OLVIDADO EN OTRO ESPEJO – Poemas de Humberto Avilés Bermúdez

 

Foto │©Archivo particular


Pequeña Antología
Selección de
HERNANDO GUERRA TOVAR
Bogotá D. C., septiembre 2020

 

 

MIEDO 

En mí toda la guerra
quiere nacer a la muerte.

Un geranio abandonado
en las aguas del miedo
como una inmensa flor
de prisa navega
entre sus sueños.

Espíritus sin nombre
rodean mi silencio
me impiden olvidar,
pensar acaso,
callar…

Son las cinco en humo
de las sombras.

Toda mi tristeza
como en una oscuridad
poblada se pierde
en tu alegría.

En mí todo el amor
se desangra
la guerra está naciendo
y no quiero ser flor…

¡Sólo soy miedo!

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

FISIÓN

I

Juntamos los abismos
del futuro,
creímos hondamente
en la guerra
del que calla.

Resucitamos en la
roca
de lo escéptico…

Rompimos avenidas
de cristal
en el sexo del diamante.

II

Sólo la luz
acudió a nuestros gritos.

Definitiva soledad…

Soberbia liberación
de neuronas en el aire
que ya no es tiempo.

III

Vivimos un adiós
sin dimensión,
ni las miradas eternas, consecuentes,
conocen el designio…

Del otro lado de la luz
nuestra lengua
está pariendo,
un niño de fuego
nacerá:

Este poema, duele,
cualquier poema, arde.

IV

En la densidad
de lo precioso
presentimos el advenimiento
mortal de nuestro verso.

 

 

 

 

EDAD DE THANATOS

Madre tristeza
labriego tu silencio
transfigura penas…

Me deja seco
viento en la edad,
humo
en la sangre.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ONÍRICA

Amanecer
con todo el amor a cuestas
una mañana cualquiera
siendo tu sueño.

 

 

 

 

PERSONIFICACIÓN DE ABRIL

Madrugada en lo más alto
la noche
amaneció en Madrid.
Mediterráneo silencio
malagueña luz varada
juguetea con mis versos.

Hecho este astrolabio errante
que náufrago de cielos
se detiene en mis manos.

Abril, marzo florecido,
amarillo sol…

Soy yo, Luis Rosales
contándote después
de casi todo

¡Que la casa sigue encendida
que cante siempre
el contenido del corazón!

 

 

 

 

SABOR DE GÉNERO

Alba y luz
busca eco al sabor
de canela sin deseos.

Piel de luna perseguida
que ahora me persigue.

Tu piel toma cuerpo
en el poema
con la forma lánguida
de ser vos.

Mujer luna
sabor canela
olor de guayaba
necesitada de locura.

 

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

INSTANTÁNEA DE MAYO

Éramos
como partículas
en el aire…

suspensas, suspendidas
no se atrevían a flotar.

El mediodía
paisaje recalentado
por la bruma.

¡Quizás el invierno
esta palabra humedecida
por lluvia que no llega!

 

 

 

 

DECLARACIÓN DE AMOR A GRANADA

Depredar sentidos con las manos
cuando de poner orden
al caos de creadora se trata.

Ideas de pronto vestidas de palabras
desbocado lenguaje que de sí
ignora simbolismo…

Cuando rozamos piedras
frotándolas intensamente
saltan chispas…
sorprendentes, sorprendidas, sorprendiéndonos
para que el fuego sea.

“No encendáis un fuego que no apagarás”
dice Granada.

¿Cómo hacerlo si fuego eres
y de chispas está hecha nuestra piel?

Sólo compartido sudor
puede refrescarnos porque
apagarnos tras el fuego
voraz de incendio transformado
que no de hoguera
mientras vivamos jamás.

 

 

 

 

GRANADINOS

Noel Rivas es otra Granada
¡a buen seguro que más auténtica por compartida!

De otros combates nacimos
¡pero hemos compartido tanto
y tan de veras!

Reinaba entonces cuando libre
su entero corazón
en la geografía sin límites del Caimito,
fruta de calle cual metáfora de síntesis
entre las palabras que jamás quiso escribir
y las que pensadas de tanto acariciar
tampoco dijo.

Tierras solares fue un acto de amor
aunque tardío,
España contemporánea una deuda impagada
con Rubén que nunca supe.

Del ron al vino español
pasando por el whisky -tan de otros-
¿qué distancia ha transcurrido?

Andalucía le hizo crecer el corazón
hasta no poder más de silencios…

Y una primavera madrileña
vinieron a contarme que moría,
nunca quise creer en lo escuchado
sin hallar explicación lo supe vivo

El negro bravo siempre fue
un cauce de palabras abierto
desde que decidió aporrear la luna
como si fuese tambor batiente
a ritmo de mambo…
y contarnos cuentos
como a quien a los demás desnuda
en el desnudarse a sí mismo.

Fue mi señal de identidad
con las noches granadinas
con las naderías de la juventud
donde surge Noel hablando
una vez más de literatura
como un Shakespeare chapiollo
recolectando sombras a la luz de la poesía.

Noel Rivas Bravo es otra Granada
¡No sé qué hace en Sevilla!

 

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ZARPA DE LUZ

Aré lo que pude
Jaguar Pablo


Escribís en un lenguaje raro
por llamarlo de alguna forma.
le dije.

Nada de raro. La rareza desaparece cuando
sabés que uso el verbo Arar y no el hacer;
me respondió.

Con dificultad sé hacer lo preciso
para escribir el color de mi luz…

De ahí a las dotes adivinatorias
acerca de arados apócrifos
hay exactamente la misma diferencia
y distancia que separa ambos verbos:

Cada quien hace lo que quiere
con la hechura de su arado,
respondí.

 

 

 

 

SEDIENTA

Cuando no hay agua
para tanta sed
clama seca
la voz del anonimato
apropiándose del idioma
para nombrar su angustia.

Desertificamos el azul
sacrificamos humedad
calcinados como
esqueletos infernales
de suicidio colectivo.

¡Nacer a la muerte!
siniestra vocación
del pasado
para que no haya futuro.

Crece la sed…

El universo del agua
se diluye cual
flor marchita en cartografía
de humanidad que agoniza.

¿Y, dónde la luz?

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

PERFIL DEL OLVIDO

Caen tarde y luz
con ellas nace sombra.

Distancia gris de
palabra dicha
no dicha de palabra.

Siento que ya
no ardemos…
somos fuego de nadie,
rescoldo
casi ceniza.

Entibiados por no decir
somos este perfil
olvidado en otro espejo.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Humberto Avilés Bermúdez
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Nació en 1953 en Granada (Nicaragua). Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca. Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Complutense de Madrid. Docente de postgrado en varias universidades centroamericanas durante más de quince años. Premio de poesía Universidad de Navarra, con el poemario Hipótesis del amor, 1979. Finalista del Primer Concurso de Poesía Botón Charro (Salamanca), por el poema Tríptico de la noche. Tiene publicados poemas y artículos en distintos medios impresos y virtuales tanto de España como de Nicaragua. Premio Andrés Bello, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2018.

