OTRA ORILLA DEL SUEÑO – Poemas de Hernando Guerra Tovar


Foto / ©Marcela Sánchez – MARA

 

 

 

MEMORIA

A mi madre

Bajo tanta lluvia de Dios te recuerdo camino de la aldea, llevando de la mano un niño asombrado, tu rostro sereno, tu sonrisa; mientras el río se inflama, ruge; crece arrastrando a su paso la tarde que se desploma entera, el viento, la montaña, la aldea toda. Memoria erguida en una garza.

 

 

 

 

 

PUENTE

Para alcanzar la otra orilla del sueño, es preciso tender un puente de metales y brebajes, sobre el vacío tembloroso de la noche, dispuesto a resistir el peso de las huellas, que pueda mantener el equilibrio de la memoria, capaz de esquivar la bruma de los abismos. Es necesario atizar el fuego, afilar los cuchillos, atrapar el grito con las manos desnudas. Para alcanzar la otra orilla del sueño, pesadilla del sol, es prudente tender un puente de hechizos y milagros, ignorar la llave, el hilo extraviado en el ojo de la aguja, aceptar en silencio el asombro y el arcano. Es ahora que despierta la vigilia.

 

 

 

 

 

NOCHE DEL CAMINO

Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego

Noche del camino

Apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

ANTICUARIO

A Jorge Eliecer Pardo

El tiempo resbala, escapa
por entre los curtidos dedos del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
tasa el polvo que cubre su existencia
Risa y llanto de lejanos dueños habitan este mueble
tenue luz de hogar se agita en esa lámpara
imagen de la niña que fue
en el espejo
El piano recorre, discurre
por notas de Chopin o de Beethoven
y la tienda se puebla de ausentes
Hay un lugar dispuesto para todos
en el comedor de cedro
donde cenaron los héroes
antes y después de las batallas
Hálito de vida en cada cosa
respiración, vaho, latido
desfile de siluetas invisibles
siglos que observan en la sombra
Un concierto de voces y murmullos
asalta cada noche la tienda del anticuario
Él precisa la edad de los objetos
mide la herrumbre que calla su silencio
Allí los estribos con aire de galope
los floreros de Eros o Thanatos
la máquina en que el poeta escribiera
nocturnos memorables
los jarrones de plata, los pebeteros
los candelabros
la silla de Van Gogh
que contiene el mundo
El tiempo resbala, escapa
Candil que alumbra los rincones de la infancia
¿dónde el baúl en que Abuela
atesoró sus más íntimos
recuerdos?

 

 

 

 

 

ARCANO

Dueños del cuchillo y de la herida, llevamos un crimen en la traición, en la voz apagada. En el juego de la vida, cada cual guarda su as, su comodín. Arcano del silencio, ave nocturna, guardián de lo indecible.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

ALBEDRÍO

A Andrés Matías

De los escombros elige el que te guste
Hay azules, cielo despejado
para aquellos que sueñan paraísos
donde la luz no alcanza
Hay verdes, como el vientre del bosque
colmados de hojas y de alas
Los hay rojos como la espina
la gota de polvo o de fuego
en cada verso, en todo vino
De los escombros elige el que te guste
Hay variedad de grises olor a bruma
El negro escondido en algún lugar de la tiniebla
El blanco páramo
El que inventa el calor de la canícula
Puedes llevar los colores del sol y de la flor
acaso el lila, el magenta, el rosa
Puedes llevar los colores de la luna y la semilla
los oscuros colores de la tierra
Puedes llevar el amarillo dorado
como el alba o la tarde
como fruto maduro
como ese viento que danza en los trigales
De los escombros elige el que te guste
Sólo tú sabes el color de tu miseria

 

 

 

 

 

FISURAS

Todo escombro tiene su precio. Vale lo que mide o pesa y es metal herrumbroso en horas de consumo, guerras, holocaustos. Sacrificio en tierra ajena, exilio del sueño que atesora, cofre de milagros, historia mancillada como virgen de clausura. Todo escombro tiene su precio. Ruina o esplendor en los matices del blanco, acaso ilumine este camino que bordea las fisuras de la noche.

 

 

 

 

 

DE NUEVO

Por la escalera del deseo,
del séptimo al primer piso.
No hay daño, sólo contusión de fuego.
Ningún reproche.
Nada reclaman las esquinas,
la luz, las lámparas, los muros
que advierten las palabras.
Nada dicen la escalera, el deseo
ni el recién lavado primer piso.
Ayer la conciencia destrozada,
dolor de filo, altar de miedo,
ensimismadas siluetas en la noche.
De nuevo la caída.
Por la escalera de la culpa siete pisos,
buscando la inocencia.

 

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

El viento no borra la huella
cada paso acude al reencuentro

Caminos sin rumbo en siglos de color
altares simulados al hilo de la llama

Afuera el cielo no responde
en rituales de espacio
y de tiempo se diluye

Lágrimas de luz en batallas de ausencia
hebras de piel como signo
adheridas al origen

Afuera el paraíso no responde
habita entre dos voces
verdad o ilusión

El viento no borra la huella
cubre de polvo
la mirada

 

 

 

 

 

PROLONGADO RESBALAR
ES LA CAÍDA

nada es súbito
ni caer ni ascender

ascender es comprensión
forma de estar en el vacío
tentación de ser abajo

felicidad no es equilibrio

¿quién niega acaso
la paz de resbalar
el riesgo amoroso de caer
la tentación de no ser
la dicha del vértigo
la alegría de no estar?

               ¿quién dijo
    que el poema
    se escribe
arriba?

 

 

©Edilberto Sierra

 

 

 

SI REVELACIÓN O DELIRIO

si la palabra es forma
del silencio contenido

si tiempo y espacio
son la misma ilusión

si la noche proclama
tentación o certeza

si resbalar germina
la flor del precipicio

si el caer es retorno
como inicio el vacío

si revelación o delirio

 

 

 

 

 

CREER
NO ES DEL TODO CIERTO

crecer
en la sola creencia
dificulta el ascenso

creemos
tantas cosas pesadas
que la escalera
se rompe
y la caída es propicia

creer
es a veces falso

la verdad precisa
crecer
en la inocencia

 

 

*  *  *

Derechos reservados
©Hernando Guerra Tovar
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Armero-Guayabal, Tolima, Colombia, 1954. Poeta y ensayista. Abogado de la Universidad Libre. Premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, Madrid 2017. Es representante en Colombia de la Unión Mundial de Poetas. Fue dirigente por varios años de una organización profesional del sector financiero. Autor de los libros de poesía: Pájaro azul, 1994; La noche del árbol, 1998; Ciega luz, 2004; Sombra embestida, 2007; En la curva del río, Antología, 2009; Tríptico de la luz, Antología personal, 2010; El tiempo que nos resta, 2014; Restauración del fuego 2016; Flor de precipicio, 2019. Incluido, entre otras, en las antologías Poetas Siglo XXI de Prometeo Madrid, 2007; Antología universal de Poesía Siglo Veintiuno de Fernando Sabido de España, 2008; Poesía colombiana Editorial el Perro y la rana de Venezuela, 2008; Revista Letralia de Venezuela, 2009; Poesía colombiana 1931-2011 de Fabio Jurado Valencia, 2011; Poetas colombianos siglo XXI Antología bilingüe (español-francés) de Myriam Montoya, París 2018; Los sueños se aman, Casa del Poeta peruano, Lima 2018; Entra – Mar, Sakura Ediciones, 2018, Su obra ha sido parcialmente traducida al francés, inglés y portugués. Respira y escribe en Bogotá.

⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son del artista plástico colombiano Edilberto Sierra (Bogotá 1956). Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha expuesto en España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, México, Cuba, Puerto Rico, y Brasil. Profesor de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

⊂Ο⊃

 

ARTERIAS FUEGO – Poemas de Alejandra Cox


Foto / ©José Hernández Montenegro

 

 

HAMBRE

escruto el vacío
el fulgor
la luz palideciendo bajo mis cejas
me veo hecha cicatrices
crispada
hoja seca 
con la piel
templada a los huesos








 

MORADA

sigue nevando polvo y del armario sale el sol
los arrendajos entran bajo la puerta
brincando 
por la línea de aire
las paredes se inundan de sal

la bombilla se infla de gemidos
la cama es un temblor
un grito simultáneo que abre el silencio

 

 

 

 

 





AL BORDE

abrir la certeza de los cuerpos
ahora
labios en crescendo
ojos suspendidos
en la pausa perpetua

manos que retornan
al capullo



 

 

 

 

 

 

SICARIO

ahora me persigno
mañana mañana
el agua quema

 

 

 

 

 

 

 

 


DESPOJOS 

anoche 
sumergidos en un pantano teñido de sales
me ahogaste en el silencio

el zumbido de la estrechez
reduce los espasmos

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Femme à sa toilette, (1889)

 

 

 

 

ODA TARDÍA

fuego
bola de fuego
yema de huevo
candela

coágulo de sangre
corrida de toros
período
vida
pequeña herida

golpe
bala perdida
semen

diástole y semilla

 

 

 

 

 

 

 

 


VEINTE

sobre mi piel
nada tu aroma tibio
tinta y esencia primaria

en mi pecho danza un compás 
miro por dentro
ritual que atraviesa el umbral
y se agrieta



