna, guardián de lo indecible.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ALBEDRÍO

A Andrés Matías

De los escombros elige el que te guste
Hay azules, cielo despejado
para aquellos que sueñan paraísos
donde la luz no alcanza
Hay verdes, como el vientre del bosque
colmados de hojas y de alas
Los hay rojos como la espina
la gota de polvo o de fuego
en cada verso, en todo vino
De los escombros elige el que te guste
Hay variedad de grises olor a bruma
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla
El blanco páramo
El que inventa el calor de la canícula
Puedes llevar los colores del sol y de la flor
acaso el lila, el magenta, el rosa
Puedes llevar los colores de la luna y la semilla
los oscuros colores de la tierra
Puedes llevar el amarillo dorado
como el alba o la tarde
como fruto maduro
como ese viento que danza en los trigales
De los escombros elige el que te guste
Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

 

 

 

 

FISURAS

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio. Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino que bordea las fisuras de la noche.

 

 

 

 

 

DE NUEVO

Por la escalera del deseo,
del séptimo al primer piso.
No hay daño, sólo contusión de fuego.
Ningún reproche.
Nada reclaman las esquinas,
la luz, las lámparas, los muros
que advierten las palabras.
Nada dicen la escalera, el deseo
ni el recién lavado primer piso.
Ayer la conciencia destrozada,
dolor de filo, altar de miedo,
ensimismadas siluetas en la noche.
De nuevo la caída.
Por la escalera de la culpa siete pisos,
buscando la inocencia.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

El viento no borra la huella
cada paso acude al reencuentro

Caminos sin rumbo en siglos de color
altares simulados al hilo de la llama

Afuera el cielo no responde
en rituales de espacio
y de tiempo se diluye

Lágrimas de luz en batallas de ausencia
hebras de piel como signo
adheridas al origen

Afuera el paraíso no responde
habita entre dos voces
verdad o ilusión

El viento no borra la huella
cubre de polvo
la mirada

 

 

 

 

 

PROLONGADO RESBALAR
ES LA CAÍDA

nada es súbito
ni caer ni ascender

ascender es comprensión
forma de estar en el vacío
tentación de ser abajo

felicidad no es equilibrio

¿quién niega acaso
la paz de resbalar
el riesgo amoroso de caer
la tentación de no ser
la dicha del vértigo
la alegría de no estar?

               ¿quién dijo
    que el poema
    se escribe
arriba?

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

SI REVELACIÓN O DELIRIO

si la palabra es forma
del silencio contenido

si tiempo y espacio
son la misma ilusión

si la noche proclama
tentación o certeza

si resbalar germina
la flor del precipicio

si el caer es retorno
como inicio el vacío

si revelación o delirio

 

 

 

 

 

CREER
NO ES DEL TODO CIERTO

crecer
en la sola creencia
dificulta el ascenso

creemos
tantas cosas pesadas
que la escalera
se rompe
y la caída es propicia

creer
es a veces falso

la verdad precisa
crecer
en la inocencia

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hernando Guerra Tovar
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Armero-Guayabal, Tolima, Colombia, 1954. Poeta y ensayista. Abogado de la Universidad Libre. Premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2017. Es representante en Colombia de la Unión Mundial de Poetas. Fue dirigente por varios años de una organización profesional del sector financiero. Autor de los libros de poesía: Pájaro azul, 1994; La noche del árbol, 1998; Ciega luz, 2004; Sombra embestida, 2007; En la curva del río, Antología, 2009; Tríptico de la luz, Antología personal, 2010; El tiempo que nos resta, 2014; Restauración del fuego 2016; Flor de precipicio, 2019. Incluido, entre otras, en las antologías Poetas Siglo XXI de Prometeo Madrid, 2007; Antología universal de Poesía Siglo Veintiuno de Fernando Sabido de España, 2008; Poesía colombiana Editorial el Perro y la rana de Venezuela, 2008; Revista Letralia de Venezuela, 2009; Poesía colombiana 1931-2011 de Fabio Jurado Valencia, 2011; Poetas colombianos siglo XXI Antología bilingüe (español-francés) de Myriam Montoya, París 2018; Los sueños se aman, Casa del Poeta peruano, Lima 2018; Entra – Mar, Sakura Ediciones, 2018, Su obra ha sido parcialmente traducida al francés, inglés y portugués. Respira y escribe en Bogotá.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Edilberto Sierra (Bogotá 1956). Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, y Brasil. Profesor de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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LA TRANSPARENCIA DEL AIRE – Poemas de Oscar Vargas Duarte


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

La transparencia del aire
(Poesía)
Oscar Vargas Duarte
Burdelianas Poetry Editores
Lanzamiento: abril 25/2019

 

 

 

En 1804, Alexander Von Humboldt llegó a México y la exuberancia del paisaje poblado de profusos valles, montañas agrestes y volcanes en los que todavía se conservaba el fuego primigenio, le hicieron pronunciar:
¡Viajero, has llegado a la región más transparente del aire!

Oscar Vargas Duarte, en  La transparencia del aire  retoma los caminos del asombro de aquel caminante, esta vez sugeridos por una mujer.  O, mejor, por la mujer total, territorio inexplorado que algunos poetas presienten.

El libro es, sin ambages, una declaración de amor. Al igual que Petrarca en sus Sonetos a Laura (mujer que el poeta italiano apenas vio en la iglesia, del brazo de su esposo, un viernes santo) Oscar Vargas Duarte en  La transparencia del aire  celebra a su dama, sin que le importe si ella se entera o no de esta celebración.

Estos poemas en ocasiones toman la forma de relatos, y viceversa, muy al estilo del Libro de las cosas, primera publicación del autor, dejando claro que no le interesan las fronteras entre géneros literarios.

La transparencia del aire  es un libro escrito por un hombre que ama, y lo dice, y lo canta, como un volcán.

 

 

Litoral

Quédate en el litoral.
No desembarques
evita el clamor de la tierra.
No viajes al mar extenso.
Mantente ahí, inmóvil,
en ese lugar sin niebla
donde la claridad es oscura y congela.
No te atrevas,
sé fantasma.

Quédate en el litoral.
Eres tú a quien deben encontrar sin que te muevas.
A los demás la piel los migra,
el tiempo los hereda.

 

 

 

 

 

Derrotas

Cultivé aridez en tu silencio,
fui presencia ciega ante tus ríos.

Como un sol
arrastré mi voz al lugar
en donde los tubérculos dan sus frutos
y olvidé la luz que con el aire vuela.

Construí ciudades enteras en tributo
al dios tsunamí,
a la diosa huracanada que habita en tus ojos.

 

 

 

 

 

Cierres y aperturas

Tú, juntas orillas
atas botones
das forma a lo que cierra
ocultas la página blanca
tapas la página escrita
tu piel desnuda
va
al interior de tu ropa.

Yo, en secreto,
pienso en soltar,
abrir, ver, leer,
desnudar
escribir sobre tu piel
en donde la lluvia
te come con su boca secreta.

Sin que lo sospeches,
tú cierras de ti
lo que yo
abro.

 

 

 

 

 

Contenido explícito

El único extremo que acepto es el de tu cama al amanecer.
Mis palabras batallan por adentrarse en tu geografía.
En tu boca un diccionario de voces puede leerse labio a labio, lentamente.
Mis ojos se pierden en la luz de tu escote, y mis pensamientos se van en imaginarte.
En vez de ojos tengo botones y te veo por el ojal sin hilo que me ata.
Tus senos, breves como un parpadeo, me hablan de ti.
Me cuentan todo.

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2018

 

 

 

Caída

Tu desnudez no abre puerta alguna.
Caes sin ser tú,
te levantas siendo tú misma.
Mi mano, mi voz, mis ojos,
son imaginados por tu nombre.
Te llamas sorpresa,
dentro de ti todo se sostiene,
incluso yo que vivo afuera.

 

 

 

 

 

Respuestas oportunas

En el comienzo era el verbo.
Yo no estaba ahí para escucharlo, pero aun así lo creo de ese modo.
Me propongo hacer lo mismo con mis palabras, dando por hecho que palabra y verbo son lo mismo.
No es la lengua un objeto amarrado, pero la suelto.
No está cubierta, pero la desenvuelvo.
Con ella encuentro la punta de la lluvia, la primera gota y digo algo.
Supongamos que digo, Buenas noches, y al unísono una costumbre me responde desde la lengua materna de quien me oye.
Es este el poder del verbo.
Eres una mujer hermosa, y sin que sea por repetición, tu sonrisa responde en tu rostro.

 

 

 

 

 

 

Prisioneros

Deambulas por las estanterías de la biblioteca hasta que te detienes en un libro de Octavio Paz.
Lees: «Si el hombre es polvo esos que andan por el llano son hombres».
Cuando hablas de poesía, te gusta jugar.
Dices: «Si la mujer es poema, esos libros están llenos de mujeres. El papel atrapa a quienes lo habitan».
Ahora caminas, en silencio, como si estuvieras recorriendo los pasadizos de una cárcel.

 

 

 

 

 

 

Ensoñación

En algún lugar de mi memoria tomas café y miras a través de una ventana.
Usas una blusa de color blanco con pequeñas nubes bordadas en hilo azul claro. Llevas en tu cuello una delgada cadena de oro con un dije que repite la forma de una manzana. Unos aretes diminutos como el dije, dan forma a un árbol que da paso a todo lo que llega a tus oídos.
Ignoras la música del lugar, escuchas el tintineo de tus dedos en la madera, sabes del sin color artificial de tus uñas.
Con tus ojos convocas la forma de un hombre invisible del que no sabes nada y lo presientes todo, no puedes esperarlo, no quieres ser la estación abandonada en el crepúsculo.
Un sorbo nuevo del mismo café le da calor a tu boca y cambia tu expresión.
Giras tu cabeza hacia un reloj que hay junto a la puerta y verificas que ya es tiempo de partir.
Te levantas, sales, te alejas de mi recuerdo.

 

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2018

 

 

Aprendiz

Me enseñaste a tejer para bordar tu mirada en mis ojos.
Me enseñaste a coser para darle forma a la tela con la que he de extenderte en mi memoria.
Me diste el color de la noche para agitarlo en las horas de sol y ver tus ojos.
Pusiste en mis manos el temblor de la vida, la caricia próxima y la caricia perdida para que comprendiera que todo comienza en la danza.
Así, me has estado enseñando la vida.

 

 

 

 

 

Silencioledad

Ves el libro,
preguntas su contenido:
en él estás tú, solo tú.
Lo abres,
nada en él,
eso es todo,
hojas blancas,
sin palabras,
sin trazos.
Explico:
caigo en tu “silencioledad”
para encontrarte,
hojas blancas,
llenas de ti
porque no estás.

 

 

 

 

Vacío

Te ves igual a esos lugares en donde se pone el sol y la madrugada se espanta al verse en los ojos de quienes madrugan.
Te ves así cuando me preguntas acerca de mañana y no sé qué responderte.
Preguntas de nuevo y el vacío nos circunda.

 

 

 

 

Viaje

Durante toda la mañana he pensado en ella.
He trazado la forma de su rostro, de su sonrisa, de sus ojos.
He visto la manera en que con una tela hace una moña en su cabello.
He escuchado su voz y he enumerado las palabras que más usa.
He recorrido la constelación en la que el azar ha dispuesto sus lunares.
He sentido, como mías, sus cicatrices, el inexacto orden de una y otra de sus fatigas.
He estado aquí en el mismo lugar desde donde abarco la mañana con mis ojos,
yendo tras ella.

 

 

 

 

Miedos

Me aproximo a su existencia desde una canción, una de preguntas sin respuesta.
Me acerco a ella tras las hojas de una novela de suspenso recién empezada.
Me reencuentro con su piel cuando tiendo la cama y un delgado imposible tiembla al pensar en el camino que tendremos que recorrer para juntarnos.

 

 

 

 

 

Juegos de azar

Sabes que los dados están cargados a tu favor.
Sabes que jugamos al amor con las cartas marcadas.
Te quitas la ropa y sobre la cama
lo apuestas todo.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Oscar Vargas Duarte
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Vélez, Santander, 1971. Poeta y narrador. Ingeniero de sistemas egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado el “Libro de las cosas” (Seshat, Bogotá, 2017 – Uniediciones, Bogotá, 2018), selección de textos de difícil clasificación en donde se amalgaman la poesía, el aforismo y el microrrelato.

Incluido en Depredación, antología inusual de cuento colombiano contemporáneo (Uniediciones, Bogotá, 2018), y en Desde estos tejados, antología de poetas hispanoamericanos.

Colabora en la sección de cultura del periódico mexicano Lector 24. Textos suyos se han publicado en los portales de Letralia y Burdelianas Poetry. Egresado del Taller de Cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Es cofundador de la iniciativa cultural Ciclos de poesía en los bares de Bogotá. “La transparencia del aire” es su primer libro de poemas publicado. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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SEÑORA MUERTE – Dos microrelatos de Jorge Guaneme


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

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 LAS CENIZAS DEL ABUELO

Después de varios meses de torturas, médicos, especialistas y enfermeras, el abuelo por fin descansó. La familia acordó cremación, claro, después de rendirle los homenajes que se merecía, sin olvidar lo concerniente a misas  y responsos.

Para cumplir con su último deseo, toda la familia fue a enterrar sus cenizas bajo el árbol que él había sembrado cuando era joven, allá, en su finca natal.

Catalina, su nieta, estudiante de medicina, estuvo muy al tanto de la evolución de la enfermedad, primero para cuidar al viejo y segundo para aprender un poco más.

Una semana después del entierro de las cenizas, Catalina se reintegró a sus prácticas en el hospital universitario.

En una de sus clases, en la morgue, tenían que realizar una auscultación. A petición de los estudiantes esta práctica se hacía cubriendo el rostro del cadáver con una toalla, pues no querían que los ojos fijos del muerto los perturbaran mientras le abrían el vientre. Así se hizo también en esta ocasión. Catalina estaba insertando el bisturí en un costado y por accidente alguien movió la toalla dejando al descubierto el rostro que no querían ver. Catalina lo vio, soltó el bisturí, y se desmayó.

El médico y algunos estudiantes se rieron. Suele suceder, dijo el médico, ellas son más propensas  a estos nerviosismos.

Y mientras le daban primeros auxilios a Catalina, el médico insistió en que era preciso esforzarse en superar esos melindres, ya que durante toda su vida profesional tendrían que vérselas con muertos.

Con un pañuelo sobre la nariz, impregnado con éter, al fin Catalina regresó a la vida y con voz apenas audible, dijo: El que está sobre la mesa es mi abuelo, el mismo que incineramos hace una semana y cuyas cenizas descansan debajo de un árbol.

 

 

Michael Gaida / Pixabay

 

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MUERTA ANTES DE TIEMPO


Nadie se muere en la víspera, sino en el día que le toca, eso dicen, pero no siempre resulta cierto. Catalina Herrera murió diecinueve años antes del día que le tocaba.

Sin saber cómo apareció muerta ante la Registraduría Nacional y ella, que ya había cumplido 83 años, se la pasó casi dos décadas tratando de demostrar que estaba viva.

Necesitaba atención médica pero no podía recibirla por su oficial condición de muerta. Después de mucho papeleo, entrevistas en radio y televisión, testigos, y constancias de médicos y siquiatras al fin le creyeron y Catalina Herrera regresó a la vida. En la Registraduría le entregaron una contraseña que así lo demostraba. Ahora sí podría recibir los servicio de salud que tanto necesitaba.

La emoción fue tan intensa que pocos días después, en una celebración con sus más allegados, murió de conmoción cerebral y paro cardíaco.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Jorge Guaneme
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Simijaca, Cundinamarca, 1945. Escritor y crítico literario. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Tiene un Master of Arts en Sociología de la Literatura de la Universidad de Essex, Gran Bretaña.

En 1993, con su novela “La máscara y el espejo”, obtuvo el Premio Nacional de Novela Plaza & Janés. En el 2001 la Editorial Aurora publicó “La trampa del deseo”, su segunda novela.

Les invitamos a visitar su WEB

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DELIRIO – Un cuento corto de Tatik Carrión


Foto / ©Yadira Aldana

 

A la mujer le dolía tanto la cabeza que se le estalló. El ruido fue parecido a la explosión de un globo inflado con helio. El cuerpo inerte cayó. En el aire, las palabras y las imágenes flotaban. Eran muchas, todas las que guardaba desde pequeña.

