POETAS COLOMBIANAS

AMOR FURTIVO | Poemas de Magda Pinilla

 

 

 

 

AMOR FURTIVO

Incorpóreo y diáfano
ausente de revelaciones
este amor,
pasajero casual
viajero nocturno,
tan indigno de la luz
y de la muerte.

 

 

 

 

NO MIRAR

De frente
Con ojos cerrados
el oído se aguza y se ajusta a la música
de adentro.
Un balanceo invariable sobre un ave metálica
máquina palpitante
a punto de embarcar
—siempre he sabido que es peligroso intentar las cuestas con los ojos cerrados—
aire a bocanadas
y luego,
solo la imaginas,
presintiendo el estruendo
el beso
la oscuridad de los cuartos
filamentos encendidos
que se agolpan en tu centro
óleo sagrado
crisálida rota
inundando la casa
ventanas cerradas
mientras el mundo de adentro
lanza la ola en tu pupila.

 

 

 

 

FOTOGRAMA

Capturar la figura
cuando el rayo irrumpe
recomponer la escena
en el suave aleteo.
Poder repetir
de memoria
cada grieta en el cuerpo
la sangre anegada
imagen nítida
del instante
antes del estallido
que aguarda en la penumbra.

 

 

 

 

 

GUSTAVE CAILLEBOTTE | Calle París; Día lluvioso (fragmento), 1877 | Óleo sobre lienzo | Art Institute Chicago | CC0 Public Domain Designation

 

 

 

 

 

PELÍCULA MUDA

La taza humea el cristal.
Dos mujeres
hablan en la lengua del silencio.
Las manos danzan, se baten,
dibujan el paisaje
para una historia imaginaria.
Mis ojos leen el vacío,
contorsiones audaces
trípticos de Bacon
que desentonan
con los labios desolados.
Se presiente el desastre.
La orden discontinua
llega a la mujer del mostrador.
La impasible anfibia
ha escogido lo primero a su paso:
pan y café.
Las manos se levantan y agitan
para celebrar
el pequeño triunfo matutino.
¡Bendito azar!
Mientras los créditos ascienden
el ruido, ajeno hasta entonces,
arremete con violencia.
El claxon destruye el sigilo,
la calle y sus efluvios
regresan con su estertor habitual,
entran al lugar
y borran la gran pantalla.
Las actrices se ocupan de la merienda.
Las luces se apagan y una voz en off dice: corte.

 

 

 

 

ANTE EL ESPEJO

Todo sucede por primera vez de un modo eterno.
Borges

No hay dioses
esta noche
sobre mí.
El muelle
ha olvidado
la orilla.
No hay cielo
sólo sal
esperma de narvales extintos
que me atrae desde la playa
hasta el embate de la ola.
Me inclino
y tu piel de agua
se ofrece a mi ojo
desato la soga
salto al vacío
atravieso el espejo
soy rostro repetido en el cristal
cuerpo cayendo
soy reflejo, espuma oxidada
en los sueños de los náufragos.
El eco murmura tu nombre
ave mutilada
—Nadie puede detenerme— 
Ni tú, hijo de Laertes,
nadie que habite en el agua
sabrá jamás lo que es arder.

 

 

 

 

 

CAMILLE PISSARRO | Bulevar de Montmartre (fragmento), 1897 | Óleo sobre lienzo | Metropolitan Museum of Art | CC0 Public Domain Designation

 

 

 

 

 

BILLIE

Aprendiste de los nudos
la soledad del mostrador
de la mano que aprieta la falda
la primera grieta.
La luz aún no llega
y la tísica ciudad
nos arroja en el rostro
polvo y fajos supurantes.
Cantaremos
una vez más
para alejar
el miedo
el hedor de la carne marchita
nos iremos pronto
con el sol
y el último trago
nada explicaremos.
La trompeta hará el trabajo
desgarrará el aliento
y las magnolias
crecerán adentro.
Siempre es bueno
algo de terciopelo
nos ayuda a entonar mejor
nos arrulla el dolor
este blues
asomado en los dientes rotos.
Somos las chicas de Harlem
crecemos rápido
La noche nos redime
mesa a mesa
piel a piel
de lunes a domingo
bailaremos
y cuando todo
sea olvidado
el amor
la cuerda tensa
la sangre mustia
el tranvía de recuerdos
nos iremos
como palomitas de tul
que se pierden
en las cloacas
cuando de golpe
irrumpe la luz del amanecer.