 

 

 

 

 


69

sumerge la punta de la lengua
corteja con fuerza desde el maxilar
justo allí hay un iceberg
y
la tierra se rasga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II

yo mojada de abril
abril cargado de gritos y silencios
hoy hay fiesta
me entierro
con las flores por dentro 

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. Mujer subiéndose la media (1894)

 

 

 

 

SOMBRA

no soy en el espejo 
mi rostro es un manto ácido enmudecido
mi cuerpo
un camino de despojos y memorias
impenetrable trocha

 

 

 

 

 

 

 

 

BOMBILLO ROJO

la noche
fuego en las arterias
del techo llueve calor
y la piel se tiñe en sangre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COITO

es el cuarto mes y llueve
todo se esfuma a cántaros
todo corre
moja
es el cuarto mes
y hay lava en el suelo calcinado
gotas de llovizna perlada eyaculando

 

 

 

 

Henri de Toulouse-Lautrec. La inspección médica (1894)

 

 

 

 

SOLA

quiero que alguien me mire a los ojos
que me diga que existo
que entienda mi miedo 
a vivir voraz 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLAGA

gimiendo derramándose y decantándose
todo en simultáneo
remolinos de fuego
y un mar de lenguas en el pecho

un dolor abierto en dos
grita adentro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PÓLVORA

me quitaron las manos
todo  
en esta selva
pervertida de dolor



*  *  *

Derechos reservados
©Alejandra Cox

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1983. Alejandra Cox es el seudónimo de Alejandra Moreno Morales. Escritora y cantante. Actualmente cursa estudios literarios en la Universidad Autónoma. Egresada del Taller de cuento “Ciudad de Bogotá”, Renata / Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010. Participó en el XVII Encuentro internacional de poetas, Zamora, Michoacán, México, 2012. En el V Festival de poesía y narrativa Ojo en la Tinta, 2012. En el Primer aniversario de Antropoético, Bogotá 2013. En el lanzamiento de la Revista En Otro Idioma, Bogotá 2016. En Punto de Convergencia, 2017. En el Primer encuentro de Poesía Esencial No estamos solos en la tierra, Bogotá, 2017, Zeshat Ediciones y Corporación Cultural La Aldea; y en la Segunda Tertulia Palabrearte Mujeres y Poesía, 2017, convocada por la Corporación Cultural Hicha Guaia. 
Textos suyos se han publicado en la Revista Círculo de Poesía, como poeta del mes de abril de 2017, y en esta misma revista en el especial Poetas Colombianas de hoy, del mes de noviembre de 2017. Publicada por la revista digital e impresa Chontales Litterae, de Nicaragua, en octubre 2018. Participó como jurado en la categoría de Mejor producción literaria en poesía, muestra colegiada de la Universidad Minuto de Dios, 2017. Su poema Los aquellos, fue adaptado musicalmente por el cantautor argentino Claudio Bustos. 

 ⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son del pintor y cartelista francés Henri de Toulouse-Lautrec, quien en su obra representó la vida nocturna parisina de finales del siglo XIX. (Albi, noviembre 24 de 1864 – Château Malromé, Saint-André-du-Bois, 9 de septiembre de 1901).

⊂Ο⊃

 

DICE EL VULGO QUE LOS POETAS VIVEN DEL APLAUSO – Poemas de Omar Ortíz


Foto / ©Andrés Rozo

 

Abuela me contó una vez este secreto: “Hijo,

la luna cuando ve al sol se pone más pálida que nunca”.

De Las muchachas del circo, 1986

 

 

 

 

El de Urbina miró detenidamente al hombre

que le pedía pelear bajo su mando a nombre de

la cristiandad.

Ni la nariz, ni el brillo de los ojos

convencieron a don Diego.

El hombre más que un soldado

de sus Reales Majestades de León,

parecía un judío converso.

Mejor embarcarlo para las Indias

que arrimarlo al Mediterráneo,

pensó el de Urbina.

Lejos estaba el señor capitán de imaginar

los cien mil brazos de Lepanto.

De Las muchachas del circo,1986

 

 

 

 

Todos los carpinteros van al cielo

A Arnaldo Victoria

Y también los sastres, los zapateros, los albañiles,

las costureras, los peluqueros, los artesanos,

y  por supuesto, las putas y algunos buenos poetas.

 

Los malos poetas, en cambio,

llegan directamente al infierno

donde son condenados a construir

un único y eterno poema

que sea como Él, perfecto.

De Los espejos del olvido, 1991

 

 

 

 

Albatros

 

Frente a la ventana, el viejo marinero

Sueña las ballenas que navegan por su alma

Y que su ojo feroz no arponeó.

Su corazón es de verdad un único

Cementerio marino. No el del poema.

El que viaja en esa pequeña ola

Que rueda lentamente por su mejilla.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

©MARA / “María mulata”, 2017

 

 

 

 

Amor y paisaje

 

El primer plano del cuadro

Es un  inmenso campo de caléndulas

atravesado por una vereda

que llega al pie de un añoso árbol,

¿Ceiba o samán?

En su corteza se relata

una historia de amor,

pero el amor sólo cobra cuerpo

en el eterno balanceo del ahorcado.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

 

Nocturno

 

Aquí está la memoria.

En estos libros, testigos mudos

De su blanca piel de luna, está escrita su historia.

Hay que mirar por las hendijas,

donde su sombra,

a esta hora se desnuda. Nunca se piensa

que la perfumada sábana del amor,

sea la mortaja.

Mi corazón arrastra un barrilete, como un niño

que suspende su vida en la levedad de una pluma.

Ahora, cuando la noche es más espesa

alguien arrastra el cadáver de una alondra.

De Un jardín para Milena, 1992

 

 

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

 

El libro

 

Así como la anaconda hipnotiza a sus víctimas

(No es raro ver una mariposa estampada

en el aire

o un colibrí paralizado ante el hechizo).

El sol se detiene en el reloj de arena

y los sueños son el río que no va al mar.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

 

 

 

La barca

 

Yo, Zenon de Yampupata, salvador del poeta

y de su amada, navego el mar, espuma de oveja,

trueno de jaguar, viento de cóndor.

No sé, ni me interesa, si Odiseo es taxista en Lima

o cambista en el Cuzco.

Si Marco Polo, es un santo y seña de Sendero.

Si Colón llegó antes y después de Erik el Rojo.

No he cruzado el Aqueronte,

pero he caminado nueve montañas y nueve valles

por un puñado de sal.

Mi casa está a mitad de camino entre el sol y la luna,

es hecha de la caña que llamamos, “totora”,

y pasan por allí algunos viajeros,

(no todos, asustados musógrafos que no porfían un verso o un conjuro)

Mi barca, “El Avaroa”, es la liebre,

Aquiles, la lancha voladora del hotel de turismo.

Aún así, no sé en verdad, si pierda o gane.

De El libro de las cosas, 1995

 

 

 

 

©MARA / Serie “Danza silenciosa”, 2016

 

 

 

 

 

Una muchacha de San Petesburgo

 

Anna Ajmátova, casó con un poeta,

Nikolai Gumiliov, fusilado por orden de Yezhov,

jefe de policía y mal sujeto.

Su hijo, Lev Gumiliov, padeció la cárcel a los veinte años.

De ella habló mal Maiakovski

antes de suicidarse, pero le perdonamos.

Anna Ajmátova, sufrió el terror.

Compuso Réquiem para que no olvidáramos.

Pero nuestras mujeres que ven morir sus hijos,

sus novios, sus esposos, asesinados.

No pueden leer más que la lista diaria

de los muertos.

Lloran de rabia, de impotencia,

Mientras cierran la tapa de los féretros

y de su alma.

Por eso hoy les hablo de Anna Ajmátova

para que sepan que no están solas

en su congoja.

De La luna en el espejo, 1999

 

 

 

 

 

 

Héctor Fabio Díaz

 

Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,

la camisa que tanto gusta a Margarita, la del 301,

los zapatos negros recién lustrados, una pinta de hombre,

como dijo mi madre después del beso ritual de despedida

En la Kodak me tomaron la foto para la solicitud de empleo.

Pero de pronto me empujaron a un auto,

Me pusieron dos armas en la cabeza

Y acabé tirado en una pocilga

Donde me preguntaban por gente desconocida.

No señor, decía y me pegaban.

Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro, lo hacían,

como si no tuviera carne, ni huesos, ni sangre, ni alma.

Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,

ni puedo abrazar a Margarita.

Ahora soy una desteñida foto que mi madre

lleva a cuestas en plazas y desfiles.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

 

 

Marcial Gardeazábal 

 

Pertenezco a una estirpe que siempre

vive a destiempo.

Mi padre, víctima de un ataque de narcolepsia,

fue enterrado vivo.

Después del macabro hallazgo,

Mi hermano Joaquín convirtió su pesadumbre

en un  interminable monólogo con la muerte.  

Ernesto, otro hermano, virtuoso artista,

entregaba los lienzos al fuego no más eran alabados

por cualquier transeúnte.

Tío Pedro, armado de una tiza,

escribía en los muros iracundos poemas.

Y yo, el más práctico de los mortales,

me hice librero en un pueblo de analfabetas.