Las personas que estaban en la plaza principal quedaron sorprendidas. Algunas se asustaron y salieron a correr; otras agrandaban los ojos para ver más allá de las visiones, y pocas, con seguridad y éxtasis, caminaron con pasos firmes hacia la magia flotante del corazón femenino que se abría como para el amor.

Un niño señaló la imagen de una muchacha elevando una cometa. “¿Qué es esto que vuela?”, dijo el niño con asombro. “No la toques”, le dijo su madre abrazándolo y acompañando ese descubrimiento que los uniría para siempre. El abuelo disfrutó viendo cómo la palabra amor se iba elevando lentamente por los árboles y luego por los cielos. Sonrió. Varios jóvenes siguieron las palabras: sosiego, pasión, locura, libertad, alegría… y desaparecieron en esa bella travesía.

Los paisajes se acomodaron como exposiciones de pintura. Los susurros enamoraron a los hombres solitarios y las canciones despertaron esperanzas en las mujeres tristes. Los olores se confundieron entre sí y se impregnaron en la piel de los habitantes que entraron en ese ensueño.

“A lo mejor esta mujer fue escritora”, se dijo un hombre que en la palma de su mano sostenía la imagen de un libro abierto. Se entregó a la lectura sin importarle los hechos alrededor.

Página a página leyó una historia en la que el viento, cantando, llevaba y traía razones de las orillas de todos los mares del universo.

Los miedos también festejaron su libertad y salieron a incrustarse en otras cabezas. El más grande se instaló en un anciano que empezó a decir que el mundo se iba a acabar y que no se quería morir. Gritó tanto que la voz se le escapó. Asustado, salió en su búsqueda. Por entre el gentío, la voz volaba libre como un pájaro que había estado enjaulado toda su vida. A lo lejos se veía un hombre mayor correr detrás de un ave multicolor por todo el pueblo, un lugar que no aparecía en los mapas. Ambos desaparecieron.

La risa y el llanto de la mujer resonaban por todas partes. Los rostros de los hombres que amó se fueron desdibujando lentamente. Primero como copos de nieve y luego como una tenue lluvia de cenizas. El olvido llegó a la misma hora de la muerte, como seguramente alguna vez le fue revelado.

El cuerpo fue robado por un mendigo, quien lo arrastró y lo puso debajo de un árbol donde se escondió con la evidencia. Le contó su vida mientras le ponía pedazos de pan en las manos.

Fue feliz por estar acompañado, se abrazó a ella y se quedó dormido tan profundamente que no volvió a despertar.

Mujeres llorando y riendo, hombres en silencio y tarareando, niños correteando imágenes como burbujas de jabón que al tocarlas desaparecen, unos danzando y otros leyendo, todos fuera de sus casas y sus cabezas: así pasaron horas y horas hasta que la nostalgia, lo más grande que tenía aquella mujer en su vida, se apoderó de todos, enmudeciéndolos para siempre.

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3deman_eu / Pixabay

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Derechos reservados
©Tatik Carrión

 

NOTA BIOGRÁFICA

Licenciada en Lengua Castellana y Comunicación. Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos. Docente de español y literatura. Asesora en proyectos educativos, culturales y editoriales. Ha sido promotora de lectura y escritura, tallerista de escrituras creativas y gestora cultural en diferentes entidades públicas y privadas.
Escribe cuentos, poemas, reseñas, crónicas y novelas. También se dedica a la generación de contenidos pedagógicos y a la formulación de planes y programas educativos.

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APRENDIZ EN EL OLVIDO – Poemas de Yirama Castaño Güiza


Foto / ©Arturo Rivera Vargas

 

 

PRÓLOGO

No tengo la intención del desafío,
ni la premura por un juego de palabras.

No poseo el concreto de la línea en el poema,
ni la lucidez de cifras en la aurora.

No merezco un nombre que autorice
la búsqueda universal en primavera,
ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego.

No entiendo el coro de ángeles testigos
en una caída de noches anunciadas,
ni los demenciales silencios
dando el sí en mi costado.

No puedo construir la imagen
a partir del vacío con cerrojo,
ni aplaudir al inventor de la acrobacia
que finge ser bandera.

Para escribir y amar sólo mis manos.

 

 

 

 

 

 

EL CINTURÓN DE ORIÓN

Cuando se sueña
qué poco hay para perder.

En la ciudad de los juegos
las noches son estrechas,
los bares siempre están abiertos
y las calles
van formando su propio laberinto.

Las luces son intermitentes
y no permiten reconocer los números
en los que caerá el dado.

En cada lance el que apuesta
siempre olvida alguna cara
y el repartidor de vida
mostrará sus manos.

Al amanecer, los asesinos se recogen en sus casas
y nada queda en la memoria
ni siquiera el fluido
que se llevan las heladas.

 

 

 

 

 

 

SECRETO DE MEDIODÍA

Profeta:

Silencios en la sombra
regalan adioses a los duendes.
Presagios con turbante
vienen lento
y arrastran contra sí las dimensiones.

¿Te llevas el asombro?
¿Te lo llevas?
¿Y la validez de la noche sombría?

El tiempo suele robarse las heridas
pero yo te advertí
que soy aprendiz en el olvido.

Nunca te he dicho que el resplandor de los azares
horada sin embargo mis mañanas
y las fiestas que a veces ofrezco en tu nombre.

Recuerdo, por ejemplo, que existen días
en que llevo báculo, saxo y tambores
cuando dirijo la orquesta con los hombros.

Construyo sueños en los arrabales
y bamboleo los crescendo, menguantes y altibajos
que mandaste a perecer conmigo.

Debo agregar,
que en medio de la luz hago la venia con Charlot.
Me visto de negro.
Doy tres pasos
y te sonrío con orgullo de pionera en estas lides.

Qué te parece, viven los secretos.

 

 

 

©Rafael Dussan / Algo en común – Acrílico y carboncillo sobre tela – 50 x 70 cm. Colección particular

 

 


ALETEO EN EL LUPANAR

En la tierra –vientre-
un montón de amores

El velorio de su piel nace en un adiós

Secreto de alfiler para un solitario encuentro

Retorno a la caída de la luz
donde estrellados yacen los espías del olvido

Mariposa,
acepta ser la esclava de tu propia noche

Levanta a los lisiados de tu vértigo.

 

 

 

 

 

 


ODISEA DEL GUERRERO

Adentro del corazón suena la campana.
Alguien que no duerme,
habita el cuerpo del intruso.
Después de crear los intentos,
el otro sale a caminar,
invade el terreno de la piel.
No hay una frase para describir la salida,
el paso largo hasta el extremo.
Un ligero corte,
preciso desborde del sueño.
Lo real adquiere el color del muro que traspasa.
Al silencio, agregó la palabra.
Esclavo del ensayo,
sentado en un cuarto sin luz
regresa al fondo.
Al espacio que es, no se le abandona.
Ayer, le pertenecía al diferente.
Así vive compañero de él mismo.
Alquilado por dos.
El que fue,
ya no vuelve,
es fantasma.
El inmortal es el reflejo de su rostro
en otros ojos.

 

 

 

 

 

 


RUMOR DE CIEGOS

Luego del lamento,
luego de la estrechez en muchos cuartos.

Aun después del ahogo en una cama,
aun después de los silencios.

Más allá de la agonía y las deudas del amor,
más allá de la frontera entre los labios.

Tarde y noche.
El feliz jinete se despide.

Ahora, en el futuro,
desprendido de la tierra,
retoma la inocencia.

Ese niño recorre los parques,
en busca del trébol de cuatro hojas.

 

 

 

©Rafael Dussan / Tipos arcaicos del poder – Acrílico y carboncillo sobre tela – 60 x 120 cm. Colección particular

 

 

 

SUEÑO DEL CÓMPLICE

Un caballo negro espera.

Aldaba del espejo,
abre ya
la puerta del otro océano.

Trampa que caza el animal equivocado.

Mis piernas ya no son, ¡galopan!

Por fin,
me atrapo
y me dejo ir.

 

 

 

 

 

 

 MALABAR EN EL ABISMO

Di mi nombre una vez
llévame, breve,
entre la seda
o la espiral hirviente.

Recorre conmigo el laberinto
para no llegar
o para fugarnos en la ceguera.

Aunque el año que nos sigue
esté tan lejos.

Deja resbalar la tristeza
mientras duermo
dócil.
Despojo anciano,
sepulcro de la culpa.

Deslízate en la cavidad de los lamentos.
Allí me encuentro.
Detenida. Pálida.
En invierno.

Toma el corcel
y busca mi disfraz.

Es preciso que te espere.
Suave, en harapos.

Al margen del poniente.

Agrega un redoble o esta noche:

La cumbre de mi sueño está nevada.
Ligera, feliz.

 

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Negociación entre el bien y el mal – Acrílico y carboncillo sobre cartón – 22 x 30 cm. Colección particular

 

 

RUMOR DEL VALLE

Cuando comencé a viajar,
no pude resistir la tentación de parar
en la estación equivocada.
Pequeño pueblo de bombilla en la escalera,
habitar cualquiera de tus casas era bailar
en una ronda de gaitas y tambores.
No importaba la lengua arenosa,
ni el calor colándose en la pared de la cocina.
Bastaban eso sí los olores de la tierra,
la lentitud descalza en el centro de la plaza.
Nadie tenía nombre
y sin embargo todos se llamaban.
Las mujeres pintaban sus labios
en punto de las seis
y los hombres aplastaban fichas
en medio de los gritos y la fiesta.
Pero un día llegaron los falsos monjes
a pintar con aerosoles
agujeros negros en tu cielo.
Pequeño pueblo,
ahora que vuelvo con el camino despejado,
ahora que la brújula señala el norte sin equívoco
hay algo que no entiendo,
todos callan
y una fila de cantadoras
con velas en las manos
alumbran la marcha
que aleja a los niños
de la prometida tierra.

 

 

 

 

 

 

 MEMORIA DE APRENDIZ

No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es dibujar la noche.
Seguir la línea de su curva,
hacia el eco común
o la profunda luz.
Tomar la imagen de su pulso.
Medir la turbulencia.
Oír su tono,
el latido de su adentro.
Habitar las estrellas que la viven.
Desnudar falsos colores
y mostrar el plateado vuelo
de pájaros fantasmas.
No basta con acariciar palabras,
lo definitivo es asistir a los cortejos
con toda irreverencia.
Grabar los rostros,
vestir sus cuerpos.
Memoria de aprendiz,
la inteligencia es un juego de distancia.
Un dolor agudo.
Una irónica y sutil virtud.

 

©Rafael Dussan / Concilio de amor. Salomé seducida – Acrílico y carboncillo sobre papel entelado – 100 x 70 cm. Colección particular

 

 

 

LA SILLA DEL PARQUE

Ocupas este espacio,
que descansa tu espalda.
Antes de ti, otros vinieron
y aunque no lo creas,
tengo memoria.
Cuando te vayas
habré guardado de ti,
la pequeña historia que relató el instante.
Sé que no te llevas nada de mí
y yo,
afortunada,
he contenido la esencia de tu espíritu.
Este parque es mío,
como yo le pertenezco,
y el tornillo que cayó
no me ha quitado la fuerza.
Tengo la suerte de habitar los cuerpos,
más no la virtud del movimiento.
Pero mi vejez es de roble
y, al final,
puedo encender la hoguera.

 

 

 

 

 

 

 

UN ÁNGEL EN LISBOA

A Fernando Garavito

Me imagino que se levanta cada día
con ganas de zumbar,
que se despliega sobre el papel
con la rabia propia
y las miradas ajenas puestas sobre él.
Me imagino que despierta
y persigue los olores más extraños,
aquellos rancios, aquellos agrios.
Me imagino que da vueltas sobre la palabra
y se posa sobre ella, multiplicándola.
Me imagino que busca la luz,
limpia sus alas,
se guarda de sí mismo
y espera el golpe por venir.
Me imagino que sigue atento,
más allá de toda sombra,
que busca los desechos,
que los lame y los escupe.
Me imagino que tiene frío
que su cuerpo ya es poema
y que la ciudad,
adoquín por adoquín,
se parece a él.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Yirama Castaño Güiza  

 

NOTA BIOGRÁFICA

El Socorro, Santander. Periodista y editora. Participó en la creación de la Fundación y de la Revista Común Presencia. Hace parte del comité asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Ha participado en los más importantes Festivales de poesía en Colombia y en Encuentros de escritores a nivel internacional. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Queda la Palabra Yo, Antología de poetas colombianas actuales. Ediciones La Palma, Colección eMe, España, 2018. Antología Poética Ventre de Lumiére, Vientres de luz, 14 poetas colombianas + Jattín, Uniediciones, Colección Ladrones del Tiempo, 2017. Corps avant l´ oubli, Cuerpos antes del olvido (Yirama Castaño, Stéphane Chaumet y Aleyda Quevedo), Ediciones de la Línea Imaginaria, Ecuador, 2016. Poemas de amor (Yirama Castaño, Josefa Parra), Ediciones Corazón de Mango, 2016. Malabar en el abismo, Antología, Común Presencia Editores, Colección los Conjurados, 2012. Memoria de aprendiz, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2011. El sueño de la otra, Colección Prometeo Serie Hipnos,1997. Jardín de sombras, 1994. Naufragio de luna, 1990. 

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Rafael Dussan. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LA TRISTEZA DEL OCÉANO SE HUNDE EN EL CIELO – Poemas de Wilson Guillermo Díaz

 

Foto / ©Arturo Naranjo

 

Del libro Las heridas del ruido
(La valija de fuego, 2015)

 

 

LAS HERIDAS DEL RUIDO

Hemos abandonado a nuestras novias
en un festín de perros degollados.
Enrique Gómez-Correa

La noche ensangrentada

duerme entre mis viejas manos.

 

Sus estrellas mutiladas

clavan en mi cuerpo

los ruidos fragmentados

desdibujados en las muros del olvido.

 

Ruidosas vienen las heridas al festín de los cuchillos tuertos.

Las bisagras de las puertas copulan ruidos arrugados,

amputados girando en la tiniebla.

 

Degollados yacen los sueños de los perros.

Degolladas corren las ansias del sexo.

 

Nuestras novias caminan de la mano

entre las cenizas polvorientas de la vía.

 

Las heridas del ruido

engendran las tristezas de los vidrios quemados.

 

Degollado camina este poema

sufriendo los ruidos heridos

de los perros.  

 

 

 

 

 

 

RÉQUIEM

 a Lêdo Ivo
In memoriam

I

Desde el océano, mis dedos lluviosos lloran.

Huyen entre la arena al convertirse en cenizas.

Otro ser de uña encarna el dolor del poema

los labios de las sílabas desembarcan hacia la otra orilla.

El viejo vidrio de mi tristeza se agita.

 

II

Ladran a lo lejos los arrecifes moribundos,

al escuchar la noticia que lanzan las piedras

ellas dicen que las nubes han muerto de un infarto.

La gaviota de las palabras, naufraga entre los desastres

en la oscuridad.

 

III

El azul difunto del océano pasea sobre sus hombros,

otro amanecer viene nadando desde lejos

trae la sonrisa avinagrada, los versos desde su lecho

del poeta que falleció con la hermosura de las lagartijas sagradas de Maceió.

 

IV

El luto de mis pies se enreda

con las huellas trazadas del viento.

La tristeza del océano se hunde en el cielo,

los cantos del murciélago al soltarse de las amarras

son heridas viajeras hacia el piélago del dolor,

cuando dejan de ser cenizas. 

 

 

 

 

 

 

©Pexels / Pixabay

 

 

 

 

 

LA LUNA ABRE LA HABITACIÓN PERDIDA

“Yo mismo me convierto en este oscuro incógnito”
Georges Bataille

Un cuerno 

                    negro

                                cuelga de su frente.

Arrastra pedazos de pestañas

                                                      que se encuentran entre los ojetes

                                                                                                                      de sus zapatos 

                                                                                                                                                   rojos.

La luna pisa un grito tembloroso

                                                                 de agujas oxidadas

                                                                                                     lanzadas hacia lo incógnito.

Las piernas enmudecen

                                           al sentir el hielo

                                                                               en la oscuridad.

El tiempo se  turba

                                                 entre sus uñas sin luna.

Espera ciega un rostro

                                            afilado, joven

                                                                                  cuando soy luna.   

 

 

 

 

 

 

 

ARTERIA 
             ARTIFICIAL

A Henry Miller y Brenda Venus

“Siempre enamorado” 
Luis Cernuda de Tiziano

 

Ella es una belleza del Sur.