Libros:

  • Perfil del olvido. Antología personal (1976-2012). Foro Nicaragüense de Cultura. Managua, 2013.
  • Estigmas de silencio. Poemas (1971-1976). Editorial Amarante. Salamanca, 2014.
  • Poética de la simpleza. Editorial Amarante. Salamanca, 2014
  • Escritos Constitucionales (1999-2010). Editorial Amarante, 2014
  • Color de luz, Morada al Sur, Colección de poesía latinoamericana, Ediciones Hespérides, Mar Del Plata Argentina 2019.

⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan los poemas son obra del  artista plástico EDILBERTO SIERRA (Bogotá 1956). Maestro de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, Brasil. Es autor de Papeles para un voyerista binario, Fragmentos para una historia continua, Materiales para ensamblar un ángel. Es profesor de artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y del Ce-art de Bogotá.

El poeta Gonzalo Márquez Cristo dice de él y de su arte: «Su pintura transcurre, el deseo sigue su itinerario laberíntico, los ojos se desprenden, los pies caminan sobre el agua… Nos hace comprender que el erotismo siempre es un viaje hacia el centro, que las caricias se hacen por debajo de la carne, que la vida es un acto de trapecistas, que a veces la sangre se convierte en arcoiris».

 

BESAR EL ROSTRO DE ALGUIEN – Poemas de Zeuxis Vargas

 

Foto │©Archivo particular

 

 

ESCRIBIR

Registrar el universo por el respaldo,
acumular todos los datos posibles
de la harija y la pátina,
preparar el informe
de las imágenes que nunca existieron
y pensar que se inventa.

Sortear la pena de no crear,
producir siluetas enteramente echadas a perder,
dejar que un texto muera sin lector inventado
y soñar que el viento puede descifrar el amor.

Dejar versos en la espalda de un muerto,
dejar caer una letra como si fuera una porcelana
y sentir en un cuerpo dormido
el calor de la ternura.

Vivir los días creciendo o casi consumiendo,
acumularlos para la fecha festiva de las márgenes
y oír que tienen nombre,
que se van llenando de fantasmas.

Construir un propósito al levantarse
para poder caminar seguro del suelo.
Sospechar que hace falta algo
para que sea completo el humano
que dejamos de acicalar en el baño.

Concentrar entre los ojos una promesa,
dar por sentada toda la experiencia
y saber que está vacío, todavía,
el gesto para sonreírle algún día a los recuerdos.

Escribir,
escribir hasta que comencemos
a aparecer entre las cosas.

 

 

 

 

 

 

LAS COSAS QUE APRENDÍ 

Aprendí que siempre se muere solo
y que la agonía es la intimidad más reveladora.

Aprendí, que a veces, es mejor sólo desaparecer,
volverse un desconocido
para que todos puedan estar bien.

Aprendí que la libertad
sólo puede estar en la distancia
y que sentirse insatisfecho
es una condición feliz para poder encontrarse.

Aprendí que el nacimiento
siempre es un golpe de azar
que conlleva todas las entregas
y que la mejor forma
de ser responsable con la vida
es intentando ser uno mismo.

Aprendí que hay muchas cosas
que no valen absolutamente nada
y que muchas de ellas,
sólo sirven para perder el camino,
pero por sobre todas las cosas,
aprendí que se debe luchar,
pero no hasta la muerte,
sino hasta el momento oportuno
para poder dejar una historia.
Aprendí que las mejores historias,
nunca terminan.

 

 

 

 

©Jaime Forero │ Los colores de Mónica Rodríguez – Óleo sobre lienzo│2017

 

 

 

MI POESÍA

Mi poesía es la infancia,
los caracoles dormidos escuchando la lluvia,
las melancólicas crisálidas
colgadas como hamacas en mitad de la noche.

Mi poesía es la infancia,
escondida en los armarios,
buscando refugio
al dolor de estar vivo entre las balas.

Yo tengo una cara arrasada
para decirle a los juegos de las maras y el barrilete
que las cicatrices sanaron
para dejar marcas de protesta ante el olvido.

Hay un inventario
escondido entre la tierra
y una pistola de fulminantes
esperando a que regresen los indios.

Hay un juguete
para nombrar todo el desconsuelo.

Yo he desenterrado
muchas veces
el milagro
que temblaba en mi mano como un polluelo.

Mi poesía es la infancia,
que mira lela los telegramas resplandecientes
escritos por los fusiles.

Todo ese murmullo son los mitos
que quedaron confundidos ante el horror.

Yo vuelvo a la infancia
para decir silencio.

Yo hablo de unas manos encalambradas
de tanto rezo entre los labios.

Yo vuelvo a la infancia,
a casas con laberintos felices de comején
y hormigas buscando las melcochas.

Yo vuelvo a la infancia
para recobrar los juegos y el coraje.

En mis ojos, sigue un niño
columpiándose entre los Poma Rosas, un niño
que sabe del campo,
de las sutiles lluvias del asombro.

 

 

 

 

 

 

DIENTE DE LEÓN 

Copito de nieve le decíamos
y soplábamos los sueños con nuestros labios niños.

Muchas de las cipselas
planearon, lo mejor que pudieron, hasta encontrar la tierra:
el mullido amor que llamamos barro y que sirve para medir nuestro destino.

Fuiste mota en la nariz de un elefante
la mejor manera de anhelar un beso o esperar una historia.

Has crecido en los bordes olvidados,
en los lugares que van tomando nombre de callejón, baldío, frontera.
Te he visto florecer en los campos como una invasión
y en las orillas de una alcantarilla como el último intento de la belleza.
Mañana crecerás sobre mi tumba, cuando todos hayan muerto.

 

 

 

 

©Jaime Forero │ Los colores de Mónica Rodríguez – Óleo sobre lienzo│2019

 

 

 

LO INTEMPESTIVO 


He aprendido, de algún modo,
a arribar a la claridad.
Soy bastante material,
cuarzo, leño, hojarasca y lágrimas.

Me miro al espejo y presiento
que algo va arder
de un momento a otro entre mis grietas.

Bajo la condición más cercana a la lluvia,
he confabulado otras palabras
para rehacer mi origen.

Alguien, me dio el amor,
y lo abracé con todas mis fuerzas
para salvar el mundo
mas, nada ha parecido legítimo
y he tenido que entregar
muchas cuentas a la desolación.

En las orillas he logrado
mis más cándidos naufragios.

Sólo soy alguien, que ha intentado inventariar
las largas distancias del silencio.
He recorrido la existencia
como si estuviera visitando un recuerdo
y he ido de un lugar a otro
colgando mi fantasma entre los huesos.
Tengo el corazón encandilado.

Quizás llegué inadecuadamente.

Este revoltijo de amaneceres
no era todavía para gastarlo,
pero ya no hay salida
vine a despertar entre las cosas.

 

 

 

 

 

LO QUE EL OJO DEJÓ ATRÁS

He destrozado todos los tributos,
las formas amables del resguardo.