No se alarmen, es la saga que contará mi nieto.

De El libro de los seres anónimos, 2001

 

 

 

©MARA / Serie “La soledad”, 2017

 

 

 

Inventario

 

Poseo

nidos de pájaros entre los anaqueles de mi biblioteca,

y un rico tiempo que los nutre.

Una brizna de hierba que me regaló una muchacha

de ojos claros.

Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz

mis aves construyen sus refugios.

Tengo también un papel que sueña ser un barco

y en él una mano desconocida escribió: te espero.

Algunos versos acompañan mis pertenencias,

pero es mejor no citarlos, pues serán otros mañana.

Hay un río, como uno de los bienes

por fuera del comercio,

nacido en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.

Además, en el marco de la ventana florece el jazmín

recordando el olor de una vieja fotografía.

Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo existe,

con su mobiliario y sus espejos,

desde el sueño donde la arena dibuja tu cuerpo.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

 

Pandi

 

Eran los años en que los sueños me habitaban.

Como el malabarista que se juega el alma

en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,

transitábamos mi madre y yo sobre los muertos

que en el día simulaban ser pájaros ciegos.

Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,

olorosas a azufre,

topábamos los límites del inframundo,

donde reinaba el jinete sin cabeza.

Mi madre, como si nada ocurriera,

iba señalando los nombres de los árboles:

éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,

el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,

y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,

gualandayes, almendros,

mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.

De Cequiagrande, 2011

 

 

 

 

 

Palabras como cárceles

 

Algunos se construyen cárceles de aire.

Si dan un paso fuera, caen en el pozo de lo ignoto.

Se aburren, pero prefieren la comodidad de sus certezas,

a la extraña aventura de la incertidumbre.

Una vetusta pátina cubre sus zapatos,

y usan capa dentro de la camisa almidonada.

Algunas palabras forman intrincadas alambradas

Sobre la inocente página.

Fueron dichas por otros,

pero el ensimismado las recoge,

las hace suyas y las va instalando con mucha seriedad

y sapiencia donde alguna vez habitó el asombro.

Como se vanaglorian de su encierro,

y son muy apreciados por las academias,

tienen asegurado el bronce y el aplauso.

De Lista de espera, 2017

 

 

 

©MARA / Serie “Ruidos”, 2016

 

 

 

Sin puntos sobre la íes

 

Dice el vulgo que los poetas viven del aplauso.

Dice la élite (más grotesca que el vulgo)

que los poetas viven del aplauso.

Vulgo y élite coinciden además en sostener

que los poetas son proclives a los halagos

y a los mimos del poder.

Ambos, vulgo y élite, admiran a los poetas

porque los reciben en los cocteles sin invitación previa.

Temen su lengua y sus odios.

Todos creen que la vida de los poetas es regalada

y piensan como Platón que son mentirosos y parásitos.

Los buscan para adularlos,

pero no compran sus libros y se aburren como ostras

en sus recitales.

No perdonan, unos y otros, su desenfado,

sus excesos de alcohol y de lujuria.

Pero abundan en guiños cómplices

y en hipócritas palmaditas en el hombro.

Cuando muere un poeta,

nadie recuerda sus versos,

pero son prolijos los obituarios.

Algún amigo bebe una copa en su nombre,

mientras ignaros y letrados

se regodean en sus cielos de plástico.

De Lista de espera, 2017

 

*  *  *

Derechos reservados
©Omar Ortíz
 

 

NOTA BIOGRÁFICA

Bogotá, 1950. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía Luna Nueva que completa 44 ediciones y 31 años de vida. Ha publicado 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1995), “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, y la primera edición en España del “Diario de los seres anónimos” que, ampliada y corregida, acaba de ser publicada por la editorial “La Mirada Malva”. La editorial Domingo Atrasado publicó en noviembre de 2017 “Lista de espera”. Se desempeña como director cultural de la Universidad Central del Valle, en Tuluá, donde también dirige la Colección Editorial “CantaRana”.

⊂Ο⊃

Las imágenes que acompañan a los poemas son de la fotógrafa y artista plástica colombiana Marcela Sánchez – MARA. Para conocer más de su trabajo, les invitamos a visitar su WEB.

⊂Ο⊃

 

LAS TETAS SE COGEN EN LA OSCURIDAD – Poemas de Michael Benítez

Foto / ©María José Alarcón

 

 

Escalera al cielo

 

Ahora

que todos

     caminan

     hacia arriba

       y hacia abajo

               escalones

                  y caminos

                  que terminan

                          —ambos—

                           en la muerte.

 

¿Quién le dirá adiós

al último hombre

cuando se ahorque

        en el último árbol? 

 

 

 

Igual que ayer

 

Cuando niños escribíamos mensajes en servilletas dulces,

Mensajes con los lápices de los títulos: rojos; sonrojados.

Nos reíamos porque Marcela se ponía dos días seguidos los mismos calzoncitos amarrillos,

Imaginábamos su olor en el rincón            de los vagos.                             

Y la profesora regañaba a nuestras amigas por usar la falda cuatro dedos arriba de la rodilla

Mientras las mirábamos, cuatro escalones abajo.

Y esos primeros besos que eran un regalo…

Esos primeros besos que compartíamos,

Como el bon bon bum que nos robábamos.

El campamento y las tetas se cogen en la oscuridad.

El chismógrafo y la mancha de chocolate al lado de la pregunta: ¿eres virgen?

Cuando probé el cigarrillo de la boca de la niña de once que nos gustaba

y las cachetadas que me gané por tocar nalgas sin lavarme las manos.

¿Recuerdas?

¡Si lo recordaras no estarías espiando a las mujeres en el otro baño!

 

 

 

 

Distancia-miento

 

Te amo así:                     lejos                                            sepultada en el olvido

 

Porque la poesía

siempre le quedó grande

a tu corazón tan estrecho

 

Y créeme

no existe

otro remedio

para la muerte.

 

 

Gerald / Pixabay

 

 

 Poema para un niño indisciplinado

 

La poesía te hará volar más alto que cualquier droga

Tanto,

que podrás encestar tus miedos en la luna

 

La poesía es más efectiva que unos zapatos bonitos

a la hora de conquistar

a la niña que te gusta

 

Con la poesía serás el más malo atracador del barrio:

le robarás minutos al reloj en cada esquina

para gastarlos en tu vida

 

Con la poesía les harás bullying

a los monstruos de tus pesadillas

y aprenderás a soñar aunque esté de día

 

Con la poesía siempre estarás armado

pues ella es como una navaja

que apuñala en el corazón a la mentira

 

Con la poesía harás trampa

porque siempre tendrás un as bajo la manga

para cada problema de tus días

 

Así que no les creas a tus padres,

a tus profes, a los poetas ni a los curas

Cuando hablen de ella

seguro que la están confundiendo

con la policía.

 

 

  

 

 Las cicatrices de la noche

 

Para Cristian Jhulian Callejas,
en memoria

Nos emborrachábamos y nos orinábamos en la vida

—en la nuestra—

Con la humildad de los cigarrillos de cincuenta

Nadie comprendió conmigo tan hondo

lo ridículos que se ven esos poetas

en las fotos con sus gatos

Me decía:

  “Usted es un poeta piojoso

  por eso es el único que me cae bien”

 

La noche tenía cicatrices en su rostro

y nos escupía monedas para la vaca

que metíamos en nuestros bolsillos rotos.

 

Yo agacho la mirada y agarro por el camino más largo

si veo la muerte

bailando desnuda

en cualquier esquina.

 

El recuerdo derrumba las calles

Hay un terremoto con epicentro en mi corazón

Créeme

Yo dejé de creer en Dios

cuando comencé a creer en mis amigos

Por eso hoy me siento en la orilla de la soledad

y te traigo a mí

para que me enseñes a volar

ya que nunca aprendí a montar cicla.

 

 

 

 

 

La decadencia del silencio

 

Mis sueños cuelgan en los postes de luz

al lado de cometas olvidadas en el tiempo.

 

Esto de no llamar las cosas por su nombre,

que la desnudez no sea quitarse el cuerpo

como una idea fija tatuada a la sombra.

 

Entrar en la poesía es meterse

por la calle más peligrosa del barrio

y el poeta, por paranoico, en todas ve

a la muerte fumando sentada en el piso.

 

Donde se nombre el vacío

ahí está mi cuerpo

—miedo parqueado en la mitad de la noche—.

 

La quinta pata del gato

es el poema.

 

 

 

 

Joshua Willson / Pixabay

 

La casa del poeta

 

Vuelvo al colegio vestido de sombra

Veo niños jugando con oraciones

desde la banca de este parque.

 

Hay policías en la casa del poeta

aprendiendo a redactar el comparendo.

 

Me pregunto si “hambre” se escribe con mayúscula

cuando es mucha.

 

Mi lengua no sabe de palabras,

cuenta tan solo con un puñado de silencios,

para nombrar el mundo.

 

 

 

 

 

 Huérfanos de la noche

 

Sé que te mentí:

cosí mi corazón al horizonte sin sacármelo del pecho

Y de mi muerte solo quedarán poemas

que morirán, también, con el tiempo.