Piel roja instalada en dieciséis horas

su rostro pierde la quietud en las fotografías

es la actriz dramática, atrevida, oscura.

 

En los escenarios su único ojo

baila con malvivientes que gritan su llegada.

 

Ella es arteria artificial apasionada y solitaria

de versos besos escondidos, detrás de las medrosas

tarimas de la seducción.

 

Ella es la biógrafa de tu semen

                                                                 Miller

                                                                  iluminado en la nevisca sexual del otoño.  

 

 

 

 

 

 

 

CARL SANDBURG EN LA VENTANA

 

El humo de la calle trae en los dientes

pólvora de tus ojos errantes.

 

Caminas sobre un cable extendido desde Galesburg hasta tropezar con el ruido

agrietado de mi ventana.

 

 Esquivas al conductor de leche, al ayudante en la barbería y a la terca

máquina prometiendo tiquetes sin regreso a los trigales.

 

El cuello de la camisa marcha tiznado entre las honduras de tu niñez.

 

Pistoleros, trompetistas entre la libertad de los lagartos, van pintados de calor en tu pecho.

 

El tiempo emigra.

Y las limaduras de tu viaje bailan con las heridas afiladas de mi raza.

Sombras desterradas se hospedan como cuervos inseparables en mi ventana. 

 

 

 

 

 

 

LOS CUATRO COSTADOS

A Norman Paba Zarante y María Consuelo Gracia

“Esta cama de pobre es
el lugar de nuestro amor”
Leopoldo Pinzón

 

Observo la moneda de cobre muerta sobre la mesa.

Avisa la ruina de los días.

Las palabras arrastran los anuncios

y solo el cuadro de la entrada

muestra,  su risa apolillada.

Dos cuerpos desnudos,

el tuyo, el mío, calcinan la rutina.

Las cuatro piernas cansadas de vivir

tragan la sórdida sombra y escupen la sopa de sus propios fantasmas.

Hacemos de nuestros órganos cuatro costados de la excitación,

Inflamándonos y huyendo hacia el centro de la cama, para amarnos humedecidos,

olvidados de pobreza, hasta que el agua seca del grifo se convierta en arena.

Las bocas vomitan dentro de nosotros

los meses que se oscurecen entre los dedos

bebemos sus pequeños infiernos después de besar la zozobra.

 

Odiamos las horas en que pasamos enfermos

porque los gritos sucios de la calle nos laceran.

 

La moneda regresa al cementerio

y abrazados descubrimos los colmillos huérfanos

clavados en las heridas del otro

en la noche deshabitada, entregada al silencio.

 

 

 

 

 

©Tama66  / Pixabay

 

 

 

 

CONTRALUZ

 

Las hojas desnudan el ruido azulino

la inquieta piedra cae al golpearse

contra la voz amarilla del escarabajo.

Otra mirada tacha el verde del viento

abrumado por el humo rojizo de la tierra

la piedra gira y se calienta hasta envejecer

una sombra remendada de vino se precipita en

neblina trazando un camino de plumas en

el cielo

las flores cantan entre los grillos y una mancha

de relámpago zumba en el centro de la fétida

pared

que se desploma

a pedazos.

 

 

 

 

 

 

 

LAS TINIEBLAS DE AVANTCARGA

“Sobre la cuerda no haré más el tonto”
Raúl Hernández Novás

Canta enfebrecido

                             el disparo

                             funámbulo en el cráneo de Raúl

                             aledaño al tímido ruiseñor.

                             Pronto la ávida sangre

                             alumbrara las noches.

                             de su boca saldrá el rugido de las

palabras 

                             el frío tintineara la nostalgia de las

calles

                             rebeldes en brumosas mañanas.

 

Cantan conmovidas las alas del ruiseñor

en su pecho, saltarín de trapecios

burlándose de la vida

a espalda de las tinieblas de avantcarga. 

 

 

 

 

 

 

CORTINAS PUNTILLADAS

 

Sin ninguna esperanza

la carnaza se anida

en la herida del ruido.

 

El ojo sucio sin aturdirse persigue

las patas de moscas atrapadas

                                                          en las cortinas.

 

La sombra decapitada del pájaro

rasga el infotunio de luz.

Ella, parpadea detrás  de sus vísceras.

 

Clavados los blancos

                                       huecos de la ventana

contemplan al ángel

                  masturbándose con sus alas arruinadas.

 

 

 

 

 

©Michael Gaida  / Pixabay

 

 

 

 

 

EL HELLHOLE DEL PACÍFICO
EL PUERTO DE LOS DESESPERADOS

 

“Si vives en las colinas, eres alguien,
Si vives en la parte sur o en el lugar llano
eres una basura”

Leland Kobain

 

Refugiado en el tráiler de mi abuelo.

Me inyecto la risa de las colinas.

La lluvia nace entre los rieles desheredados

        próximos a desaparecer del óxido intruso

cobrador del tiempo.

 

Aberdeen cada diez segundos es el desierto

de los desesperados, del progreso tardío

          que graba en un vinilo los gritos sumergidos

en la avenida.

 

las prostitutas ondean los sueños

entre las lámparas vírgenes del Motel.

 

           Besan las copas invertidas

al desplomarse el sol gris del puerto.

 

La cuerda desconocida de la guitarra

pierde el brillo del sonido, se azota

             con la angustia de los días vagabundos

en los autos, en el tráiler de mi abuelo.

 

en la escopeta despidiéndose del futuro

          amordazado entre los rostros flaqueados.

 

 

 

 

 

 

 

BAJO EL SOL DE BISKRA

“Te pertenezco. Te obedezco. Me abandono”
André Gide

Alguien provoca el escándalo,

turbado de Aquasanta.

 

La borrasca de los sudores nocturnos

se esclavizan en los cuerpos al descubierto.

 

La mirada riente se abandona

                                                       al deseo

cuando braman enjaulados

los invisibles fluidos temerosos

de que el sol de Biskra se apague.

 

El toque de los contornos libidinosos

Eyaculan el cielo impuro.

 

Yo

     el

        otro

                 habita en tu carne insultada

de Demonio.

 

Individualizo los rayos

quebrantados al crecer dentro de tus ojos.

 

Bajo este sol caído.

Me pertenezco

Me abandono.

 

Parásito de tus lujurias sospechosas

Envenenadas entre las fuentes mudas de la inocencia.

 

 

 

 

 

 

SIN TITULO

 

Los sonidos en la boca

son ríos secos.

 

Desaparece frente a la ventana

la pulsión de mi cuerpo.

 

Los latidos

los nervios

se hacen náufragos.

 

Los sonidos ya no son la boca

un todo solo en un muro viejo.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Wilson Guillermo Díaz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1978. Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial Domingo Atrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011, y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Fue uno de los ganadores del primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las heridas del ruido fue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Sus poemas han sido publicados en las revistas Literariedad de Colombia, y Primera Página de México. Escribe ensayos literarios para la revista Liebre de fuego de México y LSD de Uruguay.

 

⊂Ο⊃

 

DICE EL VULGO QUE LOS POETAS VIVEN DEL APLAUSO – Poemas de Omar Ortíz


Foto / ©Andrés Rozo

 

Abuela me contó una vez este secreto: “Hijo,

la luna cuando ve al sol se pone más pálida que nunca”.

De Las muchachas del circo, 1986

 

 

 

 

El de Urbina miró detenidamente al hombre

que le pedía pelear bajo su mando a nombre de

la cristiandad.

Ni la nariz, ni el brillo de los ojos

convencieron a don Diego.

El hombre más que un soldado

de sus Reales Majestades de León,

parecía un judío converso.

Mejor embarcarlo para las Indias

que arrimarlo al Mediterráneo,

pensó el de Urbina.

Lejos estaba el señor capitán de imaginar

los cien mil brazos de Lepanto.

De Las muchachas del circo,1986

 

 

 

 

Todos los carpinteros van al cielo

A Arnaldo Victoria

Y también los sastres, los zapateros, los albañiles,

las costureras, los peluqueros, los artesanos,

y  por supuesto, las putas y algunos buenos poetas.

 

Los malos poetas, en cambio,

llegan directamente al infierno

donde son condenados a construir

un único y eterno poema

que sea como Él, perfecto.

De Los espejos del olvido, 1991

 

 

 

 

Albatros

 

Frente a la ventana, el viejo marinero

Sueña las ballenas que navegan por su alma

Y que su ojo feroz no arponeó.

Su corazón es de verdad un único

Cementerio marino. No el del poema.

El que viaja en esa pequeña ola

Que rueda lentamente por su mejilla.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

©MARA / “María mulata”, 2017

 

 

 

 

Amor y paisaje

 

El primer plano del cuadro

Es un  inmenso campo de caléndulas

atravesado por una vereda

que llega al pie de un añoso árbol,

¿Ceiba o samán?

En su corteza se relata

una historia de amor,

pero el amor sólo cobra cuerpo

en el eterno balanceo del ahorcado.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

 

Nocturno

 

Aquí está la memoria.

En estos libros, testigos mudos

De su blanca piel de luna, está escrita su historia.

Hay que mirar por las hendijas,

donde su sombra,

a esta hora se desnuda. Nunca se piensa

que la perfumada sábana del amor,

sea la mortaja.

Mi corazón arrastra un barrilete, como un niño

que suspende su vida en la levedad de una pluma.

Ahora, cuando la noche es más espesa

alguien arrastra el cadáver de una alondra.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

 

El libro

 

Así como la anaconda hipnotiza a sus víctimas

(No es raro ver una mariposa estampada

en el aire

o un colibrí paralizado ante el hechizo).

El sol se detiene en el reloj de arena

y los sueños son el río que no va al mar.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

 

 

 

La barca

 

Yo, Zenon de Yampupata, salvador del poeta

y de su amada, navego el mar, espuma de oveja,

trueno de jaguar, viento de cóndor.

No sé, ni me interesa, si Odiseo es taxista en Lima

o cambista en el Cuzco.

Si Marco Polo, es un santo y seña de Sendero.

Si Colón llegó antes y después de Erik el Rojo.

No he cruzado el Aqueronte,

pero he caminado nueve montañas y nueve valles

por un puñado de sal.

Mi casa está a mitad de camino entre el sol y la luna,

es hecha de la caña que llamamos, “totora”,

y pasan por allí algunos viajeros,

(no todos, asustados musógrafos que no porfían un verso o un conjuro)

Mi barca, “El Avaroa”, es la liebre,

Aquiles, la lancha voladora del hotel de turismo.

Aún así, no sé en verdad, si pierda o gane.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2016

 

 

 

 

 

Una muchacha de San Petesburgo

 

Anna Ajmátova, casó con un poeta,

Nikolai Gumiliov, fusilado por orden de Yezhov,

jefe de policía y mal sujeto.

Su hijo, Lev Gumiliov, padeció la cárcel a los veinte años.

De ella habló mal Maiakovski

antes de suicidarse, pero le perdonamos.

Anna Ajmátova, sufrió el terror.

Compuso Réquiem para que no olvidáramos.

Pero nuestras mujeres que ven morir sus hijos,

sus novios, sus esposos, asesinados.

No pueden leer más que la lista diaria

de los muertos.

Lloran de rabia, de impotencia,

Mientras cierran la tapa de los féretros

y de su alma.

Por eso hoy les hablo de Anna Ajmátova

para que sepan que no están solas

en su congoja.

De La luna en el espejo, 1999

 

 

 

 

 

 

Héctor Fabio Díaz

 

Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,

la camisa que tanto gusta a Margarita, la del 301,

los zapatos negros recién lustrados, una pinta de hombre,

como dijo mi madre después del beso ritual de despedida

En la Kodak me tomaron la foto para la solicitud de empleo.

Pero de pronto me empujaron a un auto,

Me pusieron dos armas en la cabeza

Y acabé tirado en una pocilga

Donde me preguntaban por gente desconocida.

No señor, decía y me pegaban.

Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro, lo hacían,

como si no tuviera carne, ni huesos, ni sangre, ni alma.

Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,

ni puedo abrazar a Margarita.

Ahora soy una desteñida foto que mi madre

lleva a cuestas en plazas y desfiles.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

 

 

Marcial Gardeazábal 

 

Pertenezco a una estirpe que siempre

vive a destiempo.

Mi padre, víctima de un ataque de narcolepsia,

fue enterrado vivo.

Después del macabro hallazgo,

Mi hermano Joaquín convirtió su pesadumbre

en un  interminable monólogo con la muerte.  

Ernesto, otro hermano, virtuoso artista,

entregaba los lienzos al fuego no más eran alabados

por cualquier transeúnte.

Tío Pedro, armado de una tiza,

escribía en los muros iracundos poemas.

Y yo, el más práctico de los mortales,

me hice librero en un pueblo de analfabetas.

No se alarmen, es la saga que contará mi nieto.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

©MARA / Serie “La soledad”, 2017

 

 

 

Inventario

 

Poseo

nidos de pájaros entre los anaqueles de mi biblioteca,

y un rico tiempo que los nutre.

Una brizna de hierba que me regaló una muchacha

de ojos claros.

Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz

mis aves construyen sus refugios.

Tengo también un papel que sueña ser un barco

y en él una mano desconocida escribió: te espero.

Algunos versos acompañan mis pertenencias,

pero es mejor no citarlos, pues serán otros mañana.

Hay un río, como uno de los bienes

por fuera del comercio,

nacido en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.

Además, en el marco de la ventana florece el jazmín

recordando el olor de una vieja fotografía.

Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo existe,

con su mobiliario y sus espejos,

desde el sueño donde la arena dibuja tu cuerpo.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

 

Pandi

 

Eran los años en que los sueños me habitaban.

Como el malabarista que se juega el alma

en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,

transitábamos mi madre y yo sobre los muertos

que en el día simulaban ser pájaros ciegos.

Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,

olorosas a azufre,

topábamos los límites del inframundo,

donde reinaba el jinete sin cabeza.

Mi madre, como si nada ocurriera,

iba señalando los nombres de los árboles:

éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,

el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,

y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,

gualandayes, almendros,

mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

Palabras como cárceles

 

Algunos se construyen cárceles de aire.

Si dan un paso fuera, caen en el pozo de lo ignoto.

Se aburren, pero prefieren la comodidad de sus certezas,

a la extraña aventura de la incertidumbre.

Una vetusta pátina cubre sus zapatos,

y usan capa dentro de la camisa almidonada.

Algunas palabras forman intrincadas alambradas

Sobre la inocente página.

Fueron dichas por otros,

pero el ensimismado las recoge,

las hace suyas y las va instalando con mucha seriedad

y sapiencia donde alguna vez habitó el asombro.

Como se vanaglorian de su encierro,

y son muy apreciados por las academias,

tienen asegurado el bronce y el aplauso.

De Lista de espera, 2017

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

Sin puntos sobre la íes

 

Dice el vulgo que los poetas viven del aplauso.

Dice la élite (más grotesca que el vulgo)

que los poetas viven del aplauso.

Vulgo y élite coinciden además en sostener

que los poetas son proclives a los halagos

y a los mimos del poder.

Ambos, vulgo y élite, admiran a los poetas

porque los reciben en los cocteles sin invitación previa.

Temen su lengua y sus odios.

Todos creen que la vida de los poetas es regalada

y piensan como Platón que son mentirosos y parásitos.

Los buscan para adularlos,

pero no compran sus libros y se aburren como ostras

en sus recitales.

No perdonan, unos y otros, su desenfado,

sus excesos de alcohol y de lujuria.

Pero abundan en guiños cómplices

y en hipócritas palmaditas en el hombro.

Cuando muere un poeta,

nadie recuerda sus versos,

pero son prolijos los obituarios.

Algún amigo bebe una copa en su nombre,

mientras ignaros y letrados

se regodean en sus cielos de plástico.

De Lista de espera, 2017

 

*  *  *

Derechos reservados
©Omar Ortíz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1950. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía Luna Nueva que completa 44 ediciones y 31 años de vida. Ha publicado 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1995), “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, y la primera edición en España del “Diario de los seres anónimos” que, ampliada y corregida, acaba de ser publicada por la editorial “La Mirada Malva”. La editorial Domingo Atrasado publicó en noviembre de 2017 “Lista de espera”. Se desempeña como director cultural de la Universidad Central del Valle, en Tuluá, donde también dirige la Colección Editorial “CantaRana”.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

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LABRAR EL HIERRO – Poemas de Hellman Pardo

Foto / ©Mike Rojo

Hellman Pardo (Bogotá, 1978). Poeta y narrador. Ha ganado varios premios de poesía entre los cuales se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011, Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014 y el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018. En la 31 Feria internacional del libro de Bogotá lanzó su primera novela “Lecciones de violín para sonámbulas” (Ibáñez Editores, 2018).