He vaciado el nombre que me otorgaron,
las cruentas persistencias del afecto y
todo lo que podía sostenerme entre los huesos.

He huido, atizado por un fuego lejano,
por la avaricia de cierto furor fugitivo.
He huido como la resaca, como un niño asustado
y he impuesto un dolor,
la inevitable forma de la angustia.

Ahora tengo una masa de días para aburrirme,
para entablar una soledad,
y en ella, la insistencia de buscar
el intuido sabor de una libertad
más concebida a mi medida.

El ejercicio del desalojo promueve el abatimiento,
produce una úlcera que arde con cada recuerdo,
es como la agonía de una chispa,
como el abismo de una hoja.
No tengo el artificio
para dejar quietos los fantasmas.
Todo me arrastra
hacia los tiernos lugares del origen.
He provocado mi destino
y cuando he tenido que invocar un Dios
no he dudado en la gratitud del amor,
en la inmensa y salvaje forma
que tiene una caricia.

He insistido
en la más personal versión de mí mismo,
sin embargo,
cuánto duele, cuánto cuesta no dañar,
partir sin dejar rastro.
Ver hacia la tierra de la infancia
y no soltar el llanto.

Lo que el ojo dejó atrás
se parece mucho a la tristeza
y camino como un vagabundo,
tantas horas, tantas veces,
entre la niebla y el silencio
llevando a cuestas el fuego
como si de un fugitivo farolero se tratara.
No sé qué calle es la que hay que iluminar
para terminar conmigo.

 

 

 

 

©Jaime Forero │ Sin título – Óleo sobre lienzo│2019

 

 

 

EL CEFALÓPODO PRIMIGENIO 

Era la biblioteca, los libros como piedras preciosas.
Bajo la superficie de esos cristales silenciosos
un niño aprendió la letra cursiva para cortejar la primera revelación.
Nadie conoce de los colores que pude observar en las tardes trepado a un Pomarrosa
y sin embargo, dejé tentáculos arribando como piezas de museo en la memoria.
Cada letra y cada dibujo constituyen la forma más feliz de la soledad.
Desde un rincón perdido, en la infancia, lograba las primeras versiones de la errancia.
Ahora, cada vez que me sorprendo en el espejo, un animal me mira sin miedo
luego desaparece, en lo más profundo, dejando una mancha oscura en el aire.

 

 

 

 

 

 

ELEGÍA PARA MIS CANICAS 

Pocos tenían una canica de vidrio transparente,
pero habíamos los de las maras
cristal puro, fundido para cubrir, en el centro mismo,
unas vetas, unos colores deslizándose, otorgándole belleza.
Esferas sagradas, como talismanes escondidos en los bolsillos
dando tanto poder al saco de oro;
qué ambiciosos éramos entonces,
qué piedras preciosas mostrábamos como joyas
y nuestra canica, contra los balines, contra los negros yunques del desprecio.
Pocos saben del serio asunto en que nos metíamos
cuando de jugar boliche se trataba
la Troya era una verdadera guerra
y entonces, comprendíamos mejor a Homero con sus reliquias cantando.
¿Dónde estarán las canicas de la infancia, en qué mano alumbrarán como una estrella?

 

 

 

 

©Jaime Forero │ Sin título – Óleo sobre lienzo│2019

 

 

 

POEMA PARA RECORDAR A UN HOMBRE
QUE EVOCABA EL FUTURO

Debajo de las cinco de la tarde
cuando los eucaliptos
del viejo camino de la choza
comenzaban a recoger sus golondrinas
los dos calderos alquímicos de sus ojos
salían a atisbar la piedra filosofal de la tarde.
La mirada ágata
empezaba a alargarse
hasta herir el lomo de las nubes
y el ocaso, desangrándose
en un anaranjado violento
hurtaba todos los colores al bosque.

La madera, a veces,
aún cruje cuando siente llegar
la brisa, que escurridiza,
se desflora por entre los sueños
de los bueyes dormidos:
presiente la sombra del agorero
a través del corredor,
su respiración buscando
el mutismo ansioso de los niños.

Siempre había delante de la terraza
un silbido siniestro
que daba la bienvenida a su voz de patriarca.
Los mechones ahumados
de sus cejas y sus barbas
resplandecían
como un lengua de fuego en la fogata.
Todos buscábamos,
sentados en el suelo,
el calor tierno de la noche
y los ojos nos brillaban
como rubíes asustados,
encandelillados por sorpresa ante su presencia.

Las sombras danzaban o cruzaban
sobre el espíritu de las yeguas
que estaban pariendo en el establo
y un escalofrió color silencio
nos bañaba la piel hasta convertirnos
en un muñón de nervios abrazados.
Su rostro perdía la humana sensación de la vida
y entre las palabras
parecía buscar de nuevo el regreso hasta su infancia.

Alguna vez dijo
que en el solar estaba enterrada la calavera
de un animal mitológico:
un esqueleto
que le había dado por enterrarse
debajo de la fragancia de los seres
que sólo él había recobrado del olvido.

La anciana bruja de la cocina nos decía,
mientras salaba los pescados,
que las cicatrices en las palmas de las manos
se las había hecho un hojarasquín del monte
y desde entonces nadie podía negar
su poder de bestia obsesionada por la siembra.
Muchos en la taberna del pueblo solían brindar
por el abuelo
levantaban sus botellas repletas de cerveza
e imitando el vuelo de las luciérnagas
escupían a las moscas dormidas en el mostrador
creyendo que de veraz
alcanzaban a figurar con inocencia
un poco de la silueta pasada del anciano.

Nadie supo nunca de dónde vino,
mas pronto se enamoraron de su ancha espalda
con la cual podía echarse el pueblo a cuestas.

Siempre cargaba un pincel
y toda la gente lo buscaba
para que dejara la sombra de sus ancestros
conversando para siempre en las salas de las casas.

Cuando hablaba de su pasado,
solía callar y silbar
y los años parecían, de pronto,
ante su sola figura
escabullirse como animales asustados.
Cojeaba
Como si pisoteara ángeles rebeldes
y sus gestos
le transformaban el semblante
hasta convertirle los labios
en oscuridad y aullido,
pero a la luz de la acuclillada fogata
nuestro viejo era más amable
y su sombrero parecía una vieja lechuza
descansando en su cabeza.

Sus palabras nos llevaban a navegar
sobre lomos de cebúes
que habían logrado
aprender el lenguaje de las garzas.
Miles de patrias fueron descritas
con su palabra que, en los inviernos,
engendraba el arrullo y el beso en nuestra frente.

A nuestro lado su sonrisa
parecía señalarnos el día
en que seriamos hombres:
esa impecable entrada del juego
nos presagiaba el final de una historia
y a la vez, nos preparaba para toda su estatura.
Su ancho poncho jugueteaba entre nosotros
como un fantasma poseído por la risa
y el viejo
con sus manos de Dios
nos alzaba hasta sus hombros
para mostrarnos desde allí
la inmensidad de la tiniebla.