 

Seremos inevitablemente cadáveres

Ni el amor a los gatos nos permitirá vivir más de una vida

Y solo así, fríos, separados por las tumbas,

nuestro amor podrá ser eterno.

 

 

 

 

 

 

Las cosas

 Las cosas son iguales a las cosas.
Ignacio Escobar

Era alcohólico antes de escribir poemas

A los 16 tomaba Old John cada 8 días

sin haber leído a Sbarra

ni el Viejo y el mar de Hemingway —obligado en la escuela

Ni siquiera me empalagaba con Benedetti

(prefería los Chupi Plum de las tiendas).

Una cosa

no tiene nada que ver con otra:

Por eso ven

Parchemos

Que no importa ni un poquito el que seas abstemia

o que no me quieras.

 

 

 

 

 

 Ladridos

 

***

Su olor frío: sombras azules

Su boca

Ese bus que no me lleva a ninguna parte

 

 

***

Nunca escribí versos memorables

porque cuando los imaginé

estaba borracho

y se me olvidaron

 

 

***

Porque cambiar el basuco por el cristianismo

no es rehabilitarse

Es cambiar de jíbaro

 

 

***

Los recuerdos:

Puntillas que se oxidan

en la memoria

de los árboles

 

 

 

 

 

Embale

 

Este poema tenía más de dos líneas

pero me las olí

(…)

 

 

 

 

 

Al menos

 

Yo

Que admiro a Luis Vidales

Que me sé de memoria un verso de Julio Flores

Que no he leído a Valencia

Que no fumé basuco con Jattin

Que no entiendo ni coma a Mutis

Que soy más urbano que Mario Rivero

Que Juan Manuel Roca me parece una piedra

Que no le he dado culo a Alvarado Tenorio, ni a ninguno

Que soy más joven que Jaime Jaramillo Escobar

Que leí a Pombo, en el colegio

Que cuando estoy ebrio hablo como Obeso

Que me gusta Hannah Escobar, sin leerla

Que por María Mercedes Carranza

sé que la poesía no se hereda —el papá no era poeta

Que a mis rapidines les digo José Manuel Arangos

Que tengo una foto con Jotamario     

—qué culpa, si él me la pidió—

Que no me soporto ni una línea de Federico Díaz-Granados  

—prefiero las de perico

Que confundo a Barba-Jacob con León de Greiff

Que no he echado chisme con Cobo Borda

Y que siempre me ha gustado Silva… en mi billetera

 

Yo

Quisiera ser, al menos, como ellos

para que alguien se acordara de mí en un poema

y escribiera:

Yo

Que tampoco fui poeta como él.

 

*  *  *

Derechos reservados
©Michael Benítez
 

 

 

NOTA BIOGRÁFICA

(Bogotá, Colombia, 1991). Ha publicado el libro Bogotrash (Cuentos, Argentina, 2014), las plaquettes El nadaísmo me lo mama en reversa (Ensayo, Colombia, 2017) y la trilogía Papeles para leer… (Poesía, Colombia, 2014, 2016 y 2018). Compiló y editó el libro Cumpleaños del Tiempo de la poeta María de las Estrellas. Ha ganado algunos premios literarios, entre ellos: Primer premio, en la modalidad de narrativa, en el Concurso Literario Nacional e Internacional de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Argentina, 2013; Primer premio, Concurso de Poesía Festival de las Artes, Bogotá. Colombia, 2011; Tercer premio, I Concurso Internacional de Poesía Grupo Literario Poeta Osvaldo Ulloa, Chile, 2012. Aparece en diversas antologías de poesía y narrativa en América Latina y España, algunas de ellas son: Poetas latinoamericanos (Argentina, 2015); Sístole/diástole (México, 2014); Anónimos 2.2. (España, 2014); Frontera (Chile, 2015). Textos suyos aparecen en las revistas: Puesto de combate, Marabunta, La Caída y en los blogs literarios: Cráneo de Pangea, Digo Palabra y Poetas del siglo XXI, entre otros. Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es cofundador y codirector de la editorial independiente Ediciones con Tinta Ebria.

WEB DEL AUTOR

⊂Ο⊃

 

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS – Poemas de Luz Mary Giraldo

Foto de la autora: Marcela Sánchez – ©MARA

 LUZ MARY GIRALDO (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016)

  

EL VIENTO FATIGADO POR LOS PÁJAROS
POEMAS DE LUZ MARY GIRALDO

 

Del libro: De artes y oficios. Taller de Edición Rocca, 2015

MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE         

Como árbol de nubes y manto de pájaros al aire
llega el amor que desordena todo
con su música breve.
Más dulce que el vino y más poderoso que la muerte
llama con voz de seda tejida en flecha ponzoñosa.
Es vuelo de colibrí suspendido en el aire
y llega como se va:
desafiando el silencio.

  

  

ARTE DE TEJER

Como arañas colgadas en los muros
se teje y desteje la tela pegajosa de quien cae en la red.
Saltan nombres que un solo click trae de regreso
al amor que se sabe pasajero.
Todo cruza en los hilos de esa joven Penélope
que junta el tejido de una nueva democracia.
Entre caritas repetidas pasa la vida a la basura
con cada una de las manos que señalan en todas
         direcciones
me gusta        no me gusta      lo comparto
y los dibujos ríen y lloran y aman y están tristes
maúllan o ladran
en las voces que trinan en esas avenidas
de soledad y  desamparo.
Hay un juego de espejos en la red: 
el amor que no empieza y la amistad que se acaba
las fotos que invaden la pantalla
la imagen cambiante como la ropa vieja
la tensión de los puntos que anuncian la escritura  
esperada.
En ese espejo de letras solitarias
teje una araña el laberinto donde Asterión se esconde
y Teseo busca los hilos que lo acercan a Ariadna

o que lo alejan.

Leonora Carrington, El templo de la palabra, 1954

 

CANCIÓN SIN PALABRAS

(A la manera de Franz Schubert)
¿Quién te conoce, amor,
si no nos conocés?
¿Si tu péndulo tiene
el vaivén de dos caras?
Juan Gelman
Los amantes tejen historias
mientras hilan y deshilan sus galaxias.
Un violín acompasa con zumbidos de sueño
en cada cuerpo
y Amor cabe en la canción sin palabras:
suena con A de alma y de alhaja
si eleva una melodía con notas de color y de ansia.
Se dice desamor
si un exceso de frases reclama falta de luz y de aire
y se escribe con D
de dolor y desamparo
o con A de asma y de ausencia.
Amor es música de alas
preludio y fuga en un arpegio
elegía anunciada.
Desamor abandona
atropella las sílabas y la esperanza
si un violoncelo rompe sus cuerdas
en el destiempo de los ruidos y las sombras.
Los músicos despliegan con armonía su vuelo
si elevan el vaivén del amor
sobre las cuerdas del aire.
 
 

  

DE NUEVO LA PÁGINA

Acariciar las palabras
saberlas imperfectas
borrarlas o tacharlas
rasgar el papel
arrugarlo
echarlo al cesto
rescatarlo
unir los trozos
uno a uno
planchar la página
diccionario de dolor.
Preguntar porqué te has ido
porqué sigues llenando de
tachones mis cuadernos
y de remiendos mi corazón
que página estrujada o cristal roto
no lucirá jamás el brillo de piel lisa
y de ilusión.
Armar las palabras
desarmarlas en la página
ajustar trozos
y hacerlos respirar en el poema.
 

Leonora Carrington, Las distracciones de Dagobert, 1945

 
 

CARICATURA DEL ADIÓS

Colgada a una baranda
la emoción silabea
y es palabra tartamuda
atrapada en la tela de araña del insomnio
o suspendida en el limbo
como fotografía que se desvanece
en la inagotable y borrosa
caricatura del adiós.
 

  

CONFESIÓN DE HERA

De todas las palabras odio la que nunca pronuncias.
Esa que gritas hacia adentro
para que no toque mi pecho ni llegue a mis oídos.
La que pasa en silencio
y muerde sin compasión mis días y mis noches.
De todas las palabras
prefiero este paréntesis
del viento que roza la ventana
un invierno en Florencia
con Martha y con David y Sara dando vueltas
y la lluvia lavando las calles y los puentes
y el corazón abierto a la vida que pasa.
Escucho a Hera cuando exclama:
no huyas, Zeus, no te escondas,
el nuevo oráculo señala tu traición
y anuncia que has de morir
bajo el puñal de mis palabras.

Leonora Carrington, Autorretrato, 1936

 

Del libro: Sonidos en la luz. Hombre Nuevo Editores, 2009.

 

POEMA CON ARAÑA

Como si llegara por primera vez
igual a una araña que sigilosa teje
frente a un cuerpo asustado.
Como si midiera la distancia
cosiendo mi corazón con sus ocho brazos
la palabra
atrapada en el hilo del verso
tiembla inútil
en la elástica y pegajosa hebra del poema
y es araña que caza los días
mientras enreda el último suspiro
o el amanecer.
El poema cae sobre la tela
o al borde de mí
teje la vida y la sentencia
extiende su sombra en la luz
y en el hilo donde gotea el tiempo.