 

De su libro Reino de peregrinaciones
Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, 2018

 

AMÍLKAR ESPITIA, HERRERO

Labrar el hierro es mirar con dureza las estaciones.

He levantado con lingotes sólidos

la viga que soporta el campanario de Catalpa.

Forjo en el yunque de la misericordia

                                           las herraduras de caballos tristes                                 

                   en cuyo lomo cabalgan el fuego,

la nostalgia, los pétalos del amor.

El fuego

es un metal pesado que construye señales en la sombra.

La nostalgia

           es la niña muerta del recuerdo.

Los pétalos del amor

                                        son las semillas perdidas en el pico de un colibrí.

Labrar el hierro es cargar un martillo en el hombro

                     y mirar con dureza la luz apolillándose a sí misma.

 

 

 

 

     

LA LLORONA

 

En las Guerras del llanto

                 solo persiste la sal en la lágrima.

Toda aldea conserva sus espantos,

su manera de preguntarse

                                               si lo irreal es también posible.

En Catalpa, por ejemplo,

 se oye el torpe rastro de La Llorona, 

un ronroneo en los matorrales prohibidos de lo lejano.

Por su espalda

     desciende el cabello como cascada de árboles,

tálamos de siemprevivas que agitan los ángulos del río.

Un escapulario ampara sus huesos húmedos.

Sumida en la vergüenza,

se envuelve con la túnica del arrepentimiento. 

La Llorona tiende a chapolear el agua,

 a enlodarla con su grito culpable.

Cuando la medianoche se enmusga en el tiempo,

                                                               el llanto salta la planicie,

sus altas quejas profanando el tímpano de los durmientes. 

 

Sjtu/ Pixabay

 

PABLO CEPEDA, CREADOR DE INSOMNIOS

 

No es la inmovilidad del sueño,

es la movilidad de las alucinaciones.

Guardo en vasijas de arena

la ilusión del ciego:

imaginarse la resonancia de la luz

                             cuando extiende su amanecer entre bosques talados.

Dejo que sienta la redondez de su fruto,

                                  su opacidad más blanca.

Solo allí puede contemplar el silabeo del pájaro caminero,

el desprendimiento de todos los soles

         en el sol noctámbulo.

 

Para el ángel llevo en mis alforjas

las alas perdidas del último cernícalo

que consumió la madriguera del insomnio.

Forjador de espejismos,

cargo en la sombra las pesadillas del general Santander

tras su largo exilio por los jardines de Vauxhall.

De la niebla

formo el escalofrío que logra aferrarse al ciego,

al ángel, al general que aún se encandila

                 con los vestigios rotos de la Ibáñez.

Para los demás mortales

viejos cántaros donde se recoge, en reposo,

     la vigilia.

 

 

 

 

MATILDA HIGUERA, COCINERA

 

Antes de talar el pecho de cualquier cebolla,

 extiendo una oración al santo patrono

            de las especias.

Pocos saben que la cebolla también llora

                                                    cuando la cortan en rodajas.

      

                   Su crujido al fuego es una ráfaga

                                                  que fecunda la nariz de los que sueñan.

En la cacerola, junto a ella,

                      conviven el ajo, la zanahoria,

el cilantro.

La gran cuchara del alma

revuelve el aroma que ha de fundirse con el lado abofeteado de su mejilla.

La sopa humea los escondrijos de Catalpa,

ensaliva el paladar de la aldea.

 

 

Lars Nissen/ Pixabay

 

ISRAEL MENUNGA, PANADERO

 

El trigo

debe recogerse antes que lo acaricie la levadura del alba.

Cada semilla con su pulmón abonable,

con el latido picapedrero de su médula.

La molienda es dulce y arroja el aroma del cereal

en cántaros que amparan su reposo.

Para que su aliento alcance el punto preciso de la madurez,

ha de mezclarse

el almidón con el agua de lluvia

que solo se encuentra en los párpados

de una mañana desvencijada.

Nace el pan en la tierna espiga de la comunión,

        en mis manos

                      que siempre buscan amasar la melancolía.  

 

 

 

THELONIUS MONK

 

En la tarde en que los paraguas relamieron la humedad estancada

                  de Catalpa,

un forastero visitó la posada de Lorenzo Cercas.

Decía llamarse Thelonius Monk.

Pasaba por allí buscando estribillos de guerra,

viejas partituras de gorjeos impelidos

                                    por algún pájaro hechicero.

           

            Sostenía

un clavicémbalo en cuya asonancia

se empozaba el aire con luminosa fugacidad.

Alguna vez

en la plaza Isaura

        tres ejes estallaron de improviso.

Sin conmoverse,

Thelonius extrajo de su sombrero las llaves del desamparo

                                                  y ajustó los ejes

que ya pendían de un tallo de olivo.

La música es hija de la fatalidad,

dijo,

                                                              y continuó pulsando las clavijas.

 

 

 

 

 

 

ISAÍAS RONDEROS, EL SASTRE

 

Trazar la línea de la solapa uniéndola al cuello                   

y por la extensión de los botones,

desprender el hilo en dos cabezas para crear un ojal

                                                              entre la aguja y el pasado.

Hacer crujir las tijeras en la sábana infiel

                            que envolverá los cuerpos abatidos de mañana.

Voy por la Singer

remendando la membrana ciega de la transparencia,

el lienzo zurcido en los telares de la escritura. 

 


Mabel Amber / Pixabay

 

 

EL COJO BARRIOS, GUARDAGUJAS

 

El comisario de caminos dice que soy el empleado

                                                 que ajusta los desvíos del ferrocarril.

La afirmación es vaga.

Es cierto que enlazo las bifurcaciones del día,

las cargas que arrastran la ceniza de los torturados,

sin embargo,

prefiero que las buenas gentes me recuerden

como un anacoreta del olvido.

Lo destruido se ahúma en cada aguja removida.

Encarrilo los compartimentos que temen inclinarse

por el peso de carbones recién extraídos en la desgracia.

Es tarde. El tren dejó de anunciarse hace cinco meses.

Aún espero sus vagones sonámbulos

en la línea que traza la distancia.

 

 

 

 

 

 

EL MARISCAL VICTORIO

 

En las tácticas de combate

      es permitido montar el potro de la expiación.

Recuerdo huir montado en su lomo izquierdo por la colina

perseguido por falsos héroes.

Asomaban los fusiles de polvorera

                                              para amedrentar a mi ejército.

Ya no tengo ejército.

Todos han muerto.

Pero un mariscal siempre será un mariscal,

aunque en su pecho cargue una lágrima o un falso héroe

o las espuelas en el potro al lado izquierdo de su lomo.

Por eso todos los días a media noche

              la vieja carabina escopetea topacios para salvar de la muerte

        al ejército que descansa en mi pecho.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hellman Pardo

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, 1978). Graduado de ingeniería electrónica, carrera que ejerció por más de siete años. Entre sus premios literarios se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011 y el Premio del Festival Internacioal de Poesía de Medellín en 2014En 2011 el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado La tentación inconclusa (Común Presencia Editores, 2008); Anatomía de la soledad (Gamar Editores, 2013); El falso llanto del granizo (El Ángel Editor, 2014); Los días derrotados (Cuadernos negros, 2016), y Reino de Peregrinaciones (Gobernación de Norte de Santander, 2018). Miembro fundador de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. Pertenece a los consejos editoriales de las revistas Ulrika de Colombia y La Otra, de México. En 2018 recibe el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por su libro Reino de peregrinaciones.

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LAS TETAS SE COGEN EN LA OSCURIDAD – Poemas de Michael Benítez

Foto / ©María José Alarcón

 

 

Escalera al cielo

 

Ahora

que todos

     caminan

     hacia arriba

       y hacia abajo

               escalones

                  y caminos

                  que terminan

                          —ambos—

                           en la muerte.

 

¿Quién le dirá adiós

al último hombre

cuando se ahorque

        en el último árbol? 

 

 

 

Igual que ayer

 

Cuando niños escribíamos mensajes en servilletas dulces,

Mensajes con los lápices de los títulos: rojos; sonrojados.

Nos reíamos porque Marcela se ponía dos días seguidos los mismos calzoncitos amarrillos,

Imaginábamos su olor en el rincón            de los vagos.                             

Y la profesora regañaba a nuestras amigas por usar la falda cuatro dedos arriba de la rodilla

Mientras las mirábamos, cuatro escalones abajo.

Y esos primeros besos que eran un regalo…

Esos primeros besos que compartíamos,

Como el bon bon bum que nos robábamos.

El campamento y las tetas se cogen en la oscuridad.

El chismógrafo y la mancha de chocolate al lado de la pregunta: ¿eres virgen?

Cuando probé el cigarrillo de la boca de la niña de once que nos gustaba

y las cachetadas que me gané por tocar nalgas sin lavarme las manos.

¿Recuerdas?

¡Si lo recordaras no estarías espiando a las mujeres en el otro baño!

 

 

 

 

Distancia-miento

 

Te amo así:                     lejos                                            sepultada en el olvido

 

Porque la poesía

siempre le quedó grande

a tu corazón tan estrecho

 

Y créeme

no existe

otro remedio

para la muerte.

 

 

Gerald / Pixabay

 

 

 Poema para un niño indisciplinado

 

La poesía te hará volar más alto que cualquier droga

Tanto,

que podrás encestar tus miedos en la luna

 

La poesía es más efectiva que unos zapatos bonitos

a la hora de conquistar

a la niña que te gusta

 

Con la poesía serás el más malo atracador del barrio:

le robarás minutos al reloj en cada esquina

para gastarlos en tu vida

 

Con la poesía les harás bullying

a los monstruos de tus pesadillas

y aprenderás a soñar aunque esté de día

 

Con la poesía siempre estarás armado

pues ella es como una navaja

que apuñala en el corazón a la mentira

 

Con la poesía harás trampa

porque siempre tendrás un as bajo la manga

para cada problema de tus días

 

Así que no les creas a tus padres,

a tus profes, a los poetas ni a los curas

Cuando hablen de ella

seguro que la están confundiendo

con la policía.

 

 

  

 

 Las cicatrices de la noche

 

Para Cristian Jhulian Callejas,
en memoria

Nos emborrachábamos y nos orinábamos en la vida

—en la nuestra—

Con la humildad de los cigarrillos de cincuenta

Nadie comprendió conmigo tan hondo

lo ridículos que se ven esos poetas

en las fotos con sus gatos

Me decía:

  “Usted es un poeta piojoso

  por eso es el único que me cae bien”

 

La noche tenía cicatrices en su rostro

y nos escupía monedas para la vaca

que metíamos en nuestros bolsillos rotos.

 

Yo agacho la mirada y agarro por el camino más largo

si veo la muerte

bailando desnuda

en cualquier esquina.

 

El recuerdo derrumba las calles

Hay un terremoto con epicentro en mi corazón

Créeme

Yo dejé de creer en Dios

cuando comencé a creer en mis amigos

Por eso hoy me siento en la orilla de la soledad

y te traigo a mí

para que me enseñes a volar

ya que nunca aprendí a montar cicla.

 

 

 

 

 

La decadencia del silencio

 

Mis sueños cuelgan en los postes de luz

al lado de cometas olvidadas en el tiempo.

 

Esto de no llamar las cosas por su nombre,

que la desnudez no sea quitarse el cuerpo

como una idea fija tatuada a la sombra.

 

Entrar en la poesía es meterse

por la calle más peligrosa del barrio

y el poeta, por paranoico, en todas ve

a la muerte fumando sentada en el piso.

 

Donde se nombre el vacío

ahí está mi cuerpo

—miedo parqueado en la mitad de la noche—.

 

La quinta pata del gato

es el poema.

 

 

 

 

Joshua Willson / Pixabay

 

La casa del poeta

 

Vuelvo al colegio vestido de sombra

Veo niños jugando con oraciones

desde la banca de este parque.

 

Hay policías en la casa del poeta

aprendiendo a redactar el comparendo.

 

Me pregunto si “hambre” se escribe con mayúscula

cuando es mucha.

 

Mi lengua no sabe de palabras,

cuenta tan solo con un puñado de silencios,

para nombrar el mundo.

 

 

 

 

 

 Huérfanos de la noche

 

Sé que te mentí:

cosí mi corazón al horizonte sin sacármelo del pecho

Y de mi muerte solo quedarán poemas

que morirán, también, con el tiempo.

 

Seremos inevitablemente cadáveres

Ni el amor a los gatos nos permitirá vivir más de una vida

Y solo así, fríos, separados por las tumbas,

nuestro amor podrá ser eterno.

 

 

 

 

 

 

Las cosas

 Las cosas son iguales a las cosas.
Ignacio Escobar

Era alcohólico antes de escribir poemas

A los 16 tomaba Old John cada 8 días

sin haber leído a Sbarra

ni el Viejo y el mar de Hemingway —obligado en la escuela

Ni siquiera me empalagaba con Benedetti

(prefería los Chupi Plum de las tiendas).

Una cosa

no tiene nada que ver con otra:

Por eso ven

Parchemos

Que no importa ni un poquito el que seas abstemia

o que no me quieras.

 

 

 

 

 

 Ladridos

 

***

Su olor frío: sombras azules

Su boca

Ese bus que no me lleva a ninguna parte

 

 

***

Nunca escribí versos memorables

porque cuando los imaginé

estaba borracho

y se me olvidaron

 

 

***

Porque cambiar el basuco por el cristianismo

no es rehabilitarse

Es cambiar de jíbaro

 

 

***

Los recuerdos:

Puntillas que se oxidan

en la memoria

de los árboles

 

 

 

 

 

Embale

 

Este poema tenía más de dos líneas

pero me las olí

(…)

 

 

 

 

 

Al menos

 

Yo

Que admiro a Luis Vidales

Que me sé de memoria un verso de Julio Flores

Que no he leído a Valencia

Que no fumé basuco con Jattin

Que no entiendo ni coma a Mutis

Que soy más urbano que Mario Rivero

Que Juan Manuel Roca me parece una piedra

Que no le he dado culo a Alvarado Tenorio, ni a ninguno

Que soy más joven que Jaime Jaramillo Escobar

Que leí a Pombo, en el colegio

Que cuando estoy ebrio hablo como Obeso

Que me gusta Hannah Escobar, sin leerla

Que por María Mercedes Carranza

sé que la poesía no se hereda —el papá no era poeta

Que a mis rapidines les digo José Manuel Arangos

Que tengo una foto con Jotamario     

—qué culpa, si él me la pidió—

Que no me soporto ni una línea de Federico Díaz-Granados  

—prefiero las de perico

Que confundo a Barba-Jacob con León de Greiff

Que no he echado chisme con Cobo Borda

Y que siempre me ha gustado Silva… en mi billetera

 

Yo

Quisiera ser, al menos, como ellos

para que alguien se acordara de mí en un poema

y escribiera:

Yo

Que tampoco fui poeta como él.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Michael Benítez
 

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, Colombia, 1991). Ha publicado el libro Bogotrash (Cuentos, Argentina, 2014), las plaquettes El nadaísmo me lo mama en reversa (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía Papeles para leer… (Poesía, Colombia, 2014, 2016 y 2018). Compiló y editó el libro Cumpleaños del Tiempo de la poeta María de las Estrellas. Ha ganado algunos premios literarios, entre ellos: Primer premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Argentina, 2013; Primer premio, Concurso de Poesía Festival de las Artes, Bogotá. Colombia, 2011; Tercer premio, I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa, Chile, 2012. Aparece en diversas antologías de poesía y narrativa en América Latina y España, algunas de ellas son: Poetas latinoamericanos (Argentina, 2015); Sístole/diástole (México, 2014); Anónimos 2.2. (España, 2014); Frontera (Chile, 2015). Textos suyos aparecen en las revistas: Puesto de combate, Marabunta, La Caída y en los blogs literarios: Cráneo de Pangea, Digo Palabra y Poetas del siglo XXI, entre otros. Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es cofundador y codirector de la editorial independiente Ediciones con Tinta Ebria.