 

 

 

 

 

GUSTAVE CAILLEBOTTE | Calle París; Día lluvioso (fragmento), 1877 | Óleo sobre lienzo | Art Institute Chicago | CC0 Public Domain Designation

 

 

 

 

 

4′33″

—Todo vendrá por añadidura— dice la abuela balbuciente
Levanta su mano para indicar que el arroz empieza a
secarse.
Mientras, en el suelo ajedrezado,
las moscas de la fruta
algo esperan.
Un primer movimiento va entrando
por la ventana
ir y venir de las manos diligentes
utensilios de metal en la despensa
que saludan a los nuevos
visitantes
palomas que sueñan con puñados de escombros
algo para olvidar la soledad del campanario
las agujas se retuercen en mí
tic tac
tejen con nácar
esta sombra corta
que conforma el presente
Tacet
ahora viene el otro
la olla de agua caliente
en sordo cimiento
cae por el presuroso llanto de colibrí
alguien grita un no sé qué imperativo
la zanja del jardín
cede bajo el metal
se abre para el espectáculo
de narcisos en flor
y el ritual se va haciendo
nos va haciendo
somos parte
de esta nada
suena el motor enloquecido
mudez imperfecta
llevo en mi mano tu mano
y la puerta cruje
otro más
estamos cerca
—Aquí está la libertad—
la jaula de barrotes resplandecientes
se cierra
—sinfonía inconclusa— 
me abrazo a ti
y me quedo quieta
en el hueco de tu boca.

 

 

 

 

LENGUA DE SEÑAS

Ejercitar
tensar
estirar el músculo
hasta que la herida
ceda
o se cierre.
Hasta que de la lengua
no broten más
palabras.

 

 

 

 

 

CAMILLE PISSARRO | Bulevar de Montmartre (fragmento), 1897 | Óleo sobre lienzo | Metropolitan Museum of Art | CC0 Public Domain Designation

 

 

 

 

 

VERTICAL

Infructuoso esfuerzo este
de sostener andamios con los pies.
Tomadas de las manos desafiamos
ese cielo que pasa en cámara lenta
—aquí está el paraíso— les gritamos a los hisopos galopantes
y nos lanzan
el presentimiento de muerte cruel
techo que se quiebra
contorsión imaginaria.
La rama seca y su crac crac
bajo el pie de un niño blanco
agazapadas reímos del espectáculo
que ha dispuesto para nosotras
su público hereje.
Pero, las nubes no perdonan nuestra osadía
el vaho se hace de piedra
las nubes caen en el rostro
trasforman la sonrisa en mueca
y ahora sólo Bacon podría pedirnos posar
para su último tríptico.
El cielo que nos escupe
en los ojos cerrados
risa torpe
señal de desvarío
el andamio cede
el niño que trepaba a nuestras tablas
ha sido fulminado por el rayo
chocamos
ramas secas y sangre.
Reímos, bajo,
para que el dios mutilado
no sepa que con acrobacias evitamos al olvido
pies enristrados
y otra vez
ya sabemos
que el andamio es siempre nuestra casa.

 

 

 

 

COLECCIÓN DE CASAS

I

Sombra de marañón
carrera delirante
para atrapar a Azabache
murciélago jugando a ser fruta
rodillas sangrantes
corriente eléctrica en sinapsis
a través del metal
venta de pegatinas
de 10 y 5 pesos
todo el inventario de infancia
tesoro humilde
el que nunca se cuenta
como una gran hazaña
pero tal vez el único
que vale la pena recordar.

II

Después de la huida
caímos de un árbol a otro.
Este tenía la altura de una gran mansión
pero de paredes rotas,
techos que no guarecían,
habitaciones del tamaño de
un agujero
y una escalera de caracol
que solo dejaba pasar pequeños pensamientos.
De cuando en vez
el gigante nos arrojaba
tantos frutos que lo inundaba todo.
Ríos verdes, bolsas llenas
hordas inclementes trepaban por los techos
rompían el cristal
y hacían que la niña temblara
detrás de la madre embarazada.
Entonces, aprendimos del miedo a las masas,
a los ruidos que vienen del cielo
—siempre señal de desastre— 
y aprendimos también
el arte de perder
una y otra vez
señal ineludible
de quien huye
de su propio pasado.

III

En las noches
a través de los caminos
éramos sierpes
navegando entre pastos interminables
cuerpos contiguos
en el miedo
y la penumbra
bajo el cielo rojo
de los pinos agitados.
El agua,
era la consigna.
avanzar,
el camino sin retorno
pero los exiliados
no saben de la gloria
y el perro nocturno no sabe
del horror que habita dentro
delata los pies presurosos
y cierne la incertidumbre
como una nube pesada
que se precipita
para empaparnos
para recordamos que no existe
agua para esta sed.

 

 

 

 

RESURRECCIÓN

I

Si hoy te inventara
serías de tinta,
hambre y tabaco,
serías la historia del mundo
un deseo, un adiós inquebrantable
cuerpo revelado al ojo
ensayo para una muerte:
un poema.