  

  

 

COMO UN CENTINELA

La vida por siempre dando vueltas
y como un centinela en los rincones
la muerte llama en silencio con todo y sus
gerundios:
gato lamiéndose despacio
perro ladrando en la mitad del sueño
pájaro cantando al comenzar el día
mientras tejen su tela las arañas.
Golpea el viento
apaga la luz en la ventana
se escucha la zozobra
y el silencio recoge expectativas.
Parpadean los hilos del asombro
y en la soledad de un pájaro
oigo distintas formas de alegría:
pequeñas cosas que pasan en la casa.

  

  

  

SONIDOS EN LA LUZ

En el silencio
un trino o un granizo
la mirada de un hombre en medio de la plaza
el paso de una mujer hacia la ruina
un niño con ojos asustados.
Se enredan las palabras
atropellan
señalan la sombra:
sonidos de ese hombre
de esa mujer
o de ese niño
hilo de luz
en la tiniebla.
En el silencio
un trino
un alarido
un hombre solo
una mujer con ojos asustados
un niño
única luz en el desierto.

  

  

  

CANCIÓN DONDE ESTÁ LA SOLEDAD

Buscas un pentagrama en el vacío de la luz
y encuentras un muro de habitaciones desoladas.
Te niegas a respirar el aire donde se eleva el dolor.
Tus palabras no entienden qué fue ni qué pasó.
Te niegas a los pies desnudos
y a caminar sobre piedras rotas.
Tu voz amordazada no exclama
ni siquiera dice ¡ay!
La sirenas guardan silencio
–dijo Kafka–

y el mundo se llena con ausentes.

  

Leonora Carrington, El baño del pájaro, 1978

Del libro: El tiempo se volvió poema. Ediciones Cafastía, 1974

NUNCA LLEGÓ EL VERDADERO Y SABIDO NOMBRE

El ave
que algunos llaman Tiempo
se alargó en el desierto de los hombres
y cada mañana se enredó en sus ojos.   

Trataron de construir una palabra
pero faltaron piedras: 
NADIE PUDO ENTENDERSE DESDE ENTONCES.  

 

 

Del libro: Con la vida. Universidad Javeriana, 1997

LA HORA DE LOS PÁJAROS

Inasible y costurera 
la palabra
cubre con tela engañosa
la herida de la noche:
juega a la libertad o sueña la ventura.

Como eterna Penélope
teje la túnica de todos
deshilvana el secreto de la espera
hasta inventar un nuevo rostro
o un espejo sin nombre.

Inasible y costurera 
oye pasar el viento
fatigado por los pájaros. 

* * *

NOTA BIOGRÁFICA

Luz Mary Giraldo (Ibagué, Colombia). Poeta, ensayista, antóloga y profesora universitaria con libros de ensayo, antologías de cuento y valoraciones críticas sobre autores colombianos. Entre sus libros de poesía: De artes y de oficios (2015); Llévame como un verso (2011); Sonidos en la luz (2010); Postal de viaje (2004); Hoja por hoja (2002); Con la vida (1997), Camino de los sueños (1981), El tiempo se volvió poema (1974) y las antologías: Il volto nascosto dell’ amore -Poesie 2010-2016- (Italia 2017, español-italiano), Canto de pájaros (Rumania 2015, español, inglés, rumano, versión completa Biblioteca Digital de Bogotá http://www.bibliotecadigitalbogota.gov.co/) y Diario vivir (2012). Poemas traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, macedonio, croata y rumano. Distinciones: Gran Premio Internacional de Poesía en Rumania, 2013 y Mención Honorífica en Poesía, Academia Oriente-Occidente (Curtea de Arges, Rumania, 2016); nominada al Premio Fernández Labrador en Poesía, Salamanca, 2016; Premio Internacional LASA-Monserrat Ordóñez, 2012; Premio Nacional de Poesía Casa Silva Poesía en el concurso “La Poesía como una Casa”,  2011, Mención Honorífica en Investigación Instituto Distrital de Cultura, 2004; Mención Honorífica en el Premio Internacional de Ensayo Convenio Andrés Bello, 2000 y Beca Nacional de Literatura Ministerio de Cultura, 1999. 
* * *
Derechos reservados
©Luz Mary Giraldo

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA – Poemas de Álvaro Neil Franco

ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO (Barbosa Santander, Colombia, 1969). Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

 

BOCACHICO MONO

Brilla todavía
en la sonrisa de mi padre
el paso del bocachico mono
el que no sabe a barro
y canta con sus labios pequeños
la soledad de los pantanos
Su palabra resbalosa
desgajada del fondo de los plátanos
inunda la mesa de la casa
con el lomo marrón del Magdalena
Cómo suda mi padre
mientras atraviesa
con sus brazos marchitos
la corriente espinosa de historias
que lo mantienen vivo
Cómo toca madera y reparte coletazos
para espantar la carne azul
donde empieza el olvido.
 
 
 

 

 

 

 

ROLLING STONES

Con las piedras arrojadas contra mí
he construido los muros
de mi casa.
Anise Koltz

 
 
 
¿Qué parte de la casa son las piedras que sostienen las puertas?, ¿El aire que no deja caer el andamio de las conversaciones?, ¿El instante en que la puerta sueña con volverse ventana?, ¿Polvo que se apea de los caminos para sumarse a nuestro polvo?, ¿Lomo azul que los niños acarician, para apaciguar el agujero que devora los días?, ¿Memoria que extraña los caballos que se fueron a viajar en la sábila?, ¿Lunas del otro lado a las que los perros no dejan de batirle la cola?, ¿Celacantos danzando un traje de luces que sale bien con el silencio?, ¿Sueños redondos que sueñan eternamente en los linderos donde vive la muerte? ¡Con todo lo que son y nunca aparecen en las fotografías!

 

Marc Chagall,  “Bestiaire et Musique, 1969

 
 
 

 

 

NACIMIENTOS

Vengo de un pie
marcado por los mandarinos
de unas piedras de río que conocen
la profundidad de mi infancia
Con la buena noticia
de un cielo de guayaba
madurado por el vuelo de las mirlas reales
Me correspondieron por vecinas
unas chicharras que anuncian el fin del mundo
desde cuando mis antepasados
desenterraban los silencios
donde se pudrieron sus ojos
Mi patria es un bijao
que envuelve despedidas
en los caminos de las nubes
Mi noche es una calle con palmeras
por donde se aleja
la mujer de un bolero
 Mis días
un tinto tostado de palabras
que calientan el paso de los muertos
Vengo
de unos cuartos de inquilinato
donde alumbré mi vida
con las velas de Kavafis
y los cigarrillos de Fernando Pessoa
 Vengo de un canto colorado
donde amanecen
las ceibas de mi sangre
de unas manos huesudas y amarillas
que amasaban el sabor de la luz
de unos tíos
que me arrancaron la leche de los dientes
con las puñaladas de una bailarina de
tango
de borracheras interminables
que me dejaron la soledad de unos abrazos
Vengo de unos enemigos
que  junto con El buey
de Eugenio Montejo
me enseñaron a leer poesía.   

 

 

Marc Chagall – “Yo y la aldea”, 1911

 
 
 

 

 

INVOCACIÓN PARA QUE ANUBIS NO SE VAYA

 El perro es una
prolongación vital de la familia.
Luis Tejada

Dios mío, no dejes
que Anubis se vaya
porque quién me enseñará
a presentir los misterios del monte
a revolcarme en el polvo
que hoy son mis abuelos
qué será de mis manos
sin su llanura suave
donde repaso
mi corazón de niño
quién rasguñará las nubes
para que se quede en la casa
el color del verano
y dónde voy a conseguir
sus ojos tiernos
que me dieron a beber
el agua de los ríos
y qué le digo a Dylan
qué le respondo a Neil
cómo mirar a Esteban
cuando nadie persiga
las flores de mi patio.
 
 

*  *  *

Derechos reservados
©Álvaro Neil Franco Zambrano

 

 
NOTA BIOGRÁFICA
 
Barbosa Santander, 1969. Licenciado en Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Catedrático de la Escuela de Idiomas de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja. Poemas suyos han sido publicados en el Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México (2007), en la Revista de Poesía Trilce (Chile, 2012), en la Revista Casa Silva (2012), en la antología de la poesía colombiana Desde el umbral, en La Pipa de Magritte y en las Revistas Clave, Rosa Blindada de Cali y en La Raíz Invertida (Revista Latinoamericana de Poesía), Poetas Colombia y Burdelianas Poetry. Libros publicados: La saga de los clavellinos (Universidad del Valle, 2008) y Temblor de isla (Rosa Blindada Ediciones, Cali, 2016).
 

⊂Ο⊃

EL MAR SOMOS NOSOTROS – Poemas de Fernando Linero Montes

FERNANDO LINERO MONTES. (Santa Marta, Colombia, 1957). Músico y poeta. Ha publicado seis libros de poesía. Es uno de los escritores colombianos con mayor trayectoria.

Del libro Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990)

Y AÚN LAS TARDES

Por el lecho de los días
resbalo sordo y sereno como un río al atardecer.
Triste soy de mirar el color de estas colinas
del ruido de espigas del viento.
Sé de la escasa luz que me indumenta.
Y aún las tardes alcanzan
para celebrar la hondura de las cosas
la ración de dolor que la vida se procura.