WEB DEL AUTOR

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PARA QUE EL OLVIDO OCULTE EL DOLOR – Poemas de Benhur Sánchez Suárez

Benhur Sánchez Suárez. Retrato al pastel del artista ibaguereño
Diego Fernando Céspedes

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ (Pitalito, Colombia, 1946). Novelista, cuentista, poeta y artista plástico. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

SOLEDAD

Un mes viejo como enero llega hasta mi mesa
De flores dice poco
tal vez sólo el aroma
de una fruta en la alacena

Camino en su claridad como un demente
A veces atisbo que otro enero de frutas y de flores viene hasta mi mesa
y ya viejo emprendo mi regreso.

 

 

TAROT

Enciende las velas rojas
de tu tarot
para mi suerte.

Revisa mi canino
como quien mira
un espejo de la noche.

Dime que somos uno
en cada carta ausente.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 14, 2015

 


EGOÍSMO

Quemo tus alas
para que no alcances
el horizonte de la ausencia.

 

 

ESPERA

Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.
Aquí me quedo
a la espera
de tus pasos
de tu abrazo
de tu beso.

Benhur Sánchez Suárez, Huellas 13, 2015

 

EPITAFIO

Cuando muera
quemen hueso a hueso mi pasado
y esparzan mis residuos
en la colcha andante del río
para que los peces de colores
me vivan en su cuerpo.



VIDENCIA

¿Volverán mis clavellinas a marchitarse con el sol?
¿Regresará la luz a descubrir mis secretos en el horrible encanto de la espera?
¿Más allá de la esperanza habrá sosiego?

Amanecerá y, tal vez, pueda ver lo que el ciego presintió en su noche interminable.

Benhur Sánchez Suárez, Mapa 4, 2016

HOLA

que crees en alguien o en algo
pídele que el sosiego anide en tu corazón
para que te permita reconocer la paja en tu ojo.

Pídele que la serenidad instale la sencillez en tus manos
para que no olvides al desplazado de la esquina
ni a la rata que roe tu futuro.

Pídele que el amor invada tus acciones
para que puedas perdonar las huellas sucias de la vida.

Pídele comprensión para que el olvido oculte el dolor
que sólo se borra con la muerte.
Mido mi tiempo
entre tu viaje y tu regreso.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Benhur Sánchez Suárez nació en Pitalito (Huila) en 1946. Ha publicado las novelas La solterona (1969), El cadáver (1975), La noche de tu piel (1979), A ritmo de hombre (1979), Venga le digo (1981), Memoria de un instante (1988), Así es la vida, amor mío (1996), Victoria en España (2001), El Frente inmóvil (2007) y Buen viaje, General (2010); los libros de cuentos Los recuerdos sagrados (1973), Cuentos con la Mona Cha (1997), Historia de los malos tiempos (2012) y Cantata en yo mayor (2016); los libros de ensayo Narrativa e historia (1987), Arte, música y literatura (1988), Identidad cultural del Huila en su narrativa y otros ensayos (1994) Esta noche de noviembre (1997) y Mi ejercicio de la reflexión (2012); y los libros de textos poéticos Sobres de manila (1998), Laboyos y otros textos con memoria (2005) y Las señales de la ausencia (2015). Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día.

* * *
Derechos reservados
©Benhur Sánchez Suárez

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ESCRIBIRLO TODO PARA LA MUERTE – Poemas de Pedro Arturo Estrada

Foto / Archivo particular

PEDRO ARTURO ESTRADA (Colombia, 1956) Ha publicado nueve libros de poemas. Premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013.

 

 

 

 
 

ANTIORACIÓN

Que la vida me agarre confesado
boca arriba del miedo
aleteando en el azul
 
Una sola canción
una palabra sola
—dioses desconocidos
cantaré para vosotros
 
No pido ningún cielo
No ignoro vuestro infierno
 
Solo este instante es mío
No lo carguéis de eternidad
 
Dejadme ir cuando quiera
No me atéis
No pidáis mi fidelidad
 
—Mi fe última
 
Esa apenas me alcanza
para el día.
 

 

 

SILENCIOSO HORROR

De los días que uno tras otro
no fueron la vida 
—que estuvo siempre en otra parte
 
Del camino que no elegimos
La dicha que pudo haber sido y desdeñamos
 
La verdad no vista a tiempo
La mano que no se tendió
y hubiera salvado algo
 
De la vieja costumbre de creernos a salvo
porque vuelve la luz a los ojos abiertos 
mientras duerme lo informe bajo techo
 
Rostro del horror escondido en la belleza          
—La misma luz de lo amado.

 
 
 
 
Carlos Granada, Angustia – 1970
 
 
 
PERMANENCIA
Permanecerá sólo la devastación
La pesadez del cielo
en la pupila fría
 
De la tierra ascenderá entonces
el reclamo de lo muerto
La lengua del fuego imprecando
la masacre de los delfines
el desuello vivo de los pequeños
habitantes del bosque
la tortura del aire y del agua
cuyas voces ya habrán gritado
su sentencia inapelable
 
Permanecerá sólo la cuenca ávida del desierto
El vuelo rasante de la hoz
sobre los trigales del universo
 
Y en el fondo de toda la memoria
de unos dedos a cuyo roce
hubieran girado de otro modo
los goznes de la realidad
 
Las yemas de esa penélope del sueño
tejiendo y destejiendo una imposible
—belleza.
 
 

 

 

 

LA SOLA GRACIA

No obstante, el instinto
de asirnos a los bordes
 
De mantener la calma
frente al vértigo
 
La ingenua obstinación
por otro mundo
soñado en el vacío
 
Esta red de creencias
deshecha por el viento
llamada realidad
 
La gracia de fingirnos
habitantes del aire
 
Son el único triunfo
—todavía. 
 
 

 

 

 

MISERIA

Espuria promesa del reino
del país del mañana
cuando sólo teníamos ese trozo de pan
para el día siguiente
 
Cuando nos guarecíamos de la tormenta
bajo una piedra habitáculo de escorpiones
 
Cuando apenas podíamos copular en la sombra
avergonzados de nuestro deseo
de acunar esa pequeña llama
ese rescoldo de incendio en los ojos
 
Miseria de comprendernos mejor
cuanto menos palabras
cuanto menos sueños cumplíamos
cuanto más despojados
 
Miseria de no sabernos
de no querer saber
 
De no querer vivir
nada que estuviera
más allá de las manos.

 
 
 
 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1975

 

 

MEMORIAL

Hubo un tiempo para el alto sueño del viaje
más allá de la casa, el sempiterno patio,
el comedor penumbroso, el corredor helado
 
Una hora para la epifanía
del grano de arena y las alas del pájaro
 
La simetría dorada, la cifra, el continuum
de la música donde fluíamos con los ojos cerrados
Tiempo en el que pagamos con oro toda fe
y aguardamos pacientes el regreso de la gracia
 
Esperábamos tanto de nosotros
Todo lo dimos, todo lo apostamos
esquivando el aletazo de la incertidumbre
 
De pronto algo se rasgó
La grieta apareció y por allí
el resplandor del infierno tan temido
 
La mañana dio un vuelco feroz contra los ojos
El sol se vino abajo
Se hizo polvo el cielo
 
Y no tuvimos donde poner el pie
que no fuera ya sombra
de lo muerto.
 
 
 

 

 

 

ANÁFORA DEL VIAJE

Haber visto singlar las horas vacías
Haber oído el canto de sirenas
y contemplado inermes el ojo del Cíclope
 
para nada, para espantar con débil gesto
las moscas que regresan al rostro
 
Haber esperado desnudos
ante la aurora que avanzó
como una novia entrando en la casa
 
Haber escuchado todo Bach
todo Mozart con el cuerpo vencido
bajo la araña metálica del clave
con el hueso ingrávido
sobre las armonías del Celeste
 
Haber leído las páginas
del mismo interminable libro
que fueron todos los libros
 
en tanto que la vida
—otra vida
 
huía veloz por la tangente.
 
 

 

 

 

BELLEZA

Concentrado fulgor
Prenda última de los demonios
 
Belleza sólo para ella misma necesaria
En ella misma soberana
 
Belleza que sólo en nosotros se hizo escombro
Belleza que sólo en nosotros se hizo crimen
 
Belleza que sólo en nosotros fue terror.
 
 
 
 
 
 
 
Carlos Granada, Sin título – Sin fecha
 

FUGA

Olvido 
que en tu pulso nos ciñes
pudriéndonos sin pausa
 
Todo cuanto tocas es pliegue quemado
oblicuidad de la mejilla,
declive y desvío
 
Tiempo que, no obstante,
una urgida belleza nos revela
sin horizonte, en fuga siempre
 
renaciendo a la sombra
de todas las derrotas.
 
 

 

 

 

LECTURA DE PASCAL

 
Para Camila Charry
 
Esto que tratamos de entender
a fuerza de imaginación
más que de razonamiento, como una fe,
como un sueño sub specie aeternitatis.
 
Esto que flota y va con nosotros,
de afuera adentro y viceversa,
lo que en las noches se agiganta hasta el vértigo
y nos abre una fisura de extrañamiento
 
mientras hacemos que ordenamos,
que dominamos el pequeño espacio
de palabras e historias del día,
 
mientras rumores lejanos se apagan,
y el zumbido secreto de otro universo
a escala micro se esconde
tras la línea de lo inaudible
que llamamos silencio.
 
Fragmentos de realidad se juntan
bajo el foco de luz
de una conciencia
 
Instantes de eternidad nos atraviesan.
 
Qué somos, adónde vamos,
qué hacemos aquí indaga,
grita la estrella afuera o adentro
de los ojos del perro que nos mira,
 
por qué y para qué susurra el viento en la ventana.
 
Por qué buscamos aún más explicaciones
cuando apenas somos
esa antigua pregunta
 
y debería bastarnos.
 
 

 

 

 

BABEL

 …una grieta en el seno de lo dicho

                                Mercedes Roffé

 
Y tantos libros, tantos nombres
desbordando la estrecha memoria de un mundo
hecho sólo de ráfagas de presente
 
Y volver a leerlo todo para nada
Y volver a escribirlo todo para la muerte
 
Espuma y viento, mares de tinta que revientan
contra los acantilados de la noche
 
Y al fondo en la soledad de su cubículo
el último hombre, el último poeta
 
salvajemente mudo,
rabiosamente herido
de silencio
 
—y vacío.
 
 
 
 

 

 
 
Carlos Granada, El color de la vida, el color de la muerte – 1976
 
  

SUPERFICIES

El silencio no existe. Existe lo inaudible
en la superficie donde apenas percibimos
nuestra sombra
 
Tremor oculto de la vida
que ignoramos
 
—En la superficie sólo escuchamos
nuestro pensamiento
 
—En la superficie sólo hablamos nosotros.
 
De superficie a superficie
la verdad enmudece
 
De superficie a superficie
sólo la nada dice.
 
 
*
 
 
Abandonamos todas las razones
para tener razón
 
Se fragmentan los espejos
que devolvían un rostro
El que creíamos nuestro
 
—Y el rostro único de la verdad
 
Ahora todos los rostros son posibles
Todas las verdades
Todas las identidades casan
con nuestra nada
 
 
*
 
 
Como los nombres, como las palabras
que designan lo desconocido
 
Porque también desaparece la fijeza,
La mirada que aún nos dibujaba
La mano que demarcaba los contornos
La fe de estar presentes
De cruzar el umbral
La certeza de durar y fundar un territorio
 
El silencio no existe
Sólo existe lo inaudible
en la superficie.
 
* * *

 

NOTA BIOGRÁFICA
Pedro Arturo Estrada. Colombia, 1956. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Locus Solus (Sílaba Editores, 2013); Blanco y Negro, nueva selección de textos (Letera Ediciones, NY, 2014) y Monodia (Letera Ediciones, NY, 2015). Es premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013, entre otros. También ha participado en distintos festivales y encuentros de poesía en Colombia y E.U. Ha sido coordinador de talleres literarios con el ministerio de cultura y algunas instituciones educativas del país.

* * *

Derechos reservados
©Pedro Arturo Estrada

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS – Poemas de Luz Mary Giraldo

Foto de la autora: Marcela Sánchez – ©MARA

 LUZ MARY GIRALDO (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016)

  

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS
POEMAS DE LUZ MARY GIRALDO

 

Del libro: De artes y oficios. Taller de Edición Rocca, 2015

MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE         

Como árbol de nubes y manto de pájaros al aire
llega el amor que desordena todo
con su música breve.
Más dulce que el vino y más poderoso que la muerte
llama con voz de seda tejida en flecha ponzoñosa.
Es vuelo de colibrí suspendido en el aire
y llega como se va:
desafiando el silencio.

  

  

ARTE DE TEJER

Como arañas colgadas en los muros
se teje y desteje la tela pegajosa de quien cae en la red.
Saltan nombres que un solo click trae de regreso
al amor que se sabe pasajero.
Todo cruza en los hilos de esa joven Penélope
que junta el tejido de una nueva democracia.
Entre caritas repetidas pasa la vida a la basura
con cada una de las manos que señalan en todas
         direcciones
me gusta        no me gusta      lo comparto
y los dibujos ríen y lloran y aman y están tristes
maúllan o ladran
en las voces que trinan en esas avenidas
de soledad y  desamparo.
Hay un juego de espejos en la red: 
el amor que no empieza y la amistad que se acaba
las fotos que invaden la pantalla
la imagen cambiante como la ropa vieja
la tensión de los puntos que anuncian la escritura  
esperada.
En ese espejo de letras solitarias
teje una araña el laberinto donde Asterión se esconde
y Teseo busca los hilos que lo acercan a Ariadna

o que lo alejan.

Leonora Carrington, El templo de la palabra, 1954

 

CANCIÓN SIN PALABRAS

(A la manera de Franz Schubert)
¿Quién te conoce, amor,
si no nos conocés?
¿Si tu péndulo tiene
el vaivén de dos caras?
Juan Gelman
Los amantes tejen historias
mientras hilan y deshilan sus galaxias.
Un violín acompasa con zumbidos de sueño
en cada cuerpo
y Amor cabe en la canción sin palabras:
suena con A de alma y de alhaja
si eleva una melodía con notas de color y de ansia.
Se dice desamor
si un exceso de frases reclama falta de luz y de aire
y se escribe con D
de dolor y desamparo
o con A de asma y de ausencia.
Amor es música de alas
preludio y fuga en un arpegio
elegía anunciada.
Desamor abandona
atropella las sílabas y la esperanza
si un violoncelo rompe sus cuerdas
en el destiempo de los ruidos y las sombras.
Los músicos despliegan con armonía su vuelo
si elevan el vaivén del amor
sobre las cuerdas del aire.
 
 

  

DE NUEVO LA PÁGINA

Acariciar las palabras
saberlas imperfectas
borrarlas o tacharlas
rasgar el papel
arrugarlo
echarlo al cesto
rescatarlo
unir los trozos
uno a uno
planchar la página
diccionario de dolor.
Preguntar porqué te has ido
porqué sigues llenando de
tachones mis cuadernos
y de remiendos mi corazón
que página estrujada o cristal roto
no lucirá jamás el brillo de piel lisa
y de ilusión.
Armar las palabras
desarmarlas en la página
ajustar trozos
y hacerlos respirar en el poema.
 

Leonora Carrington, Las distracciones de Dagobert, 1945

 
 

CARICATURA DEL ADIÓS

Colgada a una baranda
la emoción silabea
y es palabra tartamuda
atrapada en la tela de araña del insomnio
o suspendida en el limbo
como fotografía que se desvanece
en la inagotable y borrosa
caricatura del adiós.
 

  

CONFESIÓN DE HERA

De todas las palabras odio la que nunca pronuncias.
Esa que gritas hacia adentro
para que no toque mi pecho ni llegue a mis oídos.
La que pasa en silencio
y muerde sin compasión mis días y mis noches.
De todas las palabras
prefiero este paréntesis
del viento que roza la ventana
un invierno en Florencia
con Martha y con David y Sara dando vueltas
y la lluvia lavando las calles y los puentes
y el corazón abierto a la vida que pasa.
Escucho a Hera cuando exclama:
no huyas, Zeus, no te escondas,
el nuevo oráculo señala tu traición
y anuncia que has de morir
bajo el puñal de mis palabras.

Leonora Carrington, Autorretrato, 1936

 

Del libro: Sonidos en la luz. Hombre Nuevo Editores, 2009.