II

¿Cómo aferrarte
si no soy un dios de la vida?
si te nombro y te convoco
te hago carne
en mi plegaria
canto para traerte
entre la luz y el agua
pero, no alcanzas
el latido
te pierdo de nuevo
como sal en la playa.

III
Es el temblor de la llama
que te aparta
mariposa blanca
te abraza,
me abrasa
en este simulacro de ceniza
eres fénix,
el fuego sabe que arde
lo que está destinado a volver.

 

 

 

 

HÁBITO

Abandonar la pluma
olvidar el papel
caminar en círculos
es escribir el poema.

 

 

 

 

 

CAMILLE PISSARRO | Bulevar de Montmartre (fragmento), 1897 | Óleo sobre lienzo | Metropolitan Museum of Art | CC0 Public Domain Designation

 

 

 

 

 

ESCRITURA ES…

Caja de Cornell que contiene objetos coleccionados, recuerdos de otros viajes, fotogramas de seres amados, hojas secas, plumas, amuletos pintados con crayones, cartas perdidas, mapas de nubes, dibujos de corderos, copitos de nieve, canciones de plancha para amores ausentes, cartas con remitentes ilegibles, imágenes de otros tiempos. La caja es la escritura. Los poemas componen artesanías personales. Todos guardan entre sí una lógica intangible y aunque hacen parte de un todo, también pueden verse de forma independiente. Cada compartimento, un verso, una ficción, una mancha, una huella de lo imposible, de las pesadillas, las ruinas y a veces, también, la muerte.

 

 

 

 

 

MALÉFICA

A raíz de un poema de Neruda

Ha caído tanta arena en el cuadro que dibuja el tiempo. Puedo imaginarte contemplando la ruina de una ausencia fabricada. Un ensueño en donde anhelas abordar un navío y desde la popa me inventas destilando el dolor de partida. Temo que estas palabras borrarán lo que ha sido escrito y se perderá para siempre la substancia del recuerdo.

Desde tu partida la casa se ha llenado flores, mangles y acacias. El jardín se precipita en las rendijas; las grietas han traído el manantial sonoro donde peces de colores muerden las puntas de mis huesos y he abandonado el lecho para acunarme en los brazos protectores del roble de la entrada. Tú ropa ahora es la sombra de hongos y gusanos que se escurren en la tierra virgen de una selva que nace en mis entrañas.

No te preocupes en regresar. Todo llegará de golpe, el amor o el olvido, y en algún tiempo navegaré hasta Isla negra para reclamar tus huesos y hacer con ellos hogueras en mi templo. Pero hoy sigue cantando entre ruido de mil espadas sedientas, entre palomas de sangre y frentes añejadas por el viento.

Tuviste razón en guardar el filo del metal bajo la planta; años después ha crecido un coco argento, tan frío que se jacta en las noches de escribir largos poemas de amor y memorias adornadas. Pero debes saber que si hubiera querido atraparte no habrías resistido mis filtros de amor, de hiedra y hiel; nada te habría detenido de caer en profundo encantamiento. No adivinaste en mi nombre el antiguo aroma de la sombra, no viste las señales en mi vientre, los ruidos de tambor que se ocultaban. Tierno jabalí agonizante, nunca fuiste el navegante esperado en este viaje ceniza.

*  *  *

Derechos reservados
©Magda Pinilla
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NOTA BIOGRÁFICA

Cúcuta, 1984. Licenciada en Idiomas Modernos y Magíster en Literatura de la UPTC. Participó en el Taller de Creación Literaria de la UPTC y en el Taller de narrativa R.H. Moreno Durán, de la Red Nacional De Talleres (RENATA), Tunja.

Ha publicado sus poemas en: La hoja literaria Poesía UPTC; blog literario La tierra baldía; en la antología literaria Cultura al riel, del Teatro Popular de Tunja (2012). En la Cuerda floja, antología poética de la Corporación Cultural Alejandría, Tunja (2019). En el libro Cada Grieta en el Cuerpo, Mujeres poetas de Norte de Santander (2020), Épica ediciones.

El cuento Luna para una muerte fue publicado en la antología Pisadas en la niebla, Nuevos cuentistas boyacenses (2010), Editorial Común Presencia. Su libro Emily Dickinson, Caja al abismo fue publicado por la Editorial Académica Española (2016). Su libro El lugar exacto de mi noche fue publicado por Épica Ediciones (2020).

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Las imágenes que acompañan los poemas son de GUSTAVE CAILLEBOTTE y de CAMILLE PISSARRO, obras del Art Institute Chicago y del Metropolitan Museum of Art, catalogadas como de Dominio Público | CC0

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