Su ronca voz acallaba el bosque
y todas sus criaturas
y los niños
pronto sabíamos que era hora
de ir a soñar con el recuerdo de su credo.

Siempre se percataba
de que todo quedara en orden:
la casa, la anciana bruja de la cocina,
los niños, el bosque y nuestro sueño,
y como si algo le faltara,
atizaba de nuevo el fuego en la fogata,
y comenzaba con sueño
a buscarse entre sus cuentos.

 

 

 

 

©Jaime Forero │ La tarde – Óleo sobre lienzo│2019

 

 

 

DESOLLANDO EL LLANTO 

Yo que tengo por costumbre esta manía,
esta verborrea pegada
como cuero roto entre los labios,
yo que grito y berreo
hasta ponerme hinchado el corazón
y los puños morados
de tanto darle a nada y resentido.

Yo que me levanto a veces
con cierta repugnancia
arrinconada y susurrando, tengo que decir,
que no es veneno lo que pasa sino un sabor originario
que a veces nos pone a todos de luto hasta los sueños.

Esto de tener que vivir como saliendo a escena
(como porfiando viento,
muecas de fastidio entre los ojos),
es apenas un motivo
para echarle fuego hasta la sombra.

La vaina sencilla de levantarme con fastidio,
de saber que vuelvo al ruedo aniquilando quejas
tiene cierta insistencia de aguja
punzado la carne
o cualquier cosa que posibilite un grito.

Es que crecer, de pronto,
con el olor de la sangre a ras de aliento
es como ponerse a recordar
lo echado a perder entre los sueños.

Que lo serio es esto;
ponerse a vivir como si fuera cierto.

Llevar del pescuezo y a rastras,
la sonrisa de hipócrita al trabajo,
ponerse a hacer familia;
abultar con cansancio las rutinas,
llegar como despierto hasta un domingo;
ponerse a mirar los días
como si fueran diplomas colgados en el pecho
y llorar, hasta reventar la sombra
como pompa de jabón entre los dedos.

Es que gritar así no lleva a cuento
sino a meras certezas de cuchillo.
Es esa rasquiña,
esa esquirla poniendo rojo el desespero.

Yo tengo esta manía,
este desagrado hacia el reloj de las esquinas,
esta gana de bajarme del mundo para siempre,
de ponerle tarjeta de vencido
a la mueca de amor que me vendieron.

Es que cargar de pronto
con tanto lío de silencios
perpetrando ciertas decepciones,
con el capricho de saludar amigos
y encontrar sorpresas como si fueran rostros,
le vuelve arisca el alma a uno,
le carga con fastidio las cobijas.
Yo tengo desgarrado algo
que se me sale, a veces, a maldecir los días;
la sensación de no hallarme,
la negación del tiempo
haciendo estragos en mis huesos.

Es que uno, a veces,
se levanta muerto
rajado a la mitad,
apenas floreciendo monotonías
y bostezando hastíos.

Es que uno, a veces,
se echa a podrirse
encima de contritos desalientos,
se nos eriza el compungido
o una gana de rompernos las entrañas
nos pone a mirar cualquier soledad con odio
hasta estallar lamentos.

Es que a veces, yo, como cualquiera,
enervado con ciertas cosas
que le sacan filo a la tristeza
me pongo en el oficio
de desollar el llanto.

 

 

 

 

©Jaime Forero │ Sin título – Óleo sobre lienzo│2019

 

 

 

ANSIAS DE HUIR 

Escribir muy despacio
para tener conciencia
de la palabra que palpita.

Ser testigo de una hoja
convirtiéndose en hojarasca.

Admirar la trasparencia
que hace posible el color entre las cosas.

Resumir todos los versos
y dejar solo la palabra inevitable.

¿Por qué sufro?
hay tantos escombros y rostros en pánico,
tantos patios
donde siempre está el caracol y el lirio de lluvia.

Solares con muros de adobe
y niños acuclillados buscando el silencio,
es un óleo
que jamás he logrado mirar desde el fondo;
como la mujer asomada a la ventana
o el acordeón presagiando la agonía.

Yo sufro
y es amable este dolor de no hallarme,
de buscarme o verme,
de reflejar la cara estupefacta,
enardecida y repleta de cansancio.

Me seduce el terror
que sale como enredadera de los ojos,
el mutismo con que reto el cristal
y la presencia misma que abisma.

Hay otro en mi pupila
un pozo,
una profunda salida que no logro.
Y estoy huyendo siempre.

Puentes colgantes que van de mi desolación
hasta la habitación de la infancia.
La fotografía de un niño sabiéndose recuerdo.
Un ojo asustado,
esa es la metáfora moderna.

Hablo de los años
cuando el hombre
encendía el fuego para contar historias.
Digo que todo es penumbra,
miedo a las sombras, a los espectros
que nacen de la duda y la inocencia.
Lo mejor era estallar.
Besar el rostro de alguien
entregando la presencia de la fe
como algo natural que ocurre
entre dos estrellas
que pasan cada una hacia el olvido.

Yo me rompo,
me agrieto hasta ser pedazo de barro reseco
o pútrido desierto.
Pero a veces se posa en mi resequedad
una mariposa;
de esas terribles cosas hablo.
Días poéticos
como pestañas entornando el tiempo
y las ganas del cariño.

Quiero un detalle del pabellón de mi oreja,
tener mi espalda de frente
entre mis manos,
llegar a los lugares imprecisos
e imposibles de mi cuerpo;
ese territorio que me basta
para decir que no se conoce nada.

Y yo
que tengo una apariencia,
un racimo de necesidades
como cascabeles colgando en una cuna vacía.

Quiero empacar mis pensamientos al vacío
y en este verso
escribir un espacio para decir que callo.

Hay relojes que no marcan nada
y otros
que insisten en ver algo
que le hace falta a alguien
para morir tranquilo.

Uno a veces marca vidas
como si se tratara de dejar testigos
de la desolación
y son seres que llevan el desplazamiento
palpable en la tristeza
y esperan a la entrada de los cafés
como si atisbaran una ausencia.

Es que todo, a veces,
pareciera resumirse
en aguardar las despedidas.

 

 

 

 

 

 

EPITAFIO

Porque quise la libertad,
el aire,
la misma muerte.
Porque no me avergonzó ser un hombre,
porque tuve el amor
y los sueños y la soledad entre mis manos.
Porque estuve vivo y dormí.
Porque sentí el mundo con su historia insepulta.
Porque el tiempo me fue llenando la memoria
de recuerdos y de sensaciones inolvidables.
Porque fui testigo de un arco iris y una luna llena.
Porque comprendí el silencio tierno de los animales
y jugué con las nubes.
Porque observé el milagro de una crisálida
y sentí el latir del corazón de un colibrí.
Porque di nombre a las cosas
y llené de dicha el alma de una mujer con caricias.
Porque creí en Dios y en el Diablo
y sin embargo, esperé siempre la nada.
Porque lloré y reí y tuve orgasmos
y sentí el presentimiento de develar un misterio.
Porque fui feliz simplemente,
por eso,
porque mi tumba es un árbol
y su aroma es el sándalo.