 

POEMA CON ARAÑA

Como si llegara por primera vez
igual a una araña que sigilosa teje
frente a un cuerpo asustado.
Como si midiera la distancia
cosiendo mi corazón con sus ocho brazos
la palabra
atrapada en el hilo del verso
tiembla inútil
en la elástica y pegajosa hebra del poema
y es araña que caza los días
mientras enreda el último suspiro
o el amanecer.
El poema cae sobre la tela
o al borde de mí
teje la vida y la sentencia
extiende su sombra en la luz
y en el hilo donde gotea el tiempo.

  

  

 

COMO UN CENTINELA

La vida por siempre dando vueltas
y como un centinela en los rincones
la muerte llama en silencio con todo y sus
gerundios:
gato lamiéndose despacio
perro ladrando en la mitad del sueño
pájaro cantando al comenzar el día
mientras tejen su tela las arañas.
Golpea el viento
apaga la luz en la ventana
se escucha la zozobra
y el silencio recoge expectativas.
Parpadean los hilos del asombro
y en la soledad de un pájaro
oigo distintas formas de alegría:
pequeñas cosas que pasan en la casa.

  

  

  

SONIDOS EN LA LUZ

En el silencio
un trino o un granizo
la mirada de un hombre en medio de la plaza
el paso de una mujer hacia la ruina
un niño con ojos asustados.
Se enredan las palabras
atropellan
señalan la sombra:
sonidos de ese hombre
de esa mujer
o de ese niño
hilo de luz
en la tiniebla.
En el silencio
un trino
un alarido
un hombre solo
una mujer con ojos asustados
un niño
única luz en el desierto.

  

  

  

CANCIÓN DONDE ESTÁ LA SOLEDAD

Buscas un pentagrama en el vacío de la luz
y encuentras un muro de habitaciones desoladas.
Te niegas a respirar el aire donde se eleva el dolor.
Tus palabras no entienden qué fue ni qué pasó.
Te niegas a los pies desnudos
y a caminar sobre piedras rotas.
Tu voz amordazada no exclama
ni siquiera dice ¡ay!
La sirenas guardan silencio
–dijo Kafka–

y el mundo se llena con ausentes.

  

Leonora Carrington, El baño del pájaro, 1978

Del libro: El tiempo se volvió poema. Ediciones Cafastía, 1974

NUNCA LLEGÓ EL VERDADERO Y SABIDO NOMBRE

El ave
que algunos llaman Tiempo
se alargó en el desierto de los hombres
y cada mañana se enredó en sus ojos.   

Trataron de construir una palabra
pero faltaron piedras: 
NADIE PUDO ENTENDERSE DESDE ENTONCES.  

 

 

Del libro: Con la vida. Universidad Javeriana, 1997

LA HORA DE LOS PÁJAROS

Inasible y costurera 
la palabra
cubre con tela engañosa
la herida de la noche:
juega a la libertad o sueña la ventura.

Como eterna Penélope
teje la túnica de todos
deshilvana el secreto de la espera
hasta inventar un nuevo rostro
o un espejo sin nombre.

Inasible y costurera 
oye pasar el viento
fatigado por los pájaros. 

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Luz Mary Giraldo (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Entre sus libros de poesía: De artes y de oficios (2015); Llévame como un verso (2011); Sonidos en la luz (2010); Postal de viaje (2004); Hoja por hoja (2002); Con la vida (1997), Camino de los sueños (1981), El tiempo se volvió poema (1974) y las antologías: Il volto nascosto dell’ amore -Poesie 2010-2016- (Italia 2017, español-italiano), Canto de pájaros (Rumania 2015, español, inglés, rumano, versión completa Biblioteca Digital de Bogotá http://www.bibliotecadigitalbogota.gov.co/) y Diario vivir (2012). Poemas traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, macedonio, croata y rumano. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016); nominada al Premio Fernández Labrador en Poesía, Salamanca, 2016; Premio Internacional LASA-Monserrat Ordóñez, 2012; Premio Nacional de Poesía Casa Silva Poesía en el concurso “La Poesía como una Casa”,  2011, Mención Honorífica en Investigación Instituto Distrital de Cultura, 2004; Mención Honorífica en el Premio Internacional de Ensayo Convenio Andrés Bello, 2000 y Beca Nacional de Literatura Ministerio de Cultura, 1999. 
* * *
Derechos reservados
©Luz Mary Giraldo

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA – Poemas de Álvaro Neil Franco

ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO (Barbosa Santander, Colombia, 1969). Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

 

BOCACHICO MONO

Brilla todavía
en la sonrisa de mi padre
el paso del bocachico mono
el que no sabe a barro
y canta con sus labios pequeños
la soledad de los pantanos
Su palabra resbalosa
desgajada del fondo de los plátanos
inunda la mesa de la casa
con el lomo marrón del Magdalena
Cómo suda mi padre
mientras atraviesa
con sus brazos marchitos
la corriente espinosa de historias
que lo mantienen vivo
Cómo toca madera y reparte coletazos
para espantar la carne azul
donde empieza el olvido.
 
 
 

 

 

 

 

ROLLING STONES

Con las piedras arrojadas contra mí
he construido los muros
de mi casa.
Anise Koltz

 
 
 
¿Qué parte de la casa son las piedras que sostienen las puertas?, ¿El aire que no deja caer el andamio de las conversaciones?, ¿El instante en que la puerta sueña con volverse ventana?, ¿Polvo que se apea de los caminos para sumarse a nuestro polvo?, ¿Lomo azul que los niños acarician, para apaciguar el agujero que devora los días?, ¿Memoria que extraña los caballos que se fueron a viajar en la sábila?, ¿Lunas del otro lado a las que los perros no dejan de batirle la cola?, ¿Celacantos danzando un traje de luces que sale bien con el silencio?, ¿Sueños redondos que sueñan eternamente en los linderos donde vive la muerte? ¡Con todo lo que son y nunca aparecen en las fotografías!

 

Marc Chagall,  “Bestiaire et Musique, 1969

 
 
 

 

 

NACIMIENTOS

Vengo de un pie
marcado por los mandarinos
de unas piedras de río que conocen
la profundidad de mi infancia
Con la buena noticia
de un cielo de guayaba
madurado por el vuelo de las mirlas reales
Me correspondieron por vecinas
unas chicharras que anuncian el fin del mundo
desde cuando mis antepasados
desenterraban los silencios
donde se pudrieron sus ojos
Mi patria es un bijao
que envuelve despedidas
en los caminos de las nubes
Mi noche es una calle con palmeras
por donde se aleja
la mujer de un bolero
 Mis días
un tinto tostado de palabras
que calientan el paso de los muertos
Vengo
de unos cuartos de inquilinato
donde alumbré mi vida
con las velas de Kavafis
y los cigarrillos de Fernando Pessoa
 Vengo de un canto colorado
donde amanecen
las ceibas de mi sangre
de unas manos huesudas y amarillas
que amasaban el sabor de la luz
de unos tíos
que me arrancaron la leche de los dientes
con las puñaladas de una bailarina de
tango
de borracheras interminables
que me dejaron la soledad de unos abrazos
Vengo de unos enemigos
que  junto con El buey
de Eugenio Montejo
me enseñaron a leer poesía.   

 

 

Marc Chagall – “Yo y la aldea”, 1911

 
 
 

 

 

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA

 El perro es una
prolongación vital de la familia.
Luis Tejada

Dios mío, no dejes
que Anubis se vaya
porque quién me enseñará
a presentir los misterios del monte
a revolcarme en el polvo
que hoy son mis abuelos
qué será de mis manos
sin su llanura suave
donde repaso
mi corazón de niño
quién rasguñará las nubes
para que se quede en la casa
el color del verano
y dónde voy a conseguir
sus ojos tiernos
que me dieron a beber
el agua de los ríos
y qué le digo a Dylan
qué le respondo a Neil
cómo mirar a Esteban
cuando nadie persiga
las flores de mi patio.
 
 

*  *  *

Derechos reservados
©Álvaro Neil Franco Zambrano

 

 
NOTA BIOGRÁFICA
 
Barbosa Santander, 1969. Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Catedrático de la Escuela de Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja. Poemas suyos han sido publicados en el Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México (2007), en la Revista de Poesía Trilce (Chile, 2012), en la Revista Casa Silva (2012), en la antología de la poesía colombiana Desde el umbral, en La Pipa de Magritte y en las Revistas Clave, Rosa Blindada de Cali y en La Raíz Invertida (Revista Latinoamericana de Poesía), Poetas Colombia y Burdelianas Poetry. Libros publicados: La saga de los clavellinos (Universidad del Valle, 2008) y Temblor de isla (Rosa Blindada Ediciones, Cali, 2016).
 

⊂Ο⊃

EL MAR SOMOS NOSOTROS – Poemas de Fernando Linero Montes

FERNANDO LINERO MONTES. (Santa Marta, Colombia, 1957). Músico y poeta. Ha publicado seis libros de poesía. Es uno de los escritores colombianos con mayor trayectoria.

Del libro Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990)

Y AÚN LAS TARDES

Por el lecho de los días
resbalo sordo y sereno como un río al atardecer.
Triste soy de mirar el color de estas colinas
del ruido de espigas del viento.
Sé de la escasa luz que me indumenta.
Y aún las tardes alcanzan
para celebrar la hondura de las cosas
la ración de dolor que la vida se procura.

EN LA BALANZA DE LOS DÍAS

Sobre la órbita de viejas casonas.
Sobre la paciencia de los pescadores de moluscos.
Sobre los aviones que en las sienes del viento
vierten metálica claridad
un oro desmesurado se desliza.
En la balanza de los días el mar acoge brumas
—cansancio de pájaros, cansancio del hombre,
lluvias que desgaja el verano—
y una música grave se enciende en su voz.
Acaso de allí derive nuestro reino:
soledad que cava el aire,
musgo en la caparazón de la tortuga.

A MENUDO

A menudo alimentamos ortigas.
Cuando las jornadas son estaciones
que se deshacen en tediosas moscas
y en el rellano de las escaleras
noviembre nos fustiga atrozmente.
Cuando no nos salva la tonada
que llega de la caseta cercana,
ni el vuelo de gorriones que cruza
los tejados de la vecindad.
Entonces liamos un tabaco
y como un vapor que abre el mar
lentamente separamos las esclusas de la noche
en ese instante en que el viento
levanta el vestido a las transeúntes
y nos adentra en las cálidas resinas del poema.

Guillermo Linero Montes, El paseador de perros, 2005

 

ENTRE LAS PIEDRAS DE LA TIERRA

Nada sé de los cielos
que sostengo con mis torpes palabras.
Plantada en la tierra está mi savia
cantando sin espera de nada.
Anhelos que subieron conmigo desde el mar
resplandecientes como campos de avena
los ha vencido el tiempo y la desidia.
A veces una imagen distante
se aviene con dificultad
a las laderas de mi canto:
mi madre de pie tras el limonero
tendiendo ropas en los muros del verano
amontonando tristezas.
A veces un sueño
el que me encuentra con mis muertos
acurrucados al sol
vagamente atentos a un zumbido de insectos.
A veces una risa ya perdida
que en mis oquedades se demora
por donde va volando la saudade.
Nada sé de los cielos
que sostienen a mis torpes palabras.
Entre las piedras de la tierra está mi hoguera.

 

Del libro Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010)

SÓLO LA ABULIA DURA

“Volaron años cortos como días”.
Eugenio Montale

He vuelto al arrabal de la niñez. He regresado al cielo azul de la juventud y por un instante asoman horas vividas deliciosamente sin pensar. De nuevo mis pies hacen rodar pedruscos cerro abajo hacia la espuma.

La muerte no era más que una palabra y otra brisa soplaba sobre la vida. Sólo la abulia dura, su lamento manso y pegajoso.

He tornado al feudo de la infancia —a la antigua casa le han cortado los árboles del patio, la terraza no existe—. Surgen de pronto remotas, marchitas imágenes del padre. Sólo la abulia permanece intacta bajo la estrepitosa luz, en el calor de las estancias, entre ruidos y olores estridentes.

Guillermo Linero Montes, La calle del pescado, 2005

 

EL MAR

I

El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.

II

Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.

III

El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.

IV

Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz…

V

Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.

VI

El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros se pudren negras ramas como en las ensenadas.

Guillermo Linero Montes, Contraviento, 2005

CERTIDUMBRE

Erramos con el corazón astillado, atrapados en la hora inerte.
Las cosas llegan y nos tocan un instante, luego parten.
Los seres llegan un instante, luego parten.
Todo es una pérdida.

MADRIGAL

Contra el olvido escribo estos versos para cuando no haya cielo y la alegría se caiga de los ojos. Ahora que música y deseo en el sueño se pierden. Sé que al paso ruedan los guijarros de la ausencia. Tengo presente que la tristeza a todos reserva su lugar. Por eso amo estos trazos desde los que me miras ahora y contra el olvido los levanto para cuando tu nombre sea desamparo en el aliento y ellos se hayan marchado con los vientos y todo no sea más que un pie de página en la historia.

Del libro Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011)

VIAJEROS SIN MEMORIA

Porque la vida llega a quemarropa
es necesario recordar que viajamos.
Fugaces habitantes del hastío
arribamos a las cosas a ciegas,
sin saber nada del peso que se empieza a descubrir.
Se llega a la vida de improviso
y, mientras se observa su río de azogue mustio,
el ancla del cigarro se hace más amarga en los pulmones
y el tiempo va regando sombras cansadas.
Se aborda la vida inesperadamente
y queda la impresión de que todo estaba fríamente dispuesto para ello: la proximidad del abrazo, la geografía de aquella fragancia.
En sus puertas un heraldo espera
para mostrarnos la ruta de la partida.
Descuidamos nuestra condición de viajeros,
olvidamos que todo es una novedad,
que en cualquier vacilación está la vida
y que a veces tiene la forma de una lágrima.

EL MOSCARDÓN

Gira y gira buscando un centro.
Su música arrogante
encierra destellos de sol.
Brilla en círculos,
en el día, a la orilla del aire,
ahora es radiante verde
y azul.
Gira y gira
como el poeta
buscando el corazón de las horas.

Guillermo Linero Montes, Constructores, 2005

Del libro Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999)

ENTONCES

Entonces una calma de ventanas abiertas
gravitaba alrededor de las terrazas.
El verano jugaba entre los árboles
detrás de las tapias, de un sollozo.
Mía era la plateada música de una ciudad
embebida en las aguas.
Mía era mi madre sentada junto al fuego
viendo las piedras del amanecer.
Aún los días no habían picado —ávidos pájaros—
la fruta de su corazón.
Por las noches en la casa se oía el mar.

CANTANDO

Tarde en ruinas desde la que canto,
esperando la hora que me busca, mi hora.
Con menos ambición que nostalgia se alza la voz
y su música es al alma seca
igual que un bálsamo casero.
Sin haber encontrado el sentido a la felicidad
bajo la tarde canto,
—perdida ya la fe en ciertas palabras—
para los pobres de espíritu,
para los que no tienen más remedio,
para los que buscan a Dios con glotonería.
Dando tumbos entre la soledad y el alba
desde mis cuarteadas almenas levanto la voz.
Pero a veces quedo en silencio,
—perdida ya la fe en ciertos asuntos—
y escucho al viento cabalgar sobre los tamarindos.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA. Fernando Linero Montes. Santa Marta, Colombia 1957. Músico y poeta. Libros de poesía publicados: Sonata del Sonámbulo (Pijao Editores, Biblioteca de Autores Colombianos. No. 1 Bogotá, 1980); La risa del Saxo (Cuadernos de Poesía Ulrika. Vol. Bogotá, 1985); Lecciones de fagot (Universidad Nacional de Colombia, 2005); Aparte de Amor (Escritores en un Nuevo Siglo. Centro Colombo-Americano, 1993.); Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990); Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999); Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010); Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011); La risa del saxo (Antología) (Universidad Externado de Colombia, 2016); Acaso por el canto (Antología), (Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 2016); La verdad yo quería escribir otra cosa, (Universidad de Nuevo León, Monterrey, México 2016).

* *  *

Derechos reservados
©Fernando Linero Montes

HAY UNA NOCHE MÁS AMPLIA – Poemas de Jandey Marcel Solviyerte

Foto / archivo del autor

JANDEY MARCEL SOLVIYERTE. (Bello, Antioquia, Colombia, 1974). Poeta, narrador, dramaturgo, traductor y ensayista. Su obra literaria ha merecido varios premios y reconocimientos.


MÁS QUE UN CONSEJO, AMIGO

Aléjate lo más que puedas del mundillo banal;
no es esa ruta infame la que ha de llevar tu paso.