EN LA BALANZA DE LOS DÍAS

Sobre la órbita de viejas casonas.
Sobre la paciencia de los pescadores de moluscos.
Sobre los aviones que en las sienes del viento
vierten metálica claridad
un oro desmesurado se desliza.
En la balanza de los días el mar acoge brumas
—cansancio de pájaros, cansancio del hombre,
lluvias que desgaja el verano—
y una música grave se enciende en su voz.
Acaso de allí derive nuestro reino:
soledad que cava el aire,
musgo en la caparazón de la tortuga.

A MENUDO

A menudo alimentamos ortigas.
Cuando las jornadas son estaciones
que se deshacen en tediosas moscas
y en el rellano de las escaleras
noviembre nos fustiga atrozmente.
Cuando no nos salva la tonada
que llega de la caseta cercana,
ni el vuelo de gorriones que cruza
los tejados de la vecindad.
Entonces liamos un tabaco
y como un vapor que abre el mar
lentamente separamos las esclusas de la noche
en ese instante en que el viento
levanta el vestido a las transeúntes
y nos adentra en las cálidas resinas del poema.

Guillermo Linero Montes, El paseador de perros, 2005

 

ENTRE LAS PIEDRAS DE LA TIERRA

Nada sé de los cielos
que sostengo con mis torpes palabras.
Plantada en la tierra está mi savia
cantando sin espera de nada.
Anhelos que subieron conmigo desde el mar
resplandecientes como campos de avena
los ha vencido el tiempo y la desidia.
A veces una imagen distante
se aviene con dificultad
a las laderas de mi canto:
mi madre de pie tras el limonero
tendiendo ropas en los muros del verano
amontonando tristezas.
A veces un sueño
el que me encuentra con mis muertos
acurrucados al sol
vagamente atentos a un zumbido de insectos.
A veces una risa ya perdida
que en mis oquedades se demora
por donde va volando la saudade.
Nada sé de los cielos
que sostienen a mis torpes palabras.
Entre las piedras de la tierra está mi hoguera.

 

Del libro Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010)

SÓLO LA ABULIA DURA

“Volaron años cortos como días”.
Eugenio Montale

He vuelto al arrabal de la niñez. He regresado al cielo azul de la juventud y por un instante asoman horas vividas deliciosamente sin pensar. De nuevo mis pies hacen rodar pedruscos cerro abajo hacia la espuma.

La muerte no era más que una palabra y otra brisa soplaba sobre la vida. Sólo la abulia dura, su lamento manso y pegajoso.

He tornado al feudo de la infancia —a la antigua casa le han cortado los árboles del patio, la terraza no existe—. Surgen de pronto remotas, marchitas imágenes del padre. Sólo la abulia permanece intacta bajo la estrepitosa luz, en el calor de las estancias, entre ruidos y olores estridentes.

Guillermo Linero Montes, La calle del pescado, 2005

 

EL MAR

I

El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.

II

Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.

III

El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.

IV

Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz…

V

Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.

VI

El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros se pudren negras ramas como en las ensenadas.

Guillermo Linero Montes, Contraviento, 2005

CERTIDUMBRE

Erramos con el corazón astillado, atrapados en la hora inerte.
Las cosas llegan y nos tocan un instante, luego parten.
Los seres llegan un instante, luego parten.
Todo es una pérdida.

MADRIGAL

Contra el olvido escribo estos versos para cuando no haya cielo y la alegría se caiga de los ojos. Ahora que música y deseo en el sueño se pierden. Sé que al paso ruedan los guijarros de la ausencia. Tengo presente que la tristeza a todos reserva su lugar. Por eso amo estos trazos desde los que me miras ahora y contra el olvido los levanto para cuando tu nombre sea desamparo en el aliento y ellos se hayan marchado con los vientos y todo no sea más que un pie de página en la historia.

Del libro Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011)

VIAJEROS SIN MEMORIA

Porque la vida llega a quemarropa
es necesario recordar que viajamos.
Fugaces habitantes del hastío
arribamos a las cosas a ciegas,
sin saber nada del peso que se empieza a descubrir.
Se llega a la vida de improviso
y, mientras se observa su río de azogue mustio,
el ancla del cigarro se hace más amarga en los pulmones
y el tiempo va regando sombras cansadas.
Se aborda la vida inesperadamente
y queda la impresión de que todo estaba fríamente dispuesto para ello: la proximidad del abrazo, la geografía de aquella fragancia.
En sus puertas un heraldo espera
para mostrarnos la ruta de la partida.
Descuidamos nuestra condición de viajeros,
olvidamos que todo es una novedad,
que en cualquier vacilación está la vida
y que a veces tiene la forma de una lágrima.

EL MOSCARDÓN

Gira y gira buscando un centro.
Su música arrogante
encierra destellos de sol.
Brilla en círculos,
en el día, a la orilla del aire,
ahora es radiante verde
y azul.
Gira y gira
como el poeta
buscando el corazón de las horas.

Guillermo Linero Montes, Constructores, 2005

Del libro Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999)

ENTONCES

Entonces una calma de ventanas abiertas
gravitaba alrededor de las terrazas.
El verano jugaba entre los árboles
detrás de las tapias, de un sollozo.
Mía era la plateada música de una ciudad
embebida en las aguas.
Mía era mi madre sentada junto al fuego
viendo las piedras del amanecer.
Aún los días no habían picado —ávidos pájaros—
la fruta de su corazón.
Por las noches en la casa se oía el mar.

CANTANDO

Tarde en ruinas desde la que canto,
esperando la hora que me busca, mi hora.
Con menos ambición que nostalgia se alza la voz
y su música es al alma seca
igual que un bálsamo casero.
Sin haber encontrado el sentido a la felicidad
bajo la tarde canto,
—perdida ya la fe en ciertas palabras—
para los pobres de espíritu,
para los que no tienen más remedio,
para los que buscan a Dios con glotonería.
Dando tumbos entre la soledad y el alba
desde mis cuarteadas almenas levanto la voz.
Pero a veces quedo en silencio,
—perdida ya la fe en ciertos asuntos—
y escucho al viento cabalgar sobre los tamarindos.

* * *

NOTA BIOGRÁFICA. Fernando Linero Montes. Santa Marta, Colombia 1957. Músico y poeta. Libros de poesía publicados: Sonata del Sonámbulo (Pijao Editores, Biblioteca de Autores Colombianos. No. 1 Bogotá, 1980); La risa del Saxo (Cuadernos de Poesía Ulrika. Vol. Bogotá, 1985); Lecciones de fagot (Universidad Nacional de Colombia, 2005); Aparte de Amor (Escritores en un Nuevo Siglo. Centro Colombo-Americano, 1993.); Guijarros (Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá, 1990); Palabras para el hombre (Editorial Magisterio. 1999); Experto en tachaduras, (Editorial El Zahir, 2010); Cuaderno de insectos y otros poemas (Editorial Pluma de Mompox, 2011); La risa del saxo (Antología) (Universidad Externado de Colombia, 2016); Acaso por el canto (Antología), (Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 2016); La verdad yo quería escribir otra cosa, (Universidad de Nuevo León, Monterrey, México 2016).

* *  *

Derechos reservados
©Fernando Linero Montes

LAS ATADURAS DEL AIRE – Poemas de Henry Alexander Gómez

HENRY ALEXANDER GÓMEZ (Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria. Es el director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz (España), el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, y el Premio Nacional de la Casa de Poesía Silva.
 

Del libro Casa de hueso (Inédito)

Gallinas
 
En las mañanas,
largos instantes me revelaron
el juego de su pluma,
el cacareo del mundo desde
una noble idiotez.
 
Su peculiar danza
me habló de un linaje perdido,
la firme intención de ser viento borrado. 
 
Entendí, entonces, la difícil tarea
de romper
con las ataduras del aire,
la música cercana de escarbar en la tierra.
 
Es verdad que en las gallinas
el día ha encontrado su eje, 
el cordón umbilical
en el que sostiene la luz.
 
Al igual que ellas, escribo la dicha
de ser pájaro caído.
 
A Felipe García Quintero
 
 
 
Parábola del padre
 
Padre siempre se sumerge en las más
extrañas empresas.
En un diálogo mudo con la vida,
en una incesante errancia
por el orden prohibido de las cosas,
hizo de la derrota
                                   su sello personal,
una enorme roca de aire para empujar cuesta
arriba.  
 
Un día compró una rueca de hilar nubes.
Decía que en la plaza bien podría abrir
un negocio celeste para achispar acontistas.
Pasaba horas golpeando el pedal,
hilando el día,
ovillando la lana.
Desde allí urdió toda la orilla del cielo
                              sin conseguir una sola moneda.
 
Otro día
se hizo a un viejo auto
para sortear la soledad de los caminos.
Con él cruzaría las fábricas del humo,
las páginas secretas de las grandes montañas,
hasta llegar a La Habana
                                     o Nueva York.
Pero la noche lo dejó tirado a un lado de la
carretera,
reparando el veterano motor oxidado.
 
Raras tareas emprende mi padre,
cultivó los sueños de los ondeadores de banderas,
comerció con olvidos,
amasó el pan
para el inspector de patatas fritas,
escribió cartas de despedida para amas de casa,
hasta afiló los lápices de tercos burócratas
en una corte de un país
                            que no aparece en ningún mapa.
 