 

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Zeuxis Vargas Álvarez

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1981. Licenciado en Psicología y Pedagogía con énfasis en Educación Comunitaria de la Universidad Pedagógica Nacional y experto en Lectura competente, de la Fundación Alberto Merani. Ha publicado los libros de poesía Las cosas que aprendí (Seshat ediciones, 2016; sello Uniediciones, 2018 y Seshat editorial, 2019); de ensayo; Razones de sobra (Uniediciones 2018), Murmullos de la intimidad (Uniediciones 2018) y la antología Depredación. Antología inusual de cuento colombiano contemporáneo (Seshat ediciones, 2017, Uniediciones, 2018). Sus artículos y colaboraciones en revistas nacionales e internacionales son: Fabulistas de la intimidad, revista Quimera, España, número especial de Navidad, 325; Mitológicas, revista Asterión No XLII y Raúl Gómez Jattin: la poesía como necesidad, revista Rara-Avis, Universidad Pedagógica Nacional, Nº 7-8, enero-diciembre de 2006. Ha sido catalogado en el centro virtual de la biblioteca University Harward y en el centro virtual de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI). Su diatriba contra Rilke fue dada a conocer en el portal Renata del Ministerio de Cultura de Bogotá en el 2010. Una pequeña muestra de su obra poética fue publicada en la antología Nueva visión de autores cundinamarqueses (Editorial Gobernación de Cundinamarca, 2001). Su estudio Fabulistas de la Intimidad; Los Auténticos Extraviados, se publicó en la página virtual About, poesía en español de Nueva York y la colección de poemas Aridez en la revista Magazine Entremares de Alemania. Muchos de sus cuentos y ensayos han aparecido en varios sitios web de literatura como La raíz invertida, El cráneo de Pangea, Poetas del siglo XXI, Letralia, Claroscuro, Palabras esenciales, Revista Corónica, Macondo literario, Magazín del Espectador, Centro cultural Tina Modotti, entre otros.

Es el director, editor, diagramador y diseñador del Proyecto-Taller Seshat Editorial, además creó y dirigió la colección Textos Cautivos de autores nacionales e internacionales que apareció en el sello Uniediciones durante el año 2018; la colección Obra abierta de poesía en lengua castellana que recoge a una gran muestra de autores hispanoamericanos en el sello Proyecto-taller Seshat editorial y la colección Lector in fábula de autores inéditos.

Dirige el taller Muyquyta en Bogotá desde el año 2017. En el panorama nacional como gestor cultural es reconocido por ser director de: La voz del poeta, programa de entrevistas; El poeta tiene la palabra, reuniones con escritores; Debatiendo, exposiciones de temas culturales; Cine club Goya, cine-foros independientes; Anábasis, conversatorios culturales; Argo, conferencias; La gruta de las palabras, colecciones de poemas de autores latinoamericanos; Entrevistas especiales e Historias de Jazz y blues, programas radiales; y Léeme un cuento, historias del mundo entero para niños.

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Las Ilustraciones que acompañan los poemas son del artista plástico tunjano Jaime Forero. Alberto Motta Marroquín dice de él:

ENCUENTROS
 
El pensamiento artístico de Forero permanentemente asocia, y su espíritu futurista se reconoce  a través de la intuición. Duda de las afirmaciones plásticas de ayer y se apoya en los niños, los poetas y los primitivos. Jaime Forero es un explorador del interior en lo exterior y la autoexpresion ilumina la atmósfera actual de ansiedad y desencanto; las vivencias anímicas de Jaime Forero dan origen a una creación plástica que invade al espectador con una energía que despierta la imaginación y acrecienta la sensibilidad. Aún compañero con el que tímidamente encontramos y elaboramos para otros y otras imágenes fijas y en movimiento. Amigo que ataca la envidia y el odio con versos, nubes, cacharros, y ternura.

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ESTA CASA QUE ME HABITA – Poemas de Miguel Torres

 

Foto │©Archivo particular


Pequeña Antología
Selección de
HERNANDO GUERRA TOVAR
Bogotá D. C., abril 2020

 

 

 

EN MEDIO DE LA TARDE

Un largo, un oscuro salón
tal vez la infancia
Aurelio Arturo

En el celaje del relámpago
hallé el camino de la infancia
un corredor apacible
un patio súbito de encantos
el escondite secreto de esos días
cantados en la algarabía de la tarde

Infancia ungida con hierbas y asombros
en el filo de la luz
con una ronda de pocas voces

Sólo éramos tres
anudando miedos en el reclamo del trueno
en la desolación de los espejos
en los baúles y su abandono
Sólo éramos tres en medio de la tarde
en el corazón de la noche

 

 

 

 

 

 

 

MEMORIA DEL VUELO

Con los últimos pájaros viaja la tarde
buscamos en el ocaso
vestigio de otras alas
rutas desconocidas del viento
Una roca nos muestra la caverna
los dioses nos regalaron el fuego
la memoria del vuelo
Hoy buscamos entre huellas indecisas
un manojo de plumas
su renuncia que nos duele
el eco triste del canto que perdimos.

 

 

 

 

©Benhur Sánchez Suárez – Ciudad perdida 1, 2007

 

 

 

 

RELOJ

Un silencio sostenido
despierta los pasos del abuelo
Tránsito del tiempo
en esta casa que me habita

 

 

 

 

 

 

SIN REGRESO

Como ave que cruza la noche
y aloja en la oscuridad su canto
la sombra vaga de espaldas a la luna
con sigilo desanda las esquinas
danza entre cuerdas que amenazan
una horca probable
Seducidos por la niebla
guiados por luciérnagas
acuden los sonámbulos al patíbulo.

 

 

 

 

 

 

ITINERARIO

Transcurren los días
el polvo y la sed de los caminos
Buscamos con afán en el barro
y en la espiga madura
nuestra esencia y sus orígenes

Asumimos el instante
como nacimiento de un itinerario sin retorno
posamos con premura la fatiga
en el rastro de la sombra
en la epifanía del milagro
Mientras un dios nos reinventa
bebemos el temblor de la lluvia
desciframos el diálogo de la brisa en los bambúes
y el secreto silencio de sabernos solos
en la revelación del misterio
en la certeza de estar vivos
muriendo.