La marea no detiene su curso al estrellar las playas,
ni se impide cuando es propicio el pasto para la sed
del fuego el voraz incendio que arrasará la cosecha.

Un deber profundo tienes que omite todo desvío,
y aun, sin tu arbitrio, inexorable te arrastra a cumplirlo.

Lo más que puedas, aléjate, del mundillo banal.

NO DESCUIDES TU COPA

Bebe de este vino y se embriagará la vida toda en ti.
En la somnolencia propia de su ser, su espesor degusta.
Liba este néctar mientras el mundo gira reducido
a tus pies, en una danza vana de la cual serás el dueño.
A plenitud disfruta de este instante verdadero y fugaz,
no otro más tuyo hallarás en llano paraje de traidores.
No descuides tu copa, otros labios la quieren escanciar.
Apresúrate a cumplir tu papel, la comedia ya termina.

Saturnino Ramírez, “Pool Hall”, 1983

DE AQUELLA MÚSICA

Se apresuró la vida a llevárselo todo
y a dejar en cada espacio vacíos,
abismos que la nostalgia impele,
secreta impaciencia en el porvenir.
Era el viento en su curso la voz recia,
el aviso inmemorial de aquella música
desplegada en las ondas, de sueños
de tantos otros que ahora cruzan el olvido.
Se apresuró la vida y el instante pasajero
de luces y de sombras todo íntegro
se desvaneció en nuestros cuerpos.
Ardió la llama y en humo la existencia fue.

ESTA DIMINUTA ALEGRÍA

Vuélvese a ver de nuevo ante la aurora brillante
un nuevo mundo despierto que crece desde las piedras.
El corazón del hombre es sensible liado al de la tierra;
tanto es así, cuanto a cada instante en llanto se derrama.
Cúbrese una vez más de rocío la pradera; la niebla
en los caminos va cediendo paso al día que asciende
presuroso por la cuesta del tiempo, donde arroyos saltan,
fertilizan los campos que morirán también en su hora.
Pliéguese aquí dentro de mi ser esta diminuta alegría,
de saber junto a mi muerte todas las cosas más bellas.
El día no se detiene, y lo que somos hoy día, mañana,
de la hoguera que hace siglos arde, será sólo ceniza.

LAS CANCIONES MÁS BELLAS

Juzga por ti mismo si vale o no la pena
transitar a toda prueba esta senda tenebrosa.
Infiere si en verdad importa seguir la absurda
línea por los astros propuesta. Y verifica si aún
es cierto el milagro desastroso de la existencia.
Ve y únete a todas las cosas junto a ti dispuestas,
y marcha en pos de la penumbra de las noches
y de los días borrosos por el paso de la niebla.
Evoca desde tus labios las canciones más bellas
de tierras muy lejanas. Entiende con entereza
que ésta es la vida y éste tu destino; y, apresúrate
a su encuentro: hojas son barridas por el viento.

Saturnino Ramírez, “Jugador con suéter azul”, 1987

UN CANTO ENTRE LAS ZARZAS DETENIDO

Después de un largo rato acometida por las lluvias,
la aldea rumorea de nuevo en el milagro vespertino.
Los perros ladran a la ausencia de ladrones y fantasmas;
canturreo de pájaros, se inunda el ambiente de sus trinos.
Las chimeneas sueltan su aliento hacia el aire espeso.
Nubarrones señalan el horizonte, presagio de tormenta
que no amaina. Relámpagos continuos sobre la cordillera
trazan con sus finos hilos una esfera luminosa, a cuya
explosión le sigue una voz mítica de trueno repetido.
La aldea rumorea, pacen vacas, los hombres se ocultan
dentro de sus nichos. En medio de la soledad más grande,
queda un canto entre las zarzas detenido. Una mujer sube
la cuesta: lleva olor a pan fresco, a aceite, lecho y vino.

Y SE DESVANECIÓ EN EL AIRE

Alguien dijo a mi espalda algo que no pude descifrar,
giré entonces para verle y se desvaneció en el aire.
Una palabra sola en la memoria quedó enredada, hilé entonces 
su significado y el mundo de bruces se vino sobre mí.
Día a día repito entre tardes y noches la inmensurable
palabra que dijera esa boca trágica detrás de mi sombra,
y se abalanza el universo al pronunciarla, y tiemblo
de pavor ante la magnitud de su sentido en mis labios.
Pasarán los nuevos días y constelaciones completas
se adentrarán calladamente en la muy profunda noche,
sin que peregrino alguno oiga de labio humano la frágil
palabra dada en secreto, una breve mañana a mi oído.

Saturnino Ramírez, “Sin título”/detalle, 1996

ACUARELA FRENTE AL MAR

Concha del mar de la ausencia del mar y de la ola,
concha que suena y sueña con el mar de su infancia,
eco mortuorio de una tempestad ha siglos sucedida.
Caracola, corona de algún dios moribundo, atascado
en la playa infinita. Pobre delfín tirado sobre la arena.

YA NO UN CISNE

Concédele a tu canto toda la potencialidad de tu destino.
Otórgale el sentido inexorable de tu existencia y canta.
El tiempo es una sombra y cubrirá la luz de tu vida.
Ya no un cisne: un simple hombre que canta en su hora.
 

HAY UNA NOCHE MÁS AMPLIA

Torna a decir de nuevo la palabra negada
que es breve el minuto y el placer inmenso.
Bebe una vez más los vinos de la noche
porque detrás de cada estrella hay una noche más amplia.
Juega inexorable el serio juego de la vida
y no vayas a rodar como las piedras por el abismo.
Muere si es posible mil veces de sólo dicha
porque vendrá la muerte segura tras tus pasos.
* * *
NOTA BIOGRÁFICA. Jandey Marcel Solviyerte nació en el municipio de Bello, Antioquia, Colombia, en 1974. Es poeta, narrador, dramaturgo, traductor y ensayista. Ha publicado los siguientes libros: Sangre en costales de cisa, poesía, Ediciones Síglope, 2001.  La lira destemplada, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2006. Versos de los Mil Días, poesía histórica, Ediciones Cosa Nostra, 2007. Priapica Carmina Sensualis Amoris, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2014. Crónicas de riel: Una arqueo-historia de la carrilera en la línea Medellín-Puerto Berrío del Ferrocarril de Antioquia, crónica, Ediciones Cosa Nostra, 2014.  De aquella música, poesía, Ediciones Cosa Nostra, 2016. 
Ha recibido los siguientes premios: II Premio de Poesía Joven La Ciudad Vivida, Medellín, Instituto Popular de Capacitación (IPC) 1997. Premio Los Sueños de Luciano Pulgar, Bello, Subsecretaría de Cultura, 2002, 2004, 2006, 2009. Premio Andrés Bello de literatura, 2002 en poesía. Premio Andrés Bello de literatura, 2009 en dramaturgia. Premio Nacional de Poesía Casa Silva, Bogotá, 2009. Ganador de Estímulos al Talento Creativo del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, género Crónica, 2014. Mención especial como traductor en el Concurso Literario Internacional David Mejía Velilla, Universidad de la Sabana, Bogotá, 2014. ha participado en los siguientes eventos: XI Festival Internacional de poesía de Medellín, 2001. I Encuentro Nacional de Literatura. Calarcá, Quindío, 2002. VI y XII Encuentro Nacional de Literatura, Zipaquirá, Cundinamarca, 2009 y 2015. I Encuentro Departamental de Poesía, Fredonia, Antioquia, 2013. I Encuentro Nacional de Poesía Epifanio Mejía, Yarumal, Antioquia, 2016. II Encuentro Internacional de Literatura Ciudad de Mérida, Venezuela, 2016. I Festival Internacional de Literatura del río Xingú, Estado Pará, Brasil, 2017.

* * *
Derechos reservados
©Jandey Marcel Solviyert

LAS ATADURAS DEL AIRE – Poemas de Henry Alexander Gómez

HENRY ALEXANDER GÓMEZ (Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria. Es el director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz (España), el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, y el Premio Nacional de la Casa de Poesía Silva.
 

Del libro Casa de hueso (Inédito)

Gallinas
 
En las mañanas,
largos instantes me revelaron
el juego de su pluma,
el cacareo del mundo desde
una noble idiotez.
 
Su peculiar danza
me habló de un linaje perdido,
la firme intención de ser viento borrado. 
 
Entendí, entonces, la difícil tarea
de romper
con las ataduras del aire,
la música cercana de escarbar en la tierra.
 
Es verdad que en las gallinas
el día ha encontrado su eje, 
el cordón umbilical
en el que sostiene la luz.
 
Al igual que ellas, escribo la dicha
de ser pájaro caído.
 
A Felipe García Quintero
 
 
 
Parábola del padre
 
Padre siempre se sumerge en las más
extrañas empresas.
En un diálogo mudo con la vida,
en una incesante errancia
por el orden prohibido de las cosas,
hizo de la derrota
                                   su sello personal,
una enorme roca de aire para empujar cuesta
arriba.  
 
Un día compró una rueca de hilar nubes.
Decía que en la plaza bien podría abrir
un negocio celeste para achispar acontistas.
Pasaba horas golpeando el pedal,
hilando el día,
ovillando la lana.
Desde allí urdió toda la orilla del cielo
                              sin conseguir una sola moneda.
 
Otro día
se hizo a un viejo auto
para sortear la soledad de los caminos.
Con él cruzaría las fábricas del humo,
las páginas secretas de las grandes montañas,
hasta llegar a La Habana
                                     o Nueva York.
Pero la noche lo dejó tirado a un lado de la
carretera,
reparando el veterano motor oxidado.
 
Raras tareas emprende mi padre,
cultivó los sueños de los ondeadores de banderas,
comerció con olvidos,
amasó el pan
para el inspector de patatas fritas,
escribió cartas de despedida para amas de casa,
hasta afiló los lápices de tercos burócratas
en una corte de un país
                            que no aparece en ningún mapa.
 
Hoy comprendo que mi padre
es un poeta a su manera,
atesora la derrota
como quien guarda
                          palabras perdidas en la billetera.
 
Sin saberlo, padre,
con cada inútil negocio,
me ordena mi noble función en el mundo:
el oficio de escribir,
                                   a cada instante,
                                               el arte de la pérdida.

 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Los huesos de la bisabuela Felisa

 
Aparecieron de repente,
estaban metidos en un cajón de madera negra
y cargaban el aire roto de la noche.
 
Andaban por el camino de los años
apretados a cualquier rincón de la casa.
Prima Betty los descubrió por error,
buscando en el cuarto de trastes algún juguete perdido.
 
Susto de perros esos huesos ladrando la muerte.
Sortilegio. Oscura brujería. Asesinato en el balcón del silencio.
 
Fue abuela quién recordó que eran los huesos olvidados
de la bisabuela Felisa. Habían llegado décadas atrás
y buscaban ser un puñado de viento,
una flor soñolienta.
 
Al fondo de la caja, la extraña carta del abuelo
confirmaba la noticia y reclamaba un lugar junto a su tumba.
 
Insólitos los ríos
que cruza la piedra después que la lluvia se extingue.
Años de errar debajo de las camas,
rechinando entre sombras, auscultando la tierra,
los huesos,
la vida,
como un planeta cansado,
gritan su parte del mundo, justo ahora que exhumamos
los restos del abuelo.
 
Allí descansan,
                         los dos,
en una bóveda sin fondo,
en un osario celeste, examinando la luz.
 
El corazón se busca más allá de la carne.  
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505



De libro Tratado del alba (2016)


Roberto Juarroz
 
He abierto la palabra amor
y, adentro, encuentro otras palabras
que no dejan de mirarme fijamente.
Escojo una de ellas,
le hago también un orificio,
para ver más adentro en el lenguaje, 
y allí encuentro una palabra
que se parece al corazón del mundo.
 
En medio de las dos mitades del lenguaje,
sobre la línea que separa el comienzo y el final,
comprendo que un vocablo,
más profundo
que el abismo de Dios, nos sostiene.
 
Todo lenguaje se contiene a sí mismo,
como toda palabra que decimos o callamos, 
lleva adentro la soledad del hombre.
 



Horizonte
 
Un relámpago
                 llama al asombro.
 
Se cierra el sonido
                 y algo
                 se abre adentro de nosotros.
 
Entre la luz y la resonancia
                 un suspiro, un nacimiento, un
dolor,
               
                 la vida.
 
 


Carlos Obregón
 
Desde adentro de la vida
miro llover.
 
Miro como quien encuentra la esperanza
sin haberla buscado,
como quien hunde sus manos en la ceniza
de una hoguera nunca encendida.
 
Llueve sobre la orilla de tus pasos.
 
Porque tu hondura es la lejanía
de ver el cielo sin poder tocarlo,
el temblor de una oración
sin alfabeto, la vigilia de dormir
sobre una música olvidada.
 
El leve polvo de tierra
que levanta la llovizna
                                       deletrea tu silencio. 
 
 
 
Arqueología
 
Enterrar una palabra,
esconder su tumba entre las piedras.
 
Desenterrarla después de muchos años,
quitarle la tierra endurecida,
los restos de polvo,
                                  el óxido,
 
hasta que brille como una antigua reliquia.
 
Colocarla en medio de la página en blanco
y estudiar su antigüedad, interpretar su pasado,
descifrar el color original,
establecer su importante papel en la historia.
 
Incluso admirar su dignidad de estrella olvidada.
 
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Angelus Silesius desata un folio perdido

 
I.
Hallar la contemplación
verdadera
como quien abre su corazón
                                                  a la muerte.
 
Y seguiré en Dios,
                       como la noche en mis palabras.
 
 
II.
No basta con taparse los oídos
                 para cerrarse al ruido del mundo.
              
                Hay que olvidar
                                            lo escuchado.
 
                                            Arder en el
silencio. 
 
 
III.
En la oración
hay una hondura más grande
                                         que la angustia de Dios.
 
Tanto abismo inunda
                                             mi espíritu de palabra.
 
 
IV.
Intentar escucharte
                es pretender contener la eternidad
                en las manos.
 
Basta que una rosa florezca para asirla.
 
 
 
V.
Voy por el mundo
                                 buscando lo incognoscible.
                                
                                 El fuego que no arde,
                                 una vocal que no produzca
sonido,
la prehistoria del alba.
 
 
 
VI.
Edificar a Dios
como quien bebe de un candil erosionado.
 
Hallar a Dios
                      como quien naufraga
                                            en la peregrinación de la
luz.
 
 

Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505

 
 
De libro Diabolus in música (2014)

Johnny Cash
 
Enterré el puente de mi guitarra en el aire, sacudí las polillas de mi sombra y cultivé el vapor de la música sobre el heno de los días, a un lado de la carretera, donde los mundos se fecundan.
 
 
 
Jon Lord
 
Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.
 
Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.
 
Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música: una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 
 
 


Jim Morrison
 
Desde lo alto de una duna dejo caer un cuenco que rasga un aire extraño que acecha mi presencia. Ancianos ángeles amasan mi saliva con arena. ¿Quién acompañará mis huellas para descifrar el verdadero rostro de la luz?
 
Romper el cristal. No hay noche más fría. El nombre del desierto me persigue. Las puertas se derrumban.
 
Con el hueso roto del coyote buscaré mis años perdidos junto a un demonio que trepa por el antiguo imperio del cielo.
 
 


John Bonham
 
En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.
 
He dejado al granizo sin aliento.
 
 


Humberto Monroy
 
El humo de la noche ha rodeado mi casa. Sin tocar las notas bajas de la sed, la música florece en la línea del aire.
 
Mi boca posee cuatro labios, mis ojos cuatro pupilas para descifrar la oscura pulsación de la luz. Mi vida ha sido el temblor de un alfabeto encallado en el destello del relámpago.
 
Humo en las ventanas, en la densidad del polvo. Este largo destino de envejecer en el origen.
  
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505  
 
Del libro Memorial del árbol (2013)


Hay soles que caen
 
Un ángel juguetea en el ramaje del árbol.
 
Es tan grande el abismo,
y tan silencioso el techo del mundo,
que nos abraza la pesadumbre,
y bebemos aguardiente,
                                             y lloramos,
porque no entendemos
cómo Dios juega con sus dedos de piedra
entre las hojas del álamo.
 