Hoy comprendo que mi padre
es un poeta a su manera,
atesora la derrota
como quien guarda
                          palabras perdidas en la billetera.
 
Sin saberlo, padre,
con cada inútil negocio,
me ordena mi noble función en el mundo:
el oficio de escribir,
                                   a cada instante,
                                               el arte de la pérdida.

 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Los huesos de la bisabuela Felisa

 
Aparecieron de repente,
estaban metidos en un cajón de madera negra
y cargaban el aire roto de la noche.
 
Andaban por el camino de los años
apretados a cualquier rincón de la casa.
Prima Betty los descubrió por error,
buscando en el cuarto de trastes algún juguete perdido.
 
Susto de perros esos huesos ladrando la muerte.
Sortilegio. Oscura brujería. Asesinato en el balcón del silencio.
 
Fue abuela quién recordó que eran los huesos olvidados
de la bisabuela Felisa. Habían llegado décadas atrás
y buscaban ser un puñado de viento,
una flor soñolienta.
 
Al fondo de la caja, la extraña carta del abuelo
confirmaba la noticia y reclamaba un lugar junto a su tumba.
 
Insólitos los ríos
que cruza la piedra después que la lluvia se extingue.
Años de errar debajo de las camas,
rechinando entre sombras, auscultando la tierra,
los huesos,
la vida,
como un planeta cansado,
gritan su parte del mundo, justo ahora que exhumamos
los restos del abuelo.
 
Allí descansan,
                         los dos,
en una bóveda sin fondo,
en un osario celeste, examinando la luz.
 
El corazón se busca más allá de la carne.  
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505



De libro Tratado del alba (2016)


Roberto Juarroz
 
He abierto la palabra amor
y, adentro, encuentro otras palabras
que no dejan de mirarme fijamente.
Escojo una de ellas,
le hago también un orificio,
para ver más adentro en el lenguaje, 
y allí encuentro una palabra
que se parece al corazón del mundo.
 
En medio de las dos mitades del lenguaje,
sobre la línea que separa el comienzo y el final,
comprendo que un vocablo,
más profundo
que el abismo de Dios, nos sostiene.
 
Todo lenguaje se contiene a sí mismo,
como toda palabra que decimos o callamos, 
lleva adentro la soledad del hombre.
 



Horizonte
 
Un relámpago
                 llama al asombro.
 
Se cierra el sonido
                 y algo
                 se abre adentro de nosotros.
 
Entre la luz y la resonancia
                 un suspiro, un nacimiento, un
dolor,
               
                 la vida.
 
 


Carlos Obregón
 
Desde adentro de la vida
miro llover.
 
Miro como quien encuentra la esperanza
sin haberla buscado,
como quien hunde sus manos en la ceniza
de una hoguera nunca encendida.
 
Llueve sobre la orilla de tus pasos.
 
Porque tu hondura es la lejanía
de ver el cielo sin poder tocarlo,
el temblor de una oración
sin alfabeto, la vigilia de dormir
sobre una música olvidada.
 
El leve polvo de tierra
que levanta la llovizna
                                       deletrea tu silencio. 
 
 
 
Arqueología
 
Enterrar una palabra,
esconder su tumba entre las piedras.
 
Desenterrarla después de muchos años,
quitarle la tierra endurecida,
los restos de polvo,
                                  el óxido,
 
hasta que brille como una antigua reliquia.
 
Colocarla en medio de la página en blanco
y estudiar su antigüedad, interpretar su pasado,
descifrar el color original,
establecer su importante papel en la historia.
 
Incluso admirar su dignidad de estrella olvidada.
 
 
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505
 

Angelus Silesius desata un folio perdido

 
I.
Hallar la contemplación
verdadera
como quien abre su corazón
                                                  a la muerte.
 
Y seguiré en Dios,
                       como la noche en mis palabras.
 
 
II.
No basta con taparse los oídos
                 para cerrarse al ruido del mundo.
              
                Hay que olvidar
                                            lo escuchado.
 
                                            Arder en el
silencio. 
 
 
III.
En la oración
hay una hondura más grande
                                         que la angustia de Dios.
 
Tanto abismo inunda
                                             mi espíritu de palabra.
 
 
IV.
Intentar escucharte
                es pretender contener la eternidad
                en las manos.
 
Basta que una rosa florezca para asirla.
 
 
 
V.
Voy por el mundo
                                 buscando lo incognoscible.
                                
                                 El fuego que no arde,
                                 una vocal que no produzca
sonido,
la prehistoria del alba.
 
 
 
VI.
Edificar a Dios
como quien bebe de un candil erosionado.
 
Hallar a Dios
                      como quien naufraga
                                            en la peregrinación de la
luz.
 
 

Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505

 
 
De libro Diabolus in música (2014)

Johnny Cash
 
Enterré el puente de mi guitarra en el aire, sacudí las polillas de mi sombra y cultivé el vapor de la música sobre el heno de los días, a un lado de la carretera, donde los mundos se fecundan.
 
 
 
Jon Lord
 
Recogí de la neblina en la mañana cada uno de los hilos que expanden las yemas de mis dedos. Hilar es mi destreza, la certidumbre de dormir en una cavidad de sonidos que arden como diluvio perpetuo.
 
Un flameo inmutable me sigue a todas partes: una tela de música que hoy es mi mortaja, una sonata que ordena a un tiempo la dinastía secreta de un centenar de relámpagos.
 
Mi corazón es la rueca, la bruma el ovillo, mi música: una calina de fuego que lo ha envuelto todo. 
 
 


Jim Morrison
 
Desde lo alto de una duna dejo caer un cuenco que rasga un aire extraño que acecha mi presencia. Ancianos ángeles amasan mi saliva con arena. ¿Quién acompañará mis huellas para descifrar el verdadero rostro de la luz?
 
Romper el cristal. No hay noche más fría. El nombre del desierto me persigue. Las puertas se derrumban.
 
Con el hueso roto del coyote buscaré mis años perdidos junto a un demonio que trepa por el antiguo imperio del cielo.
 
 


John Bonham
 
En el grito del árbol encontrarás la semilla. Mi escritura viaja al galope del viento entre los cascos del caballo. Esta tierra se adelgaza ante el trueno del agua en el pecho de un pájaro.
 
He dejado al granizo sin aliento.
 
 


Humberto Monroy
 
El humo de la noche ha rodeado mi casa. Sin tocar las notas bajas de la sed, la música florece en la línea del aire.
 
Mi boca posee cuatro labios, mis ojos cuatro pupilas para descifrar la oscura pulsación de la luz. Mi vida ha sido el temblor de un alfabeto encallado en el destello del relámpago.
 
Humo en las ventanas, en la densidad del polvo. Este largo destino de envejecer en el origen.
  
Jheronimus Bosch, El jardín de las delicias (detalle) – 1500/1505  
 
Del libro Memorial del árbol (2013)


Hay soles que caen
 
Un ángel juguetea en el ramaje del árbol.
 
Es tan grande el abismo,
y tan silencioso el techo del mundo,
que nos abraza la pesadumbre,
y bebemos aguardiente,
                                             y lloramos,
porque no entendemos
cómo Dios juega con sus dedos de piedra
entre las hojas del álamo.
 



El ángel negro de la isla de Kampa
 
Nadie lo vio entrar en su casa. Era una fría noche de
Praga, era un poema tirado a la alacena.
Al principio, con el orgullo herido y las polillas
sacudiéndole los trajes, se acostumbró a vivir con la noche colgando de su espalda.
Decidió el encierro porque los hombres sencillos mueren
solos.
Con la pupila altamente dilatada, Vladimír Holan,
entendió que las sombras viajan empedradas de palabras. La piedra oscura había
regresado cargada de frutos.
En aquella casa había tanto ruido, tanta miga de
pan en las esquinas.
Se dice que la luz de la ventana duraba encendida toda
la noche, en el resplandor de la vela se diseminaba el diálogo del mundo.
La claridad no se hacía esperar. Nadie y todo había en
él. La campana detenida por el lápiz, Hamlet conversando con las ruinas del espejo, la muerte escondida en las catedrales.
Pero los años no pasan en vano. En la pesada puerta
crecía un caballo atado con alambres.
En el instante en que la voz del ángel deshizo los
colores de las cosas, cuando la tierra de los cementerios colmó de cicatrices
las estancias, pronunció estas palabras:

“Kateřina ha muerto. Hoy no ha venido nadie a
preguntar. La casa ha ocultado, al fin, todos sus ruidos.”

 
 *  *  *
Derechos reservados
©Henry Alexander Gómez

NOTA BIOGRÁFICA
(Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria de la Universidad Central y Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España por el libro Tratado del alba (2016).
    Publicó además los libros Memorial del árbol (2013), premiado en el IV Concurso Nacional de Poesía Obra Inédita, Diabolus in música (2014) Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía y las antologías Teoría de la gravedad (2014), publicado en Quito, Ecuador y El humo de la noche rodea mi casa (2017) Colección “Un libro por centavos”, Universidad Externando de Colombia. Hace parte del comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com) y es docente del Pregrado de Creación Literaria de la Universidad Central.