 

 

 

 

©Benhur Sánchez Suárez – Ciudad perdida 2, 2007

 

 

 

 

LO QUE OFREZCO AL FINAL
DE ESTA NOCHE

Señor
Me daría igual un trino
el canto del gallo
el grito empedrado de una carreta
para romper el hilo de esta noche
que tiene sabor a miedo y a orígenes
permíteme encontrar un puñado de cenizas
que me revelen para qué esta errancia
de orillas inciertas
sin rincones probables para soñar
sin estaciones para la risa y la cosecha
sin rutas para que la soledad cabalgue
y arrase a este ejército ciego de ángeles que somos

Señor
en la terquedad de mi rastro
te ofrezco lo que hallé al final de esta noche
un manojo de olores moribundos
un desvelo alucinado por la lluvia
que hiere su cuenco infinito
y esta espera larga y confesada
al ángel que ha de colocar en mis manos
un poco de aquella ceniza
que siéndome conocida
insiste en negarme

 

 

 

 

©Benhur Sánchez Suárez – Ciudad flotante, 2007

 

 

 

 

 

INCERTIDUMBRE DEL REGRESO

Vivir no es otra cosa
que arder en preguntas
Antonin Artaud

Bajo la lluvia de la tarde
un niño traduce la transparencia suspendida
un repentino milagro
el arcoíris
Pinta en los alares
en el paraguas de la abuela
plumas de un canto triste
turpial herido en el relámpago
Confiesa a la rama estremecida el secreto de la brisa
la memoria de otra edad
el color del miedo de un tiempo
en la cicatriz y su dolor no resuelto
Echa a navegar en el temblor del agua
su botella de náufrago sus preguntas
Tal vez alcance la otra orilla
naufrague en el horizonte contemplado
aviste la tierra prometida el espejismo
acaso un dios rescate para el sueño del hombre
la respuesta del viento
¿Quién nos vigila desde el revés de los espejos?
¿Por qué nos reclama en la sombra la luz presentida?
¿Cuándo será revelado en los baúles
el abandono de nuestro retrato?
¿En qué paraje del bosque seremos rescatados
del cosmos y su intemperie?
¿Desde qué orilla nos confesarán el destino de sed
de este barro inconcluso?

 

 

 

 

 

 

CREO EN LA LUZ Y EN LOS ASOMBROS

Detuve mi partida por creerle a la luz
y confirmó mis asombros
El murmullo de la eternidad
aprisiona el caracol
Voces se hacen huella en la edad de la tierra
resplandor que bebió la luciérnaga
para lanzarlo como fulgor a los cerezos
y posarlo en la manga de mi camisa

Descifro los hilos del tiempo en el nido de los pájaros
los enigmas del cosmos en sus cantos
en el temblor del agua tus miedos milenarios
Mis sombras desandan la noche
los orígenes que se escurren
como agua de acequia

Fragilidad del barro en la hierba y el árbol declinan
en las urgencias que aniquilan y nos prolongan
Sobre este instante altísimo todo lo entiendo
Somos mar somos sangre galopando
y un grito que zozobra.

 

 

 

 

 

 

PRIMICIA DE LA SOMBRA

Luz presentida
en la orilla del milagro
el rastro del miedo
un llanto legítimo
que apaga esta cuota de cenizas.

 

 

 

 

 

©Benhur Sánchez Suárez – Ciudad en azules, 2006

 

 

 

 

EN EL FILO DEL ENIGMA

Se me antoja cantar el abandono
en la víspera del miedo
en el insoportable filo del enigma
Anunciar un dolor legítimo
en la orilla del invierno
y su relámpago terrible
cuando clama un pedazo de noche
para su naufragio en el espejo
Descubrir el abrazo de infinito
en el último grito de mi sangre
su presagio en los límites
del exilio
Deshojar la perplejidad que canta
el asombro de encontrarme negado
en la soledad de la muerte
en la impunidad del olvido

 

 

 

 

 

 

PARA OTROS VIENTOS

¿Qué haré?
Cuando la mañana ocurra lenta de palomas
cuando la brisa no sea más que un presagio
en el celofán de la libélula
y las mariposas y su danza
sólo sean una ilusión solariega
cuando en el alar de la casa se detengan las sombras
y el tiempo se ahorque en el eco del silencio
cuando mi madre decida recoger el viento en sus faldas
y sus pasos sean niebla
en la orilla blanca de los heliotropos
cuando la lluvia no bañe mis predios
y naufrague la luna en el aljibe de siempre
cuando alejes tu vuelo de mi cielo
y le prestes alas a otros vientos
¿qué haré?

 

 

 

 

 

 

INFANCIA

En un barco de papel naufragan
mis sueños y la noche

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Miguel Torres Pereira 
 
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NOTA BIOGRÁFICA

Arjona, Bolívar, Colombia, 1960. Licenciado en Ciencias de la Educación / Biología Química de la Universidad del Atlántico. Ganador del Concurso de poesía Casa Silva en Cartagena, 1993. Premio de poesía Jorge Luis Borges (Universidad del Magdalena, 1995). Premio de poesía del Caribe Colombiano (Universidad del Magdalena, 1998). Primera mención Concurso Nacional de poesía Gustavo Ibarra Merlano, 2005. Autor de los poemarios: De luna y piel en otro ámbito, Secretaría de Educación Distrital Cartagena (1996). Estación del instante, Colección los conjurados, Común Presencia Editores, Bogotá (2007). Cofundador del taller literario Encuentro con la Palabra. Aparece, entre otras en las Antologías de poesía colombiana Nuevas voces de fin de siglo, de Gustavo Revelo, 1999. Poesía Colombiana, de Iván Beltrán Castillo, Fundación editorial el perro y la rana, Caracas Venezuela (2008). Cincuenta poetas Colombianos y una antología Ediciones Caza de libros, Ibagué Colombia 2010.

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Las imágenes que acompañan los poemas son obra de BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ (Pitalito, Colombia, 1946), novelista, cuentista, poeta y artista plástico. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, al alemán, al italiano y al inglés. En la actualidad vive en Ibagué. Es columnista del diario El Nuevo Día. Puede ver obra suya y leer algunos de sus poemas AQUÍ.

 

 

OTRA ORILLA DEL SUEÑO – Poemas de Hernando Guerra Tovar


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

 

 

MEMORIA

A mi madre

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno, tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda. Memoria erguida en una garza.

 

 

 

 

 

PUENTE

Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos. Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas. Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano. Es ahora que despierta la vigilia.

 

 

 

 

 

NOCHE DEL CAMINO

Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego

Noche del camino

Apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ANTICUARIO

A Jorge Eliecer Pardo

El tiempo resbala, escapa
por entre los curtidos dedos del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
tasa el polvo que cubre su existencia
Risa y llanto de lejanos dueños habitan este mueble
tenue luz de hogar se agita en esa lámpara
imagen de la niña que fue
en el espejo
El piano recorre, discurre
por notas de Chopin o de Beethoven
y la tienda se puebla de ausentes
Hay un lugar dispuesto para todos
en el comedor de cedro
donde cenaron los héroes
antes y después de las batallas
Hálito de vida en cada cosa
respiración, vaho, latido
desfile de siluetas invisibles
siglos que observan en la sombra
Un concierto de voces y murmullos
asalta cada noche la tienda del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
mide la herrumbre que calla su silencio
Allí los estribos con aire de galope
los floreros de Eros o Thanatos
la máquina en que el poeta escribiera
nocturnos memorables
los jarrones de plata, los pebeteros
los candelabros
la silla de Van Gogh
que contiene el mundo
El tiempo resbala, escapa
Candil que alumbra los rincones de la infancia
¿dónde el baúl en que Abuela
atesoró sus más íntimos
recuerdos?