El ángel negro de la isla de Kampa
 
Nadie lo vio entrar en su casa. Era una fría noche de
Praga, era un poema tirado a la alacena.
Al principio, con el orgullo herido y las polillas
sacudiéndole los trajes, se acostumbró a vivir con la noche colgando de su espalda.
Decidió el encierro porque los hombres sencillos mueren
solos.
Con la pupila altamente dilatada, Vladimír Holan,
entendió que las sombras viajan empedradas de palabras. La piedra oscura había
regresado cargada de frutos.
En aquella casa había tanto ruido, tanta miga de
pan en las esquinas.
Se dice que la luz de la ventana duraba encendida toda
la noche, en el resplandor de la vela se diseminaba el diálogo del mundo.
La claridad no se hacía esperar. Nadie y todo había en
él. La campana detenida por el lápiz, Hamlet conversando con las ruinas del espejo, la muerte escondida en las catedrales.
Pero los años no pasan en vano. En la pesada puerta
crecía un caballo atado con alambres.
En el instante en que la voz del ángel deshizo los
colores de las cosas, cuando la tierra de los cementerios colmó de cicatrices
las estancias, pronunció estas palabras:

“Kateřina ha muerto. Hoy no ha venido nadie a
preguntar. La casa ha ocultado, al fin, todos sus ruidos.”

 
 *  *  *
Derechos reservados
©Henry Alexander Gómez

NOTA BIOGRÁFICA
(Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria de la Universidad Central y Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España por el libro Tratado del alba (2016).
    Publicó además los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y las antologías Teoría de la gravedad (2014), publicado en Quito, Ecuador y El humo de la noche rodea mi casa (2017) Colección “Un libro por centavos”, Universidad Externando de Colombia. Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com) y es docente del Pregrado de Creación Literaria de la Universidad Central.

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SUEÑOS DE TRAPO – Un cuento corto de Claudia R. Niño

Foto / ©Carlos Castillo Quintero
 
CLAUDIA R. NIÑO (Tunja, Colombia, 1966). Escritora, artista plástica y orfebre. Realizó estudios de Artes Plásticas y Visuales en la Universidad Nacional de Colombia. Cuentos suyos han sido traducidos al inglés.
 

“Sueños de trapo”, cuento finalista del Concurso Historias por la igualdad convocado por Zenda e Iberdrola (España).

⊂Ο⊃

 
     Juana levántate y alcánzame un cigarrillo. Juana ve pronto o te castigo. Juana banana la más enana.
     Nunca te mueves, nunca me miras. Me cuesta tanto recorrer el espacio que hay entre mi cama y el estante de la cocina. Verónica dejó ayer las tres pacas de cigarrillos, las tostadas, la mantequilla, las chocolatinas, las telas, los hilos y la caja de ron, dijo que tienen que durar toda la semana, que no va a volver hasta dentro de ocho días, que no vendrá aun cuando la llame. Va a estar difícil que me alcance el ron.
Juana recuerdas cuando estudiaba en la universidad, entonces era feliz, me daba pereza ir a clase de siete, siempre llegaba tarde y tenía que conformarme con el último caballete en el peor lugar, creo que por eso no aprendí a dibujar. Juana tráeme la libreta roja, muévete, estás gorda, despeinada y tan vieja como yo. Recuerdas a mis amigos: al bajito ese que tanto me gustaba, el que sólo pintaba molinos y que ahora vive en Holanda, y de aquel que heredamos unos libros porque se suicidó, y aún tenemos por ahí los dibujos del que nos llevaba plátanos y mazorcas, el más querido y fugaz.
 
 
 
Pablo Picasso, Paloma y su muñeca, 1952
 
 
Fúmate un cigarrillo y sirve ron para que brindemos por los viejos tiempos, allá cuando creíamos en la Libertad, en la Igualdad y en la Fraternidad. Brindemos por el muchacho de la dulzaina que terminó en la primera página de El Espacio: Dados de baja universitarios en la toma de Pacho, te acuerdas Juana, nos sorprendió que detrás de tanto candor hubiese un guerrillero; luego vino el miedo, los allanamientos, los interrogatorios, las torturas, las desapariciones. Todos andaban en algo y nosotras mientras tanto de libro en libro, de cine en cine, fabricando sueños de trapo. Yo, provinciana, asustada por las bombas y las balas, y viviendo tan cerca del Palacio de Justicia. Ese semestre se cerró la universidad y no supimos qué pasó ni por qué. A la maestra de historia le entregaron el cuerpo calcinado de su esposo el magistrado, del cual dijeron en el noticiero que había salido ileso de la toma. Yo tenía miedo, pero no tanto como el de mis compañeros de apartamento, te acuerdas Juana, que desaparecían cuando había problemas.
     Mientras se reanudaban las clases me fui a mi casa, a esa fría ciudad de niebla, lloviznas y vientos; de iglesias coloniales y beatas que madrugan a rezar el rosario por la calle; del tinto a las seis de la mañana y el pan francés fresco. Tráeme pan francés Juana y un tinto bien cargado como el que hacía mi madre, y no me hagas llorar que voy a dibujarte.
     Han matado a tanta gente y otra se ha muerto sola, y nosotras aquí Juana, en este breve espacio sin tiempo.
     Otra vez Verónica ha olvidado los botones, pero si la llamo va a enojarse y a amenazar con no volver, mejor será pedírselos a la chocoana del frente, no a la que trabaja en la universidad sino a su hermana, la de la taberna; o a la muchacha de al lado, la has visto Juana, yo la espío cuando llega porque siempre sube cantando, es rubiecita y espigada, vive con el novio y su gato, precioso, como le dice al salir. Tiene una falda de flores como la tuya Juana y se parece a ti, a la Juana de hace veinte años. Seguro ella tiene botones redondos de muchos colores, los necesito con urgencia, no quiero dejarte así, ciega por siempre, Juana banana la más enana y vieja de mis muñecas.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Claudia R. Niño
 
 
 
NOTA BIOGRÁFICA
 
(Tunja, Colombia, 1966). Escritora, artista plástica y orfebre. Realizó estudios de Artes Plásticas y Visuales en la Universidad Nacional de Colombia y en la Academia Superior de Artes de Bogotá – ASAB. Estudió Platería de la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo de Bogotá. Ha sido docente de Arte Contemporáneo en el Instituto FUES, y Directora del Taller “Contar la ciudad” dentro del Programa de Escrituras Creativas de Bogotá. Su obra literaria fue incluida en el Programa Internacional Chiloé de la Comunidad Vasca (2009). Sus cuentos “Alguien fuma” y “Casa abandonada” se publicaron en la antología “Cenizas en el andén – Cuentos de la ciudad” (Asterión, Bogotá, 2009), y su relato “Artefacto” se publicó en “Pisadas en la niebla – Antología de nuevos cuentistas boyacenses” (Colección Los Conjurados, Común Presencia Editores, Bogotá, 2010). Fue seleccionada para la Antología Talleres Literarios de Ministerio de Cultura de Colombia (Tragaluz Editores, Medellín, 2011). Incluida en “Árbol del Paraíso – Narradores Colombianos Contemporáneos” (Común Presencia, Bogotá 2012). Incluida en la Antología de Cuento “La magia de la palabra” (Fundación Don Bosco College, 2015). En el 2013 su obra fue escogida para hacer parte de la selección de narradores publicados en la Revista Copa, con traducción al Inglés, y dirigida a cerca de ocho millones de viajeros de esa aerolínea. En 2017 su cuento “Sueños de trapo”, fue finalista del Concurso Historias por la igualdad convocado por Zenda e Iberdrola (España).

 
Visite la WEB  de la autora
 

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EL PORVENIR PARTIRÁ EN UN TREN BLANCO – Poemas de Eugenia Sánchez Nieto

Foto de la autora: Mateo Silva

Poemas inéditos (2010-2016)
 
ESCARLATA
Soñé con un leopardo que dormía
bajo mi cama
era inexplicable el motivo de tenerlo
por falta de costumbre olvidaba darle alimento
debilitado se extinguía lentamente…
en la noche para sobrevivir
                           pronto daría el zarpazo.
 
Un leopardo agazapado acechaba mi casa
la noche entraba y reclinaba su cuerpo
la puerta entreabierta…
el cuerpo desgarrado pintaba de escarlata la noche.



ROSTRO O MÁSCARA
 
1
Rostros diversos se posesionan de la que fui
hojas verdes, hojas secas resbalan bajo los pies
una bella de traje amarillo sale del bosque
el agua transparente incita un ahogamiento
aves de diversos colores festejan el verano
máscaras diversas se posesionan de rostros expectantes
ríe, ríe, muestra los dientes
saltimbanquis frente a rostros serios y temerosos.
Viajo sobre el soleado parque
¿Rostro o máscara?
ambas partes indestructibles de la que lenta se aleja.
 

2
Correr, correr, correr
cabello rojo al viento
tren amarillo
labios carnosos que esperan unos ojos oscuros
correr, correr, correr
piel temblando
luz vertical, saxofón prolongado
ojos a lo largo de muros infinitos
el juego del azar en busca de la fortuna
caída sin lamento
un gran alarido, rostros descompuestos, sordos
la ambulancia con un moribundo adentro
sobrevivir, correr, sobrevivir.

August Macke, Café turco, 1914

 
PALABRA EN EL VIENTO
 
1
La palabra se bate con el miedo con el odio
de la entraña del tiempo vivido
del aturdimiento, del momento postergado
de la belleza
del canto imponente
asciende por el aire una mariposa azul
                                    titila en el viento.
 
Del tiempo de la infamia
                   de la blanca indiferencia
de los murmullos y la risa
                 del reclamo y el perdón
de la noche y sus pesadillas
                     del indescriptible vacío
brotan las palabras         
                        cargadas de sueño y delirio.
 
 
2
Lo no dicho es una forma de pensamiento sin palabras
las palabras juegan a solas
al aire libre se colocan una detrás de otra
                                   imaginando una escalera
el hombre lucha por subir a través de ella.
Estas lo derrotan una y otra vez
las palabras tienen forma
y no están dispuestas a dejarse asir
las palabras se escapan una y otra vez
algunos creen sostenerse sobre ellas
dominarlas y encontrar la cima
nada las detiene
las formas juegan con los sentidos
ellas permanecen ocultas, expectantes…
 
 
BAJO TIERRA
 
1
Cuerpos mutilados, masas informes
muecas de miedo yacían bajo la tierra
ríos impacientes intentaban borrar marcas de espanto
la tierra se revolcaba al recibir tanto cuerpo junto
el amor de los habitantes había sido extirpado
                                                lamentos en círculo
aquel que se salía era aplastado sin piedad
ni pájaros ni amaneceres ni cantos
impacientes buscaban caminos todos transitados
ciudad revisitada con sus nubes cargadas
el amor estaba hecho a la medida de sus semejantes
desgraciados cantaban eternas letanías
                                           no había calma.
 

2
Bellos hombres agujereados de espalda
                                      de frente, en la cabeza
cuerpos tensos y mirada atónita
un vaho sale de su cuerpo
jóvenes alegres guiados —sin saber
                            en la ruta de la noche
el trazado en su piel joven
                     el bello fulgor en su rostro
 lenguaje de sombras y silencio
señas y silbos extraños rondan sus cabezas
sus familias aletargadas esperan…
el tiempo desciende y abre la puerta
la noche entra en sus aposentos
                               nadie sabe nada
extraviados de sí
recorren un largo túnel negro sin luz al final.
                                     

3
Acuérdate que por allá hay gente mala
                                        asesinan por encargo
se toman la vía, hacen redadas
si el sol está de frente
                         matan sin piedad
extraña tierra esta
hombres de mirada feroz
cuchillo, metralla, bomba                     

                tierra caliente y sin freno.   

  

August Macke, Muchachas bajo los árboles, 1914

 
LAS FORMAS DEL VACÍO
Dentro de un gran salón hay una mesa enorme de billar
sus esferas de diversos colores se mueven
                                 sobre la pizarra verde
en penumbra hombres silenciosos
se desplazan en una danza lenta y alegre
observo detenida como una vela se derrama
                               y cae sobre la tela
una lámpara y un reloj diseñan la forma del olvido
desde la calle un hombre
entra armado buscando una mujer
la que lo observa cae lenta
                             con un tiro en la frente
el sonido lejano de una carambola
el billar se ilumina
amedrentados por el pistolero
salen uno a uno a la noche fría
un día más donde vivir es un milagro.
 
 
 
NIEBLA Y SUEÑO 
El porvenir partirá en un tren blanco
las huellas de unas pisadas desaparecen
                        el miedo tiembla
la vida como vasija fracturada.
 
Aún joven perdió la memoria
se extingue lentamente
                       no reconoce a nadie
 alojada en casa de ancianos.
 
Un amor incierto la lleva a la niebla
desprendida de todos, olvidada de si
transita por un corredor silencioso
                       el tiempo de la risa se malogró
un órgano suena en la mañana
niebla y sueño la que fue no volverá.

August Macke, Mujer en un diván, 1914

Del libro: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda 
Cuadernos de Poesía Ulrika, 1985

EL MARQUÉS DEL BETÚN
El marqués del betún ama su vida
de una manera inquieta y distante
sabe que su pasión no son jornadas
repetidas donde él sea uno más en la largan fila.
Por eso se entrega a su delirio
en interminables monólogos sueña
con los hombres que fue y que será
la gente lo observa y se ríe
el marqués sigue ahí hasta que lo aborda la noche.
Su enfermedad lo libera de lo extraño
su enfermedad es la salud de los demás.
 




LAZOS OCULTOS
Lazos invisibles hacen que aquellos se mantengan
en su delirio en su doble voluntad terminó recluido
el otro se hizo poseer por un grupo de hombres
descubrió que la felicidad era una joven poseída
ella, figura única de mil matices
celebró nupcias con el amor.
Ellos transgresores, implacables
candentes en un desierto helado
intrincados como si fueran uno, más allá de lo visible
amor tan alto que da la libertad y la agonía.
Extraña paradoja donde los amantes atrapados
se ven arrojados a la fatalidad.

August Macke, Gente en el lago azul, 1913

LUCIANO
La alucinación que produce el alcohol y el hambre
y la atracción por lecturas herméticas
provocaron en Luciano una pasión
                                  indescriptible por lo funesto
su mirada inquietaba a los demás
instantes, sólo instantes
se desligaba del hilo tenso
                                   por el cual se miraba al espejo
y ante el que decía: Sólo frente al espejo soy valiente
cuando perdió el hilo mediante el cual
mantenía cincelada su conciencia
se produjo su pasión:
Tres huérfanas millonarias caían ante un piano silencioso.
¿Cuál el límite donde se produce la demencia?

Para Evelio Rosero Diago



EL DÍA Y LA NOCHE
De día el buen creyente
es incapaz de escupir
de noche ángeles escandalosos
buscan la oscura revancha
panteras enjauladas rastrean la salida
el sueño ese encuentro inconfesable.
 



UN VIENTO
Le visita en la noche, su presencia es real
se traspasan, se barruntan, se prueban
ella le busca con el tacto, sólo un espacio
¿Estará escondido en el armario esperando
                                             la noche sin luna?
Trata entonces de cincelar aquel rostro
                                              le es imposible  
su amado parece invisible.
Será el amor un sueño intenso
y luego un viento fuerte golpeando sin dejar huella
sólo un vacío, un hueco
un hueco por donde sopla el viento.
 



BLANCO ES EL PAREDÓN
Ojos limpios recorren la mañana
blanco sobre blanco es el paredón
pero ese caído allí
es mi corazón que sangra.



*  *  *
NOTA BIOGRÁFICAEugenia Sánchez Nieto (Bogotá, Colombia, 1953). Título de Filosofía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 1987. Especialista en Administración y Planeación del Desarrollo Regional Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1993. Dirigió el Programa Página Impar de la Unión Nacional de Escritores, que se transmitió por la Radiodifusora Nacional de Colombia, (1990-1997). Libros publicados: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1985; Con La Venia De Los Heliotropos, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1990; Las Puertas De Lo Invisible, (Cuaderno), Centro Colombo Americano, Bogotá, Colombia,1993; Visibles Ademanes, (Cuaderno), Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 2004; Dominios Cruzados, Colección 50 poetas colombianos, Caza de Libros, Ibagué, Colombia, 2010; Visibles Ademanes – Antología – Colección Un Libro Por Centavos, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, 2013; Lo Inasible (Libro Digital) Publicado por NTC, Gabriel Ruiz, Cali, 2016. Diversos premios de poesía; publicaciones en revista y antologías nacionales e internacionales.
 
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Derechos reservados
©Eugenia Sánchez Nieto