⊂Ο⊃

EL PORVENIR PARTIRÁ EN UN TREN BLANCO – Poemas de Eugenia Sánchez Nieto

Foto de la autora: Mateo Silva

Poemas inéditos (2010-2016)
 
ESCARLATA
Soñé con un leopardo que dormía
bajo mi cama
era inexplicable el motivo de tenerlo
por falta de costumbre olvidaba darle alimento
debilitado se extinguía lentamente…
en la noche para sobrevivir
                           pronto daría el zarpazo.
 
Un leopardo agazapado acechaba mi casa
la noche entraba y reclinaba su cuerpo
la puerta entreabierta…
el cuerpo desgarrado pintaba de escarlata la noche.



ROSTRO O MÁSCARA
 
1
Rostros diversos se posesionan de la que fui
hojas verdes, hojas secas resbalan bajo los pies
una bella de traje amarillo sale del bosque
el agua transparente incita un ahogamiento
aves de diversos colores festejan el verano
máscaras diversas se posesionan de rostros expectantes
ríe, ríe, muestra los dientes
saltimbanquis frente a rostros serios y temerosos.
Viajo sobre el soleado parque
¿Rostro o máscara?
ambas partes indestructibles de la que lenta se aleja.
 

2
Correr, correr, correr
cabello rojo al viento
tren amarillo
labios carnosos que esperan unos ojos oscuros
correr, correr, correr
piel temblando
luz vertical, saxofón prolongado
ojos a lo largo de muros infinitos
el juego del azar en busca de la fortuna
caída sin lamento
un gran alarido, rostros descompuestos, sordos
la ambulancia con un moribundo adentro
sobrevivir, correr, sobrevivir.

August Macke, Café turco, 1914

 
PALABRA EN EL VIENTO
 
1
La palabra se bate con el miedo con el odio
de la entraña del tiempo vivido
del aturdimiento, del momento postergado
de la belleza
del canto imponente
asciende por el aire una mariposa azul
                                    titila en el viento.
 
Del tiempo de la infamia
                   de la blanca indiferencia
de los murmullos y la risa
                 del reclamo y el perdón
de la noche y sus pesadillas
                     del indescriptible vacío
brotan las palabras         
                        cargadas de sueño y delirio.
 
 
2
Lo no dicho es una forma de pensamiento sin palabras
las palabras juegan a solas
al aire libre se colocan una detrás de otra
                                   imaginando una escalera
el hombre lucha por subir a través de ella.
Estas lo derrotan una y otra vez
las palabras tienen forma
y no están dispuestas a dejarse asir
las palabras se escapan una y otra vez
algunos creen sostenerse sobre ellas
dominarlas y encontrar la cima
nada las detiene
las formas juegan con los sentidos
ellas permanecen ocultas, expectantes…
 
 
BAJO TIERRA
 
1
Cuerpos mutilados, masas informes
muecas de miedo yacían bajo la tierra
ríos impacientes intentaban borrar marcas de espanto
la tierra se revolcaba al recibir tanto cuerpo junto
el amor de los habitantes había sido extirpado
                                                lamentos en círculo
aquel que se salía era aplastado sin piedad
ni pájaros ni amaneceres ni cantos
impacientes buscaban caminos todos transitados
ciudad revisitada con sus nubes cargadas
el amor estaba hecho a la medida de sus semejantes
desgraciados cantaban eternas letanías
                                           no había calma.
 

2
Bellos hombres agujereados de espalda
                                      de frente, en la cabeza
cuerpos tensos y mirada atónita
un vaho sale de su cuerpo
jóvenes alegres guiados —sin saber
                            en la ruta de la noche
el trazado en su piel joven
                     el bello fulgor en su rostro
 lenguaje de sombras y silencio
señas y silbos extraños rondan sus cabezas
sus familias aletargadas esperan…
el tiempo desciende y abre la puerta
la noche entra en sus aposentos
                               nadie sabe nada
extraviados de sí
recorren un largo túnel negro sin luz al final.
                                     

3
Acuérdate que por allá hay gente mala
                                        asesinan por encargo
se toman la vía, hacen redadas
si el sol está de frente
                         matan sin piedad
extraña tierra esta
hombres de mirada feroz
cuchillo, metralla, bomba                     

                tierra caliente y sin freno.   

  

August Macke, Muchachas bajo los árboles, 1914

 
LAS FORMAS DEL VACÍO
Dentro de un gran salón hay una mesa enorme de billar
sus esferas de diversos colores se mueven
                                 sobre la pizarra verde
en penumbra hombres silenciosos
se desplazan en una danza lenta y alegre
observo detenida como una vela se derrama
                               y cae sobre la tela
una lámpara y un reloj diseñan la forma del olvido
desde la calle un hombre
entra armado buscando una mujer
la que lo observa cae lenta
                             con un tiro en la frente
el sonido lejano de una carambola
el billar se ilumina
amedrentados por el pistolero
salen uno a uno a la noche fría
un día más donde vivir es un milagro.
 
 
 
NIEBLA Y SUEÑO 
El porvenir partirá en un tren blanco
las huellas de unas pisadas desaparecen
                        el miedo tiembla
la vida como vasija fracturada.
 
Aún joven perdió la memoria
se extingue lentamente
                       no reconoce a nadie
 alojada en casa de ancianos.
 
Un amor incierto la lleva a la niebla
desprendida de todos, olvidada de si
transita por un corredor silencioso
                       el tiempo de la risa se malogró
un órgano suena en la mañana
niebla y sueño la que fue no volverá.

August Macke, Mujer en un diván, 1914

Del libro: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda 
Cuadernos de Poesía Ulrika, 1985

EL MARQUÉS DEL BETÚN
El marqués del betún ama su vida
de una manera inquieta y distante
sabe que su pasión no son jornadas
repetidas donde él sea uno más en la largan fila.
Por eso se entrega a su delirio
en interminables monólogos sueña
con los hombres que fue y que será
la gente lo observa y se ríe
el marqués sigue ahí hasta que lo aborda la noche.
Su enfermedad lo libera de lo extraño
su enfermedad es la salud de los demás.
 




LAZOS OCULTOS
Lazos invisibles hacen que aquellos se mantengan
en su delirio en su doble voluntad terminó recluido
el otro se hizo poseer por un grupo de hombres
descubrió que la felicidad era una joven poseída
ella, figura única de mil matices
celebró nupcias con el amor.
Ellos transgresores, implacables
candentes en un desierto helado
intrincados como si fueran uno, más allá de lo visible
amor tan alto que da la libertad y la agonía.
Extraña paradoja donde los amantes atrapados
se ven arrojados a la fatalidad.

August Macke, Gente en el lago azul, 1913

LUCIANO
La alucinación que produce el alcohol y el hambre
y la atracción por lecturas herméticas
provocaron en Luciano una pasión
                                  indescriptible por lo funesto
su mirada inquietaba a los demás
instantes, sólo instantes
se desligaba del hilo tenso
                                   por el cual se miraba al espejo
y ante el que decía: Sólo frente al espejo soy valiente
cuando perdió el hilo mediante el cual
mantenía cincelada su conciencia
se produjo su pasión:
Tres huérfanas millonarias caían ante un piano silencioso.
¿Cuál el límite donde se produce la demencia?

Para Evelio Rosero Diago



EL DÍA Y LA NOCHE
De día el buen creyente
es incapaz de escupir
de noche ángeles escandalosos
buscan la oscura revancha
panteras enjauladas rastrean la salida
el sueño ese encuentro inconfesable.
 



UN VIENTO
Le visita en la noche, su presencia es real
se traspasan, se barruntan, se prueban
ella le busca con el tacto, sólo un espacio
¿Estará escondido en el armario esperando
                                             la noche sin luna?
Trata entonces de cincelar aquel rostro
                                              le es imposible  
su amado parece invisible.
Será el amor un sueño intenso
y luego un viento fuerte golpeando sin dejar huella
sólo un vacío, un hueco
un hueco por donde sopla el viento.
 



BLANCO ES EL PAREDÓN
Ojos limpios recorren la mañana
blanco sobre blanco es el paredón
pero ese caído allí
es mi corazón que sangra.



*  *  *
NOTA BIOGRÁFICAEugenia Sánchez Nieto (Bogotá, Colombia, 1953). Título de Filosofía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 1987. Especialista en Administración y Planeación del Desarrollo Regional Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1993. Dirigió el Programa Página Impar de la Unión Nacional de Escritores, que se transmitió por la Radiodifusora Nacional de Colombia, (1990-1997). Libros publicados: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1985; Con La Venia De Los Heliotropos, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1990; Las Puertas De Lo Invisible, (Cuaderno), Centro Colombo Americano, Bogotá, Colombia,1993; Visibles Ademanes, (Cuaderno), Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 2004; Dominios Cruzados, Colección 50 poetas colombianos, Caza de Libros, Ibagué, Colombia, 2010; Visibles Ademanes – Antología – Colección Un Libro Por Centavos, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, 2013; Lo Inasible (Libro Digital) Publicado por NTC, Gabriel Ruiz, Cali, 2016. Diversos premios de poesía; publicaciones en revista y antologías nacionales e internacionales.
 
* * *
Derechos reservados
©Eugenia Sánchez Nieto