 

 

 

 

 

ARCANO

Dueños del cuchillo y de la herida, llevamos un crimen en la traición, en la voz apagada. En el juego de la vida, cada cual guarda su as, su comodín. Arcano del silencio, ave nocturna, guardián de lo indecible.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ALBEDRÍO

A Andrés Matías

De los escombros elige el que te guste
Hay azules, cielo despejado
para aquellos que sueñan paraísos
donde la luz no alcanza
Hay verdes, como el vientre del bosque
colmados de hojas y de alas
Los hay rojos como la espina
la gota de polvo o de fuego
en cada verso, en todo vino
De los escombros elige el que te guste
Hay variedad de grises olor a bruma
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla
El blanco páramo
El que inventa el calor de la canícula
Puedes llevar los colores del sol y de la flor
acaso el lila, el magenta, el rosa
Puedes llevar los colores de la luna y la semilla
los oscuros colores de la tierra
Puedes llevar el amarillo dorado
como el alba o la tarde
como fruto maduro
como ese viento que danza en los trigales
De los escombros elige el que te guste
Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

 

 

 

 

FISURAS

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio. Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino que bordea las fisuras de la noche.

 

 

 

 

 

DE NUEVO

Por la escalera del deseo,
del séptimo al primer piso.
No hay daño, sólo contusión de fuego.
Ningún reproche.
Nada reclaman las esquinas,
la luz, las lámparas, los muros
que advierten las palabras.
Nada dicen la escalera, el deseo
ni el recién lavado primer piso.
Ayer la conciencia destrozada,
dolor de filo, altar de miedo,
ensimismadas siluetas en la noche.
De nuevo la caída.
Por la escalera de la culpa siete pisos,
buscando la inocencia.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

El viento no borra la huella
cada paso acude al reencuentro

Caminos sin rumbo en siglos de color
altares simulados al hilo de la llama

Afuera el cielo no responde
en rituales de espacio
y de tiempo se diluye

Lágrimas de luz en batallas de ausencia
hebras de piel como signo
adheridas al origen

Afuera el paraíso no responde
habita entre dos voces
verdad o ilusión

El viento no borra la huella
cubre de polvo
la mirada

 

 

 

 

 

PROLONGADO RESBALAR
ES LA CAÍDA

nada es súbito
ni caer ni ascender

ascender es comprensión
forma de estar en el vacío
tentación de ser abajo

felicidad no es equilibrio

¿quién niega acaso
la paz de resbalar
el riesgo amoroso de caer
la tentación de no ser
la dicha del vértigo
la alegría de no estar?

               ¿quién dijo
    que el poema
    se escribe
arriba?

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

SI REVELACIÓN O DELIRIO

si la palabra es forma
del silencio contenido

si tiempo y espacio
son la misma ilusión

si la noche proclama
tentación o certeza

si resbalar germina
la flor del precipicio

si el caer es retorno
como inicio el vacío

si revelación o delirio

 

 

 

 

 

CREER
NO ES DEL TODO CIERTO

crecer
en la sola creencia
dificulta el ascenso

creemos
tantas cosas pesadas
que la escalera
se rompe
y la caída es propicia

creer
es a veces falso

la verdad precisa
crecer
en la inocencia

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hernando Guerra Tovar
 
 
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NOTA BIOGRÁFICA

Armero-Guayabal, Tolima, Colombia, 1954. Poeta y ensayista. Abogado de la Universidad Libre. Premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2017. Es representante en Colombia de la Unión Mundial de Poetas. Fue dirigente por varios años de una organización profesional del sector financiero. Autor de los libros de poesía: Pájaro azul, 1994; La noche del árbol, 1998; Ciega luz, 2004; Sombra embestida, 2007; En la curva del río, Antología, 2009; Tríptico de la luz, Antología personal, 2010; El tiempo que nos resta, 2014; Restauración del fuego 2016; Flor de precipicio, 2019. Incluido, entre otras, en las antologías Poetas Siglo XXI de Prometeo Madrid, 2007; Antología universal de Poesía Siglo Veintiuno de Fernando Sabido de España, 2008; Poesía colombiana Editorial el Perro y la rana de Venezuela, 2008; Revista Letralia de Venezuela, 2009; Poesía colombiana 1931-2011 de Fabio Jurado Valencia, 2011; Poetas colombianos siglo XXI Antología bilingüe (español-francés) de Myriam Montoya, París 2018; Los sueños se aman, Casa del Poeta peruano, Lima 2018; Entra – Mar, Sakura Ediciones, 2018, Su obra ha sido parcialmente traducida al francés, inglés y portugués. Respira y escribe en Bogotá.

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Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Edilberto Sierra (Bogotá 1956). Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, y Brasil. Profesor de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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EL PORVENIR PARTIRÁ EN UN TREN BLANCO – Poemas de Eugenia Sánchez Nieto

FOTO │©Mateo Silva

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Poemas inéditos (2010-2016)

ESCARLATA
Soñé con un leopardo que dormía
bajo mi cama
era inexplicable el motivo de tenerlo
por falta de costumbre olvidaba darle alimento
debilitado se extinguía lentamente…
en la noche para sobrevivir
                           pronto daría el zarpazo.
 
Un leopardo agazapado acechaba mi casa
la noche entraba y reclinaba su cuerpo
la puerta entreabierta…
el cuerpo desgarrado pintaba de escarlata la noche.





ROSTRO O MÁSCARA
 
1
Rostros diversos se posesionan de la que fui
hojas verdes, hojas secas resbalan bajo los pies
una bella de traje amarillo sale del bosque
el agua transparente incita un ahogamiento
aves de diversos colores festejan el verano
máscaras diversas se posesionan de rostros expectantes
ríe, ríe, muestra los dientes
saltimbanquis frente a rostros serios y temerosos.
Viajo sobre el soleado parque
¿Rostro o máscara?
ambas partes indestructibles de la que lenta se aleja.
 

2
Correr, correr, correr
cabello rojo al viento
tren amarillo
labios carnosos que esperan unos ojos oscuros
correr, correr, correr
piel temblando
luz vertical, saxofón prolongado
ojos a lo largo de muros infinitos
el juego del azar en busca de la fortuna
caída sin lamento
un gran alarido, rostros descompuestos, sordos
la ambulancia con un moribundo adentro
sobrevivir, correr, sobrevivir.

August Macke, Café turco, 1914

PALABRA EN EL VIENTO
1
La palabra se bate con el miedo con el odio
de la entraña del tiempo vivido
del aturdimiento, del momento postergado
de la belleza
del canto imponente
asciende por el aire una mariposa azul
                                    titila en el viento.
Del tiempo de la infamia
                   de la blanca indiferencia
de los murmullos y la risa
                 del reclamo y el perdón
de la noche y sus pesadillas
                     del indescriptible vacío
brotan las palabras         
                        cargadas de sueño y delirio.
2
Lo no dicho es una forma de pensamiento sin palabras
las palabras juegan a solas
al aire libre se colocan una detrás de otra
                                   imaginando una escalera
el hombre lucha por subir a través de ella.
Estas lo derrotan una y otra vez
las palabras tienen forma
y no están dispuestas a dejarse asir
las palabras se escapan una y otra vez
algunos creen sostenerse sobre ellas
dominarlas y encontrar la cima
nada las detiene
las formas juegan con los sentidos
ellas permanecen ocultas, expectantes…



BAJO TIERRA
1
Cuerpos mutilados, masas informes
muecas de miedo yacían bajo la tierra
ríos impacientes intentaban borrar marcas de espanto
la tierra se revolcaba al recibir tanto cuerpo junto
el amor de los habitantes había sido extirpado
                                                lamentos en círculo
aquel que se salía era aplastado sin piedad
ni pájaros ni amaneceres ni cantos
impacientes buscaban caminos todos transitados
ciudad revisitada con sus nubes cargadas
el amor estaba hecho a la medida de sus semejantes
desgraciados cantaban eternas letanías
                                           no había calma.

2
Bellos hombres agujereados de espalda
                                      de frente, en la cabeza
cuerpos tensos y mirada atónita
un vaho sale de su cuerpo
jóvenes alegres guiados —sin saber
                            en la ruta de la noche
el trazado en su piel joven
                     el bello fulgor en su rostro
 lenguaje de sombras y silencio
señas y silbos extraños rondan sus cabezas
sus familias aletargadas esperan…
el tiempo desciende y abre la puerta
la noche entra en sus aposentos
nadie sabe nada
extraviados de sí
recorren un largo túnel negro sin luz al final.

3
Acuérdate que por allá hay gente mala
                                        asesinan por encargo
se toman la vía, hacen redadas
si el sol está de frente
                         matan sin piedad
extraña tierra esta
hombres de mirada feroz
cuchillo, metralla, bomba

                tierra caliente y sin freno. 

August Macke, Muchachas bajo los árboles, 1914

LAS FORMAS DEL VACÍO
Dentro de un gran salón hay una mesa enorme de billar
sus esferas de diversos colores se mueven
                                 sobre la pizarra verde
en penumbra hombres silenciosos
se desplazan en una danza lenta y alegre
observo detenida como una vela se derrama
                               y cae sobre la tela
una lámpara y un reloj diseñan la forma del olvido
desde la calle un hombre
entra armado buscando una mujer
la que lo observa cae lenta
                             con un tiro en la frente
el sonido lejano de una carambola
el billar se ilumina
amedrentados por el pistolero
salen uno a uno a la noche fría
un día más donde vivir es un milagro.
NIEBLA Y SUEÑO
El porvenir partirá en un tren blanco
las huellas de unas pisadas desaparecen
                        el miedo tiembla
la vida como vasija fracturada.
Aún joven perdió la memoria
se extingue lentamente
                       no reconoce a nadie
 alojada en casa de ancianos.
Un amor incierto la lleva a la niebla
desprendida de todos, olvidada de si
transita por un corredor silencioso
                       el tiempo de la risa se malogró
un órgano suena en la mañana
niebla y sueño la que fue no volverá.

August Macke, Mujer en un diván, 1914

Del libro: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda
Cuadernos de Poesía Ulrika, 1985

EL MARQUÉS DEL BETÚN
El marqués del betún ama su vida
de una manera inquieta y distante
sabe que su pasión no son jornadas
repetidas donde él sea uno más en la largan fila.
Por eso se entrega a su delirio
en interminables monólogos sueña
con los hombres que fue y que será
la gente lo observa y se ríe
el marqués sigue ahí hasta que lo aborda la noche.
Su enfermedad lo libera de lo extraño
su enfermedad es la salud de los demás.




LAZOS OCULTOS
Lazos invisibles hacen que aquellos se mantengan
en su delirio en su doble voluntad terminó recluido
el otro se hizo poseer por un grupo de hombres
descubrió que la felicidad era una joven poseída
ella, figura única de mil matices
celebró nupcias con el amor.
Ellos transgresores, implacables
candentes en un desierto helado
intrincados como si fueran uno, más allá de lo visible
amor tan alto que da la libertad y la agonía.
Extraña paradoja donde los amantes atrapados
se ven arrojados a la fatalidad.

August Macke, Gente en el lago azul, 1913

LUCIANO
La alucinación que produce el alcohol y el hambre
y la atracción por lecturas herméticas
provocaron en Luciano una pasión
                                  indescriptible por lo funesto
su mirada inquietaba a los demás
instantes, sólo instantes
se desligaba del hilo tenso
                                   por el cual se miraba al espejo
y ante el que decía: Sólo frente al espejo soy valiente
cuando perdió el hilo mediante el cual
mantenía cincelada su conciencia
se produjo su pasión:
Tres huérfanas millonarias caían ante un piano silencioso.
¿Cuál el límite donde se produce la demencia?

Para Evelio Rosero Diago



EL DÍA Y LA NOCHE
De día el buen creyente
es incapaz de escupir
de noche ángeles escandalosos
buscan la oscura revancha
panteras enjauladas rastrean la salida
el sueño ese encuentro inconfesable.



UN VIENTO
Le visita en la noche, su presencia es real
se traspasan, se barruntan, se prueban
ella le busca con el tacto, sólo un espacio
¿Estará escondido en el armario esperando
                                             la noche sin luna?
Trata entonces de cincelar aquel rostro
                                              le es imposible  
su amado parece invisible.
Será el amor un sueño intenso
y luego un viento fuerte golpeando sin dejar huella
sólo un vacío, un hueco
un hueco por donde sopla el viento.



BLANCO ES EL PAREDÓN
Ojos limpios recorren la mañana
blanco sobre blanco es el paredón
pero ese caído allí
es mi corazón que sangra.

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NOTA BIOGRÁFICAEugenia Sánchez Nieto (Bogotá, Colombia, 1953). Título de Filosofía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 1987. Especialista en Administración y Planeación del Desarrollo Regional Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1993. Dirigió el Programa Página Impar de la Unión Nacional de Escritores, que se transmitió por la Radiodifusora Nacional de Colombia, (1990-1997). Libros publicados: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1985; Con La Venia De Los Heliotropos, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1990; Las Puertas De Lo Invisible, (Cuaderno), Centro Colombo Americano, Bogotá, Colombia,1993; Visibles Ademanes, (Cuaderno), Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 2004; Dominios Cruzados, Colección 50 poetas colombianos, Caza de Libros, Ibagué, Colombia, 2010; Visibles Ademanes – Antología – Colección Un Libro Por Centavos, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, 2013; Lo Inasible (Libro Digital) Publicado por NTC, Gabriel Ruiz, Cali, 2016. Diversos premios de poesía; publicaciones en revista y antologías nacionales e internacionales.
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©Eugenia Sánchez Nieto